“Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios.” -Salmo 46:10
Originaria de Lima, Perú, Carmen Camino se mudó a los Estados Unidos en 1974. Asistió a Nova University en Florida donde obtuvo una licenciatura en Administración de Empresas y una maestría en Administración de Empresas Internacionales.

Hoy en día, Carmen vive en Nuevo México, que es base para su labor ministerial como maestra cristiana de la Biblia. Desde que recibió a Jesucristo como su Señor y Redentor en 1998, ella ha tenido una pasión muy grande por aprender la Palabra de Dios y compartirla con otras mujeres. Después de graduarse de la Escuela de Ministerio de Calvary en 2002, en Albuquerque, Carmen se sumergió profundamente en el estudio de la Palabra de Dios.

Como maestra bíblica, en inglés y español, Carmen viaja al Perú, México, Chile y Costa Rica enseñando la Biblia y compartiendo la Palabra de Dios con mujeres en conferencias y seminarios. Carmen y su esposo, Wilfred, están casados desde hace 24 años y tienen cinco hijos y nueve nietos. A ella le encanta invitar a sus amigas a tomar te a su casa, leer, y viajar a Arizona y Florida a visitar a sus nietos.


Testimonio personal de Carmen ….

Antes de conocer el testimonio de Carmen es importante anotar que ella, al igual que muchos de nosotros, en su deseo de ser feliz trató constantemente de llenar su vida de muchas maneras, con posesiones materiales, con actividades diversas, viajes, estudios, títulos profesionales y mucho más. Pero nada de ello llenó el gran vacío que tenía en su corazón. Su vida transcurrió vacía y solitaria.

Su testimonio es la prueba de que Jesucristo ha sido una fuente de inspiración, no sólo para su vida sino para la vida de muchos otros, a quienes les ha permitido a través de su ejemplo y de su cometido constante de enseñar la verdad de Dios, conocerlo y recibirlo como Señor de sus vidas.

Un día Jesús vino a mi vida, y me dijo, “Sígueme… Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida…” y todo cambió para siempre.


Hace diecisiete años fui salvada y rescatada por Jesucristo, y un mes después de mi salvación todo lo que podía salir mal, salió mal. Perdí mi negocio y mi estabilidad financiera. Traté de conseguir trabajo pero nadie me contrataba. Con una Maestría en Negocios Internacionales, estaba o muy calificada o poco calificada para los trabajos disponibles.

Al cabo de un año cuando todavía me encontraba en esta lucha, Dios me habló a través del Salmo 46:10, “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”. Estas palabras se repitieron una y otra vez de varias maneras. Recuerdo que prendí la radio y una canción comenzó a sonar diciendo, “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”. Fui a comprar una tarjeta para el día del padre, y una en especial llamó mi atención, prácticamente me saltó encima, decía “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”. Ese domingo en la iglesia,  el director de la alabanza cantó un solo, “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”. El siguiente miércoles en la iglesia, el Pastor comenzó el servicio con esta oración: “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”. Era imposible no darme cuenta que Dios quería que yo confiara en Él. No tenía que preocuparme de nada. Él tenía un plan para mi vida y Él lo cumpliría.

Una de las cosas que Dios puso en mí cuando me volví a sus caminos fue una insaciable sed y hambre por Su Palabra. Me pasaba horas estudiando mi Biblia. Comencé a reunir toda clase de comentarios, diccionarios y concordancias bíblicas. No me saciaba de Él. Quería conocerlo más, amarlo más, y servirlo de todo corazón.

Tres años después asistí a la Escuela de Ministerio, escuela donde nos preparaban para llevar el mensaje de Jesús. Durante mi primer viaje misionero con la Escuela, una vez más Dios reafirmó mi futuro, susurrando en mi oído a través de una misionera: “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”. ¡Esto era increíble!

Como había estudiado en la Escuela de Ministerio, las mujeres de la iglesia Calvary Chapel, me invitaron a enseñar a Capilla Calvario de Cuauhtemoc, durante un viaje misionero a México. En esos tiempos no sabía aún cómo preparar una enseñanza. Pero por la gracia de Dios y el entrenamiento de una maestra bíblica maravillosa, fui a México y di mi primera enseñanza. ¡El Señor se glorificó con esa enseñanza!

Mientras tanto, Dios me puso de Supervisora del Estudio Bíblico de noche de las mujeres de Calvary. Como supervisora me pidieron que diera una pequeña charla para alentar al liderazgo. Yo sabía que la mano de Dios estaba en esto porque mi charla fue realmente buena. Al día siguiente la Directora me llamó por teléfono y me dijo que creía que yo tenía el don de la enseñanza. Esto para mí fue muy alentador y a la vez una confirmación de mi llamado.

Fue entonces que Dios abrió oficialmente la puerta para que yo enseñara en el Estudio Bíblico de las Mujeres de Calvary. Enseñé ahí por varios años. Fueron tiempos muy lindos en mi vida. Durante los veranos, viajaba a México y al Perú para enseñar en conferencias de mujeres. Me siento honrada de poder compartir la Palabra de Dios con mujeres de muchas culturas. Su Palabra ¡Cambia Vidas! ¡Purifica! ¡Conforta! ¡Consuela! ¡Alienta! y ¡Exhorta!

Aún hoy cuando tengo dudas o me enfrento a dificultades, me aferro a mi Señor, o cuando “cautela dicta una cosa, pero fe dicta otra”, recuerdo que Dios todavía está en control de todo y que puedo confiar en Él.

Su voz sigue hablando suavemente a mi oído, “Quédate quieta, y reconoce que Yo soy Dios”.

 

 

 

 

 

© Fotografía por Nancy Galligan


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