Estudios Bíblicos en Texto

La Parábola de la Viuda Persistente

Lucas 18:1-8

Billy Graham dice: “La oración es para cada momento de nuestra vida, no solo para momentos de sufrimiento, o de gozo. La oración es realmente un lugar; un lugar donde te encuentras con Dios para tener una conversación genuina con Él.

En vez de empezar con la oración, a veces, recurrimos a ella después de que hemos usado todos nuestros otros recursos. Cuando llegamos al final de nosotras mismas, es entonces cuando llegamos a nuestro comienzo con Dios.

No necesitamos avergonzarnos por estar necesitadas. Cada oración por muy débil y vacilante que sea, es escuchada por Dios.”

EMPECEMOS EN ORACION

Padre, Tu Palabra nos habla de la importancia de la oración. Y muchas veces, no oramos. Tratamos de hacer tu obra, por nuestros propios esfuerzos, en vez, de llenarnos de tu Espíritu Santo, por medio de la oración. El poder está en tu Espíritu, no en nosotras mismas.

Señor, cuando oramos podemos tocar tu trono con una mano, y a un mundo necesitado con la otra. Enséñanos a orar, Jesús, y a esperar en Ti. Háblanos a través de esta parábola. Queremos escuchar y aplicar lo que nos dices. En el nombre de Jesús, Amén.

Los discípulos habían visto, con sus propios ojos, la autoridad con que Jesús hablaba, la compasión que mostraba por los afligidos… Su poder milagroso. Ellos habían observado que todo esto fluía de su vida de oración.

Así que, le piden a Jesús, ”Señor, enséñanos a orar.” Jesús les contesta dándoles el patrón más conocido de oración jamás comunicado. Les enseña el Padre Nuestro. Jesús modelaba la oración en todo momento. Él es nuestro ejemplo.

Él estaba en comunión constante con Su Padre… El gozaba del compañerismo del Padre…Y los apóstoles querían esa misma intimidad… esa misma comunión con el Padre.

PAUSA

Hoy vamos a estudiar la parábola de “La Viuda Persistente,” la cual nos enseña una lección muy importante acerca de ser persistentes cuando oramos. Jesús nos dice que debemos perseverar en nuestras oraciones.

Así que comencemos en Lucas 18: 1-8

1 Además, Jesús les contó una parábola en cuanto a la necesidad de orar siempre y DE NO DESANIMARSE. 2 Les dijo: En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a nadie. 3 En esa misma ciudad había también una viuda, la cual acudía a ese juez y le pedía: “Hazme justicia contra mi adversario.”

4 Pasó algún tiempo, y el juez no quiso atenderla, pero después se puso a pensar: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, 5 esta viuda me molesta tanto que voy a hacerle justicia, no sea que siga viniendo y me agote la paciencia.’ 6 Dijo entonces el Señor: Presten atención a lo que dijo el juez injusto.

7. ¿Acaso Dios no les hará justicia a sus elegidos, que día y noche claman a él? ¿Se tardará en responderles? 8 Yo les digo que sin tardanza les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

¿Has notado el último versículo de esta parábola? El versículo dice, “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? ¿Qué tiene que ver esto con esta parábola? A primera vista, no parece pertenecer aquí.

Sin embargo, cuando miramos más detenidamente al contexto de este pasaje, notamos que esta parábola está conectada a la enseñanza que Jesús hace en el capítulo anterior – en el capítulo 17 acerca de los últimos tiempos. Jesús estaba diciendo, “Oren y no desfallezcan… no se desanimen… ¡Yo volveré!”

Les voy a hacer un pequeño resumen de la enseñanza de Jesús del capítulo 17:20-37. Esto nos dará el contexto para el capítulo 18. Así como mucha gente hoy en día se emociona con respecto a profecías y eventos futuros, así mismo, los judíos de la época de Jesús, vivían con la expectativa de la llegada del Mesías.

Jesús nos advierte que no pasemos el tiempo tratando de adivinar el futuro, O haciendo conjeturas acerca de Dios. Los judíos esperaban la llegada de su Rey, y ahí estaba El, en medio de ellos. A veces podemos estar tan absortas con el futuro, que nos perdemos las oportunidades del presente.

Lo importante no es de trazar el futuro, sino de estar lista… de estar preparada para la venida de Jesús en cualquier momento. La venida de Cristo no será un misterio esotérico que será percibido solo por unas cuantas personas ilustres, sino que será tan obvio, como los rayos y relámpagos en el cielo. ¡Visibles a todo el mundo!

Jesús comparaba “los últimos tiempos” con los días de Noé y los días de Lot. Ambos hombres vivieron justo antes de dos grandes juicios: El gran diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Noé le advirtió al mundo de sus días que el diluvio se venía, y los ángeles les advirtieron a Lot y a su familia que la destrucción se venía. Pero ambas advertencias no sirvieron de nada. Solo Noé y su familia (ocho de ellos) se salvaron, y solo tres, Lot, y sus dos hijas solteras, se escaparon de Sodoma.

¿Cómo será el mundo justo antes del juicio final y de la segunda venida de Cristo? ¿Seguirá todo igual… como siempre, sin ninguna preocupación o interés por las advertencias que Dios nos manda?

La gente comerá y beberá, asistirá a matrimonios, y llevaran a cabo sus oficios y profesiones. Y entonces los juicios los cogerán por sorpresa. En los tiempos de Noé, había mucha violencia, y en los tiempos de Lot, los hombres se entregaban a lujurias antinaturales. ¿Ven estas mismas características en nuestro día?

La violencia está aumentando… hay violencia en los colegios… los chicos matan a sus propios padres… hay cualquier cantidad de crímenes contra los ancianos… contra los no nacidos. No hay respeto por la vida humana.

La pornografía sigue aumentando cada día más, y los matrimonios homosexuales se han convertido en ley en muchas partes del mundo. Así que mucha gente quiere aceptar los matrimonios homosexuales como si fuera lo más normal, haciendo caso omiso a la intención sagrada de Dios para el matrimonio y la familia.

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Así que este capítulo comienza con la necesidad de orar. La oración es el componente esencial de una vida con Dios. Es pedirle a Dios lo que necesitamos persistentemente, confiando que Él va a proveer. Jesús nos muestra que Dios escucha a Sus hijos, y que contesta sus oraciones.

El propósito de la oración no es de hacer algo por Dios, sino de hacer algo por nosotras. Es uno de los mecanismos, que Dios les da a Sus hijos, para que estemos en contacto con Él. Dios no necesita la oración, nosotras somos la que la necesitamos.

Pero a Dios le encanta cuando le oramos. Él siempre está ansioso de saber de nosotras. Y le da gusto darnos Sus maravillosas bendiciones.

Un autor anónimo escribió: “En el cielo hay un cuarto que nos va a sorprender cuando lo veamos. El cuarto está lleno de grandes cajas bellamente empaquetadas con cintas y moños, con tarjetitas con tu nombre en ellas, que dicen, “Nunca fueron enviadas a la Tierra porque nunca fueron pedidas de la Tierra.”

(1-3) Además, Jesús les contó una parábola en cuanto a la necesidad de orar siempre y de no desanimarse. 2 Les dijo: En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a nadie. 3 En esa misma ciudad había también una viuda, la cual acudía a ese juez y le pedía: “Hazme justicia contra mi adversario.”

4 Pasó algún tiempo, y el juez no quiso atenderla, pero después se puso a pensar: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, 5 esta viuda me molesta tanto que voy a hacerle justicia, no sea que siga viniendo y me agote la paciencia.’

Mientras estudiamos esta parábola, trata de imaginarte esta escena en el medio oriente. La corte o el palacio de justicia no era un bello edificio, sino una carpa que iba de lugar en lugar, porque era así como el juez hacía su recorrido.

El juez, no la ley, fijaba el orden del día, y se sentaba regiamente en su carpa, rodeado de sus asistentes. Cualquiera podía observar los acontecimientos desde afuera, pero solo aquellos casos que habían sido aprobados y aceptados, podían ser sometidos a juicio.

Generalmente esto significaba que había que sobornar a uno de los asistentes para que llevara su caso a la atención del juez. Si este juez era judío, estaba desafiando abiertamente el requisito primordial de los jueces – que era el temor de Dios.

Un juez, que no teme a Dios, no reconoce ninguna ética fuera de la de su propio interés, y su creencia equivocada de que nunca tendrá que comparecer ante Dios, hace que no le importe tomar decisiones injustas. ¡El juez de esta parábola era ese hombre!

Los peores malvados de la historia, aún Hitler y Stalin, profesaban amor por la humanidad. Pero no este hombre. Este era capaz de cualquier cosa, menos de pronunciar justicia.

Lucas menciona a las viudas, más frecuentemente, que todos los otros escritores de los evangelios. En aquellos días, las viudas la pasaban muy mal económicamente, a pesar de que Dios había instruido a Su pueblo, a que cuidaran de las viudas.

En Éxodo 22:22-24, Dios dice, “No afligirás a las viudas ni a los huérfanos. Si llegas a afligirlos, y ellos me piden ayuda, yo atenderé su clamor. Entonces se encenderá mi furor, y yo los mataré a espada, y las viudas y los huérfanos serán las mujeres y los hijos de ustedes.”

Dios ama a la viuda y al huérfano. Ellos tienen un lugar muy especial en el corazón de Dios. Y hay muchas otras escrituras en el Antiguo Testamento que testifican de esto. A principios de la iglesia, ésta se tomaba muy en serio este decreto de Dios, y debería ser un gran ejemplo para nosotros a seguir.

Santiago 1:27 dice, “Delante de Dios, la religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este mundo.”

La vida le había dado a la viuda de esta parábola un golpe amargo. Las viudas eran las personas más indefensas en la sociedad hebrea. El Antiguo Testamento se refiere a ellas como oprimidas. Se aprovechaban de ellas. Eran, muchas veces, víctimas legales, como es el caso de esta pobre mujer. Ella no quería venganza, solo quería justicia restaurativa.

La viuda de esos tiempos, tenía tres obstáculos que superar. Primero, ella era mujer en una cultura donde la mujer era considerada ciudadana de segunda clase. Segundo, en la sociedad Palestina, en los tiempos de nuestro Señor, las mujeres no iban a la corte. Ella era viuda – sin un esposo que diera la cara por ella, o que abriera el camino para ella.

Tercero, siendo viuda, ella era pobre y no podía pagar la coima, aunque quisiera. Por eso no es de extrañarse que las viudas nunca recibieran la protección, que se suponía, la ley debiera darles.

Y ahora que ya entendemos algo del escenario de esta parábola, podemos entender mejor lo que Jesús estaba enseñando. Él estaba alentando a Sus discípulos a orar, y a no desfallecer. Cuando nuestra relación con Dios es personal e íntima, no tendemos a desanimarnos, o a desalentarnos, cuándo las cosas se ponen difíciles.

Con estas tres cosas en su contra, parecería que la viuda no tenía el más mínimo chance de que escucharan su caso. Pero ella no se iba a dar por vencida. Ella iba ante el juez día y noche, pidiendo, rogando y suplicando que su caso fuera escuchado. Hasta que finalmente el juez dice “!AY! Para quitarme a esta doña de encima, haré lo que ella me pide.”

(6-8ª) Dijo entonces el Señor: Presten atención a lo que dijo el juez injusto. 7. ¿Acaso Dios no les hará justicia a sus elegidos, que día y noche claman a él? ¿Se tardará en responderles? 8 Yo les digo que sin tardanza les hará justicia.

Si leemos este pasaje por encimita parecería que esta parábola está haciendo una comparación entre el juez y Dios, enseñando que el pueblo de Dios debería, como la viuda, clamar a Dios día y noche antes de que nuestras oraciones sean contestadas. Más bien, lo que Jesús pretendía hacer era un contraste, Y NO, una comparación.

Jesús dice, “Escuchen al juez.” ¡El Padre no es como El! ¡El Padre es diferente! ¡El Padre las ama! Esto es muy importante para poder entender correctamente esta parábola. Jesús está usando la regla de contrastes. El hace contraste entre lo peor del hombre, y lo mejor de Dios.

El juez no sentía amor por nadie, era malo, descortés, despiadado, e injusto. En cambio, Dios es todo amor. Él es bueno, lleno de gracia, y justo. Además, todo lo que Dios es, es infinito. Él es infinitamente amor, infinitamente gracia, infinitamente misericordia, e infinitamente justo.

A. W. Tozer escribe, “La palabra Justo, cuando se usa refiriéndose a Dios, es el nombre que damos a la forma como Dios es, y nada más; y cuando Dios actúa justamente, Él está simplemente actuando como si mismo en toda situación.”

En esta parábola, la viuda “era una don nadie” -- totalmente insignificante. Sin embargo, en esta vida, como cristianas, somos las elegidas, las escogidas, creadas a la imagen de Dios, y redimidas por el Hijo de Dios. Dios, por ser quien es, y nosotras por ser quienes somos, no hay razón de tocarle frenéticamente a la puerta, o de quejarte para que te conteste.

¿Qué crees que Dios hace con respecto a Sus escogidos que claman a El día y noche? Nadie debe de pensar que Dios es una divinidad inmovible. Él no es como el juez terrenal de esta parábola.

El significado aquí es que si este juez hosco, quien por propia admisión, no escuchaba ni a Dios ni al hombre, termina cediendo a la súplica de la viuda, con mayor razón, Dios hará justicia a favor de Su pueblo, que le ora día y noche.

Además, no había ninguna relación entre la viuda y el juez – ya sea social, comunal, o religiosa. El juez simplemente quería deshacerse de ella para que ni siquiera existiera la relación de abogado-cliente.

Por eso, este juez inescrupuloso escucha a la viuda, y le hace justicia. Por el contrario, Dios ha escogido a Su propia gente, y tiene un interés muy especial en nosotras, porque le pertenecemos. ¡Porque somos Suyas!

Cuando clamamos a Dios, día y noche, el Señor toma nuestro caso y nos hace justicia. Así que, cuando la viuda clama a Dios, ella va a recibir justicia porque Dios escucha y contesta las oraciones de los justos.

El juez escucha a la viuda para quitársela de encima. Dios escucha a Su pueblo porque nos ama y quiere vindicar nuestra causa. El juez actúa egoístamente. En cambio, Dios actúa a favor de Su gente. ¡El actúa a tu favor!

¡Veamos pues el contraste entre nosotras y la pobre viuda de esta parábola!

Primero que nada, nosotros comparecemos NO ANTE UN JUEZ INJUSTO, sino ante un Padre amoroso. Cuando Jesús les enseña a Sus discípulos a orar, “Padre nuestro, que estás en los cielos,” el concepto de Dios, como Padre, era ajeno a los judíos. Pablo nos dice que llamemos a Dios “Abba” o “Papá.”

Por eso Romanos 8:15 dice, “Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

Segundo , comparecemos ante Dios, no como extrañas, sino como Sus hijas.

Un fotógrafo, mientras tomaba fotos de Antón Scalía, famoso juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos en su despachosentado en su gran escritorio, uno de sus nietos INTERRUMPE entrando feliz al despacho del juez.

El fotógrafo tuvo la oportunidad de tomar fotos, lindas y espontáneas del juez Scalía levantando la cabeza y sonriendo de oreja a oreja al ver a su nieto.

Es increíble el acceso que una persona puede tener con sus padres. No importa cuán importante sea un hombre, su hijo o hija, puede entrar en su presencia en cualquier momento. Ese es el privilegio que tenemos nosotras, como hijas de Dios.

Tercero , esta mujer era viuda. ¡Nosotras somos novias! Apocalipsis 21:2 dice, “Vi también que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descendía del cielo, de Dios, ataviada como una novia que se adorna para su esposo.” ¡Qué tal diferencia! Una viuda se puede sentir sola, pero no una novia.”

Cuarto , la viuda VA SOLA donde el juez, pero nosotras tenemos un Abogado Defensor con el Padre. Jesús está de pie junto a nosotras. 1 de Juan 2:1 dice, “Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.”

Roberto Murray dice: “Si yo pudiera escuchar a Jesús orando por mí en el cuarto de al lado, yo no le tendría miedo ni a un millón de enemigos. ¡Jesús está orando por mí! ¡Por ti! La distancia no importa.”

Y por último, para obtener ayuda, la viuda va a la corte. En cambio, nosotras vamos al trono de la gracia. Hebreos 4:16 dice, “Por tanto acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda.”

Mi esposo y yo tenemos una pequeña farmacia en Belén, Nuevo México, E.E.U.U. En 1998 la vendimos. Mi esposo estaba un poco cansado de las presiones de tener su propio negocio. Se la vendimos a una compañía nacional, que tenía su oficina corporativa en Dallas, Texas.

Lo bueno es que mi esposo se quedó como gerente farmacéutico de la farmacia ganando un buen sueldo. Todo estaba yendo de lo más bien, o al menos eso era lo que creíamos, hasta que tres años después, la empresa que compró nuestra farmacia, se fue a la bancarrota.

¡Nos asustamos! Ellos todavía nos debían mucho dinero por la compra de la farmacia, y no sabíamos cómo nos pagaría el banco, en caso que ellos dejaran de pagarnos. Decidimos consultar con un abogado especialista en bancarrotas, para ver cómo podíamos resolver este enredo.

Su brillante sugerencia fue, “Ustedes se deben de declarar en bancarrota también.” Esta no era la manera más ética de hacer esto. Y también significaba que nosotros estaríamos a la merced de la corte, por lo menos, por 5 años.

Mi marido y yo nos miramos, y dijimos: “No, nosotros vamos a orar acerca de esto. Vamos a esperar en el Señor. Él es nuestra protección… NO LA CORTE DE BANCARROTA. ¡Él nos sacará de este lío!”

Y oramos… y oramos más… y esperamos en el Señor. La única salida era de comprar la farmacia de nuevo, y una vez que tuviéramos el negocio de vuelta, por la gracia de Dios, podríamos pagarle al banco.

Los dueños, a quienes les vendimos la farmacia, no nos la querían vender. La pusieron a la venta al mejor postor a través de una subasta pública. Y oramos… Y esperamos… Nuestro mundo se estaba desmoronando. Todo lo que podía ir mal – fue mal.

Para empeorar las cosas, otro postor apareció ofreciendo el doble de lo que nosotros habíamos ofrecido por la farmacia. ¡No había forma de que nosotros pudiéramos superar esa oferta!

Aunque estábamos bastante consternados con todo esto, seguimos orando, esperando y confiando en el Señor. Estábamos siendo presionados por todo lado. Dijimos, “Señor, ten misericordia de nosotros.” Realmente estábamos seguros que Dios nos abriría una puerta.

Después de varios meses de luchas, Dios abrió la puerta. ¡Él es tan fiel! Cómo éramos dueños del edificio donde se encontraba la farmacia, los dueños, al comprarnos la farmacia originalmente, nos habían firmado un contrato de alquiler por tres años.

Y ahora estaban tratando de vender la farmacia -- con nuestro contrato de alquiler incluido -- sin darse cuenta que el contrato había caducado, y se habían olvidado de renovarlo. Cuando nos dimos cuenta de esto, dijimos: “¡Qué maravilla! ¡Esta es la puerta que Dios nos ha abierto!”

Así que les dijimos: “Claro, ustedes pueden vender la farmacia a quien quieran, pero nosotros tenemos que subir el alquiler tres veces más para que le podamos pagar al banco. “ ¡UY! ¡Eso los puso furiosos!

Las amenazas no dejaban de venir. Ellos querían ese contrato al precio antiguo, pero nosotros nos mantuvimos firmes porque sabíamos que Dios estaba con nosotros. Pocos días antes de que la bancarrota expirara, inesperadamente, el otro postor (aquel que había ofrecido el doble) retiró su oferta.

Así que los dueños nos llamaron inmediatamente… aceptaron nuestra oferta… y hasta nos dieron otros privilegios y bonificaciones, que ni siquiera habíamos pedido. ¡Ahora ya no nos querían perder!

Dios es fiel y escucha las oraciones de Su gente. ¡Él nos escuchó! Nos hizo esperar por un tiempo… para que el momento fuera perfecto y para que Dios se llevara toda la gloria. Pero cuando El actúa, ¡tengan cuidado! ¡El obrará rápidamente! En un tris tras, ¡éramos los dueños de la farmacia de nuevo!

A lo mejor tú sabes exactamente lo que necesita pasar, y el lugar donde Dios necesita obrar. Sin embargo, puede que Dios necesite obrar primero a través de alguien en autoridad sobre ti. Esa persona puede ser un oficial de gobierno, una maestra, o un pastor, o tal vez, puede ser tu jefe, entrenador, tus padres, o tu esposo, o hasta un juez.

Esto me hace acordar a la historia de Nehemías. Como copero del Rey Artajerjes, Nehemías tenía un cargo de mucha responsabilidad. Sin embargo, anhelaba estar a ochocientas millas de distancia, junto con su pueblo en la destruida ciudad de Jerusalén.

Ellos se estaban enfrentando a una posible aniquilación, y Nehemías necesitaba regresar a reconstruir las paredes de la ciudad. Específicamente, él necesitaba tres años fuera de su trabajo, y suficientes suministros para reconstruir la pared alrededor de toda la ciudad de Jerusalén.

Pero primero tenía que ocurrir un gran cambio en el corazón del hombre en autoridad sobre él, es decir, en el corazón del Rey Artajerjes.

El superior de Nehemías, que era in incrédulo, tenía la mala costumbre de cortar las cabezas de sus subordinados… cuando lo molestaban.

Para Nehemías, por solo el hecho de entrar al salón del trono y pedir tiempo libre y materiales de construcción, estaba básicamente firmando su sentencia de muerte. ¿Entonces que podía hacer? Si lees la historia de Nehemías, encontrarás a un hombre, que constantemente, convertía sus problemas en oraciones.

Él vivía por el lema, “Ora cuando tus inquietudes te inquietan.” Vemos a Nehemías convirtiendo sus problemas en oraciones en casi todos los doce capítulos del libro que lleva su nombre. Así que cuando la necesidad de Jerusalén le fue presentada, hace lo que siempre hacía. Le lleva el asunto al Señor.

Sus oraciones, una de las más efectivas en la Biblia, son un tutelar de como orar. Nehemías siempre comenzaba con palabras de alabanza. Alabanza y agradecimiento son las puertas a la presencia de Dios. Nehemías confesaba su pecado y el del pueblo, antes de pedirle al Señor. ¡Y era muy específico al hacer su petición!

Nehemías no oraba una vez, y ahí quedaba la cosa. ¡NO! Le llevaba sus cargas a Dios día y noche, tal como lo hace la viuda de esta parábola.

Puede que hubieran pasado semanas o hasta meses desde que Nehemías comenzara a orar acerca del dilema de Jerusalén… hasta el momento en que Dios le concediera su petición.

Jesús nos hace una gran promesa en Mateo 7:7, cuando dice, “Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá.”

Nehemías 1:11 ora: “Yo te ruego, Señor, que prestes atención a las súplicas de este humilde siervo tuyo, y a los de todos tus siervos, que honran tu nombre. Concédele a este siervo tuyo tener éxito ante el rey para que me conceda lo que le solicite.”

La naturaleza, el tamaño, y el alcance de la petición de Nehemías era tal, que las probabilidades de que Artajerjes dijera que “SI” eran pocas.

Es por eso que Nehemías va donde Dios primero. Dios tenía que tocar el corazón del rey, antes de acceder a la petición de Nehemías. ¡Y DIOS LO HIZO! Dios es capaz de cambiar los corazones de aquellos en autoridad sobre nosotros. Dios le dio a Nehemías el éxito que él le había pedido.

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Algunas personas dejan de orar cuando van donde el Señor con un problema, o una necesidad y Dios no les contesta inmediatamente, “Señor, he venido a Ti, por semanas… por meses acerca de este problema, y todavía no parece haber solución.”

O dicen, “Señor, hasta cuándo? He estado orando por largo tiempo, ¿pero no parece haber provisión? Entonces, ¿para qué orar?”

Dejan de orar del todo, sin comprender. que como hemos sido creadas a la imagen de Dios, estamos compuestas de tres partes – somoscuerpo, alma, y espíritu – y es el espíritu el que es más impactado por nuestras oraciones.

El cuerpo es el que se relaciona con el mundo físico a través de nuestros sentidos… de la vista, el olfato, el tacto, el gusto, y el oído. El alma está compuesta de la mente y las emociones -- es la que se relaciona con la gente a través de nuestra propia personalidad.

Pero cómo el espíritu es la parte más profunda del hombre, que se relaciona a Dios, y vivirá con El para siempre,es muchas veces a través del espíritu, que las oraciones son contestadas. El problema es que limitamos nuestras oraciones al reino del cuerpo o del alma solamente.

O queremos respuesta a nuestras oraciones de forma física y tangible, o queremos sentirnos mejor emocionalmente después de orar. Pero Dios sabe que lo que nosotras realmente anhelamos solo puede ser satisfecho en el reino espiritual.

“Padre,” decimos, “mis finanzas están bien bajas. Necesito pan.”

Y a pesar de que Él es un Padre que proveerá por nuestro pan de cada día, Él también sabe que el pan no nos podrá satisfacer completamente. Así que mandó a Su Hijo para que fuera Pan de Vida para nosotras.

Tú oras, “Señor, guíame.” Jesús te dice, Yo soy el Camino.” Clamas, “necesito paz,” Jesús te contesta, “Encontrarás paz en Mí. Yo soy el Príncipe de Paz.” Lo que pensamos que necesitamos es raramente por lo que oramos. ¡Lo que necesitamos es realmente a Jesús!

La oración no es para recibir lo bueno. Es para gozar del que es Bueno. La oración no es para recibir regalos. Es para tener comunión con el Dador de todos los regalos. La oración no es para reclamar las promesas. Es para abrazar a la Persona de Jesús.

Todo lo que anhelas lo puedes encontrar en la Persona de Jesucristo. Y descubrirás que esto es verdad, cuando ores, y no te desanimes.

La oración es la forma de derrotar al diablo. La oración es la forma de obtener que los perdidos se salven. La oración es la forma de adquirir sabiduría. La oración es la forma de obtener que los descarriados sean restaurados. La oración es la forma como los santos son fortalecidos.

La oración es la forma de mandar trabajadores al campo misionero. La oración es la forma como curamos a los enfermos. La oración es la forma de realizar lo imposible. Todo lo que Dios quiere hacer en tu vida, lo ha subordinado a una sola cosa: LA ORACIÓN.

(8b) Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? El problema no es con Dios. Él te contestará cuando lo necesites. Puedes contar con ello. El problema es con nosotras. Cuando Cristo regrese, ¿habrá alguien en la tierra que clame en fe día y noche?

¿Nos volveremos tan indiferentes en nuestra fe que permitiremos, que la gente persistente en la oración, se extinga?

En la segunda venida de Jesús, ¿nos encontrará El persistiendo en oración para que Su Reino venga? Cuando Cristo regrese, ¿la persona de oración estará persistiendo en oración? ¿Estarás tú persistiendo?

Jesús estaba diciendo, que orar constantemente hasta que El regrese, no solo es la evidencia de nuestra fe, sino también, es la forma de edificar nuestra fe hasta que El regrese.

Si sabemos que Dios es un Padre que nos ama, que Jesús es nuestro Defensor que está nuestro lado, y que somos una novia invitada a ir al trono de la gracia, ¿por qué es que no oramos más? ¿Por qué es que Jesús necesita preguntar, ¿hallaré fe en la tierra?

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, gracias por enseñarnos la importancia de la oración. Que el mundo cambia cuando oramos. Que Tú haces grandes cosas cuando oramos. Que Tú nos fortaleces cuando oramos. Que muchos vienen a Cristo cuando oramos.

Señor, ayúdanos a ser persistentes en la oración. A no desanimarnos ni desalentarnos. A perseverar porque Tú eres un Dios que se deleita en contestar nuestras oraciones. Tú siempre contestas en el momento debido.

Padre, gracias que no eres como el juez injusto que solo quería quitarse a la viuda de encima. Al contrario, Tú eres un Dios amoroso que se deleita en bendecirnos. Padre, danos las fuerzas par a persistir en fe y oración hasta que Jesucristo regrese. Danos una verdadera pasión por la oración. En el nombre de Jesús, Amén.

Cuando no oramos, desobedecemos la Palabra de Dios. Primero Tesalonicenses 5:17 dice, “Oren sin cesar.” Cuándo no oramos, estamos vulnerables. Mateo 26:41 dice, “Manténganse despiertos, y oren, para que no caigan en tentación. A decir verdad, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.”

Cuando no oramos, estamos indefensos. Limitamos nuestra relación con Dios. No podemos conocer la voluntad de Dios, ni Sus prioridades, ni Su guía. Cuando no oramos, confiamos en lo que nosotras mismas podemos hacer, en vez de confiar en lo que Dios puede hacer.

Cuando no oramos, demostramos arrogancia, auto-suficiencia, y falta de disciplina. Cuando no oramos, nos deja débiles, acosadas, y confundidas. Así que, ¿por qué no oramos? Digamos como los discípulos, Señor, enséñanos a orar.”


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© Fotografía por Nancy Galligan

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