Estudios Bíblicos en Texto

MIDE TUS PALABRAS

SANTIAGO 3:1-12

Hace quince años, una amiga muy querida, y yo, estábamos visitando Santa Fe. A lo que caminábamos juntas por la plaza… por las boutiques, y las galerías, el nombre de una amiga, que teníamos en común, surgió en la conversación, y yo dije ALGO poco amable acerca de ella. Algo sarcástico. Cínico. En otras palabras, hablé mal de ella.

Mi amiga paró, se volteó hacia mí, y con su cara delante de la mía, me dijo, con palabras lentas y profundas, “Carmen, la mujer que dice que ama a Dios, no diría una cosa así, acerca de una amiga.”

Ella me podía haber atravesado las costillas con un cuchillo, y el dolor no hubiera sido mayor. ¿Pero, saben qué? En los últimos quince años, me he salvado, miles de veces, de hablar como una necia.

Cuando estoy tentada a decir algo poco amable acerca de un hermano o hermana, todavía escucho la voz de mi amiga, diciéndome, “Carmen, la mujer que dice que ama a Dios, no diría una cosa así, acerca de una amiga.”

EMPECEMOS EN ORACION

Padre, gracias que tu Palabra nos enseña a medir nuestras palabras. Que nos exhorta a hablar la verdad, con amor. Señor, no queremos ser cristianas hipócritas, que decimos una cosa, y hacemos otra. No queremos hablar mal de nadie.

Padre, que nuestras palabras estén siempre sazonadas con sal, para que tengan buen sabor para el oyente. Señor, no queremos ser chismosas, ni destruir la reputación de nadie con nuestras palabras. Queremos representarte bien. En el nombre de Jesús, Amén.

La semana pasada terminamos el capítulo dos del libro de Santiago, donde estudiamos, que la fe se hace visible, por nuestros actos de misericordia.

Santiago no dijo que podemos ser salvas por nuestras buenas obras. Lo que dijo es que solo la fe, no las obras, nos puede salvar. Pero también dice que la verdadera fe se confirma por nuestras buenas obras.

Ahora, en el capítulo 3, Santiago nos dice que la fe se hace visible, y reconocible, por una lengua, que está bajo control. La lengua es el miembro de nuestro cuerpo, que está más relacionada con nuestra verdadera naturaleza. Nuestra lengua muestra lo que nos motiva, y por consiguiente, ¡lo que dices revela lo que eres!

Es importante entender, que si decimos que somos cristianas, que creemos en Jesucristo, nuestras lenguas se tienen que someter a Su control.

Esto no significa que las cristianas nunca se puedan exhortar o confrontar, unas a otras. Pero cualquier confrontación que haya con un hermano o hermana en Cristo, debe de ser amable, amorosa, y humilde – no hiriente, humillante, y desagradable. Por eso Pablo nos exhorta a hablar la verdad, pero con amor.

El título de este mensaje es MIDE TUS PALABRAS. Y está dividido en tres fases: (I) La Realidad del Llamado; (II) La Malicia de la Lengua; (III) La Dualidad de la Lengua.

ASI QUE COMENCEMOS CON LA PRIMERA FASE…

I. LA REALIDAD DEL LLAMADO (Santiago 3:1-4)

1 Hermanos míos, no se convierta la mayoría de ustedes en maestros. Bien saben que el juicio que recibiremos será mayor.

La frase “Hermanos míos,” indica que Santiago se estaba dirigiendo a aquellos que nombran el nombre de Cristo… a aquellos, cuya fe, es genuina sin lugar a duda, exhortándolos a asegurarse de que su deseo de enseñar, está realmente de acuerdo a la voluntad de Dios, y no simplemente a su propio deseo.

Los problemas, que Santiago y los primeros apóstoles estaban enfrentando en el siglo primero, eran similares a los problemas que vemos en las congregaciones jóvenes en América Latina, y en el mundo de hoy en general: ya sea, ambiciones desmedidas por parte de los líderes, falta de ética, deseos de poder, mala administración del dinero, ansias de fama, y falta de sabiduría.

Santiago nos advierte acerca del problema de hacerse maestro, uno mismo, y del problema de no presentar la Palabra de Dios debidamente. Ser maestro de la iglesia, o del ministerio de mujeres, es un don de Dios.

Por eso, 1 de Corintios 12:28 dice: “En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles, luego profetas, y en tercer lugar, maestros.” Noten que dice que Dios los ha puesto ahí. También Efesios 4:11 dice, “Y Jesús constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros.”

La palabra constituir significa fundar o establecer. Primero y segundo de Timoteo reiteran lo mismo, que es Dios quien hace el llamado, quien los establece y los constituye, como maestros y maestras.

Hace años, yo no sabía que tenía el don de la enseñanza. En esa época, yo era supervisora del “Estudio Bíblico de las Mujeres de mi iglesia.” Una vez, mientras nos preparábamos para dar un entrenamiento, antes de comenzar el estudio bíblico de ese semestre, la directora me pidió que hiciera una introducción de cinco minutos.

Mientras preparaba mi pequeña introducción, grandes ideas se me venían a la mente, y hasta la forma de redactarlas. Dije: “Señor, tú vas a hacer algo grande con esta introducción, porque yo nunca hubiera podido escribir algo tan bonito ni tan inspirador.”

El gran día del entrenamiento llegó, y yo hice mi pequeña introducción. Todas las mujeres quedaron encantadas. Pero lo más increíble, fue que dos días después, recibí una llamada de la directora, y me dijo que ella pensaba que yo tenía el don de la enseñanza.

Me pidió que orara para ver si el Señor me había llamado a ser maestra. Y que ella oraría también. Al poco tiempo, tuve la oportunidad de reemplazar a una de las maestras del estudio bíblico. Dios abrió la puerta para que yo enseñara. Y por la gracia de Dios, ¡mi enseñanza salió bien buena!

La directora quedó muy contenta y me pidió que fuera parte del equipo de las maestras del ministerio. Meses después, la directora decidió traer a varios maestros para “que nos entrenaran a nosotras las maestras, aún más” en el arte de enseñar la Palabra de Dios.

Después del curso, la directora nos sugirió, a todas aquellas, que lo habíamos tomado, que le pidiéramos a Dios que nos confirmara si teníamos el don de la enseñanza. ¡Y así lo hice! Y en menos de 24 horas, Dios me confirmó mi llamado rotundamente, a través de tres personas diferentes. ¡A una, ni siquiera la conocía!

Y como el Ministerio de Mujeres suele mandar nuestras enseñanzas a nuestras misioneras alrededor del mundo, de la nada, recibí un correo de la misionera de Panamá, en que me decía, que le encantaba escuchar mis discos. Que yo era muy buena maestra. ¡Y que mis enseñanzas eran muy claras y profundas!

En menos de 24 horas, había recibido la confirmación de tres personas. ¡Y salió de ellas! Yo no le había dicho nada a nadie acerca de esto. ¡Yo solo le había orado a Dios! Y Dios les puso en el corazón, decírmelo. ¡Solo mi Dios podía haber hecho eso!

Un día, estaré ante nuestro Señor Jesucristo, y seré juzgada bajo un estándar más estricto, por ser maestra de la Palabra. Esa es la razón que es tan importante representar correctamente a Dios y a Su Palabra ante ustedes. La autoridad de enseñar conlleva una gran responsabilidad.

¿Por qué es que el maestro recibe un juicio más estricto que el discípulo? (1)El maestro responsable habla la verdad, no da sus opiniones personales. Tú y yo hemos visto maestros que se han apartado de la verdad, haciendo sus propias conjeturas, y enseñándolas como si fueran verdad.

(2)Lo que un maestro dice, afecta muchas vidas. La responsabilidad de manejar correctamente la Palabra de Dios, no se debe de tomar a la ligera. La vida de mucha gente está en juego, para estar improvisando.

(3)El maestro tendrá un juicio más estricto porque se espera, que él o ella, viva la verdad. No solo que la enseñe. La verdadera prueba del maestro no es lo que dice, sino lo que su familia habla de él. Santiago 1:26 dice, “Si alguno de ustedes cree ser religioso, pero no refrena su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no vale nada.”

Y 2 de Timoteo 2:15 dice, “Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, y que usa bien la Palabra de Verdad.

Se cuenta la historia de una señora, que con su hijo en brazos, se subió a un tren en pleno invierno para irse a su pueblo. Como la noche era helada y tempestuosa, ella iba muy angustiada porque tenía miedo de pasarse la estación donde tenía que bajarse. Un señor, al verla tan asustada, le preguntó que a dónde iba.

Ella le indicó el nombre del sitio. Él le dijo que no se preocupara, que él conocía el lugar perfectamente, y que le avisaría cuando tenía que bajarse. ∐Pasó el tiempo, y el tren se detuvo. El hombre le dijo a la señora que esa era su estación, y que debía de bajarse.

Ella, muy agradecida con el hombre, por indicarle el lugar, se bajó, y el tren, al cabo de un rato, partió de nuevo. No había pasado mucho tiempo, cuando el boletero del tren comienza a anunciar, en voz alta, que estaban al llegar a la siguiente parada, para que los pasajeros se fueran alistando.

¡Esa era la parada, donde esa señora, se debía de haber bajado! ¡El hombre se asustó muchísimo! No entendía lo que había pasado. Hablando con el boletero, éste le dijo que tuvieron un pequeño percance con la máquina, y por eso, tuvieron que parar en un lugar intermedio.

Este hombre se había pegado tal confundida con esa parada, que hizo que la señora y su hijo se bajaran en el lugar equivocado. Al día siguiente apareció en las noticias, que una señora, con su hijo en brazos, había sido encontrada congelada, al igual que su hijito.

De la misma forma, un maestro o maestra sin conocimiento real y verdadero, puede desviar el propósito de Dios.

2 Todos cometemos muchos errores. Quien no comete errores en lo que dice, es una persona perfecta, y además capaz de dominar todo su cuerpo. Este versículo aplica a todas, especialmente al maestro. Nadie es infalible. Todas tropezamos de muchas formas.

Pero cuando el maestro tropieza, él puede causar que un montón de otra gente, tropiece también. ¿Quién de ustedes puede decir, honestamente, qué nunca ha dicho nada malo, o dicho algo fuera de lugar? Si así fuera, ¡esa persona sería perfecta! La persona que puede controlar su lengua, puede controlar todo su ser.

Hace unos años, una famosa actriz, ganadora del Premio Emmy, tomó la valiente decisión de salirse a la mitad de la ceremonia del Premio Musical Americano. ¿Cuál fue la razón?

Se sintió muy ofendida y desilusionada por la forma como los anunciadores, y los actores y actrices decían chistes groseros; y hacían cualquier cantidad de comentarios sensuales y provocativos.

Ella dijo, que esa noche había sido una afrenta para cualquiera que tuviera una pizca de dignidad y respeto propio.

El lenguaje vulgar también había sido un problema durante la época del apóstol Pablo. En Efesios 4:29, él les dice a los cristianos de Éfeso: “No pronuncien ustedes ninguna palabra obscena, sino solo aquellas que contribuyan a la necesaria edificación, y que sean de bendición para los oyentes.”

El mal hablar eran expresiones de sus vidas de antes, pero ahora estaban fuera de lugar, con su nueva identidad en Cristo. Ahora, sus vidas debían de ser caracterizadas por un lenguaje puro. El Espíritu Santo los ayudaría a proteger sus palabras, y les haría convicción contra un lenguaje sucio.

Hemos sido llamadas a reflejar a Dios con todo lo que somos, y eso incluye nuestras palabras. ¡Palabras sanas fluirán de una vida hecha nueva! Que nuestras bocas estén siempre llenas de agradecimiento, y de palabras que edifiquen a otros.

3 A los caballos les ponemos un freno en la boca, para que nos obedezcan, y así podemos controlar todo su cuerpo. 4 Y fíjense en los barcos: Aunque son muy grandes e impulsados por fuertes vientos, se les dirige por un timón muy pequeño, y el piloto los lleva por donde quiere.

Al referirse al freno y al timón, Santiago presenta dos cosas, que aunque chiquitas, como la lengua, tienen gran poder. Un freno chiquito permite que el jinete controle la fuerza del caballo, y un timón chiquito, permite que el timonel dirija un barco enorme.

La lengua es un miembro chiquito del cuerpo, pero posee el poder, para realizar grandes hazañas. Tanto el freno como el timón deben de vencer fuerzas contrarias. El freno debe de vencer la naturaleza indómita del caballo, y el timón, debe de luchar contra los vientos y las corrientes, que pueden desviar el curso del barco.

La lengua del hombre o la mujer también debe de vencer fuerzas contrarias. Tenemos una vieja naturaleza que quiere controlarnos, y hacernos pecar. Hay circunstancias, a nuestro alrededor, que nos hacen decir cosas indebidas. El pecado interno y las presiones externas, tratan de controlar la lengua.

Esto quiere decir que tanto el freno como el timón deben de ser controlados por una mano fuerte. El jinete controla el gran poder de su caballo, y el timonel guía al barco valientemente, a través de la tormenta.

Cuando Cristo Jesús controla nuestra lengua, no tenemos por qué tener miedo a decir cosas malas. Ni tampoco a decir cosas buenas, de forma incorrecta.

PAUSA

David oró en el Salmo 141:3-4: “Señor, pon un vigilante en mi boca; ¡ponle un sello a mis labios! No dejes que mi corazón caiga en la maldad.” David sabía que el corazón es la clave del buen hablar. Por eso, Jesús dice en Mateo 12:34, “Porque de la abundancia del corazón, habla la boca.”

El freno y el timón tienen el poder de dirigir. Eso significa, que afectan la vida de otra gente. Un caballo desbocado, o un barco que está naufragando, pueden herir a MUCHOS, ya sea, matando a los peatones en la calle, o a los pasajeros del barco. Igualmente, las palabras que decimos, pueden afectar otras vidas.

Por ejemplo, el juez que declara: “Culpable” o “No culpable” a un prisionero, afecta el destino de ese prisionero, el de su familia, y sus amigos. ∐ Un simple, “si,” o un simple “no” de los labios de un papá, puede afectar seriamente, el curso de la vida de su hijo. Nunca subestimes el impacto que tus palabras puedan tener en otros.

La lengua es la expresión del estado interno de tu mente; y por lo tanto, su alcance es increíble. En la lengua hay mucho potencial para hacer daño. Pero la lengua también puede alentar, fortalecer, asegurar, apoyar, y consolar. La lengua puede vendar heridas. Puede aliviarlas y mitigarlas. Puede recordarle a muchos, que ellos son importantes para Dios.

La lengua puede compartir el evangelio de Jesucristo con un mundo, que se está muriendo. Tú puedes llevar la salvación a aquellos que están perdidos. ∐ Si usas la lengua, de la forma como Dios lo ha planeado, tú puedes edificar a otros, y alentarlos a hacer buenas obras.

Una familia había invitado a unos amigos a cenar. El ama de casa, queriendo demostrar a sus invitados que ellos mantenían los más altos estándares cristianos, “en su propia casa,” le pidió a su hijito de cinco años, que bendijera la mesa.

Hubo una larga pausa, seguida por las palabras tranquilizadoras de su mamá. “Cariño, simplemente di lo que papi dijo esta mañana en el desayuno.” Obedientemente, el chiquito repitió, “O Dios mío, tenemos a esta gente pesada, que va a venir a cenar esta noche.”

La lengua puede edificar a la gente, o destruirla. La lengua necesita ser controlada. Cada una de nosotras tiene una lengua, y una voz. Estos instrumentos de lenguaje pueden ser usados destructivamente, o pueden ser usados constructivamente.

Puedes usar tu lengua para calumniar, chismear, quejarte, fastidiar, y hasta pelearte. O puedes ponerla bajo el control del Espíritu Santo, para que sea un instrumento de bendición. ∐ Para frenar tu lengua, dale a Dios las riendas de tu corazón.

ASI QUE, YA VIMOS LA REALIDAD DEL LLAMADO DE DIOS, AHORA VEAMOS…

II. LA MALICIA DE LA LENGUA (Santiago 3:5-8)

5 Así es la lengua. Aunque es un miembro muy pequeño, se jacta de grandes cosas. ¡Vean qué bosque tan grande puede incendiarse con un fuego tan pequeño!

6 Y la lengua es fuego; es un mundo de maldad. La lengua ocupa un lugar entre nuestros miembros, pero es capaz de contaminar todo el cuerpo; si el infierno la prende, puede inflamar nuestra existencia entera.

La lengua es como el fuego. Cuando está bajo control, es una bendición. Cuando está fuera de control, es devastador. El fuego se propaga, y entre más combustible se le alimente, más rápido y más lejos se extiende. Al propagarse, el fuego destruye. ∐ Las palabras que pronunciamos, tienen el poder de destruir.

Hace años, cuando mis hijos eran chicos, nosotros vivíamos en Lima, en un departamento bien bonito en San Isidro. Una noche, escuchamos a uno de los vecinos, gritar: ¡Incendio! ¡Incendio! ¡Salimos corriendo a la calle! Vimos, que uno de los departamentos del edificio de al lado, estaba totalmente envuelto en llamas.

¡Todo el vecindario estaba afuera… mirando aterrados! Y a pesar de que los bomberos llegaron en menos de cinco minutos, para ese entonces, las llamas ya habían consumido todo lo que había en ese hogar.

Gracias a Dios, los bomberos pudieron apagar el incendio, lo suficientemente rápido, para que las llamas no se expandieran a los otros departamentos. El fuego quema y daña. Que pena ver toda esa destrucción… Toda esa devastación.

Ver los muebles y efectos personales de esta familia destruidos…hechos cenizas. Menos mal que nadie murió en ese incendio.∐ Las palabras hirientes pueden tener el mismo impacto. Nuestras palabras pueden herir, pueden dañar, y devastar.

Proverbios 26:20–21 dice, “Nuestras palabras pueden causar incendios. “Sin leña, se apaga el fuego, y sin chismosos se acaba el pleito. Para hacer brasas, el carbón; para encender el fuego, la leña; para encender los ánimos, el pendenciero.” Como el fuego, la lengua también puede “calentar las cosas”.

La clave para evitar conflictos verbales se encuentra en Proverbios 15:1, “La respuesta amable, calma la ira; la respuesta grosera, aumenta el enojo.” Un pequeño comentario puede comenzar una gran pelea. Cuando nosotras, por la gracia de Dios, escogemos no contratacar con nuestras palabras, honramos a nuestro Señor Jesucristo.

En el Salmo 39:1,3 David escribe: “Decidí prestar atención a mis caminos para no incurrir en pecado con mi lengua; decidí refrenar mis palabras mientras tuviera un malvado cerca de mí. En mi interior, mi corazón se enardeció; al pensar en esto, estalló mi enojo.”

¿Alguna vez has estallado con cólera? ¡Estoy segura que sí! El mal genio y un corazón fuera de control nos llevan a decir palabras acaloradas, que más tarde lamentamos haber dicho. David tenía mal genio, y por lo tanto, le pedía a Dios que lo ayudara a controlarlo.

Es por eso que Salomón escribe en Proverbios 17:27: “Sabio es quien cuida sus palabras. Inteligente es quien tiene un espíritu prudente.” Y Proverbios 14:29 dice, “Enojo lento, gran inteligencia; espíritu impaciente, demasiada necedad.”

PAUSA

Uno de los sufrimientos, que Jesucristo tuvo que aguantar, cuando vivió en la tierra, fue la forma como sus enemigos hablaban de él. Lo llamaban “glotón y borracho,” porque aceptaba gentilmente las invitaciones a comer o a cenar, que la gente le hacía.

Uy! A los fariseos no les gustaba eso nadita. ∐ Cuando hacía milagros, decían que tenía pacto con Satanás. Y aun, mientras moría en la cruz, sus enemigos no lo dejaban en paz, sino que se burlaban de Él descaradamente.

Cuando Jesús fue abusado e insultado, El cumplió las palabras proféticas de Isaías 53:7, “Se verá angustiado y afligido, pero jamás emitirá una queja; será llevado al matadero, como un cordero; y como oveja delante de sus trasquiladores, se callará y no abrirá su boca.”

7 La gente puede domesticar y, en efecto, ha domesticado, a toda clase de bestias, aves, serpientes y animales marinos, 8 Pero nadie puede domesticar a la lengua. Esta es un mal indómito, que rebosa de veneno mortal.

La lengua no es sólo como un fuego, sino también como un animal peligroso. El animal es incansable e indómito, y busca su presa para matarla. Algunos animales son venenosos, y hay algunas lenguas que inyectan veneno.

Cuántas de nosotras hemos sido víctimas de este veneno. Muchas de nosotras todavía podemos recordar aquellas palabras malvadas, que nos fueron dichas, hace años. Muchas de esas heridas emocionales y sicológicas todavía permanecen.

Desgraciadamente, muchas de nosotras, también podemos recordar las palabras venenosas, que dijimos irreflexivamente, dichas en cólera, o dichas… ¿quién sabe por qué?

Frenar la lengua es una decisión de tenemos que tomar. El hecho de que ninguna persona puede domar la lengua, significa que solo el Espíritu Santo nos puede librar de un lenguaje pecador, así que tenemos que invitarlo a que lo haga

Debemos de reconocer, no solo nuestras propias limitaciones, sino el hecho de que necesitamos Su ayuda. De lo contrario, seguiremos causando incendios con nuestras Palabras.

Pídele al Espíritu de Dios que te enseñe a “pensar antes de hablar,” a “invocarlo” cuando tu auto-control no parece estar a tu alcance, y para que te ayude a perdonar a aquellos, que como tú, están luchando por dominar su lengua venenosa.

El 28 de julio de 1914, Austria y Hungría le declararon la guerra a Serbia, como resultado del asesinato de Archiduque Francisco Fernando y su esposa, Sofía. En menos de tres meses, otros países europeos se habían aprovechado de la situación para honrar sus alianzas militares, y seguir sus propias ambiciones.

Este evento precipitó la Primera Guerra Mundial, que fue uno de los conflictos militares más destructivos de nuestra era moderna. La tragedia de una guerra es impactante.

¿Cuántas guerras han comenzado a causa de la lengua? ¿A cuánta gente le han destruido su reputación a causa del chisme? ¿Cuántos corazones han sido destrozados? ¿Cuántas vidas han sido deshechas a causa de la lengua?

Nuestras palabras quizás no hayan causado guerras o destruido ciudades, pero sí pueden destrozar corazones y arruinar reputaciones. Pueden también destruir almas, y mandarlas a una eternidad, sin Cristo. Colosenses 4:6 dice “Procuren que su conversación siempre sea agradable y de buen gusto.”

El Libro de Proverbios nos alienta a hablar la verdad, y a buscar la paz, por medio de nuestras palabras. Proverbios 15:4 dice, “La lengua apacible, es árbol de vida; la lengua perversa, daña el espíritu.” Y Proverbios 15:23 dice, “El hombre es feliz cuando sabe responder; ¡y que buena es una respuesta oportuna!”

Un autor anónimo escribió: Una palabra imprudente, puede prender la llama de una discusión. Una palabra cruel, puede arruinar una vida. Una palabra oportuna, puede disminuir el estrés, y una palabra cariñosa, puede sanar y bendecir.

ASI QUE, YA VIMOS LA REALIDAD DEL LLAMADO Y LA MALICIA DE LA LENGUA, TERMINEMOS AHORA CON LA 3ERA FASE…

III. La Dualidad de la Lengua (Santiago 3:9-12)

9 Con la lengua bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los seres humanos, que han sido creados a imagen de Dios. 10 De la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos míos, ¡esto no puede seguir así!

¿No te parece esto una hipocresía? Hasta cierto punto, todas las cristianas hemos sido culpables de esta hipocresía. ¿No fueron acaso los escribas y los fariseos malvados, quienes decían bendecir a Dios, y sin embargo, demandaron que crucificaran a Su Hijo, acusándolo de blasfemia?

¿No fue Pedro quien confesó que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios Viviente?

Sin embargo, mientras que su Señor estaba siendo juzgado ante el sumo sacerdote, Pedro se puso a negar… jurar… maldecir, y dijo en Mateo 26:72-75 “No conozco a ese hombre.” Y entonces… cantó el gallo.

En ese momento Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: “Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.” Y saliendo de allí, Pedro lloró amargamente.

La lengua es capaz de alabar o blasfemar a Dios. ¡Y tú puedes hacer lo mismo con la boca que tienes! La lengua es lo que separa al hombre del mundo animal. El hombre no es un mono que farfulla, ni tampoco es un ruiseñor.

El hombre se puede comunicar con otro hombre, y también se puede comunicar con Dios. Cuando un hombre canta como un ángel el domingo, y luego habla como un demonio, durante la semana, ese hombre es un hipócrita. ∐ Por supuesto, el problema principal no es la lengua, sino el corazón.

Jesús dice en Mateo 15:18, “Pero lo que sale de la boca, sale del corazón; y esto es lo que contamina al hombre.” Al llenar nuestro corazón con la Palabra de Dios, y permitir que el Espíritu Santo tome control de nuestras vidas, Él puede usarnos para llevar alegría y bendición a otros.

11 ¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga? Aquí Santiago dice que un producto es igual a su fuente de origen. La mujer que dice una cosa, y a la vez, otra, refleja un corazón indeciso y vacilante. Por eso Jesús dice en Mateo 7:18, “El buen árbol no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos.”

El problema es que tenemos un corazón dividido. Tenemos dos naturalezas. Nacimos con una naturaleza que no puede hacer nada bueno, y hemos nacido de nuevo, herederas de una naturaleza, que no puede hacer nada malo.

Nuestra conducta y conversación se deriva de una naturaleza, o de la otra. O demostramos las obras de la carne, o demostramos el fruto del Espíritu. Pablo nos dice que crucifiquemos la carne, y que caminemos en el Espíritu.

12 No es posible, hermanos míos, que la higuera dé aceitunas, o que la vid dé higos.

Yo recuerdo, que hace años, fui a una peluquería, muy elegante, donde lo mejorcito de Lima iba. Aunque esta peluquería era un poco cara, decidí hacer el gasto, porque quería que me hicieran un corte sensacional.

En el momento, que me tocaba mi turno con el famoso peinador, vi que acababa de peinar a esta chica regia, con un pelo fabuloso. A lo que la chica se iba, le dije al peinador, que yo quería un peinado como el de ella. ¿Saben lo que me dijo? ¡NO LE PUEDES PEDIR PEROS AL OLMO!

¡Uy! ¡Qué tal lengua la del peluquero! Él debía de haber leído este pasaje de Santiago. Obviamente, sus palabras me cayeron como un baldazo de agua fría. Él podría haberme dicho lo mismo, con un poquito más de tacto… con un poquito más de ternura y dulzura. ¡Definitivamente, que su fama, se le había ido a la cabeza!

No solo NO SALI luciendo como la otra chica, sino que salí de ese lugar dolida y humillada. ¡Y nunca más volví! Es así como se pierden las amistades… ¡Y los clientes!

Tal vez yo estaba pidiendo lo imposible, “pidiendo peros al olmo” pero el peluquero me lo podía haber dicho con más delicadeza.

Hemos sido llamadas a reflejar a Dios, con todo lo que somos, y eso incluye nuestras palabras. Es mejor morderte la lengua, que hacer un comentario mordaz.

Y el vs 12 concluye… Ni tampoco puede ninguna fuente dar agua salada y agua dulce. Esto también es claramente imposible, y ninguna persona racional, puede creer lo contrario. Un corazón lleno de odio no puede producir palabras y obras de amor. Un corazón injusto no puede producir palabras y obras justas.

¿Cómo puedes afirmar y alentar a aquellos, con quien tienes contacto en tu vida diaria? Deja que Dios controle tu lengua y tu corazón diariamente, y pídele que te use para ser de bendición a los que te rodean. ¡No hieras a la gente en un arrebato de ira!

Usa palabras tan sencillas como, “por favor”, “gracias,” o “lo siento,” “te quiero,” o “estoy orando por ti.” Deja que Dios use tu lengua para guiar a otros al camino de la vida. La lengua es un miembro chiquito, pero tiene gran poder. ¡Úsala para la gloria de Dios!

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, esta enseñanza no ha sido fácil de escuchar, porque nos recuerda las cosas que hemos hablado. Las cosas que le hemos dicho a otra gente. Señor, perdónanos por haber herido a nuestros esposos, a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestras amigas, y compañeras de trabajo, con nuestro mal humor, malos modos, y arrebatos de cólera.

Señor, queremos representarte bien. No queremos que el mundo, que nos observa por ser cristianas, nos considere hipócritas, por decir palabras que destruyen y hieren a otros. Queremos modelar a Jesús, que siempre tuvo palabras de amor y consuelo para todo el que se acercaba a Él. Siempre alentando y edificando a otros.

Padre, no queremos demostrar las obras de la carne sino demostrar el fruto del Espíritu en nuestras vidas, por el poder de Tu Espíritu Santo. Solo así podremos domar la lengua. Señor, queremos exaltar y glorificar Tu gran nombre. En el nombre de Jesús, Amén.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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