Estudios Bíblicos en Texto

“La Mujer en el Matrimonio”

EFESIOS 5:21-24

La mayoría de los matrimonios comienzan íntimos y amorosos, pero por lo general, con el tiempo, se vuelven un poco fríos y desabridos. Miremos a las siete etapas del resfrío matrimonial:

El primer año de matrimonio: El esposo dice: “Mi tesoro, estoy preocupado por ti Tienes un fuerte resfrío. Te voy a llevar al hospital para que te hagan un chequeo completo.

Yo sé que la comida de hospital no es muy buena, pero ya he hecho arreglos con algunos restaurantes muy buenos, para que te lleven la comida. No te preocupes, mi amor, ya está todo arreglado.

El 2nd año: “Mira, cariñito, no me gusta la tos que tienes. He llamado al Dr. García, y me ha dicho que vendrá lo antes posible. Así que métete a la cama, como niña buena. Por favor... hazlo por mí.

El 3er año: “Mi amor, anda y recuéstate. No hay nada mejor que el descanso cuando no te sientes bien. Te traeré algo de comer. ¿Supongo que habrás hecho algo de comida, no?

El 4to año: Querida, sé sensible. Después de darle de comer a los chicos y de lavar los platos, será mejor que te metas a la cama.

El 5to año: ¡Caramba! ¿Por qué no te tomas un par de aspirinas?

El 6to año: ¿Por qué no haces gárgaras o algo, en vez de estar sentada ladrando como un perro?

El 7to año: Por favor, ya deja de estornudar. ¿Qué quieres... darme una pulmonía?

EMPECEMOS EN ORACIÓN

“Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y El es Su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

El título de este mensaje es “La Mujer en el Matrimonio.” Y en este pasaje tocaremos dos puntos:

I. La Sumisión como Dios Manda.

II. El Respeto como Dios Manda.

En el capítulo 5 de Efesios vemos que la esencia del matrimonio es la sumisión, el amor y el respeto. Que la mujer debe de ser sumisa, amorosa y respetuosa con su esposo. Y que el esposo debe de amar a su esposa como Cristo amó a Su Iglesia.

En esta enseñanza nos vamos a enfocar en al papel de la esposa cristiana dentro del matrimonio. Así que vamos a hablar de “esa famosa palabra” que tanto molesta a mucha gente. Estoy segura que saben a que palabra me refiero... la palabra es “sumisión.”

Se los digo para que se vayan preparando porque vamos a leer varias veces que la esposa se tiene que someter al esposo. Pero recuerden que ambos, marido y mujer, se deben de someter mutuamente. Como dice el VV 21, “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” En otras palabras, someterse en reverencia a Dios.

Ya sé lo que están pensando… muchas de ustedes van a decirme decirme: “Por favor, eso de someterse está pasado de moda… ¡que antigüedad! No viene al caso en nuestra cultura moderna.

Bueno, comencemos con nuestro primer punto…

I. La Sumisión como Dios manda (VV 21-24)

21 Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es Su Cuerpo, y El es Su Salvador. Así que, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

La palabra casada aplica a toda esposa cristiana, sin importar cuál sea su condición social… su educación… su inteligencia… su madurez espiritual… sus dones… su edad… su experiencia… o cualquier otra cosa.

Tampoco está limitada a la inteligencia del esposo… ni a su carácter… ni a su actitud… ni a su condición espiritual… ni a cualquier otra cosa. Pablo le dice categóricamente a todas las esposas creyentes: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos.” ¡Punto!

Una de las peores tragedias de nuestra sociedad es la muerte progresiva de la familia, como tradicionalmente se le conoce. La infidelidad conyugal; la exaltación del pecado

sexual; el aborto, la liberación femenina, la delincuencia, el divorcio, y la revolución sexual en general, está contribuyendo al fallecimiento de la familia.

Si hoy en día, el matrimonio no puede ser recto en la Iglesia, no podemos esperar que sea recto en el mundo. Eso también se veía en la época del apóstol Pablo. Y por eso le escribe esta carta a los Efesios.

En la época del Nuevo Testamento, las mujeres eran consideradas poco menos que sirvientas. Muchos hombres judíos oraban cada mañana: “Dios mío, gracias de que no soy ni extranjero, ni esclavo, ni mujer.”

La ley en Deuteronomio 24, con relación al divorcio y al derecho de volverse a casar, había sido distorsionada totalmente. Cualquier cosa mala que la mujer hacía, ya sea si quemaba la tostada en el desayuno... o miraba medio mal a la suegra... o si se ponía mucho maquillaje... o muy poco... cualquier cosa era motivo para que el esposo se divorciara de ella

En la sociedad griega la situación de la mujer era aún peor. Como las concubinas eran cosa común, y el papel de la esposa era simplemente de dar hijos legítimos y mantener la casa, los griegos no tenían muchas razones para quererse divorciar de sus esposas, y las esposas no tenían muchos recursos contra ellos.

Demóstenes, el famoso orador, escribió: “Tenemos cortesanas para nuestros placeres, concubinas para vivir con ellas, y esposas para darnos hijos legítimos y ser fiel guardianas de nuestros hogares.”

Y peor aún, era la sociedad Romana. El matrimonio era, prácticamente, prostitución legalizada, siendo el divorcio una formalidad legal muy fácil de obtener.

Muchas mujeres no querían tener hijos para no arruinar sus figuras, y el feminismo se convirtió en cosa común. Deseando hacer todo lo que los hombres hacían, algunas mujeres se dedicaron a la lucha libre, lucha con espada, y otras ocupaciones que tradicionalmente habían sido consideradas masculinas.

Las mujeres comenzaron a querer mandar a los hombres, y poco a poco, a tomar la iniciativa de conseguir sus propios divorcios. Pablo les dice a los creyentes Efesios de la época, que vivieran de forma totalmente diferente al mundo corrupto, egoísta, e inmoral de la época. Y nos lo dice a nosotros también hoy en día.

(VV 23-24) “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, y El es Su Salvador. Así que, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

¿Era Pablo machista? Hay mucha gente que lee lo que Pablo dice acerca del papel que la esposa debe de desempeñar, y llegan a la conclusión que Pablo, o era machista… o tenía una mentalidad totalmente patriarcal. ¡Pero eso no es verdad!

Primero que nada, la Biblia, que es la Palabra inspirada de Dios, nos dice eso. La Biblia es el método que Dios usa para comunicarse con Su creación. En realidad, el Nuevo Testamento fue la Declaración de Independencia de las mujeres.

PAUSA

Así que ya hemos visto la idea que los judíos, los griegos, y los romanos tenían de las mujeres... y como las trataban. Yen medio de este ambiente, Pablo dirige a los esposos a que amen a sus esposas, y a las esposas a que se sometan a sus esposos como al Señor.

El matrimonio cristiano debía ser totalmente diferente a los matrimonios del mundo alrededor de ellos.

Tenemos que tener mucho cuidado de que no ignoremos las partes de la Biblia que no nos gustan... o que nos confrontan, o que nos hacen sentirnos incómodas... tratando de justificar nuestras acciones.

Si decidimos que ésta es la única parte de las Escrituras que NO es verdad y que no es inspirada por Dios, habremos circundado el mandato de Dios. Cuando elegimos lo que queremos creer en la Biblia, “Esto me gusta... y esto No... Ay, yo no creo eso...” estaremos pavimentando el camino al desastre.

Confía, que si Dios ha incluido esta información en la Biblia, es para que puedas tener paz y satisfacción en tu vida. Todo cristiano, que es obediente y lleno del Espíritu Santo, es un cristiano sumiso.

El versículo 21, dice, “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” El temor de Dios significa reverencia a Dios. Eso nos dice Dios... antes de proseguir con el VV 22. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.”

El esposo que demanda sumisión de su esposa, pero no reconoce su propia obligación de someterse a ella, está distorsionando los principios de Dios para el matrimonio, y no puede funcionar como el buen esposo... que Dios quiere que sea.

Aunque Dios ordena que los hombres sean cabeza sobre sus esposas, y los padres, cabeza sobre sus hijos, El también ordena sumisión mutua y responsabilidad entre los miembros de la familia.

Cuando Dios le dice a la mujer que se someta a la autoridad de su esposo, no quiere decir que la mujer es menos que el hombre, porque no lo es. Y para mostrar que la mujer y el hombre son iguales ante de Dios, Pablo nos dice en:

Gálatas 4:28

“Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.”

Ante Dios, no hay diferencia entre hombres y mujeres. Así que escucha esto... Si tú todavía tienes un problema con este concepto, capaz lo que dice Pablo en

1 de Corintios 11:3, te pueda ayudar. Dice así:

“Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo.”

Si te estás preguntando: “¿Y esto qué es? Que la cabeza de la mujer es el hombre; pero también, ¿Qué la cabeza de Cristo es Dios? “¿Qué significa que la cabeza de Cristo es Dios?

La Biblia nos dice que hay una Santísima Trinidad compuesta del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. No tres dioses, sino un solo Dios, en tres Personas que son iguales.

El Hijo es Dios, al igual que el Padre es Dios. Y el Espíritu Santo también es Dios, al igual que el Padre y el Hijo. Son la Trinidad. Al mismo tiempo que son iguales y eternos, la Biblia nos enseña que el Padre es la cabeza del Hijo. No en esencia ni en naturaleza, sino en función.

Filipenses 2:8 dice que Jesús, quien es Dios, puso de lado su divinidad y tomó “la naturaleza de un siervo, y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Cuando Cristo estuvo en la tierra -- durante su ministerio -- vimos que El estaba subordinado al Padre. El miraba al Padre; se sometía a los deseos del Padre. Y a pesar de que era igual al Padre, El mismo toma el lugar de sumisión.

Y a pesar de que el esposo y la esposa son iguales ante de Dios, para que la familia funcione en armonía, la mujer, sin perder su dignidad, debe de tomar el lugar de sumisión.

Ser cabeza del hogar no significa que el esposo deba convertirse en un dictador. Desgraciadamente, hay algunos esposos... sargentos frustrados, diría yo, corriendo por ahí con sus cachiporras bíblicas gritando. “¡Yo soy la cabeza de la casa!”

Esta clase de actitud hace que la esposa reaccione diciendo: “Tú podrás ser la cabeza de la casa, pero yo soy el cuello, y puedo hacerte voltear la cabeza cuando yo quiera.”

La rivalidad, la competencia, y una relación manipuladora será el resultado... cuando ambos…el esposo y la esposa… quieren ejercer su autoridad a la fuerza.

PAUSA

Si ser sumisa te parece muy difícil, consideremos un par de puntos muy importantes. (1) El Motivo de la Sumisión (2) El Modelo de la Sumisión

El versículo 22 nos dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.” ¡Ese es el motivo! ¡Cómo si nos estuviéramos sometiendo al Señor! Así que el motivo de someternos, es porque lo estamos haciendo como si fuera al Señor.

Señoras, sométanse a sus esposos como un acto de sumisión a Cristo. Si no te estás sometiendo a tu esposo… no te estás sometiendo a Cristo. A Cristo no le puedes decir, “No, Señor, si dices que es tu Señor.

La Biblia dice en Colosenses 3:23 “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo…”

Esto no solo aplica a la esposa sometiéndose al esposo solamente, sino que también aplica a todos nosotros. Todos tenemos empleadores, maestros, y personas que nos dicen lo que debemos hacer. Aunque no siempre nos gusta lo que nos piden que hagamos.

Todos tenemos que someternos a las autoridades, a nuestros jefes, a nuestros pastores... a los curas. Hasta el presidente de una empresa se tiene que someter a la junta directiva, o el presidente de una nación se tiene que someter al congreso, y así sucesivamente. Así es como la vida funciona. Es la ley de Dios.

PAUSA

Les voy hacer una pregunta, qué pasaría si Jesús te pidiese personalmente que hicieras algo? A lo mejor tu jefe te dice en el trabajo: “Por favor, quiero que cargues esas cajas y las lleves a mi oficina. ¡Qué! dices tú. ¿Más de esas cajas? ¡Lo siento mucho... ¡Es mi hora de refrigerio!

¿Qué si Jesús te hubiese pedido que cargaras esas cajas? “Señor Jesús, ¿quiere que cargue esas cajas? Pero, por supuesto. ¡Con mucho gusto, Señor! ¿Que más puedo hacer para servirlo?

O a ver, digamos que alguien toca a la puerta de tu casa, y tú preguntas: “¿Quién es? Y te dice: “Soy Jesús.” “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20)

Abres la puerta, y el mismo Jesucristo entra a tu casa… y te dice: “Tengo un poco de hambre, ¿tienes algo de comer?” ¿Qué le dirías? “¿Algo de comer, Señor? ¡Le preparo lo que quiera! ¿Que le parece un BUEN PLATO de arroz con pollo?” ¿Si?

“Ahorita mismo lo preparo. ¿Quiere también una Inca Kola light? Solo lo mejor para Jesús.” ¿Por qué? Porque El es Jesús y tú lo amas. Esto es exactamente lo que Dios te está diciendo… hazlo como al Señor. Sométete a tu esposo como si lo hicieras a Jesucristo.

Tu esposo llega a la casa cansado después de un largo día de trabajo y te dice: “Mi vida, me muero de hambre, ¿que hay de comida?” ¿Comida? ¡No ves que estoy viendo mi telenovela! Espérate un rato, hombre! ¿Ves la diferencia?

PAUSA

Les voy a dar una regla que todos debemos de aplicar a nuestras vidas.. Todo lo que hacemos, lo debemos de hacer para la gloria de Dios. Esto puede causar gran impacto en la manera como actuamos... si todo lo que hacemos lo hacemos para la gloria de Dios.

Si vas a trabajar, hazlo para la gloria de Dios. A lo mejor estás dirigiendo una empresa, hazlo para la gloria de Dios. Tal vez eres mesera, o empleada doméstica, o artista de televisión… hazlo para la gloria de Dios.

¿Eres ama de casa? Sirve a tu familia para la gloria de Dios. Ese es el motivo de todo. Para la gloria de Dios.

Así que, ya vimos el motivo de la sumisión. Ahora veamos el modelo de la sumisión.

(VV 24) “Así que, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

Un momento… ¿en todo? ¡Vamos a ver! Si, aquí dice en todo. Tú dirás: Si mi esposo me pide que haga algo, ¿lo tengo que hacer?” La respuesta es SI y NO. Es NO, si tu esposo te pide que hagas algo que va en contra de las enseñanzas de la Biblia – en contra de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, digamos que tu esposo te dice: “Amor, quiero que vayamos esta noche a la “DISCOTECA,” y que nos emborrachemos juntos.” Tú le dices: “Pero mi vida, yo no puedo hacer eso. Soy cristiana. Yo amo a Dios. “Tú sabes que yo ni siquiera tomo” (eso asumiendo que tu esposo no es creyente).

“¡Mujer, le dice él, “Te digo que quiero que te emborraches conmigo esta noche!

¡Y en esta casa mando yo!”

Para alguna de ustedes la situación puede ser diferente... Las exigencias de tu esposo pueden ser distintas. La Biblia dice que te sometas a tu esposo. SI, pero también dice como al Señor. Solo si es correcto ante el Señor. Y si lo que te está pidiendo tu esposo no es correcto… “NO LO HAGAS.”

Dios nunca te pide que violes lo que la Biblia enseña en el nombre de sumisión, ni te pide que te dejes golpear como si fueras un trapo, ni que te expongas a ninguna situación en que puedas ser maltratada. Pero, por otro lado, si es algo dentro de lo ley de Dios, debes de someterte.

Además... cuando veas que tu esposo está a punto de tomar una mala decisión, no tiene nada de malo que le recuerdes la gran responsabilidad que tiene como autoridad del hogar. Dios lo ha puesto ahí como cabeza.

Por ejemplo, si ustedes están con el presupuesto de la casa bastante ajustado, pero tu esposo insiste que se quiere comprar un carro nuevo. Tú le dices que no es el momento, pero él no te quiere escuchar.

Recuérdale con dulzura, de que algún día, él tendrá que darle cuentas a Dios por sus decisiones como cabeza del hogar. Dile: “Si eso es lo que tú crees, y si sientes que Dios te está guiando a hacerlo... Tú eres la cabeza de esta casa... Yo estoy contigo.”

Recuérdaselo… pero con dulzura. Estoy casi segura que en un par de horas regresará y te dirá: “Sabes, mi amor, he estado orándole al Señor, y creo que me está diciendo que me espere un poco. Que no compre el carro todavía.”

No tiene nada de malo que le des tu opinión. ¡Y debes de hacerlo! Si tu esposo es inteligente, apreciará tus sugerencias.

El Nuevo Testamento nos da el ejemplo de un matrimonio ejemplar – el matrimonio de Sara y Abraham.

A los 76 años de edad, y habiendo recibido la promesa del Señor de que ellos tendrían un hijo, Sara le dice a su esposo: “Oye Abraham, ya no somos los pichones de antes. Creo que sería mejor que ayudáramos al Señor un poquito. Esto de que tú y yo tengamos un hijo a nuestra edad... lo veo difícil.”

“Acuéstate con mi esclava, Agar, y cuando ella conciba y tenga al bebe, nosotros lo criaremos, como si fuera nuestro propio hijo.” Abraham acepta la propuesta que le hace su esposa, y de esa unión, nace un bebe llamado Ismael.

Trece años más tarde, después de que Isaac, el niño de la promesa hubiera nacido y crecido, Sara le dice Abraham: “Mi hijo y el hijo de Agar no pueden vivir bajo el mismo toldo! Así que deshazte de él.” “De ninguna manera,” le dice Abraham.

Pero Dios le dice Abraham en Gen. 21:12: “Hazle caso a tu esposa Sara,” ¡Qué interesante! Cuando Sara le dice a Abraham que se acostara con Agar, Abraham se somete rapidito a su esposa. Pero cuando ella le dice que se deshaga de Ismael, él le dice que “NO.”

En resumidas cuentas, Abraham obedece a su esposa en algo que era contrario a los principios de Dios; pero no quería obedecerla cuando ella le pide que hiciera lo que era bueno ante Dios. Ismael no era el hijo de la promesa. Era el hijo de la carne.

Eso nos demuestra que Dios valora nuestra opinión, y que nos ha puesto al lado de nuestros esposos para ayudarlos... para apoyarlos -- no solo para atenderlos sino también para darles nuestro consejo, siempre y cuando, esté de acuerdo con la Palabra de Dios.

Así que, mientras que el esposo es responsable del gobierno de su familia, él no debe de convertirse en un tirano en su casa. Hay momentos que el esposo necesitará escuchar a su esposa. Hay momentos en que ese esposo se deberá someter a lo que ella dice, porque a lo mejor el Señor le esté hablando por intermedio de ella.

PAUSA

Señoras, detrás de todo gran hombre, hay una mujer extraordinaria. Tú eres esa mujer. Tú eres la fuerza que tu esposo necesita. No importa el trabajo que él tenga: si tiene su propia empresa, o trabaja para un jefe, o trabaja la tierra, o maneja un camión, no importa su posición, tú completas a tu esposo.

Tú tienes la intuición que él no tiene... ese sexto sentido que Dios nos ha dado a nosotras las mujeres. Además tienes el privilegio de poder ir ante el trono de Dios (gracias a lo que Jesús hizo por nosotras en la cruz), y pedirle por tu esposo.

Órale a Dios para que lo proteja, para que lo mantenga puro, para que le de discernimiento, para que como cabeza de la casa, pueda guiar tu hogar con sabiduría.

PAUSA

Ahora bien, ¿Quién es el modelo máximo de la sumisión? ¡Es el mismísimo Jesucristo! El nos demuestra lo que es someterse. ¿Te acuerdas durante la última cena, cuando Jesús estaba con sus apóstoles en el aposento de la planta alta, Juan 13 dice que…

“Jesús se quitó el manto, y se ató una toalla a la cintura, y comenzó a lavarles los pies [a sus apóstoles] y a secárselos con la toalla.” ¿Díganme? ¿Los apóstoles se merecían eso? ¡NO! ¡Por supuesto que no! Hasta le lavó los pies a Judas, quien al poco rato, lo traicionaría.

Jesús, quien es el mismísimo Dios, nos da el modelo de la sumisión. El Creador del universo se sometió... se humilló. ¿Quiénes somos nosotros para decir que no nos someteremos?

PAUSA

Así que ahora que tenemos un mejor entendimiento de lo que significa someterse como Dios manda, vayamos a nuestro segundo punto...

II. El respeto como Dios manda (VV 33)

33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

¿Estás teniendo problemas en tu matrimonio? ¿Se pasan tú y tu esposo peleando todo el tiempo?” ¿O parte del tiempo? ¿Anhelas tener paz y armonía en tu casa?

Cuando mi esposo y yo nos casamos hace veinte años, no conocíamos al Señor. Así que yo nunca había escuchado eso de que la mujer se tenía que someter al marido. Y tampoco sabía lo que era respetarlo realmente.

Yo era de lo más criticona. Mi esposo siempre quería darme gusto en todo. El podía hacer diez cosas… y de las diez, a lo mejor una, no le salía perfecta. Así que, en vez de alabarlo por las nueve cosas que había hecho bien, lo criticaba por esa “cosita” que no había hecho perfecta. Pobrecito. Como me aguantaba.

Cuando le entregamos nuestras vidas al Señor hace quince años, nuestras actitudes comenzaron a cambiar. Aprendí a ser una esposa sumisa (la mayor parte del tiempo), pero todavía no caía en cuenta de que no estaba respetando a mi esposo. Todavía era media pesada.

Un día me encontré con una amiga que me contó que había asistido a un retiro de parejas de lo más bonito. Durante el retiro, los organizadores dividieron a las parejas. Pusieron a las mujeres a un lado del auditorio, y los hombres, al otro lado.

Primero le preguntaron a las mujeres, que era lo que ellas más deseaban en su matrimonio. Todas dijeron que ellas querían amor, romance, compañerismo…

Luego les preguntaron a los hombres, que era lo que ellos más querían en su matrimonio.

Y todos dijeron, unánimemente, que lo que ellos más querían era que sus esposas los respetaran. ¡Esto realmente me impactó! ¡Me hizo cambiar! ¡Y he visto los resultados en mi relación con mi esposo!

Efesios 5:33, dice, “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.” ¡Es muy importante respetar al esposo! Verás que cuando lo respetas, él cambiará, y se desvivirá por darte gusto. ¿No es eso lo que quieres?

¿Por qué crees que Dios le ordena al hombre a que ame a su esposa, pero le dice a la mujer que respete a su esposo? Si la Biblia le ordena al hombre a que ame a su esposa es porque ella necesita amor.

Y si le ordena a la esposa a que respete a su marido es porque el esposo necesita respeto de su esposa. ¡Y este es un mandato de Dios! ¡Hay que respetar al esposo!

Dios no le ordena a la mujer que ame a su esposo… porque nosotros ya lo hacemos. Dios creó a la mujer para amar, apoyar, y alentar. Sin embargo, Dios le ordena a la mujer a respetar a su esposo. Si tú quieres que tu esposo te demuestre amor, entonces, respétalo.

Las esposas necesitan amor como el aire que respiran. Los esposos necesitan respeto como el aire que respiran. Pero cuando hay un conflicto conyugal, si él no le demuestra amor, la esposa reacciona y le falta al respeto a su esposo. Y si no hay respeto, él reacciona y no le demuestra amor a su esposa.

Y como él no le demuestra amor, ella le falta al respeto, y como ella no lo respeta, él no le demuestra amor. Este es un círculo vicioso que puede terminar en divorcio. No puedes continuar haciendo la misma cosa, y esperar un resultado diferente.

Creo que la pregunta más importante aquí sería, ¿Qué es realmente respeto? El diccionario dice que respetar significa acatar, honrar, alabar, amar, o querer. ¿En qué forma puedes respetar y honrar a tu esposo, especialmente después de saber que eso es lo que él más quiere… lo que más necesita?

Te voy a dar seis maneras prácticas, y bíblicas, de cómo respetar a tu esposo:

(1) Como esposa, apoya a tu esposo en su deseo de trabajar y triunfar por su familia. (2) Aprecia el hecho de que tu esposo quiere ser responsable… protegiéndote y proveyendo por ti y tu familia.

(3) Dale espacio para que tu esposo se convierta en el líder espiritual del hogar. Reconoce su deseo de guiar y de servir en el hogar. (4) Aprecia el deseo de tu esposo de analizar los problemas, y de aconsejarte, escuchando las ideas que él te da.

(5) Gózate de que él quiere que tú seas su mejor amiga, y quiere afrontar la vida hombro a hombro contigo. Y (6) Como esposa aprecia su deseo de tener intimidad sexual contigo. Responde amorosamente. Tú eres la única que puede satisfacer esos deseos.

Muchas mujeres le hablan a su esposo como ningún otro hombre se atrevería a hablarle. Hay un código de honor y respeto entre los hombres. Si tu amas a un hombre, y lo respetas, él se ablandará… se te apegará… se interesará por ti. ¿Y no es eso lo que quieres? Tú amas a un hombre, respetándolo. Así que respeta a tu esposo.

Cuando yo halago a mi esposo, cuando le demuestro respeto, cuando le presto atención y le agradezco todos los esfuerzos que hace para proveer por la familia, y no lo ando juzgando o regañando, EL SE DERRITE. Me daría la luna y las estrellas, si pudiera.

La esposa respetuosa trata de honrar los deseos de su esposo, no porque él sea el esposo perfecto, sino porque ella quiere obedecer el llamado de Dios a respetar a su esposo incondicionalmente. Ella entiende que no se trata de su esposo, sino del mandato de Dios, como esposa.

Tu respeto motiva su amor. Cuando la esposa realmente respeta los deseos de su esposo, es muy probable que él se sienta motivado a demostrarle amor a su esposa.

El esposo no tiene que ganarse el respeto de ella, y la esposa no tiene que ganarse el amor de él. Ambos, el amor y el respeto, deben de ser incondicionales.

Comunícale a tu esposo tus sentimientos y tus emociones honestamente, cariñosamente, y sobretodo, respetuosamente. Pero tú me dirás, “¡Ay Carmen, tú no conoces a mi esposo!” Tienes razón. Yo no lo conozco.

Pero la Biblia no dice que tu esposo se tiene que ganar tu respeto. Dios dice simplemente, “Respeta a tu esposo.” Punto.

Además, no se trata de tu esposo. ¡Se trata de ti! Tú eres responsable ante Dios por tu propio comportamiento, no por el de él. Así que comienza a obedecer a Dios, y El bendecirá tu matrimonio. Obtenemos victoria cuando nos sometemos.

En una escala del uno al diez, siendo 10 el más alto ¿Cómo te calificarías? ¿Eres una esposa sumisa? ¿Eres una esposa respetuosa? Has una lista de las cosas en las que quieres mejorar. Pídele perdón a tu esposo en las áreas que has fallado, y prométele a él y a Dios que harás mejor de ahora en adelante.

Tengo una idea… un plan. Has una prueba. Una “Prueba de Respetar a tu Esposo por 14 días.” Por dos semanas no le digas nada negativo.

Cada día, por los próximos 14 días, dile a tu esposo algo que admiras o aprecias de él. A lo mejor tengas que ahondar profundamente, pero estoy segura que encontrarás algo que alabar.

Tu esposo necesita tu respeto desesperadamente. Aunque no te puedo garantizar que este será un trabajo fácil, lo que si te puedo garantizar es que notarás un cambio en ti. Comenzarás a ver a tu esposo con nuevos ojos… con ojos de amor y gratitud.

¡Y prepárate! ¡Porque tu esposo también cambiará! Se comenzará a acercar a ti… y a amarte como tú quieres ser amada. ¡Los milagros todavía suceden! ¿Estás dispuesta a hacer la “Prueba de Respetar a tu Esposo por 14 días?” ¡Excelente! ¿Estás dispuesta a comenzar hoy mismo?

Que alegría poder obedecer a nuestro Dios. Le pido a Dios que continúes respetando, y alentando a tu esposo, aún después de haber cumplido la “Prueba de Respetar a tu Esposo por 14 días.”

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, Tú te preocupas de cada detalle de nuestra vida, y el matrimonio es una parte muy importante de nuestra vida. Tú quieres que seamos esposas sumisas y que respetemos a nuestros esposos.

Señor, no queremos que nuestro matrimonio caiga víctima de las diferentes etapas del resfrío matrimonial. No queremos que nuestro matrimonio se vuelva frío y desabrido. Y menos aún, que se convierta en una guerra campal.

Ayúdanos a respetar, honrar, y alentar a nuestros maridos. Queremos ser mujeres conforme a tu corazón. Queremos aceptar este reto de respetar a nuestros esposos por 14 días. Cámbianos, Señor. Y que este cambio no sea solo por 14 días, sino para toda la vida. En el nombre de Jesús. Amén.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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