Estudios Bíblicos en Texto

LO HICE A MI MANERA

EXODO 2:11-15

¿Cuándo mencionan el nombre de Moisés, qué es lo primero que se te viene a la mente? A mí, la famosa película “Los Diez Mandamientos” (creo que tenía solo 12 ó 13 años cuando la vi por primera vez), con el actor Charlton Heston, que hizo el papel de Moisés.

Salía guapísimo, fuerte, valiente y confiado. Por eso mis primeras ideas de Moisés se formaron a través de esta película clásica de Hollywood. Pero la Biblia, que es la Palabra inspirada de Dios, nos da el verdadero retrato de Moisés, quien Dios usaría de manera increíble.

A pesar de que no vamos a estudiar todo el libro de Éxodo en sí, vamos a estudiar algunos versículos que nos ayudarán a relacionarnos con este hombre que vivió en la clase de mundo que tú y yo vivimos, que se enfrentó a todo clase de conflictos, y que no siempre los manejó bien. Pero que a pesar de sus pecados y defectos, llegó a ser útil en las manos de Dios.

Cuando Dios quiere cambiar la historia, no comienza con una batalla... sino con un bebé. Esa ha sido siempre la manera de Dios a través de la historia, y es por eso que el Libro de Éxodo comienza con el nacimiento de un bebé.

Lo mismo pasó con el nacimiento de Isaac, de José, de Samuel, Juan Bautista, y por supuesto, de Jesús. Dios usa las cosas débiles de este mundo para derrotar a sus enemigos más poderosos. (1 Cor. 1:27.) Las lágrimas de un bebé fueron las primeras armas que Dios usó en la batalla contra Egipto.

Moisés nació en una época en que el faraón de Egipto había dado la orden de que mataran a todos los bebés varones de los hebreos. Ellos se habían reproducido tanto que los egipcios tenían miedo de que se unieran a sus enemigos y los atacaran.

La mamá de Moisés lo pudo esconder solo por tres meses, pero cuando ya no pudo seguir escondiéndolo, lo puso en una canasta en el Río Nilo. Gracias a la providencia de Dios, el bebé fue a dar en manos de la hija del faraón. Y esta lo adoptó como a su hijo.

Como Dios tiene un gran sentido del humor, la hija del faraón contrató, nada menos, que a la mamá de Moisés para que amamantara al pequeño Moisés, ¡y encima le pagó!

Moisés creció en las cortes del faraón, instruido en toda la sabiduría de los egipcios. Algunos estudiantes bíblicos creen que a Moisés lo estaban preparando para ser el próximo faraón. Fue educado en la mejor universidad del imperio. Nada menos que en el Templo del Sol.

Dicen que el idioma de los jeroglíficos ha sido uno de los idiomas más difíciles que ha existido; y sin embargo, Moisés lo dominaba. Moisés era el hijo adoptivo del faraón y todos los privilegios y ventajas eran suyas. Se convirtió en un hombre famoso y se ganó el respeto de los egipcios.

De acuerdo con el Libro de Hechos 7, la vida de Moisés se puede dividir en tres etapas de 40 años cada uno. Moisés pasó sus primeros cuarenta años en Egipto, mantenido por su madre y educado en las escuelas egipcias. Los siguientes cuarenta años los pasó en el desierto, mantenido por una vida solitaria y educado por Dios.

Sus últimos cuarenta años los pasó con el pueblo hebreo en el desierto, mantenido por las aflicciones, las frustraciones, los desánimos y las pruebas, y educado por la Ley que recibió de las propias manos de Dios.

EMPECEMOS EN ORACION

El título de este estudio es “LO HICE A MI MANERA,” y está dividido en tres etapas: (I) Moisés Mata al Egipcio; (II) Moisés Huye al Desierto; y (III) Dios Muestra Su Misericordia..

Así que comencemos con la primera etapa:

(I) MOISES MATA AL EGIPCIO (Éxodo 2:11-13)

11 Un día, cuando ya Moisés era mayor de edad, fue a ver a sus hermanos de sangre y pudo observar sus penurias. De pronto, vio que un egipcio golpeaba a uno de sus hermanos, es decir, a un hebreo.

12 Miró entonces a uno y otro lado y, al no ver a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. 13 Al día siguiente volvió a salir y, al ver que dos hebreos peleaban entre sí, le preguntó al culpable: —¿Por qué golpeas a tu compañero?

14 —¿Y quién te nombró a ti gobernante y juez sobre nosotros? —respondió aquél—. ¿Acaso piensas matarme a mí, como mataste al egipcio?

En un dos por tres, Moisés termina metiéndose en tremendo lío. Si bien estoy segura que Moisés SI sabía que “él” iba a redimir a Israel, también creo que esto lo hace volverse tenso e impaciente.

Y en esa condición mental lanza un golpe prematuro que termina siendo un desastre, y un descalabro de 40 años. Deseoso de hacer grandes cosas para Dios, Moisés fuerza una situación que lo lleva a una tragedia personal. ¡Ya no había forma de retroceder!

Vs. 12 “Miró entonces a uno y otro lado y, al no ver a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.” ¿Pone Moisés al hombre fuera de combate con una lanza? ¿O lo atraviesa por la espalda con una espada? ¡O lo mata a puñetazos!

La Biblia no lo dice. Lo que si es claro es que la idea viene de Moisés y él mismo la lleva a cabo, dictado por su carne. El texto no nos dice que Dios le dijera: “¡Oye Moisés, encárgate de este asunto, y hazlo bien!” Es Moisés quien toma la decisión de hacerlo.

Hay algunos que dicen que no, que Moisés lo hace guiado por el Espíritu Santo. Si esto hubiera sido del Espíritu, él no hubiera tenido que mirar a un lado y al otro. Además el Espíritu de Dios nunca nos va a guiar a pecar. ¡Eso va contra Su propio carácter... contra Su santidad!

Lo que sí creo es que Moisés era sincero en su motivación. No creo que él se viera a sí mismo como un asesino, sino más bien, como un buen hombre tratando de ayudar al pueblo de Dios. El deseo de hacer algo bueno se apodera de Él. ¿Pero cuál era su problema? Moisés se dedica a la voluntad de Dios, y no al Dios, a quien le pertenecía su voluntad.

Tú y yo podemos estar tan dedicadas a la voluntad de Dios... podemos estar tan motivadas por un falso sentido de propósito, que podemos, sin darnos cuenta, tomar cartas en el asunto, y dejar a Dios completamente de lado. ¿Te ha pasado eso alguna vez?

¿Necesitaba el egipcio ser castigado? ¡Claro! Pero cuando Moisés interviene y comienza su propia operación rescate, estaba motivado por la carne, no por el Espíritu.

Con que facilidad le puede pasar esto a buenas personas... aún a hombres y mujeres con las motivaciones más elevadas, y las mejores intenciones. ¡Imagínate!

A lo mejor eres una maestra muy inteligente y sumamente calificada. Pero en estos momentos te encuentras desempleada. En tu corazón anhelas estar de nuevo al frente de un salón de clase.

Quieres, con toda tu alma, sentir ese atril debajo de tus manos y que las mentes de esos estudiantes absorban tus conocimientos. Y de repente, se te presenta la oportunidad de trabajar de nuevo, como maestra. Si no tienes cuidado, te encontrarás abriéndote camino a codazos y empellones hacia esa “puerta abierta.”

Y a todo esto, Dios había estado esperando que buscaras Su consejo. Si tú actúas sin discernir el tiempo de Dios, es posible que pierdas Su sonrisa porque El no bendice lo que Él no ha ordenado.

Puede ser que sientas que Dios quiere que hagas algo en cierta área. Pero si no estás atenta, si no estás todos los días de rodillas ante El, buscando Su rostro, leyendo Su Palabra, discerniendo Su tiempo, actuando bajo el control del Espíritu Santo, puede que empujes y fuerces la entrada prematuramente a ese lugar donde Dios te quería, pero que no habría llegado en el tiempo del Señor.

¡Cuán crítico es este asunto del tiempo de Dios! En el libro de Ester, por ejemplo, el tío Mardoqueo le dice a Ester, su sobrina, cuando comprende el papel de ella como reina de Persia en Ester 4:14: “Quien sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como éste.”

Y el apóstol Pablo dice, hablando del misterio del nacimiento de Cristo, en Gálatas 4:4-5. “Pero cuando se cumplió el plazo (cuando vino el cumplimiento del tiempo), Dios envió a Su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como sus hijos”

¡En el tiempo correcto, es una bendición incalculable! ¡UY! pero en el tiempo incorrecto...

Moisés miró a uno y otro lado.” ¿Qué interesante, no? ¡No mira hacia arriba! ¡Hacia el Cielo! Mira en ambas direcciones horizontalmente, pero deja la vertical completamente fuera. ¿Y que hace después de dar rienda suelta a su ira asesina? Las Escrituras dicen: “y lo escondió [al egipcio] en la arena.”

Cuando actuamos en la carne, siempre tenemos algo que esconder. Tienes que esconder tu motivación. Tienes que esconder algo que hiciste mientras tramabas el plan.

Tienes que ocultar la mentira que dijiste, o esa media verdad. Tienes que echarte atrás de lo que te habías jactado. Tienes que ocultar el cadáver, que tu proceder carnal, ha creado.

Cuando tenemos una necesidad, a veces no creemos que Dios es lo suficientemente poderoso para ocuparse de nuestra necesidad. Así que decidimos ayudarlo un poquito. Apuramos el proceso, como lo hicieron Abraham y Sara, y más tarde te encuentras con un Ismael en las manos, burlándose del hijo de la promesa.

Al no pedirle consejo a Dios, al no buscar con afán Su tiempo, tú te lanzas a manejar las cosas por ti sola. Y poco a poco tienes un lío en tus manos. A mí me asombra que Moisés ni siquiera pudiera enterrar bien al egipcio. ¿Pero qué pasa muchos años después, cuando DIOS se encarga del asunto, y Moisés actúa de acuerdo en el tiempo de Dios?

¿Fue Dios capaz de enterrar a los egipcios? ¡Por supuesto! ¡El sepulta a todo su ejército bajo el Mar Rojo... caballos, armas, carros, todo! ¡Cuando Dios interviene, el trabajo se hace... y se hace bien! ¡Con Dios al mando, no hay pierde!

Cuando la carne manda, tú no puedes ni siquiera sepultar las consecuencias. ¡Te perseguirán! Por eso es que Moisés “miró a uno y otro lado.” Al actuar en la carne, tenía que asegurarse que no hubiera moros en la costa.

Y es ahí cuando comienza realmente la desgracia. Hasta este momento, Moisés había sentido que se había salido con la suya. Había hecho algo atrevido y se sentía muy bien al respecto. No tenía idea que la confusión, el fracaso, y la aflicción, lo estarían esperando. Yo realmente creo que Moisés sí creía que estaba haciendo la voluntad de Dios.

Hechos 7:24-25 amplía la historia de Moisés, cuando dice, “Al ver que un egipcio maltrataba a uno de ellos, acudió en su defensa y lo vengó matando al egipcio. Moisés suponía que sus hermanos reconocerían que Dios iba a liberarlos por medio de él, pero ellos no lo comprendieron así.”

Aparentemente, Moisés sabía o creía que él iba a ser el libertador de los hebreos, muchos años antes de que recibiera, otra vez, la comisión ante la zarza ardiente. También había pensado que todos los demás lo entenderían. Pensaba que lo único que tenía que hacer era tomar la iniciativa y que los hebreos se le unirían, y lo aclamarían como su héroe.

“¡Viva el príncipe Moisés! ¡Marchemos a palacio! Más bien, la Biblia dice: “Pero ellos no lo entendieron.” ¡No lo comprendieron! Moisés no lo podía creer. No podía entender lo que estaba pasando.

¿Si Dios quería usarlo poderosamente, entonces por qué nada le estaba funcionando? Moisés había prendido la mecha, pero la madera no quería arder. ¿Qué podría haber pasado? ¿Cómo es que había calculado tan mal?

(13) “Al día siguiente Moisés volvió a salir, y ve que dos hebreos peleaban entre sí.” Moisés, ¿por qué regresaste a la escena del crimen? pensé yo. A lo mejor, para llevar a cabo su plan.

Moisés seguro que pensaría, que al matar al oficial egipcio, él estaba probando su lealtad a los hebreos. Este debe de haber sido su Plan A. Ahora venía el Plan B. Regresaría a la escena de su acción, y formaría su ejército. Sin embargo, da la casualidad, que llega en medio de una pelea.

¿Te imaginas a Moisés con el ceño fruncido mientras bajaba de su carruaje oficial? ¿Qué es esto? pensaría él. ¿Una pelea? ¡Esto no era lo que Moisés se había imaginado! “Amigos, les dice, debemos permanecer unidos.” Pero ellos no querían ni escuchar su consejo… ni respetarlo.

Estos incidentes nos revelan que Moisés era un hombre compasivo... que era sincero en su motivación, pero impetuoso en sus acciones. Números 12:3 dice “que Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra.”

PAUSA

13 Al ver que dos hebreos peleaban entre sí, le preguntó al culpable: ¿Por qué golpeas a tu compañero? ¿Y quién te nombró a ti gobernante y juez sobre nosotros? respondió aquél.

¡Qué desprecio más grande! ¡Cómo le deben de haber dolido estas palabras a Moisés, que acababa de arriesgarlo todo!

Seamos sinceras. ¿Alguna vez te ha pasado algo parecido? La mayoría de nosotras sabemos lo que es esto. Por ejemplo, te preparas lo mejor posible para hacer algo para Dios. Fijas metas. Gastas dinero y tiempo. Se lo cuentas a todo el mundo.

Pero a pesar de lo doloroso que nos resulta reconocerlo, las metas o anhelos, que no son revestidos en oración, y no son llevados humildemente ante el Señor, resultan completamente inútiles.

Tal vez hiciste planes para dar una clase bíblica en tu casa. Esperabas un buen grupo. Mandaste las invitaciones – la reunión sería a las 7:30 de la noche – y le haces publicidad. Llega la noche y tienes la sala bien arreglada... con flores y bocaditos en la mesa del comedor.

Entonces llegan las 7:30... y nada. El tiempo pasa. El reloj da las 8 campanadas, y todavía nadie ha llegado. Las manecillas del reloj marcan las 8:30pm, y nada. El café se enfría. Los bocaditos se comienzan a secar. Y a ti, se te cae el corazón.

En resumidas cuentas, si estás haciendo las cosas en la energía de la carne, estás condenada a fracasar. Pero si tú confías en el Señor para que te indique el próximo paso a dar, si esperas en El con humildad, El abrirá y cerrará las puertas necesarias, y tu podrás descansar hasta que El te diga: “VE.”

¡Así que! Ya vimos como Moisés Mata al Egipcio, ahora veamos como

II. MOISES HUYE AL DESIERTO (Éxodo 2:14)

“Esto le causó temor a Moisés, pues pensó: Ya se supo lo que hice.” 15 Y, en efecto, el faraón se enteró de lo sucedido y trató de matar a Moisés; pero Moisés huyó del faraón y se fue a la tierra de Madián. PRIMERO VIENE LA SORPRESA. LUEGO, LA CONFUSION, Y AHORA, EL MIEDO.

Y cuando el secreto de Moisés es descubierto, un escalofrío le debe haber recorrido por todo el cuerpo. Y por miedo, la Biblia dice que, Moisés huyó del faraón.” ¿Pero por qué huye Moisés? El versículo 15 nos dice que “el faraón se enteró de lo sucedido y trató de matar a Moisés.”

Es posible que tú también te hayas visto obligada a vértelas con consecuencias similares. Tu vida pasada puede reflejar un patrón de gran ambición... pero de poca sabiduría; de grandes deseos... pero de poco discernimiento.

De grandes aspiraciones... pero de poca humildad. De gran celo y energía... pero de poca prudencia. Y por eso has tenido que salir huyendo derrotada, una y otra vez.

En cada oportunidad, corriste más rápido, pero nunca tuviste éxito. Nunca llegaste a donde querías llegar. Y valgan verdades, podríamos decir que fueron nuestras acciones impulsivas las que nos llevaron a una mala situación.

Muchas veces no necesitamos un título universitario más, lo que necesitamos es SABIDURÍA. Poder discernir sabiduría toma tiempo. Exige recibir buenos porrazos por el camino. Requiere sufrir unos cuantos fracasos, y tragarnos una buena dosis de humildad... por muy amarga que sea.

Y por último, después de ver como Moisés mata al egipcio, y huye al desierto, vayamos a nuestra tercera y última etapa:

III. DIOS MUESTRA SU MISERICORDIA (Éxodo 2:15b)

“[Moisés] se fue a la tierra de Madián, y se sentó junto a un pozo.”

¿Puedes visualizar a Moisés tambaleándose a través de esas soledades, su ropa fina llenándose de espinas, tropezando con las rocas medio enterradas, dando tumbos y avanzando en medio del desierto?

Moisés no se estaba jactando a lo largo del camino. “¡LO HICE A MI MANERA!” El era un fugitivo asustado y decepcionado que huía para salvar su pellejo. La educación de la cual se jactaba tanto, ahora no significaba nada para él.

Su conocimiento de los jeroglíficos y la poesía egipcia no eran de gran consuelo ahora. Sus victorias militares parecían vacías. Hasta los mismos soldados querían matarlo. Y con cada paso que daba, probablemente estaría diciendo: “Mi vida se acabó. Dios nunca más me usará. ¡Estoy totalmente acabado!” Pero nosotras sabemos, que él estaba equivocado.

Pero pasarían muchos años de fatigas antes de que pudiera entender la plenitud de esa realidad. El hecho de que no pudiera libertar a los hebreos lo debe de haber devastado... Es por eso que Dios lo lleva a Madián y lo vuelve pastor de ovejas durante 40 años.

Él tenía que aprender que la liberación de los hebreos vendría de la mano de Dios, y no de la suya. Tal vez es ahí donde te encuentras tú hoy. Este Moisés vivió hace miles de años, pero la situación que acabo de describirte, es sumamente contemporánea.

Tú dirás: He trabajado tan duro. He tratado de hacer tantas cosas. Me he esforzado tanto, pero no me ha llevado a ninguna parte. Nada me ha funcionado. Créeme, tú puedes estar muy cerca de una victoria espiritual. ¿Notaste a donde se sienta Moisés? La Biblia nos dice que “se sentó junto a un pozo.” ¿No te parece eso significativo?

Cuando una vida, guiada por nuestra propia voluntad finalmente se sienta, el pozo de una nueva vida está cerca. ¿Cuándo aprenderemos esto? Hay personas que siempre tienen que estar haciendo algo... quedarse sentados va contra su propia naturaleza.

Sin embargo, cuando Moisés finalmente se desploma en el suelo, al final de una vida de auto-suficiencia, tiene a su disposición, junto a él, agua fresca para tomar.

Ahora yo te digo a ti, ¡siéntate, por favor! ¡Ya has corrido demasiado! Has peleado, empujado y manipulado en la vida durante muchos años. Finalmente, Dios captado tu atención y te está diciendo:

“¡Para, hija! ¡Deja que yo me encargue de esto! Siéntate tranquila. Mira lo que hay a tu lado. Hay un pozo de agua fresca.” Dios te ama tanto que se dará el gusto de sacar un balde lleno de agua para refrescar tu alma. Estate quieta. Estate tranquila.

Tal vez, por primera vez en tu vida adulta, vayas obedecer lo que Dios te dice en el Salmo 46:10: “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” Yo hice eso. Este salmo impactó mi vida de una forma increíble… “Estate quieta, y reconoce que Yo soy Dios.”

Hace quince años, cuando le entregué mi vida a Jesucristo, todo lo que podía salir mal, salió mal. Perdí mi negocio, mi estabilidad económica, mi crédito, y casi, hasta pierdo mi casa. Traté de conseguir trabajo, pero no había trabajo para mí, a pesar de que tenía una maestría en administración de empresas.

Como no podía entender lo que estaba pasando en mi vida, clamé al Señor, “Por favor, Señor, ayúdame a entender. Yo quiero hacer Tu voluntad. No sé qué dirección tomar.”

Un día, después de todo un año de luchas, escuché al Señor hablarme al corazón de forma clarísima, me dijo: “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” Y me lo repetía una y otra vez, Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

Al rato prendí la radio, y una canción comenzó, “Estate quieta y reconoce que Él es Dios.” Se me salían las lágrimas. ¡Dios me estaba hablando! Luego fui a una tienda a comprar una tarjeta para el día del padre, y una tarjeta prácticamente me saltó encima, y decía, Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

Ese domingo, cuando fui a la iglesia, el encargado de la alabanza comenzó a cantar un solo, “Estate quieta y reconoce que Él es Dios.” Ese miércoles en la iglesia, el pastor comenzó el culto orando, “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” ¡Me lo repitió cinco veces en cinco días!

“Señor,” le pregunté con lágrimas de emoción, “¿Me estás tratando de decir algo?” ¡Era obvio! En ese tiempo yo todavía era una novata en la fe, así que no entendía bien todo esto. Dios me estaba hablando a través del Salmo 46:10. El me estaba diciendo que confiara en El.

Que Él tenía un plan para mi vida, y que lo cumpliría a Su debido tiempo. Que tenía que dejar de hacer las cosas a mi manera. Que las tenía que hacer a Su manera. Siempre hay bendición cuando hacemos las cosas como Dios manda.

¿Estás dejando que Dios controle tu vida? ¿Estás haciendo las cosas a tu manera, o a la manera de Dios? ¿Esperas a que Él te guíe?

Dwight L. Moody, el famoso evangelista americano, nos da su punto de vista acerca de la vida de Moisés: “Dice que Moisés—pasó sus primeros cuarenta años pensando que era alguien. Luego pasó sus siguientes cuarenta años pensando que no era nadie. Y por último, pasó sus últimos cuarenta años descubriendo, lo que puede hacer Dios, con un don nadie.”

Como Moisés, me pasé la primera parte de mi vida tratando de ser alguien... adquiriendo títulos universitarios, prestigio, carrera, dinero, éxito (solo vivía para eso.)

Dios tuvo que ponerme en un desierto para enseñarme, que realmente no era nadie... y poco a poco ha enseñarme lo que Él podía hacer con una don nadie como yo.

Y como Moisés, me puso al lado de un pozo a tomar agua fresca... me dio Su Palabra... la Biblia llama la Palabra de Dios agua que da vida.

Me sentó a Sus pies, y como a María, la hermana de Marta y Lázaro, me comenzó a enseñar Su verdad. Yo nunca había leído la Biblia antes.

Pero me senté a los pies de Jesús... día tras día... leyendo la Biblia... estudiándola... leyendo libros cristianos... escuchando enseñanzas bíblicas en la radio mientras hacía los quehaceres de mi casa... y congregándome en la iglesia con otras mujeres cristianas.

Fueron varios años, bien intensos, queriendo conocer a Dios... y caminar más cerca de El.

Y como a Moisés, Dios me puso en un desierto. La universidad de Dios es el desierto. Hablo de ese lugar árido y muchas veces pelado en el cual Dios coloca a sus hijos para prepararlos para una tarea particular en sus vidas.

No hay nada glamoroso, ni atractivo en el desierto. Es un lugar de desolación, de un calor que agobia la vida. Algunas personas pasan semanas en el desierto. Otras, meses. ¡Para Moisés fueron C-U-A-R-E-N-T-A años!

Creo que nos ayudaría saber que la palabra hebrea para desierto es “midbaar.” Viene de la palabra “dahbaar,” que significa hablar. El desierto es donde Dios nos habla, donde nos comunica algunos de Sus mensajes más importantes. Es ahí donde aprendí a escuchar a Dios.

Sin esta experiencia del desierto, ustedes y yo podríamos vivir hasta el fin de nuestras vidas sin escuchar o saber jamás lo que Dios nos quiere decir. La soledad del desierto cambia eso.

En ese lugar solitario, tú te ves despojada de todas las cosas en las cuales te apoyabas para tu comodidad, de todas esas cosas que sentiste que necesitabas a lo largo de tu vida, pero que realmente no necesitabas en absoluto. ¡El desierto es un curso básico!

En Deuteronomio 32, el Espíritu Santo escribe estas palabras acerca de la nación de Israel, pero quiero que las apliquemos a nosotras mismas... hay que personalizarlo.

“Lo halló en una tierra desolada, en la rugiente soledad el yermo, lo protegió y lo cuidó: lo guardó como a la niña de sus ojos.”

Aquí Moisés está hablando de cómo Dios protegió a los hebreos. Dios los rodeó, los cuidó y los guardó como a la niña de sus ojos. El Señor, que te ha puesto en un desierto, y sabe exactamente la experiencia que necesitas en el desierto.

Él sabe el lugar preciso donde serán silenciadas las distracciones de la vida, y donde serás capaz de escuchar Su voz. Tu “soledad” del desierto, puede parecer muy diferente a la mía. Dios nos conoce a cada una de nosotras en lo más recóndito de nuestro corazón.

El aislamiento es siempre parte de la experiencia del desierto. Mientras la nación de Israel vagaba por el desierto de Sinaí, ellos se deben de haber sentido bien solos.

Y Moisés, en la mitad de su vida, alejado de la única tierra que había conocido, sin ninguna oportunidad de regresar (al menos eso era lo que él creía) se debe haber sentido solo y abandonado.

En el desierto, tú eres la niña de los ojos de Dios. Y, para tu sorpresa, descubrirás que Dios ni te ha abandonado ni te ha desamparado. Te ha estado cuidando mucho más que en cualquier otro momento de tu vida.

Y Dios nos guía a través del desierto. Aunque lo hayas sabido o no, lo hayas sentido o no, o lo hayas creído o no, Dios no ha quitado Su mano de tu vida. ¿Te has sentido abandonada en una tierra desierta? Quiero que sepas que Dios siempre ha tenido Sus alas extendidas sobre ti!

PAUSA

¿Y a todo esto, qué es el desierto? Es un lugar que se puede definir como desolado y solitario. Sin embargo, en el desierto Dios creó una nación, a Israel. Les dio los Diez Mandamientos; estableció el sacerdocio; y les dio los planos del tabernáculo.

Se pueden crear muchas cosas en el desierto. Dios llevó a los Israelitas al desierto para probarlos, pero ellos no pasaron la prueba, y se pasaron 40 años dando vueltas... vagabundeando por el desierto.

Capaz te estoy hablando a ti, que disfrutaste de una envidiable educación y que tuviste excelentes perspectivas de trabajo cuando te graduaste de la universidad. Pero ahora, por la razón que sea, te encuentras sin ningún futuro... te sientes que tu estima personal está por los suelos. ¡Yo me sentí así!

Puede ser que disfrutaste de buena salud la mayor parte de tu vida, y de repente, el doctor te dice: “He notado una mancha en tu pulmón.Francamente, no me gusta su aspecto.”

O, hemos verificado la biopsia y no se ve bien. En realidad, tienes un tumor maligno. Una información como esa te hace tambalear, y clamas en tu corazón: “¿Dónde está Dios?” ¿Cómo me voy a enfrentar a esto?”

Puede que estés soltera... que estés esperando al hombre idóneo para tu vida. ¡Tu príncipe azul! Pero pasan los meses... los años, y esa esperanza que has abrigado, como la llama secreta de una vela, comienza a parpadear. Estás en el desierto buscando anhelosamente escuchar la voz de Dios.

O estás pasando por la terrible angustia de que tu esposo te ha abandonado; sin la esperanza de que regrese. Llegas a tu casa del trabajo, y encuentras que tu esposo te ha dejado una nota.

El closet y los cajones están vacíos. Él se ha ido. Y los vientos rugientes comienzan a soplar cuando descubres, a través de una cadena de hechos, que tu esposo te había sido infiel.

O, le das tu vida a Cristo. Decides caminar con El... le das tu corazón... comienzas a caminar con El, y tu esposo se pone furioso. Te regaña cuando lees tu Biblia... no quiere que vayas a la Iglesia... te hace la vida imposible. ¡Quiere que te dejes de necedades!

¡Esta es otra puerta de entrada al desierto! Hay sequedad. Hay soledad. Te sientes miserable y abatida. Pero no importa lo que digan tus emociones, la Biblia dice que tú no estás sola. Dios está ahí. El te rodea, te cuida, te guarda como a la niña de Sus ojos.

Dios promete cuidarte a través de este desierto… que no tiene ni sendas ni señales. Cristo te ama tanto, que quiere darte ese vaso de agua que saciará tu sed. Cristo no te dejará... quiere que sepas que está a tu lado todo el tiempo velando por ti.

¿Por qué nos dirige Dios a lugares desiertos? Recibamos la respuesta de Moisés, quien se sacó muy buenas notas en la Universidad Divina del Desierto. Es para que Dios nos pueda probar... para hacernos humildes... para que la verdadera condición de nuestro corazón sea revelada.

No se trata de que Dios pueda llegar a conocernos (El ya nos conoce) sino para que tú lo puedas conocer. Y también, no hay nada como el desierto para ayudarnos a descubrir quien somos realmente.

Cuando tú te quitas todos los adornos, te quitas todas las máscaras y te desprendes de todos los disfraces falsos, comienzas a ver una verdadera identidad, una faz que no había surgido durante años. ¡Quizás nunca!

Eso fue lo que hizo el desierto por Moisés. Eso es lo que el desierto, hizo por mí. Y lo hará por ti. Te hará humilde. Te mostrará tus fortalezas y tus debilidades. Te ayudará a describirte a ti misma como nunca antes lo habías hecho.

Jesús te ama, y tiene un propósito para tu vida. Tú eres Su poema, Su obra de arte. Y cuando El te saque de ese desierto... de ese dolor... saldrás más fuerte... más bella espiritualmente... tu fe se habrá fortalecido... y tu relación con Dios se habrá hecho más íntima y apasionada.

Lo que El ha prometido, El lo hará, porque El nunca rompe las promesas que le ha hecho a Su pueblo. Cuando llega el tiempo de Dios, El hace Su obra. ¡Así que anímate! En esta vida todo tiene su tiempo. Eclesiastés dice que hay “un tiempo para llorar y un tiempo para reír.”

2 Corintios. 4:17 dice, “Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.”

¡Las pruebas tienen su propósito! El sufrimiento y la sequedad producen hermosura. No nos gusta mientras lo estamos viviendo, pero cuando hemos pasado la prueba, nuestras lágrimas se convierten en risas y alegría. Como diría Job, ¡saldrás pura como el oro!

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, estar en el desierto no es exactamente nuestro lugar favorito. Pero es el lugar donde aprendemos a conocerte y a escuchar Tu voz. Gracias, Señor, que tienes un propósito para cada una de nuestras vidas. Guíanos por el poder de tu Espíritu para saber cuándo debemos de proceder a tu llamado, y cuando nos tenemos de quedar quietas.

Señor, queremos ser humildes como Moisés. Queremos vivir vidas transformadas conforme a Tu corazón. Gracias por Tus promesas de estar con nosotras siempre…contra viento y marea. Sabemos que eres fiel, y que Tú cumples Tus promesas. En el nombre de Jesús. Amén.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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