Estudios Bíblicos en Texto

¡DILE NO AL FAVORITISMO!

Santiago 2:1-13

Si tú supieras que en “diez minutos” ibas a tener una reunión “de media hora” con la Reina Isabel de Inglaterra, ¿te arreglarías el pelo rapidito, te pondrías lápiz de labio, y hasta estarías pensando en lo que le ibas a decir?

Pero ¿qué si tú supieras que en “diez minutos” ibas a tener una reunión con un vagabundo? ¿Te esforzarías por lucir bien ante él, como lo hiciste por la Reina?

Todas tendemos a catalogar a la gente. Y hay muchas maneras de hacerlo. Y éstas categorías pueden tener una profunda influencia en la forma como las tratamos.

EMPEMOS EN ORACION

Padre, derrama a Tu Espíritu Santo sobre nosotras para que ilumine Tu Palabra y nos lleve por la senda de la Verdad y el buen camino. Señor, gracias que la Biblia es nuestro estándar. Es la brújula que necesitamos para caminar por este mundo…

Señor, sabemos que a ti no te gusta el favoritismo, ni la parcialidad. Queremos representarte bien. Queremos amarnos las unas a las otras para que todos sepan que somos tus discípulos. Que te pertenecemos. En el nombre de Jesús, Amén.

En este capítulo, Santiago habla de las diferencias que hacemos cuando tratamos con gente de diferentes clases sociales. ¿Cómo tratas al hombre rico? ¿Cómo tratas al hombre pobre? ¿Cómo tratas al hombre o a la mujer, común y corriente, que conoces a diario? En este texto, Dios le declara la guerra a la pobreza, y a la riqueza.

Tanto la pobreza como la riqueza son una maldición. Proverbios 30:8 dice, “Aparta de mi la vanidad y la mentira, y no me des pobreza ni riquezas. Dame solo el pan necesario, no sea que, una vez satisfecha, te niegue y diga: ¿Y quién es el Señor? O que, por ser pobre, llegue yo a robar y ofenda el nombre de mi Dios.”

Las personas más difíciles de alcanzar son, o los más pobres, o los más ricos. Es casi imposible alcanzar a estas clases sociales con la Palabra de Dios. Realmente, el verdadero problema es el desbalance que existe en las riquezas de este mundo.

Hoy en día, el problema principal, no es entre los partidos políticos, y ni siquiera es entre las diferentes razas. El problema en el mundo es el desbalance de riquezas. Por ejemplo, miremos a la India. Se calcula que tiene más de un billón de habitantes. ¡Y miles de ellos se están muriendo de hambre! ¡Y no son los únicos!

En cambio, mira la gran diferencia que existe con el lujo y la abundancia que hay entre los ricos de hoy. En esta carta, Dios lidia con este problema. Él está del lado del pobre. Después de todo, cuando Jesús vino al mundo, Él no lo hizo como hijo de un hombre rico. El no nació en cuna de oro. Nació en la pobreza. Nació en un establo prestado.

Tuvo que pedir prestado “panes y peces” para alimentar a una multitud. Habló desde un bote prestado. Dijo en Mateo 8:20, “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre, no tiene donde recostar Su cabeza.”

Tuvo que pedir prestada una moneda para ilustrar una verdad. Pidió un burro prestado para entrar montado a Jerusalén. Pidió prestado un salón para celebrar la Pascua. Murió en una cruz prestada. Esta le pertenecía a Barrabás. ¡No a Él! Y lo pusieron en una tumba prestada. Esta le pertenecía a José de Arimatea.

Por otro lado, las riquezas también pueden ser una maldición. Pablo dice en 1 Timoteo 6:10, “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual algunos, por codiciarlo, se extraviaron de la fe y acabaron por experimentar muchos dolores.”

¿Cuál es la solución DE DIOS al problema de la pobreza? Definitivamente que no es de robarle al rico para darle al pobre, al ocioso, al indolente, al vago, y al perezoso. Además, Dios nunca destruiría la dignidad y el amor propio, y la integridad y el honor del pobre, poniéndolo en la caridad.

La guerra de Dios, contra la pobreza y la riqueza, no avanza bajo la bandera del dólar. Ni está dirigida a la cabeza o al estómago del hombre. ¡Está dirigida al corazón! Es la guerra contra las clases. Contra las distinciones y divisiones, provocadas por el dinero entre los creyentes.

El título de este mensaje es ¡DILE NO AL FAVORITISMO! Y está dividido en tres principios: (I) ODIOSAS DIFERENCIAS; (II) AMOR AL PROJIMO; y (III) JUICIO O COMPASION.

ASI QUE COMENCEMOS CON EL PRIMER PRINCIPIO…

I. ODIOSAS DIFERENCIAS (Santiago 2:1-4)

Hermanos míos, ustedes que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo, no deben hacer diferencias entre las personas. 2 Puede darse el caso de que al lugar donde ustedes se reúnen llegue alguien vestido con ropa elegante y con anillos de oro, y llegue también un pobre vestido con ropa andrajosa.

3 Si ustedes reciben gustosos al que viste la ropa elegante, y le dicen: ‘Venga usted, siéntese aquí, que es un buen lugar, pero al pobre le dicen: ‘Tú, quédate allá de pie, o siéntate en el suelo, 4 ¿acaso no están discriminando entre ustedes y haciendo juicios malintencionados?

Primero que nada, ¡no debería de haber parcialidad, ni prejuicios! Si una persona discrimina contra otros, ya sea, por el color de su piel, o el estado de su cuenta bancaria, él o ella no tiene verdadera fe.

Si una persona trata a otra, como si fuera insignificante, ya sea por a su baja condición social o su falta de influencia, entonces esta persona no tiene verdadera fe.

PAUSA

El favoritismo es una tendencia o inclinación a favorecer más a unas personas que a otras, sin valorar su mérito o lo que es justo. Santiago confronta esta discriminación, como pecado, y nos exhorta a evitarlo, a como dé lugar.

En cambio, ¡DIOS ES IMPARCIAL! ¡Con El no hay discriminación ni favoritismo! Su imparcialidad la podemos ver a través de las Escrituras.

Por ejemplo, Moisés le dice al pueblo de Israel en Deuteronomio10:17-19, “El Señor su Dios es Dios de dioses y Señor de señores; es Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni acepta sobornos.”

En 2 de Crónicas 19:7 el rey Josafat dice, “Así que tengan cuidado con lo que hacen, y que el temor del Señor sea con ustedes. Con el Señor, nuestro Dios, no hay injusticia, ni acepción de personas, ni hay lugar para el soborno.”

La imparcialidad de Dios también se ve EN EL REGALO DE SALVACION A TODAS LAS NACIONES Y RAZAS.Hechos 10:34-35 dice, “Entonces Pedro empezó a hablar y dijo: ‘En verdad comprendo ahora que Dios no hace acepción de personas, sino que a Él le agrada todo aquel que le teme y hace justicia, sea de la nación que sea.’”

Este texto es una ADMONICION A LOS CREYENTES, ya que el prejuicio, la discriminación, y la intolerancia son los males siempre presentes en nuestra cultura – tanto dentro -- como fuera de la iglesia. Le pido a Dios QUE USE ESTE ESTUDIO para guardarnos de las influencias sutiles del favoritismo, y que fortalezca nuestra decisión de vivir vidas piadosas.

1… Ustedes que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo, no deben hacer diferencias entre las personas.”

Jesús es nuestro glorioso Señor. Él es el Soberano que gobierna sobre toda Su creación, en el cual, la plenitud de la gloria de Dios es revelada. Juan 1:14 dice, “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad.”

Pablo dice en Colosenses 2:9, “Porque en Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.” Y Jesús comparte la misma imparcialidad del Padre. Dios dice en 1 de Samuel 16:7, “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Yo miro el corazón.”

Y como el Padre, Jesús siempre mira al corazón. Él sabe que el verdadero valor de una persona, está basado EN EL VALOR DE SU ALMA, no en consideraciones externas.

Hasta Sus enemigos reconocían Su imparcialidad, cuando le dicen en Mateo 22:16, “Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios; sabemos también que no permites que nadie influya en ti, ni te dejas llevar por las apariencias humanas.”

Al igual que Su Padre, Jesús ofrecía la salvación a hombres y mujeres de toda raza, clase social, o reputación moral. No te dejes influenciar por las apariencias… de como luce la gente, la ropa que se pone, o su nivel económico. Has como hacía Jesús. Trata a todos con compasión, y habla siempre sin comprometer la verdad.

2 Puede darse el caso de que al lugar donde ustedes se reúnen llegue alguien vestido con ropa elegante y con anillos de oro, y llegue también un pobre vestido con ropa andrajosa.

3 Si ustedes reciben gustosos al que viste la ropa elegante, y le dicen: ‘Venga usted, siéntese aquí, que es un buen lugar, pero al pobre le dicen: ‘Tú, quédate allá de pie, o siéntate en el suelo, 4 ¿acaso no están discriminando entre ustedes y haciendo juicios malintencionados?

Esta discriminación nos muestra que los creyentes, de ese tiempo, estaban siendo guiados por malas intenciones. Santiago condena esta clase de comportamiento porque Cristo los había hecho a todos UNO en Él. ¿Por qué es malo juzgar a una persona por su condición económica? Por un lado, el dinero puede indicar inteligencia, buenas decisiones, y trabajo duro.

Pero por otro lado, puede significar solamente que la persona tuvo la buena suerte de nacer en una familia rica. O, también puede ser una señal de codicia, deshonestidad, y egoísmo. Cuando honramos a alguien, solo por el hecho de que él o ella se viste bien, hacemos que la apariencia sea más importante que el carácter.

PAUSA

Tengo una amiga, ya mayorcita, que me cuenta, que cada vez que sale a la calle con sombrero, la tratan mejor. Así que muchas veces, a propósito, se pone su sombrero. “Y nunca falla,” me dice “¡Me tratan mejor!”

La parcialidad, o favoritismo, es un problema -- que ha existido siempre -- en casi todas las áreas de la vida. Quizás las manifestaciones más comunes del favoritismo son las discriminaciones raciales, religiosas, y socio-económicas.

En este pasaje, Santiago menciona específicamente, el trato preferencial al hombre rico en vez de al pobre. Él sabía que este favoritismo era devastador, no solo porque era pecado, sino porque la mayoría de los creyentes de la iglesia primitiva, era gente pobre.

¡Discriminar contra ellos era darle un golpe mortal al mismísimo corazón de la iglesia! Porque desde su inicio, la iglesia mantuvo, como prioridad, el ministrar a los pobres.

Hechos 2:44-45 dice, “Todos los que habían creído se mantenían unidos y lo compartían todo; vendían sus propiedades y posesiones, y todo lo compartían entre todos, según las necesidades de cada uno.”

Inclusive Pablo organiza un fondo de ayuda para los santos necesitados de Jerusalén durante una hambruna, que hubo. Dios ha escogido a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino, pero algunos en la iglesia, estaban deshonrándolos. ¡Eso no podía seguir así!

Nosotras también debemos de honrar a los pobres, tratándolos con dignidad, en vez de prejuicio, tratando de satisfacer sus necesidades, siempre que sea posible. Estate alerta a lo que está pasando alrededor tuyo, para ver a quien puedes ayudar, de forma práctica, en el nombre de Jesús.

PAUSA

Se cuenta la historia de un pastor, que nunca ministraba a una persona, o a una familia de su iglesia… sin antes chequear el record actual de sus contribuciones económicas a la iglesia.

Cuanto más generosos eran con su dinero, más generoso era el pastor con su tiempo. Ese es un despliegue espantoso y obvio del favoritismo. Y esta era la misma situación, contra la cual, Santiago estaba luchando.

El favoritismo es motivado por un mal deseo de tomar ventaja de otra persona. Ponte en el lugar de la creyente en la historia de Santiago. Imagínate que tú misma estás en un estudio bíblico cuando dos visitantes llegan a la casa. El primer visitante es un hombre rico, como lo puedes ver, por sus alhajas y su ropa fina.

Entra a la casa como un pavo. Creyéndose la divina pomada. Seguro que hasta llega en un Cadillac dorado, con chofer, que le abre la puerta. En cambio, el hombre pobre, llega con su ropa raída y vieja. Puede que estuviera limpio, pero era evidente de que era pobre. De aspecto muy humilde.

¿Cómo actuarías tú con cada visitante? ¿Le darías al hombre rico el mejor asiento de la casa, asegurándote de que estuviera lo más cómodo posible?

Ese es un detalle muy bonito de gentileza y amabilidad, siempre y cuando, tu motivación sea pura. Pero si estás tratando de ganarte el favor del rico, o de beneficiarte de alguna forma de su dinero, ESO ES PECADO. Tu verdadera motivación se podrá ver, por la forma como tratas al hombre pobre.

¿Le das al pobre el mismo honor que le diste al rico, o simplemente lo invitas a que se siente en un rincón? Si lo tratas con menos delicadeza que al rico, estarás revelando tus malas intenciones. ¡Estarás revelando odiosas diferencias!

El favoritismo es muy sutil. Por eso debes de estar en oración y en la Palabra, dejando siempre, que el Espíritu Santo penetre y purifique las motivaciones más profundas de tu ser.

¿Cómo podemos imitar a Cristo en nuestras relaciones humanas? Viendo a todos con los ojos de Cristo. Si el visitante es creyente, lo podemos aceptar porque Cristo vive en él. Y si no es creyente, lo podemos recibir porque Cristo murió por él. Cristo es el eslabón entre nosotros y los demás. Él es el vínculo de amor.

PAUSA

En un simple experimento, dos amigos con la misma educación, antecedentes y condición económica – “pero siendo uno blanco y el otro negro” – viajaron a una ciudad en américa latina y decidieron ver si eran tratados por igual.

Cuando fueron a una zapatería, el vendedor recibió amablemente al hombre blanco, DANDOLE LA MANO, mientras que el hombre negro, no fue atendido.

Cuando fueron a comprar carro, AL HOMBRE BLANCO le dieron una mejor oferta, que al hombre negro. Cuando fueron a alquilar un departamento, al blanco lo alentaron a que chequeara el departamento primero, antes de tomar una decisión, mientras que al amigo negro, le dijeron que no habían departamentos disponibles.

Cuando entrevistaron a la gente, que sin saberlo, había sido parte de este experimento, y que había demostrado discriminación, ESTOS NEGARON ROTUNDAMENTE HABER SIDO PARCIALES. Pero sus acciones desmentían sus palabras.

El prejuicio es una opinión o juicio preconcebido. Es una actitud irracional de hostilidad hacia alguien, o a un grupo o grupos de gente. Los humanos están susceptibles al prejuicio y a la parcialidad. Sin embargo, Dios jamás tiene un pensamiento de discriminación.

La discriminación no es solo una transgresión a la ley divina de Dios, sino que es una burla a Su carácter divino.

ASI QUE, YA VIMOS EL DAÑO QUE LAS ODIOSAS DIFERENCIAS PUEDEN HACER, AHORA VAYAMOS A NUESTRO SEGUNDO PRINCIPIO…

I. AMOR AL PROJIMO (Santiago 1:5-11)

5 Amados hermanos míos, escuchen esto: ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino que Él ha prometido a los que lo aman?

El énfasis aquí está en la elección de Dios, y esto implica la gracia de Dios. Si la salvación se obtuviera por méritos, entonces no sería por gracia. La gracia implica la elección soberana de Dios para aquellos, que no la merecen, o no pueden ganarla.

Efesios 2:8-9 dice, “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Esta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es el resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie.”

Dios nos salva completamente, gracias a la obra terminada de Cristo en la cruz, y no por lo que somos, o por lo que tenemos. ¡Dios no toma en cuenta distinciones de nacionalidad! Los judíos creyentes se sorprendieron cuando Pedro fue a la case de Cornelio en Galilea, le predicó a los gentiles, y hasta comió con ellos.

A los ojos de Dios, no existe distinción entre judío y gentil con respecto a la condenación o a la salvación. ∐Dios tampoco toma en cuenta la condición social. Para El, amos y esclavos, ricos y pobres son iguales.

Santiago enseña que la gracia de Dios hace pobre al rico, porque el rico no puede depender de sus riquezas para salvarse, y hace rico al pobre, porque este hereda las riquezas de la gracia en Cristo.

1 Samuel 2:7-8 dice, “El Señor da pobreza y riqueza; el Señor nos humilla y nos enaltece. Al pobre lo levanta de la nada, y saca de la inmundicia al mendigo para sentarlo entre los príncipes.” Desde el punto de vista humano, Dios escoge al pobre en lugar del rico.

1 de Corintios 1:26-27 dice, “Consideren, hermanos, su llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según los criterios humanos, ni son muchos los poderosos, ni muchos los nobles; sino que Dios eligió lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo, para avergonzar a lo fuerte.”

El pobre de este mundo se hace rico en fe. Como hijo de Dios, hereda las riquezas del reino. Es posible ser pobre en este mundo y rico en el mundo porvenir. O ser rico en este mundo, y pobre en el mundo porvenir.

Todo depende de lo que hagamos con Cristo, y con los bienes materiales que Él nos da. Dios ofrece el reino a los que lo aman, no a los que aman al mundo y sus riquezas.

6 ¡Pero ustedes han despreciado a los pobres! ¿Acaso no son los ricos quienes los explotan a ustedes, y quienes los llevan ante los tribunales? 7 ¿Acaso no son ellos los que blasfeman contra el precioso nombre que fue invocado sobre ustedes?

En aquella época, era fácil que el rico se aprovechara del pobre, que influyera en las decisiones de la corte, y así se hiciera más rico. Desgraciadamente, se cometen los mismos pecados hoy en día, y estos pecados blasfeman el nombre de Cristo.

Nuestro Señor fue pobre, y también fue objeto de la injusticia cometida por los líderes platudos de su día. Si en realidad creemos en la doctrina de la gracia de Dios, debemos tratar a las personas, como Dios manda, y no en los méritos humanos o la condición social.

Una iglesia que hace distinción de personas no es una iglesia que exalta la gracia de Dios. Cristo, cuando murió, destruyó la barrera que separaba a los judíos de los gentiles. Pero en su nacimiento y en su vida, Cristo derribó la barrera entre el rico y el pobre, entre el joven y el viejo, entre el sabio y el ignorante.

Si creemos en la gracia de Dios, no debemos de levantar esas barreras de nuevo. ¿Tienes alguna relación personal o de negocios, en la que estás demostrando favoritismo para aprovecharte de la situación? Si es así, necesitas confesárselo al Señor, y corregir tu conducta inmediatamente.

8 Bien harán ustedes en cumplir la ley suprema de la Escritura: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” El amor es el antídoto a la discriminación.

En Mateo 22:36-40… “Un abogado le pregunta a Jesús cual era el gran mandamiento de la ley. Y Jesús le contesta: 37 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

38 Este es el primero y más importante mandamiento. 39 Y el segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.”

Jesús no nos pide un amor superficial, emotivo y egoísta, que es tan frecuente en nuestra cultura de hoy, sino un amor sacrificado, que pone las necesidades de otros, a la par con las nuestras. Esa clase de amor es totalmente incompatible con el favoritismo, que solo busca promover sus propios propósitos egoístas.

Cuando demostramos parcialidad, estamos rompiendo la ley de Dios. La parcialidad viola el carácter de Dios, y malinterpreta la fe cristiana. El favoritismo ignora la elección que Dios ha hecho de los pobres, y consiente el mal comportamiento de los ricos. Sin embargo, cuándo tratas a otros imparcialmente, tú cumples la ley suprema.

La palabra, Suprema, habla de soberanía. La Ley fue dada por Dios, quien es la suprema autoridad en el universo. Así que Su ley es autoritaria y obligatoria. Además, el amor cumple la ley de Dios, porque si tú amas a alguien, no vas a pecar contra ella.

El amor nos prepara para obedecer la Palabra de Dios, y para tratar a los demás como Dios quiere. Obedecemos Su ley, no por miedo, sino por amor.

1 de Juan 2:6 dice, “El que dice que permanece en Cristo, debe andar como El anduvo.” Y conforme lo hagas, cumplirás la ley de Dios, y así probarás, que tu fe y amor son genuinos.

PAUSA

Hace unos años, la mamá de una amiga fue diagnosticada con Alzheimer. Desde entonces, mi amiga ha tenido que tomar duras decisiones con respecto al cuidado de su mamá. Y muchas veces se le ha roto el corazón viendo como su mamá, siempre tan llena de vida y alegría, se estaba desvaneciendo lentamente.

Durante ese tiempo, mi amiga aprendió que el verdadero amor no es siempre fácil ni conveniente. El año pasado, después de que su mamá fuera hospitalizada por un par de días, mi amiga les escribió estas palabras a algunas de sus amigas:

“Por muy raro que parezca, estoy muy agradecida por el camino en que me encuentro con mi mamá. Detrás de la pérdida de memoria, confusión, y total impotencia, hay una bella persona, que ama la vida, y está en completa paz.

Estoy aprendiendo mucho acerca de lo que el verdadero amor significa, y aunque yo no hubiera pedido seguir este camino, ni las lágrimas ni el dolor que conlleva, no lo cambiaría por nada.”

La Biblia nos recuerda que el amor es paciente y bondadoso. No hace nada impropio. No es egoísta ni se irrita. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, y todo lo soporta.

El verdadero amor se originó con nuestro Padre, que nos dio el regalo de Su Hijo. ∐A lo que buscamos demostrar el amor de Dios a otros, podemos seguir el ejemplo de Cristo, que dio Su vida, por nosotros.

El verdadero amor es ayudar a otros por el bien de Jesús, aun si ellos nunca puedan devolver el favor. Amar a otros es la prueba, de que uno es una verdadera creyente, que ha experimentado el amor de Dios.

9 pero si ustedes hacen diferencia entre una persona y otra, cometen un pecado y son culpables ante la ley. 10 Porque cualquiera que cumpla toda la ley, pero que falle en un solo mandato, ya es culpable de haber fallado en todos.

11 Porque el que dijo ‘No cometerás adulterio’ también dijo ‘No matarás.’ Es decir, que alguien puede no cometer adulterio, pero si mata, ya ha violado la ley.

Mucha gente trata de justificar su pecado, catalogando los pecados de acuerdo a su “aparente” gravedad. Por ejemplo, decir una “mentirita” no es tan serio como cometer perjurio. Y engañar en tus impuestos no es tan serio como robar un banco.

El hacer acepción de personas puede hacer que una persona desobedezca la ley de Dios. Por ejemplo, tomemos cualquiera de los Diez Mandamientos, y veremos que podemos romperlo, si consideramos la posición social o económica de una persona.

Es decir, el hacer acepción de personas puede que mintamos o engañemos. Puede que caigamos en la idolatría --obteniendo dinero del rico. Una vez que empezamos a hacer acepción de personas, desobedeciendo así la Palabra de Dios, nos estamos metiendo en líos.

Y no es necesario romper toda la ley de Dios para ser culpable. Si desobedecemos una sola ley, estamos desobedeciendo todas. ¡La Ley es una!

El amor cristiano no significa, que nos tenga que gustar cierta persona, o estar de acuerdo con todo lo que dice o hace. Puede ser que no nos guste su vocabulario o sus costumbres, y puede que no la queramos como amiga íntima.

El amor cristiano es tratar a otros de la misma manera como Dios nos ha tratado. Es un acto de la voluntad. No es una emoción creada. Y la motivación es siempre la de glorificar a Dios por medio del Espíritu Santo, que vive en nosotras.

El amor ayuda al pobre a superarse, y al rico a hacer mejor uso de los bienes que Dios le ha dado. ¡El amor siempre edifica! ¡El odio siempre destruye!

Amy Carmichael escribió: “Si yo menosprecio a aquellos, a los que he sido llamada a servir, y les hablo de sus puntos débiles, haciendo contraste quizás, con los que yo considero que son mis puntos fuertes.

Si adopto una actitud de superioridad, olvidándome del dicho “¿Que tienes que Dios no te haya dado?” entonces, no conozco nada del amor de Cristo. ∐Si me ofendo con facilidad.

Si estoy contenta de vivir con una actitud de frialdad hacia los demás, a pesar de que una bonita amistad es posible, entonces no conozco nada del amor de Cristo.

Si me siento amarga contra aquellas que me critican, porque yo lo considero injusto, olvidando que si ellas me conocieran de verdad, como me conozco yo a mí misma, me criticarían más aún, entonces no conozco nada del amor de Cristo.

ASI QUE YA VIMOS, “ODIOSAS DIFERENCIAS,” Y “AMOR AL PROJIMO,” TERMINEMOS ESTE PASAJE CON NUESTRO TERCER Y ULTIMO PRINCIPIO…

II. JUICIO O COMPASION (Santiago 2:12-13)

12 Hablen y vivan como quienes van a ser juzgados por la ley que nos da libertad, 13 pues a los que no tienen compasión de otros, tampoco se les tendrá compasión cuando sean juzgados, porque la compasión prevalece sobre el juicio. Se trata de dar y recibir misericordia.

La obediencia debiera ser un estilo de vida… un hábito. Todo lo que dices, y todo lo que haces, es en sí, el comportamiento completo del ser humano. Primero de Juan 3:18 dice, “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” Los creyentes serán juzgados en base a su obediencia a la voluntad de Dios, como lo dice Su ley.

Hace muchos años, un cristiano de buena posición económica, que odiaba la esclavitud, pagó un alto precio por un esclavo en una subasta. Cuando ambos hombres se encontraron, por primera vez, el hombre rico le dijo, “Te he comprado… pero lo hice para poder liberarte de la terrible esclavitud de tu vida.”

El esclavo lo miró asombrado, y le preguntó, “¿Soy realmente libre? ¿Puedo ir a donde yo quiera?” “Si,” le dijo el cristiano, “por eso te compré. Para que pudieras deshacerte de tus cadenas para siempre.”

Abrumado por estas palabras, el esclavo cayó a los pies de su libertador, y le dijo con devoción sincera, “Entonces mi mayor alegría y libertad será quedarme con usted, y servirlo, gustosamente, para el resto de mi vida.”

La Biblia es la historia de la búsqueda de Dios para liberar a la humanidad. Su Hijo, Jesús, PAGO EL ALTO PRECIO – CON SU PROPIA VIDA. Por medio de Su sacrificio, aquellos que claman Su nombre, son liberados de la esclavitud del pecado.

La única respuesta inteligente, para nosotras, que hemos sido liberadas por Su misericordia, es de servir a Cristo, gustosamente, en todo lo que decimos y hacemos para el resto de nuestras vidas. Y como ese ex -esclavo, podemos decir, “Servir a Cristo será mi mayor alegría y libertad.”

13 Pues a los que no tienen compasión de otros, tampoco se les tendrá compasión cuando sean juzgados, porque la compasión prevalece sobre el juicio. ¡Nuestras palabras serán juzgadas! ¡Nuestras obras serán juzgadas! ¡Nuestras actitudes serán juzgadas!

Si realmente creemos que Jesús es el Hijo de Dios, y que Dios es compasivo, y Su Palabra verdadera, y que un día Él nos juzgará, entonces nuestra conducta revelará nuestras creencias. Una de las pruebas de la realidad de nuestra fe es cómo tratamos a otras personas.

A finales del siglo diecinueve, el famoso químico sueco, Alfredo Nobel, se despertó una mañana, y leyó asombrado su propio obituario en el periódico local. Decía: “Alfredo Nobel, el inventor de la dinamita, murió ayer. Él fue el que ideó la forma de matar a más gente en una guerra-- como nunca antes se había visto. Y murió como hombre rico.”

En realidad, quien había muerto, había sido el hermano mayor de Alfredo,. El reportero del periódico se había enredado con el epitafio.

Pero el reporte hizo tal impacto en Nobel, que decidió que él quería ser conocido por algo más, que no fuera solo el hecho de haber desarrollado una forma de matar a más gente, más eficientemente. Y de pasada, haber amasado una fortuna.

Así que Alfredo comenzó el Premio Nobel, que es el premio a científicos y escritores que promueven la paz. Nobel dijo: Todo hombre, o mujer, debería tener la oportunidad de corregir su propio epitafio, a la mitad de su vida, y escribir uno nuevo.”

Pocas cosas nos pueden hacer cambiar más, como el mirar a nuestra vida, como si ya se hubiera acabado. ¿Cómo quieres que otros te recuerden? ¿Por tu amor y compasión? ¿O por tu frialdad e indiferencia? ¿O por tus prejuicios?

Y YA PARA CONCLUIR…
 
¿Cómo podemos aplicar los principios contra el prejuicio en nuestras propias vidas?
Primero, DEJA QUE LA BIBLIA SEA TU ESTANDAR, no tus costumbres. Todas hemos crecido con prejuicios. Lo hemos visto en el colegio, entre nuestras amigas, y hasta lo hemos escuchado desde el púlpito. ¡Pero el favoritismo es pecado!
 
 
 
A veces queremos silenciar nuestro pecado, con excusas, tales como “Así es como me educaron a mí,” o “Esa gente tiene sus propias costumbres.” Los prejuicios y la fe en Cristo, ¡NO PEGAN! Así que NO TE AFERRES A TUS PREJUICIOS NI TE ESCONDAS DETRAS DE EXCUSAS TRIVIALES.  
 
 
Decide ahora mismo a estar de acuerdo con las Escrituras, y llamar al pan, pan, y al vino, vino. Llamar al pecado por lo que es.  Y Segundo, deja que el amor sea tu ley.  Santiago llama al mandato de “amar a tu prójimo como a ti misma” la Ley Suprema. La ley de la libertad. 
 
 
 
Cuando te encuentras con gente que es diferente a ti, ya sea, por ser mayor o menor que tú, o por ser más clara o más oscura que tú, o por ser más rica o más pobre que tú – debes de preguntarte, “Cómo puedo amar a esta persona con mis palabras y acciones?  ¿Cómo puedo ayudarla? ¿Cómo puedo edificarla? 
 
¿Cómo puedo demostrar gracia y compasión, en vez de discriminación y parcialidad? 
 
OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, gracias por habernos dado este libro sagrado. Este libro escrito por Ti. Gracias por enseñarnos que la Escritura debe de ser nuestro estándar. Que el amor debe de ser nuestra ley. Y que la compasión debe de ser Tu mensaje.

Por eso, Señor, queremos ser compasivas porque esa es la evidencia de la maravillosa relación que tenemos con Cristo. Señor, revélanos en qué áreas de la vida estamos siendo culpables de favoritismo y parcialidad. Perdónanos. No queremos hacer odiosas diferencias. Ayúdanos a cambiar nuestras actitudes y acciones. En el nombre de Jesús. Amén


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© Fotografía por Nancy Galligan

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