Estudios Bíblicos en Texto

MAGNÍFICA LUZ - 1 JUAN 1:5-10 y 2-1-2

El 14 de Noviembre de 1940, la fuerza aérea alemana bombardeó la ciudad de Coventry, en Inglaterra. Este fue el ataque aéreo MAS DEVASTADOR QUE SUFRIÓ INGLATERRA durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando el bombardeo terminó, la gente salió para chequear los daños, y vieron que su bella catedral había sido destruida. Pero ellos no dejaron que la terrible “destrucción de su lugar de culto” fuera usado como excusa para vengarse.

Más bien, ellos cogieron dos vigas del techo --tronchadas y quemadas -- las amarraron juntas, y las pusieron en el lugar donde había estado el altar. Las vigas formaban una cruz. Al pie de la cruz pusieron un letrero con dos palabras, que decía: “PADRE, PERDONA.”

EMPECEMOS EN ORACIÓN

Padre, en el nombre de Jesús y en el poder de Tu Espíritu, nos postramos ante Tu presencia y declaramos que Tú eres Dios, y que eres digno. Señor, queremos enfocarnos en Ti, y recibir tu Palabra con corazones abiertos, y humildes.

Señor, tenemos hambre y sed de Ti. Danos sabiduría para entender y obedecer. Ilumina Tu Palabra. Tú sabes lo que necesitamos. Te pido Señor que le ministres a todas aquellas mujeres que están sufriendo, pasando por pruebas y dificultades económicas. Té eres fiel. En el nombre de Jesús, Amén

El título de este mensaje es “MAGNÍFICA LUZ.” Y está dividido en dos temas principales: (I) Jesús - Luz de la Vida; y (II) Jesús - Abogado de por Vida.

ASI QUE EMPECEMOS CON EL PRIMER TEMA…

I. Jesús - Luz de la Vida (1 Juan 1:5-10)

5 Éste es el mensaje que hemos oído de Él, y que les anunciamos a ustedes: Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna. 6 Si decimos que tenemos comunión con El, y vivimos en tinieblas, estamos mintiendo y no practicamos la verdad.

¡Dios es luz! La luz revela muchas de las facetas de la persona de Dios. A pesar de que NO CUBRE toda la gama de los atributos de Dios, DICE MUCHO ACERCA DE DIOS. La luz habla de la gloria, el resplandor, la belleza y las maravillas de Dios.

También, la luz habla de la pureza de Dios. De la santidad de Dios. Dios se mueve sin hacer sombra PORQUE ÉL ES LUZ. La luz también nos guía. Nos señala el camino. Y nos da el valor para seguir adelante. ¡DIOS ES LUZ!

Por otro lado, la oscuridad es realmente MÁS que la eliminación de la luz. La oscuridad no es solo el opuesto a la luz, sino que es hostil a la luz. La luz y la santidad de Dios están en guerra contra las tinieblas de la maldad y el caos del mundo.

En la Biblia, la luz es usada siempre como retrato de Dios y Su verdad. De Su sabiduría y justicia. El Salmo 27:1 dice, “El Señor es mi luz.” Y el Salmo 104:2 dice, hablando del Señor, “Te has revestido de luz.” Y Jesús dice en Juan 8:12, “Yo soy la luz del mundo.”

Estos versículos nos dicen claramente que Dios es la fuente máxima de la verdad, del entendimiento y la justicia. El Salmo 119:105 dice, “Tu Palabra es una lámpara a mis pies; es la luz que ilumina mi camino.”

Cuando caminamos en la oscuridad de la noche, corremos el riesgo de caernos a un hueco, o de golpearnos la cabeza, o hasta de perdernos. Pero aún la poquita luz de una linterna, nos puede ayudar a evitar estos peligros.

Lo mismo es verdad CON DIOS… Y LA LUZ QUE SU PALABRA DA A NUESTRAS VIDAS. Podemos evitar problemas, o evitar perdernos, haciendo lo que la Biblia nos dice que hagamos. “Que caminemos en la luz.”

El Nuevo Testamento llama a la vida cristiana “un caminar” o “un andar”. Este andar comienza cuando damos el paso de fe al confiar en Jesucristo, como nuestro Señor y Salvador. Pero la salvación no es el final de la vida espiritual, sino más bien, es el comienzo.

El andar significa hacer progreso. Se supone que debemos avanzar en nuestra vida espiritual. De la misma forma, cuando un bebé comienza a caminar, él tiene que vencer muchas dificultades.

Así también, la creyente debe de aprender a andar en la luz. Y la dificultad más grande es el pecado. Obviamente, el pecado no es simplemente la desobediencia externa, sino es también, la rebelión y nuestros deseos internos.

El pecado es NO QUERER SOMETERNOS a la ley de Dios. La desobediencia es la esencia misma del pecado. La Biblia, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, encubre los pecados de los santos. Es más, los expone para que nosotras no caigamos en lo mismo.

Génesis 12 nos dice que cuando hubo hambre en Canaán, Abrahán se fue a Egipto en busca de mejores pastos. Pero por miedo a que los egipcios lo mataran para poder tomar a su bella esposa Sara para el faraón, Abrahán se protegió, a sí mismo, diciendo que Sara era su hermana. ¡Esta era una media verdad!

Sara era, en realidad, la hija del papá de Abrahán con otra esposa. Sara era su media hermana. Abrahán y Sara hicieron mal al decir una media verdad en vez de decir toda la verdad.

Hasta el faraón, a quien Abrahán había engañado, fue más abierto y franco, que Abrahán. Así que, más rápido que volando, el faraón botó a Abrahán de Egipto. Y Abrahán salió avergonzado… con el rabo entre las piernas.

Luego, años después, Abrahán trató de ayudar a Dios, teniendo relaciones sexuales con Agar, la sierva de Sara, engendrando a un hijo. En ambos casos, Dios perdonó a Abrahán, pero Abrahán tuvo que pagar las consecuencias de su pecado. ¡El cosechó lo que sembró! Dios puede borrar el pecado, Y LO HARÁ, pero Él no cambiará las consecuencias.

Pedro negó a su Señor tres veces. ∐Y Cristo lo perdonó. Pero lo que hizo Pedro, afectó no solo su testimonio, sino que dificultó la obra de Dios también.

Juan 3: 19 dice, “Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.”

La luz expone nuestras motivaciones y acciones POR LO QUE SON. No nos gusta la luz, porque queremos continuar en nuestro pecado. Muchas veces durante el día, nosotras somos confrontadas a escoger entre caminar en la luz (que es la verdad y la justicia) o caminar en la tinieblas (que es la falsedad y el pecado).

PAUSA

El hecho de que la gente ande deprimida en su vida espiritual, (porque piensa que ser cristiana es muy difícil), no concuerda con el verdadero cristianismo. Juan dice que en Dios no hay nada oscuro. No hay nada negativo. Dios no tiene una gota de maldad. ¡Dios es luz! Por lo tanto, una cristiana amarga y descorazonada, es una contradicción.

Es la luz del rostro de Dios lo que le da alegría a la cristiana. En comunión con su Dios, ella puede, Y PODRÁ ESTAR SIEMPRE FELIZ. El amor del Padre brilla como el sol en Sus hijas. Cuando la oscuridad viene sobre el alma, es siempre por una de estas dos cosas: el pecado o la incredulidad. ¡El pecado es TINIEBLA! ¡Y produce TINIEBLA!

Y la incredulidad también produce TINIEBLA, PORQUE NOS HACE ALEJARNOS DE DIOS, QUE ES LUZ. ¿Puede la cristiana caminar siempre en la luz? La respuesta de Jesús es bien clara en Juan 8:12, “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”

“Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna”. La luz produce vida, crecimiento y belleza, mientras que el pecado, es oscuridad. La oscuridad y la luz no pueden existir juntas en el mismo lugar. Cuando caminamos en la luz, las tinieblas se van. Si nos mantenemos aferradas al pecado, ¡entonces la luz se irá!

6 Si decimos que tenemos comunión con El, y vivimos en tinieblas, estamos mintiendo y no practicamos la verdad.

7 Pero si vivimos en la luz, así como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, Su Hijo, nos limpia de todo pecado. 8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

¿Cómo tratan algunas cristianas de ocultar su pecado? ¡Mintiendo! En primer lugar, les decimos mentiras a los demás. Queremos que nuestras amigas cristianas piensen que somos “muy espirituales”, así que les mentimos en cuanto a nuestra vida, y tratamos de impresionarlas fingiendo ser lo que no somos.

Queremos que piensen que estamos andando en la luz, aunque en realidad, estamos andando en tinieblas. Una vez que uno comienza a mentirle a los demás, tarde o temprano, comienza a mentirse a sí misma. Es posible que la cristiana viva en pecado, y que aun así, se convenza a sí misma que todo está bien en su relación con el Señor.

Un buen ejemplo “de esto” es el rey David. En los tiempos en que los reyes salían a la guerra, David se quedó en Jerusalén, y cometió una serie de pecados que le trajo dolor y problemas para el resto de su vida. Para comenzar, él fue culpable de inmoralidad sexual con Betsabé, la esposa de Urías, que era uno de sus valientes soldados.

Cuando David descubrió que Betsabé estaba encinta, él ideó un plan para encubrir su pecado. Llamó a Urías del campo de batalla, y lo mandó a su casa para que se acostara con Betsabé, con la esperanza de que la gente pensara que Urías era la causa del embarazo de Betsabé. Pero Urias se negó a irse a su casa, con su esposa.

Entonces David mandó a Urías de regreso a la batalla, y arregló para que fuera matado durante la lucha con el enemigo. Después de recibir la confirmación de que Urías había muerto en el campo de batalla, David tomó a Betsabe como esposa real.

¡David se mintió a sí mismo! El siguió cumpliendo con sus deberes reales, como si nada pasara. David pensaba que nadie en palacio sabía de su pecado. Pero Natán, si sabía.

Así que, Natán le tendió una trampa a David contándole el caso de un hombre rico que le robó y mató a la única ovejita, que un hombre pobre tenía. Como era de esperarse, David se puso furioso con aquel hombre. Entonces Natán le dijo, “¡Tú eres ese hombre, David!”

PAUSA

Una vez que comenzamos a mentirles a los demás, es solo cuestión de tiempo, cuando comenzaremos a creernos nuestras propias mentiras. Pero la caída espiritual se vuelve, aún peor, cuando tratamos de mentirle a Dios.

Escuchamos estudios bíblicos, pero las enseñanzas no nos tocan el corazón. Las cristianas, que llegan a este nivel tan bajo, generalmente critican a otras cristianas, pero ellas no quieren aplicar la Palabra de Dios a sus propias vidas.

¡Abrahán Lincoln solía decir que, el hombre mentiroso, tiene que tener buena memoria! Y cuando una persona se pasa el tiempo mintiendo y fingiendo, termina corrompiendo su carácter.

Proverbios 28:13 dice, “El que encubre sus pecados no prosperará.” David trató de encubrir su pecado, y esto le costó su salud, su alegría, su familia y casi su reino.

9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a El mentiroso, y Su Palabra no está en nosotros.

Confesar viene de dos palabras griegas, “homos”, que significa “lo mismo”, y “lego”, que significa “habla.” Así que, poniendo las dos palabras juntas significa literalmente, “hablar la misma cosa.” “Indica estar de acuerdo”, “o admitir algo.”

Confesar nuestros pecados significa que estamos diciendo lo mismo que Dios dice acerca del pecado.

¡Es estar de acuerdo con Dios -- que nuestros pecados son malos y que necesitamos abandonarlos. Una verdadera confesión es llamar al pecado lo mismo que Dios lo llama – ya fuere, envidia, celos, lujuria, odio, engaño, codicia.

¡La confesión es algo serio! No es decir una oración toda poética, o de dar excusas acerca de nuestras vidas. No es orar, “Ay, Señor, si es que hecho algo malo, lo siento.” Más bien, es orar, “Señor, he pecado (y decirle nuestro pecado). Perdóname” ¡Recuerda que tu pecado, le costó a Jesús Su vida!

Al pedirle perdón a Dios, reconocemos que no podemos salvarnos a nosotras mismas. Por eso, debemos darle gracias a Dios por Su gran misericordia, y por el precio tan caro que pagó por nuestros pecados. ¿Qué pecados en tu vida necesitan ser perdonados? ¡Confiésaselas al Señor! ¡Y no lo hagas más!

Dios declara en Romanos 3:23, “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”

Eso me incluye a mí. La Biblia dice que yo he pecado. Mi conciencia me dice que yo he pecado. Mi razón me dice que yo he pecado. Cada parte de mi naturaleza me acusa, y me dice, ¡CULPABLE! ¡No hay quien haga lo bueno! ¡No hay ni siquiera uno!

9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

¿Qué significa que Dios es fiel? Significa que Él es digno de confianza, y que cumple Sus promesas. Dios quiere perdonar a Sus hijas. Él quiere mantener una relación íntima con nosotras. Pero esto solo puede pasar. cuando el camino hacia Él está limpio de la basura del pecado.

Tal vez pienses, que tu pecado es demasiado grande para que Dios te perdone. Pero la escritura dice que cuando confesamos, DIOS PERDONA.

Pero si tú te niegas a creer eso, estarás insultando la fidelidad de Dios, ¡PORQUE DIOS NO PUEDE MENTIR!

Tú podrás decir que no te mereces la fidelidad de Dios. ¡Tienes razón! ¡Ninguna de nosotras se la merece! Ese no es el punto. El punto es, que aun cuando nosotras somos infieles, Él se mantiene fiel. ¿Y qué significa que Dios es justo? Significa que Él no puede pasar por alto el pecado de la gente.

Romanos 6:23 dice “La paga del pecado es muerte.” Desde el principio, sacrificios fueron ofrecidos por el pecado, y sangre fue derramada. Esto no podía cambiar porque Dios no cambia. Se tenía que hacer justicia para poder lidiar TERMINANTEMENTE con el pecado.

Como la gente no podía pagar la multa por sus pecados, Dios tomó el castigo en SÍ mismo, a través de Su Hijo Jesucristo. De esta forma, se hizo justicia, y se abrió el camino para que Dios nos perdonara, y nos limpiara de toda maldad. Aquellas que le confiesan sus pecados a Dios, PUEDEN ESTAR SEGURAS, que Dios las perdonará. ¡Él es digno de confianza!

Un día me encontré con una amiga, a la que no había visto hacía tiempo. Ella me contaba que ese último año había tenido terrible. Había tenido cáncer a la mama, y los tratamientos de quimio habían sido muy duros. Sin embargo, ahora se sentía feliz, porque había recibido buenas noticias de su médico.

Él le había dicho: “¡Estás completamente sana! ¡Limpia de cáncer!” Para mi amiga, “estar completamente limpia” significaba que todo rastro de la enfermedad, que había amenazado su vida por MESES, había sido limpiado de su cuerpo.

PAUSA

El Rey David, después de su fracaso moral con Betsabé, anhelaba que una cosa parecida sucediera en su corazón. Con la esperanza de que las manchas de su pecado fueran lavadas, David clamó en el Salmo 51:10, “Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud!”

La buena noticia para él, y para nosotras, es que nuestros pecados pueden ser eliminados. Cuando necesitamos ser limpiadas, las palabras familiares de Juan nos dan esperanza. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Nosotras no podemos limpiar nuestros propios corazones. ¡Solo Dios puede hacerlo! Si le confesamos nuestros pecados a Él, Él nos promete limpiarnos completamente. CONFESIÓN A DIOS CREA LIMPIEZA DE DIOS.

El Salmo 139:23-24 dice, “Señor, examina y reconoce mi corazón: pon a prueba cada uno de mis pensamientos. 24 Así verás si voy por mal camino, y me guiarás por el camino eterno.”

La escritora, Alicia Walker, ganadora del Premio Pulitzer, escribió: ”Cuando yo era chiquita, rompí, sin querer, un tarro de fruta. Mis hermanos y hermanas estaban por ahí cerca. Así que, cualquiera de ellos podría haber sido. Sin embargo, mi papá, se volvió hacia mí, y me preguntó, “¿Alicia, has roto tú este tarro?”

Mirando a los ojos de mi papá, supe que él quería que le dijera la verdad. También sabía que él podía castigarme, si lo había hecho. Pero la verdad dentro de mí, bullía por salir, así que le dije “SI, papi, yo fui la que rompió el tarro.”

El amor, en los ojos de mi papá, fue como un bálsamo para mi corazón. De repente sentí una paz interna, que hasta el día de hoy, la recuerdo con gratitud. ∐ De la misma forma, descubrimos, QUE CUANDO LE CONFESAMOS NUESTROS PECADOS A NUESTRO PADRE CELESTIAL, ESO NOS ACERCA A EL, y nos llena de paz interior.

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A principios de 1993, la policía de la ciudad, acusó a dos chicos, ambos de diez años, de un horrendo crimen. Habían matado a un chiquito, llamado Jaimito, que solo tenía dos años de edad. Sin embargo, ambos chicos declaraban su inocencia.

Durante las dos semanas de juicio, mientras que los chicos contestaban las preguntas que la policía les hacía, ambos se contradecían el uno al otro. El punto culminante del juicio fue cuando los padres de uno de los chicos, le aseguraron a su hijo, que ellos lo amarían siempre, pasara lo que pasara.

Enfrentándose a la gran evidencia, que lo asociaban al crimen, y teniendo la seguridad del amor de sus padres, el chico confesó con voz suave, “Si, yo maté a Jaimito.”

El milagro del amor de Dios es que Él sabe cuan malas somos, y aun así, Él nos ama, y nunca dejará de amarnos. Le podemos confesar el peor de nuestros pecados, sabiendo que Su amor, nunca disminuirá.

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Un domingo, durante el culto en una iglesia, una chica respondió a la invitación del evangelio, y aceptó a Jesús, como Su Señor y Salvador. Ella había tenido un pasado bastante escabroso, que incluía alcoholismo, drogas, y prostitución. ¡Pero el cambio en ella había sido evidente!

Y con el paso del tiempo, su belleza y su fiel dedicación al Señor, cautivaron el corazón del hijo del pastor. Se enamoraron, y comenzaron a hacer planes para casarse. Pero la congregación no estaba contenta. Comenzaron a discutir acerca de este asunto.

Muchos de ellos pensaban, que una mujer con su pasado, NO ERA LA ESPOSA ADECUADA para el hijo del pastor. Durante la reunión, a lo que la gente hacía sus argumentos, y las tensiones aumentaban… y los tonos de voz subían, toda la situación se comenzó a descontrolar.

La chica se sentía muy mal por todas las cosas que sacaron a relucir acerca de su pasado. Mientras ella lloraba, el hijo del pastor, no pudiendo aguantar el daño que le estaban haciendo a su novia, se paró a hablar, y dijo:

“El pasado de mi novia no es lo que está en juicio aquí. Lo que ustedes están cuestionando es si la sangre de Cristo puede limpiar el pecado. Hoy ustedes han puesto la sangre de Cristo a juicio. Así que, “¿BORRA SU SANGRE EL PECADO, O NO?

Toda la iglesia se quedó callada, y muy contrita, se dio cuenta de que ellos habían calumniado la sangre de Jesucristo. ¡El perdón es fundamental al evangelio!

En Mateo 6:14-15, Jesús dice, “Si ustedes perdonan a los otros sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará a ustedes. 15 Pero si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco el Padre de ustedes les perdonará sus ofensas.”

A lo mejor tú te consideras una persona muy perdonadora, PERO AHORA TE ENCUENTRAS CON QUE HAY ALGUIEN, a la cual no puedes perdonar. Cuando estas luchando con el perdón, necesitas recordar QUIEN ERAS TÚ cuando Dios, por vez primera, te perdonó. Efesios 2 dice que tú eras “EXTRANJERA” y por naturaleza “OBJETO DE IRA.”

Sin embargo, Dios perdonó “tus grandes pecados,” y tu rebelión contra Él. Aun cuando todavía rechazabas a Dios, Romanos 5:8 dice “que Cristo murió por ti.” Siendo así, ¿cómo puedes negarle el perdón a aquellos que han pecado contra ti? El perdón no es un don espiritual, no es un talento, y no es un rasgo heredado. ¡El perdón es una elección!

Jesús, viendo aquellos hombres, que irónicamente y sin piedad, lo clavaban a la cruz, le clamó al Padre en Lucas 23:34: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Entonces, ¿cómo podemos negarnos a perdonar,a aquellos que han cometido ofensas en contra nuestra?

Jesús dijo, que con la misma medida con que perdonamos a otros, con esa misma medida, Dios nos perdonará a nosotras. El perdón de Dios no está basado en los estándares, que nosotras establecemos, sino en los estándares que Dios establece en Su Palabra. Dios no permite excepciones cuando se trata del perdón.

Antes de pedirle a Dios que te perdone, examina primero tu corazón, para ver el estado de tus relaciones. ¿Querrías tú que Dios te perdonara, de la misma forma como tú estás perdonando a otros en este momento?

Si no perdonamos, perdemos de tres maneras. (1)Perdemos nuestra comunión con Dios. (2) Perdemos nuestra comunión con otros cristianos, y (3) Perdemos nuestra fuerza espiritual.

¡ASI QUE! YA VIMOS QUE JESÚS ES LUZ DE LA VIDA, AHORA VEAMOS A…

II. Jesús - Abogado de por Vida (1 Juan 2:1-2)

1 Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.

Esto me hacer acordar a un orador, que estaba dando una charla, en la cual recalcaba el hecho de que nadie es perfecto. Finalmente, se volvió hacia el público, y todo dramático preguntó: “¿Alguno de ustedes ha visto alguna vez, a un hombre perfecto?”

Un muchacho se paró, y dijo: “Bueno, yo nunca he visto a un hombre perfecto, pero he escuchado mucho acerca de uno.” ¿Así? ¿Y quién es él?” le preguntó. “Es el primer esposo de mi mujer.”

Me imagino que el pobre habría escuchado tanto acerca del ex-marido de ella, que se la estaba creyendo. La verdad es que ninguna de nosotras es perfecta, y no lograremos un estado de perfección, hasta que no lleguemos al cielo.

1 de Juan 5:18 dice, “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios los protege, y el maligno no lo toca.”

Todo aquel, que ha nacido de Dios, no practica el pecado. ¡No vive en pecado! El hijo pródigo se levantó de la pocilga, y se fue a la casa de su padre.

No se quedó en la pocilga. ¿Por qué? Porque él era el hijo, ¡no era cerdo! También Eclesiastés 7:20 dice: “No hay en la tierra nadie tan justo, que siempre haga el bien y nunca peque.”

2:1(b) Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.

Nunca hay necesidad de pecar. Pero si pecamos, tenemos disponible a la defensa perfecta. Una defensa que el Padre recibe gustosamente. Una defensa que Él nos asegura, desde ya, que será bienvenida. Tenemos un Abogado que vendrá a nuestra defensa inmediatamente.

Pero Su defensa no nos sirve de nada, si no hacemos otra cosa, que defendernos a nosotras mismas. ¡No puede haber dos abogados en este caso! O confías en la defensa de Jesús – en la manifestación de Su obra a tu favor, que ha limpiado toda mancha, y todo pecado que hayas cometido o vayas a cometer– o prefieres confiar en tu propia defensa.

Aquí estás, parada ante Dios, atrevidamente diciéndole, que tú no eres culpable… que tienes una defensa. Tú puedes explicarle a Dios todo esto -- diciendo que tú actuaste bajo la presión de las circunstancias, o diciendo que tu pecado NO ES lo que Dios dice que es.

Pero mientras tú permanezcas con esa actitud, desafiante o evasiva, seguirás justificándote y excusándote. Por lo tanto, el Juez permitirá lo inevitable. Tu conciencia te atormentará. Y te dejará estresada, frustrada, y confundida.

Cuando tú dejes de justificarte, JESÚS TE JUSTIFICARÁ. La sangre de Jesucristo no puede limpiar tus excusas. ¡Su sangre, solo puede limpiar, tus pecados!

Si tú le dices, “Señor, REALMENTE, no fueron las presiones. No fueron las circunstancias. No fue que estas cosas no eran tan malas como la gente dice. ¡La realidad es que pequé contra Ti! Escogí volverme impaciente. Escogí resentirme. Decidí preocuparme, y dejar que la ansiedad se apoderara de mí.“

Cuando llegamos a esa conclusión, entonces descubriremos que hay Alguien que está parado ante el Padre, revelándole la justicia de Su vida. DIOS NOS VERÁ A NOSOTRAS EN CRISTO. Y por consiguiente, quedaremos limpiadas y aceptadas.

Nueva fuerza volverá a fluir en nuestra persona interior, la paz volverá a nuestros corazones, seremos limpiadas de nuestro pecado, lavadas y restauradas a la gracia de Dios.

2 Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Propiciación es una de las grandes palabras de la Biblia, a pesar de que solo aparece cuatro veces en todo el Nuevo Testamento. La palabra griega para propiciación ha sido traducida de la palabra hebrea propiciatorio, que cubría el arca del testimonio en el santuario.

Dios habitaba sobre el arca, entre las alas de los dos querubines, que se encontraban UNO a cada lado del propiciatorio.

El arca contenía las tablas de piedra donde estaban escritos los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos era la Ley que el hombre rompía constantemente. Pero una vez al año, el sacerdote entraba al santuario, y salpicaba la sangre de un sacrificio sobre el propiciatorio, PARA CUBRIR LA LEY ROTA.

Por medio de este acto, él hacía propiciación por los pecados de Israel. Al cubrir el propiciatorio con sangre, Dios ya no veía la Ley rota. El solo veía la sangre del sacrificio. ¡Propiciación se había hecho!

Si buscas la palabra Propiciación en el diccionario, tal vez te formes una idea equivocada de su significado. El diccionario nos dice que “propiciar” quiere decir apaciguar a alguien, que está enojado.

Si esto se aplica a Cristo, entonces vemos el horrible cuadro de un Dios enojado, a punto de destruir el mundo, Y DE UN SALVADOR AMOROSO, que se entrega a sí mismo para apaciguar al airado Dios, ¡Este no es exactamente el cuadro bíblico de la salvación!

Indudablemente, Dios está enojado con el pecado. Después de todo, Él es infinitamente santo. DIOS ES LUZ. Pero la Biblia nos asegura en Juan 3:16 que “[de tal manera amó Dios al mundo]” NO DIJO [de tal manera odió Dios al mundo].” NO, la palabra “propiciación” no quiere decir apaciguar a un Dios enojado.

Por el contrario, se refiere al cumplimiento de la santa ley de Dios. Como Dios es luz, ÉL NO PUEDE GUIÑARLE EL OJO AL PECADO. Pero también “Dios es amor” y Él quiere salvar a los pecadores. ¿Cómo puede un Dios santo mantener su propia justicia, y al mismo tiempo, ¿perdonar a los pecadores?

La respuesta está en el sacrificio de Cristo. Dios, en su santidad, juzgó el pecado en la cruz. Dios, en Su amor, le ofrece perdón AL MUNDO, en Jesucristo como Salvador. Dios es justo al castigar el pecado, pero Él es también amor, al ofrecer el perdón gratuito a través de lo que Jesús hizo en el Calvario.

Y ya para terminar, les voy a contar una historia…

Mientras mi prima, Julia, manejaba en la carretera a 130 kilómetros por hora, un policía la paró, y la llevó presa al juzgado de la comisaría. Mientras ella entraba, y a pesar de que le temblaban las rodillas, se calmó un poco al descubrir que el juez de turno ERA, nada menos, que su papá.

Ahora tenía una sonrisa de oreja a oreja, a pesar de escuchar la evidencia presentada en contra de ella. Después de todo, el juez era su papá – y el papá sabía “que las chicas siempre serían chicas.”

Imagínense su sorpresa, cuando oyó la voz de trueno de su papá, decir, “¡Culpable!” “La multa es de cinco mil soles.” ¿Cómo puede ser? exclamó Julia. “Tú eres mi papá.” Señorita, le contestó el juez, “en esta corte, el juez soy yo. Y debo de hacer justicia.

Julia abrió su billetera con lágrimas en los ojos. Ella sabía que no tenía toda esa plata. ¿De dónde iba a sacar ella cinco mil soles? Y justo cuando el comisario se disponía a ponerle las esposas, y llevársela a la cárcel, el juez se paró, se quitó la toga, y pagó la multa por su hija.

De esa forma, se hizo justicia. La multa del pecado de exceso de velocidad fue pagada, no por ella, sino por su papá, que pagó la deuda por ella. ¡No había forma de que ella la pagara!

Y eso fue exactamente lo que pasó cuando Jesucristo se volvió la Propiciación. El pagó por nuestro pecado. Jesús no solo pagó la multa por mi pecado, y el tuyo, sino por el pecado de todo el mundo.

OREMÓSLE AL SEÑOR

Padre, gracias que Tú eres luz… y que Jesús es la luz del mundo. Y que gracias a tu misericordia, nosotras podemos caminar en la luz, y reflejarla a un mundo en tinieblas. Gracias que en Ti no hay nada oscuro… nada negativo. Solo pureza y santidad. Verdad, sabiduría y justicia.

Señor, gracias que cuando pecamos, y te confesamos nuestro pecado, Tú eres fiel y justo para perdonarnos, y limpiarnos de toda maldad. Padre, gracias que Jesús no es solo nuestra luz, sino también, Él es nuestro Abogado y Propiciación.

Gracias, Padre, que Jesús está ante Tu trono intercediendo por nosotras. Y qué Tú lo escuchas y le concedes lo que Él te pide. Gracias que El pagó la multa por nuestros pecados. La multa que nosotras no podíamos pagar. En el nombre de Jesús, Amen.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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