Estudios Bíblicos en Texto

Desayunando en la Playa

Juan 21:1-23

¿Por qué es importante el capítulo 21 del Libro de Juan? Porque Jesús hace algo maravilloso por Pedro en este capítulo. Pedro había traicionado a Su Señor. Lo había negado delante de todo el mundo.

Este capítulo es el epílogo del evangelio de Juan. Juan quiere que sepamos que nuestro Dios es un Dios de segundas oportunidades. Aquí Jesús restaura a Pedro y le da validez a su ministerio. A lo mejor Pedro pensaba que ya nunca más podría ser apóstol de Jesucristo.

Que equivocado estaba. Jesús lo amaba profundamente, a pesar de su traición. El amor de Dios es incondicional. Es íntimo y personal. Es verdadero. Su amor perdona. Su amor nunca deja de ser.

EMPECEMOS EN ORACION

El título de este estudio es “Desayunando en la Playa.” Y aquí vemos tres ilustraciones de lo que Dios espera de Su iglesia: (I) Pescando para el Señor; (II) Comisionado por el Señor; y (III) Siguiendo al Señor.

I. Pescando para el Señor (Juan 21:1-14)

Después de esto, [¿Después de qué? Después de que Jesucristo resucitara y se le apareciera a Sus discípulos dos veces].

Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar.

Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.

6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. 7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro:

¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. 8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

A pesar de que Jesús les había dicho a sus discípulos que lo esperaran en el Galilea, El nunca los critica por irse de pesca. Pescar, para ellos, era algo conocido, algo que les daba una sensación de normalidad y confort. Les daba algo que hacer… y también les daba tiempo para discernir sus propios pensamientos.

Pero sus esfuerzos resultaron en nada. Muchas veces nuestros esfuerzos en el trabajo, en el hogar, o en el ministerio nos pueden dejar con redes vacías también.

El Señor nos deja que experimentemos falta de productividad, frustraciones o fracasos – para que nos acerquemos más a El, y dependamos de El, y no de nuestros propios medios. Cuando te sientes cansada y vacía, escucha las palabras que Jesús tiene que decirte.

Al principio del ministerio de Jesús, hubo un incidente parecido. En Lucas 5, Jesús estaba sentado en el bote de Pedro enseñándoles a las multitudes. Y cuando hubo terminado, le dice a Pedro que remara mar adentro, y que echara allí sus redes.

Pedro responde que había estado pescando toda la noche y que no había cogido nada. Sin embargo, hace lo que Jesús le dice. Y en ese momento su red se llena tanto de pescados, que se rompe.

Pedro estaba impresionadísimo, lo mismo que sus socios, Jacobo y Juan. Y Jesús le dice a Pedro “De ahora en adelante serás pescador de hombres.” Desde ese momento, en el vocabulario de Jesús y sus discípulos, “pescado” sin duda sugería “hombres y mujeres” y “pescar” simbolizaba “evangelismo.”

Hace años, yo serví como consejera voluntaria del Centro de Embarazos de Alburquerque. Como nosotras ofrecíamos pruebas de embarazo GRATIS, muchas chicas venían al centro para chequear si estaban embarazadas.

Esto nos daba la oportunidad de educarlas acerca de los efectos negativos del aborto, la bendición de poder criar a su propio bebé, si podían, y hasta de la posibilidad de dar a su bebé en adopción.

Como voluntaria, yo acababa de terminar mi entrenamiento completo, y ese era mi primer día como consejera. Cada mañana, antes de que llegaran las chicas, nosotros orábamos. No podíamos comenzar nuestro día sin el poder del Espíritu Santo.

Después de la consejería, debíamos sacar un pequeño folleto para compartir el evangelio con las chicas. Como yo todavía era una niña en el Señor, estaba un poco nerviosa. A pesar de haber compartido mi testimonio con algunas personas, nunca antes había compartido el evangelio con nadie.

Cuando mi primera sesión de consejería terminó, le di a la chica un folleto y yo cogí otro folleto para mí. Estos folletos explican el evangelio de maravilla…. de forma simple, concisa, y poderosa. Así que decidí leérselo yo misma, página por página, mientras que ella me seguía con su propio folleto.

Hasta le decía cuando tenía que voltear la página. ¡Así de simple era! Cuando llegamos al final del folleto, le pregunté si quería recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador, porque eso era lo que decía en esa página.

Y ella me dice: “Si, quiero recibirlo.” ¿LO QUIERES RECIBIR? le pregunté. ¡No lo podía creer! ¡Así de simple era! ¡Así de poderosa es Su Palabra de Dios! A través de Su Palabra, y del poder del Espíritu Santo, su corazón fue tocado.

¡Ella creyó! ¡Fue salvada! No tienen idea cuantas mujeres fueron salvadas escuchando la Palabra de Dios por medio de un folleto.

Hubo tantas salvaciones, que unos meses después, me preguntaron si podía hacer una presentación, ahí mismo, en el centro de embarazo, para explicarles al personal y a las otras consejeras, cual era “mi secreto” de que tantas chicas se estuvieran entregando a Cristo.

Y, finalmente, llegó el día en que tenía que hacer mi presentación, y explicarles a todas estas señoras el “secreto de mi éxito.” Yo des dije: ¡Es el Señor! ¡Es Su Palabra! ¡Es Su Espíritu! ¡Es el folleto!

Por alguna razón, ninguna de estas consejeras, excepto una, que también había tenido éxito, estaba usando los folletos que nos daban. A lo mejor pensaban que era demasiado simple. ¡Y lo era!

Así que si piensas que no sabes compartir el evangelio, hazlo de forma bien simple. Dales un folleto. Si quieren, se los lees. Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Jesús dice en Juan 6:44, “Todo aquel que oye al Padre, y aprende de El, viene a Mí.” La obra es de Dios! ¡Nosotros solo somos Sus instrumentos!

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Los discípulos eran buenazos para la pesca. Prestaban atención al equipo… a la estrategia. Pedro y Juan sabían como los pescados subían a la superficie, como debían meter los remos al agua sin hacer ruido, y como echar las redes al mar.

Nosotros sabemos tantas cosas acerca de evangelismo y del ministerio, pero nuestro Señor dice en Juan 15:5 “Separados de mí nada podéis hacer.”

Es muy fácil pensar que podemos hacer la obra de Dios por nosotras mismas. Pensamos que si estamos muy ocupadas, o sobrecargadas de trabajo, que Dios tiene que entender, si no nos damos el tiempo de pedirle que nos guíe. Pero Jesús dice que cualquier cosa que hagamos, SIN El, no llega a nada.

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5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: “NO”. 6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. ¿Por qué les dice Jesús que echaran la red al lado derecho del bote? ¿Por qué al lado derecho?

Porque ese era el lado que Jesús les había dicho. El punto no es adonde se va a hacer la obra, ni como; sino si estamos haciendo la obra bajo la dirección de Cristo y en obediencia a El, o si la estamos haciendo por nuestra propia iniciativa y sabiduría.

Los discípulos pudieran haber dicho, “Hemos estado pescando toda la noche. Somos expertos en la pesca. ¿Qué diferencia puede haber en un par de metros… a este u otro lado del bote? Pero cuando hacen lo que Jesús les dice, terminan en el lado correcto. La pesca resulta tan increíble que ni podían sacar la red… de lo pesada que estaba.

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¿Han notado que nuestro Señor usa, lo que la gente tiene, como la base de Sus milagros? Los discípulos habían estado pescando toda la noche y no habían cogido nada. Sin embargo, Jesús les da pescado en abundancia.

En la boda de Caná, las tinajas de agua estaban vacías. Nuestro Señor les dice que las llenen de agua, y luego, convierte el agua en vino. Dios le pregunta a Moisés lo que tiene en la mano. Moisés le dice que tiene una vara, y con esa vara, Dios hace Sus grandes milagros por Israel.

Como David había sido fiel pastoreando sus ovejas con su palo de pastor, Dios le da un cetro real para llevar en su mano mientras pastorea y gobierna la nación de Israel. ¿Qué interesante, ¿no? Que cualquier cosa que tengamos a la mano, Dios la puede usar.

Tantas personas quisieran estar en algún otro lugar, o en alguna otra circunstancia. Si Dios no te puede usar “aquí mismo donde estas,” no creo que te pueda usar en ninguna otra parte.

Además, han notado que todo lo que Dios hace, ¿lo hace en abundancia? Las tinajas de Caná estaban llenas de vino… hasta el tope. Cuando Jesús alimenta a los cinco mil, no solo se sacian todos, sino que quedan doce canastas llenas de las sobras de los panes y peces. ¡Y este pasaje nos dice que las redes estaban repletas de peces!

Es por eso que Efesios 3:20 dice, “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir.”

7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. 8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

¡Es el Señor! Juan tenía una percepción espiritual que Pedro no tenía. Pedro no tendría el discernimiento de Juan, pero han notado que cada vez que se le presenta la oportunidad, ¿Pedro se acerca a su Señor?

Los otros hombres se quedan sentados en el bote, esperando llegar a la orilla. ¡NO PEDRO! ¡El no quiere esperar! ¡El quiere estar cerca de Su Señor!

¡Es el Señor! Me encanta la forma como Max Lucado describe la reacción de Pedro… la emoción de Pedro… Dice que, “Pedro se tira al agua, cual pez, nada hacia la orilla, sale del mar “mojado y tiritando,” y se para delante del amigo que había traicionado.

Por una vez en su vida, Pedro estaba callado. ¿Qué podía decir? El momento era demasiado santo para hablar. ¿Qué podrías DECIR TU en un momento como ese? Están tú y Dios a solas. Tú y Dios saben perfectamente lo que has hecho. Y ninguno está orgulloso de eso. ¿Qué puedes hacer en ese momento? Considera hacer lo que Pedro hace.

Párate delante de Dios. En Su presencia. Párate en silencio y espera. A veces eso es todo lo que un alma puede hacer. Demasiado arrepentida para hablar, pero demasiado esperanzada para irse… Estamos simplemente de pie ante Dios. ¡Maravilladas! Jesús ha regresado. Te invita a que trates de nuevo – pero esta vez, junto con El.

9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. 11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.

12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. 14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.

Cansados, hambrientos y frustrados, estos discípulos se sentían descorazonados y necesitaban una buena dosis de ánimo. No tenían quien los orientara, y no estaban seguros de la presencia de Dios… ni de Su ayuda.

Jesús va donde ellos, les revela Su presencia y les dice: “¡Chicos, vengan a tomar desayuno!” ¡Qué tal invitación! Jesús dice en Marcos 16:15, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura,” pero Jesús prefiere que tomes desayuno con El primero, antes de ir.

DE SEGURO que la fogata en la playa EVOCARIA recuerdos penosos para Pedro. Nosotras sabemos lo que es eso.

Tal vez EN ALGUN LUGAR, algo pasó… algo del cual nos sentimos ahora avergonzadas… algo que lamentamos con todo nuestro corazón… algo, que daríamos cualquier cosa por borrar. Si solo pudiéramos revivir el incidente… pero esta vez, haríamos las cosas de forma diferente.

Evitamos el lugar. De solo verlo, nos remuerde la conciencia. Nos persigue. No podemos borrar el recuerdo… A lo mejor lo que remuerde tu conciencia no es un lugar, sino una cosa, o el timbre de una voz, o una vieja fotografía, o una carta olvidada, o una reunión que sucedió por casualidad.

A Pedro le remordía la conciencia. A mi también me ha atormentado mi conciencia, a ti, la tuya. Pero de que sirve rememorar esa escena… después de tantos años. O a lo mejor anhelas decir: “Perdóname. Nunca te debí haber hecho eso, o dicho eso.”

Pero la persona, a la que heriste, no puede escucharte. Puede que esté muerta, o definitivamente, muerta para nosotras. Como quisiéramos que las cosas hubieran sido diferentes.

Aquí nuestro Señor, el gran Médico, el gran Cirujano, nos va a mostrar como lidia El con el remordimiento de conciencia, y como logra enterrar, el doloroso fantasma de nuestro pasado.

Y ESTO NOS LLEVA A NUESTRA SEGUNDA ILUSTRACION DE LA IGLESIA:

II. Comisionado por el Señor (Juan 21:15-17)

15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió:

Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

La clave, en estos momentos, es poder comprender los sentimientos más profundos de Pedro. A pesar de que Pedro había hecho la confesión más grande de la historia de la Iglesia, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente,” era él también, el que había negado al Cristo tres veces, después de que Jesús fuera arrestado. ¡Increíble! ¡Como caen los poderosos!

Inmediatamente después de que Pedro negara a su Maestro, sacan a Jesús “atado”de la casa del sumo sacerdote… y sus miradas – la del apóstol caído y la del eterno Dios, se cruzan. Este debe de haber sido uno de los momentos más dolorosos de la historia.

Oh, la agonía de ese momento… Cuando todavía se podía escuchar el eco del canto del gallo, los ojos santos y ominicientes de Jesús, miran dentro del corazón de Pedro. Y la Biblia dice que Pedro sale, y llora amargamente. Pero sus lágrimas no podían lavar la imagen de su mente. El nunca olvidaría lo malo que había hecho.

Juan Jowett, el famoso predicador inglés, capta aquí la verdadera causa de la traición de Pedro. El dice, “Una sirvienta murmura, y el corazón de Pedro “avienta una mentira a sus labios,” y él niega a su Señor.

Pedro niega a su Maestro, no porque codiciaba dinero, sino porque tenía miedo a lo que le pudieran hacer. El ve una “posible cruz,” y con una gran mentira, se pasa al otro lado, como si nada.

Pero el Señor no había terminado con Pedro. Pedro todavía estaba en el proceso de santificación. Su nombre sería justificado, y escribirían de él, “¡Cuando vieron la valentía de Pedro, quedaron asombrados!” Hubo un tiempo en que una sirvienta podía hacerlo temblar… pero más adelante, lo vemos erguido firme e inmovible.”

Jesús ayuda a Pedro a entender la lección más valiosa de su vida. Pedro tenía que aprender humildad antes de poder obtener liderazgo. Pedro tenía que confrontar sus propios defectos, realísticamente, antes de poder guiar al rebaño.

Este hombre, fuerte y poderoso, tenía que ser quebrantado, para poder tratar a otros con compasión. Para tener el estilo de liderazgo de Jesús se requiere un espíritu quebrantado, libre de arrogancia, unido a Dios, y tierno hacia otros.

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Y finalmente, después de desayunar en la playa, Jesús le habla a Pedro. ¡Uy! El corazón de Pedro le debe haber saltado cuando escucha las palabras de Jesucristo: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?

Lo primero que notamos de la pregunta que Jesús le hace a Pedro es que usa el antiguo nombre de Pedro para dirigirse a él. “Simón, hijo de Jonás…” Ese era el nombre que Pedro tenía antes de conocer a Jesús.

En la noche de su traición, Pedro había dicho las mentiras, y hasta había usado las lisuras y malas palabras de su vieja naturaleza. Así que Jesús lo llama por su viejo nombre.

En Juan 1:42, cuando Pedro es presentado a Jesús por primera vez, Jesús lo saluda diciendo, “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro o roca).”

Este era un juego de palabras. El viejo nombre significaba “piedrita,” algo ligero e inestable. Pero ahora Jesús le dice a Pedro que lo va a llamar “roca.” El iba a cambiar a Pedro… de ser un hombre de carácter débil, a un hombre de valentía y solidez.

La segunda cosa que notamos de la pregunta que Jesús le hace a Pedro es la palabra “amor.” Otra vez hay un juego de palabras aquí. El griego usa distintas palabras para describir las clases de amor que hay.

En el original de este párrafo, hay un juego de dos palabras griegas. [Una de ellas] es “agape,” la gran palabra que el Nuevo Testamento usa para el amor incondicional. Es la palabra que siempre se utiliza en relación a Dios. Cuando leemos “Porque de tal manera amó Dios al mundo,” (Juan 3:16) o ”Dios es amor” (1 Juan 4:8) la palabra es agape, o sea, amor incondicional.

La OTRA palabra es “fileo,” que es un “amor humano” que se “expresa a sí mismo” en afecto y amistad. Podríamos decir que es el amor más elevado del que somos capaces, aparte del nuevo nacimiento, y la obra interna que el Espíritu Santo hace en nosotras, para formar la naturaleza de Cristo en nosotras.

Nuestro Señor le estaba preguntando, “¿Simón, me amas realmente? Después de todo lo que ha pasado, ¿realmente me amas? ¿Y me amas más que estos discípulos?”

Juan no nos dice lo que pasa por la mente de Pedro al oír estas palabras, pero por propia experiencia, nos podemos imaginar. Probablemente su corazón comienza a latirle aceleradamente, su estómago se le revuelve, se pone todo colorado, y hasta se le humedecen los ojos.

Seguro que aquí Pedro se remonta a la escena de dos semanas antes en el aposento alto, cuando le pregunta a Jesús en Juan 13:36: “Señor, ¿adonde vas? Jesús le responde: A donde Yo voy, no me puedes seguir AHORA; mas me seguirás después.”

Pero Pedro insiste. “Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti.” Y Mateo 26:33 nos habla acerca las palabras jactanciosas” de Pedro: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.”

Proverbios 16:18 dice: “Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería, el fracaso.

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La fogata en la playa le recordaría a Pedro de aquella otra fogata, en la cual había negado a su Señor. Sus pensamientos eran probablemente un torrente de emoción – el aroma del fuego… los ojos inocentes y tiernos de Jesús…

Las palabras de JESUS eran penetrantes, pero compasivas. Así que ¿cómo le contesta Pedro? “Sí Señor, Tú sabes que te amo.” La palabra que Pedro usa es la griega “fileo” o sea “afecto o amistad.”

Pedro no podía profesar un amor incondicional, así que le dice, “Señor, siento un afecto profundo por ti. Pero no puedo decir “agape,” Señor, NO después de todos mis fracasos, y deshonra.”

Las presunciones de Pedro se habían ido. Así que el Señor le dice, “Apacienta a mis corderos.” En otras palabras, “Pedro, sírveme.”

Jesús no había terminado con Pedro. Así que le hace una segunda pregunta, ”Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” En otras palabras, Simón, dejando de lado todas las comparaciones, mi pregunta es, “¿Me amas realmente?” ¡Eso es lo primordial!

Pedro le contesta calladamente: “Si, Señor, Tú sabes que te amo.” Y de nuevo le profesa afecto, no amor incondicional. El amor de amistad es un amor maravilloso hasta donde puede llegar. De nuevo Jesús le contesta, “Pastorea a mis ovejas.”

Hay una dura honestidad en las preguntas de nuestro Señor, pero Sus palabras eran afectuosas. Jesús estaba haciendo algo maravilloso por Pedro. “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” Literalmente ¿sientes por Mi el afecto que estás confesando?

Jesús se toma las palabras de Pedro bien en serio. En Su primera pregunta, El cuestiona la superioridad del amor de Pedro. En Su segunda pregunta, El cuestiona si Pedro realmente lo amaba. Y en Su última pregunta, Jesús cuestiona si Pedro, efectivamente, sentía afecto por El.

El texto dice que Pedro se entristece porque Jesús le pregunta la misma cosa tres veces. Pero, aun así, contesta: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo con un amor afectuoso.” Señor, Tú sabes cual es mi posición. Yo no me atrevo a aspirar a nada más.”

Pedro amaba a Jesús profundamente, pero sus ilusiones, las presunciones de si mismo, ya no existían. Y el Señor acepta eso, y le dice, “Apacienta a mis ovejas.” Esa respuesta revela el amor profundo que Jesús sentía por su apóstol caído.

La restauración de Pedro había terminado, y todos la habían visto. Y ahora probablemente entendían que nuestro Señor lo había planeado todo desde un principio.

Las negaciones de Pedro sucedieron delante de una fogata, y AHORA las confesiones de Pedro estaban sucediendo delante de otra fogata. Hubo tres negaciones, y AHORA hay tres confesiones, al igual que tres amables comisiones.

CRISTO NOS DICE, a través del ejemplo de Pedro, que la prioridad más grande en la vida es la esencia y supremacía de nuestro amor por Dios. Aquí vemos a un hombre que amaba a Dios con todo su corazón, pero necesitaba ser afirmado en ese amor, antes de poder servir productivamente.

Algunas de nosotras amamos a Jesús profundamente, otras, tal vez, no. El criterio debiera ser siempre, que por encima de todas las cosas, aún por encima de nuestro servicio a Dios, debemos amarlo con todo nuestro corazón. ¡Esa es la prioridad más grande de la vida!

Esa es la primera pregunta de cada teólogo. Es la pregunta esencial de cada pastor. Es la pregunta suprema de cada misionero. Y es la pregunta No. 1 para cada una de nosotras que quiere complacer a Dios. ¡Amar a Dios es la prioridad más grande de nuestras vidas!

Las cristianas hemos sido llamadas a servir, pero a lo que servimos, es tan fácil PONER NUESTRA PRIORIDAD EN SERVIR, y no en amar a Dios. Nuestro ministerio se puede convertir fácilmente en nuestro enfoque primordial. En nuestro ídolo.

Dios nos ha expresado Su prioridad de forma muy clara. Desde tiempos antiguos, El ha sido muy explícito. Deuteronomio 6:4-5 dice, “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno. 5 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” Todo lo que somos, y todo lo que tenemos debería estar dedicado a amar a Dios.

Este tema es amplificado y confirmado por Jesucristo, cuando un abogado, pensando que lo podía tentar, le pregunta en Mateo 22:36-38,

“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y gran mandamiento.”

Si amar a Dios NO ES nuestra primera prioridad, no estamos REALIZANDO nuestro propósito en esta vida. Ningún sueño, ningún deseo, ni ninguna aspiración de grandeza… nos dará satisfacción. Amar a Dios y ser amada por El ¡es lo máximo!

¿Pero como podemos amar a Dios bien? ¿Sintiendo afecto? ¿Cantando canciones de alabanza? ¿Simplemente obedeciendo a Dios? Todos estos son parte del fluir de nuestro amor HACIA EL CIELO… pero no es suficiente.

Es posible sentir afecto por Jesús sin tener ningún sentido de obligación, de asistir a servicios de alabanza, y cantar cantos sin sentir el más mínimo cariño, o de obedecer… sin amor.

Jesús dice que los que lo aman, lo obedecen, pero NO TODOS los que le obedecen, lo aman.

En realidad, es por eso que la obediencia es un enigma en las escrituras. Para aquellos que amaban a Dios, era como estar en el cielo--en la tierra. Con respecto a los religiosos hipócritas de los tiempos de Jesús, era nauseabundo.

La motivación hace la diferencia. Obediencia no es la clave. Obediencia, que fluye del amor, es la clave. ∐ Para poder amar a Dios, piensa en que forma le demuestras amor a otra persona. Implica sentir un gran afecto, ser atenta, compartir los mismos intereses, y tomar las palabras de esa persona en serio.

De la misma forma… cómo demuestras amor a otros, aplícala a Dios. Cultiva afecto. Aviva el fuego de tus sentimientos. Presta atención a todo lo que Dios hace. Nota cuales son sus deseos… sus intereses.

Estate con El. Preocúpate de Su corazón. Lo que El diga, tómalo en serio. Sigue Sus instrucciones, no porque tienes que hacerlo, sino porque quieres complacerlo.

Para mi es un privilegio honrar, reverenciar, y obedecer a nuestro Señor. ¡El es el amor supremo de mi vida! Quiero ser atenta con El… quiero servirlo… quiero cumplir Su más mínimo deseo, quiero estar siempre a Su lado, y quiero que otros sepan cuanto lo admiro.

Y si algo llegara a interponerse entre Jesús y yo, lo consideraría UN INTRUSO a mi prioridad máxima. Y tú deberías hacer lo mismo.

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Este tema también es bien explícito en el trato de Jesús con María y Marta. Cuando Marta le pide a Jesús que le diga a María que fuera a la cocina a ayudarla, y que dejara de perder el tiempo a los pies de Jesús, Este le responde en Lucas 10:41-42:

“Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Dios quiere que seamos hacendosas – Si – El quiere que alimentemos a Sus ovejas. Pero también quiere que estemos con El antes de hacerlo. El amor es primero.

Yo creo que esta fue la clave en la vida de la Madre Teresa. Cuando ella le estaba limpiando las heridas a un moribundo, ella lo hacía como si estuviera limpiándole las heridas a Jesucristo. Cuando ella baldeaba el piso, ella estaba baldeando el piso de Jesús.

Tenemos que tener un sentido consciente de que “servimos” porque amamos a Jesús, para que cuando El nos pregunte, “¿Me amas? Podamos responderle al igual que Pedro, “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.”

Si Jesús te mirara directamente a los ojos hoy día, y te preguntara, “¿me amas más que éstos?” ¿Qué cosas en tu vida compiten por tu atención, y hacen que te alejes del amor de Jesús?

¿Tus metas, tu carrera, una relación, el placer, la televisión, Facebook? ¿Cuál sería tu respuesta? Nuestro Señor anhela tu amor. El quiere ser el primero, y lo más importante en tu vida

¿Qué tienes que hacer PARA QUE TU AMOR POR JESUS SEA LA PRIORIDAD MAXIMA en tu vida?

Primero, tienes que SER absolutamente sincera, contigo misma, acerca de la profundidad de tu amor por El. Y segundo, necesitas pasar tiempo con Jesús, porque cuanto más tiempo estés con El, más lo amarás.

Lee Su Palabra, ora, medita en ella, busca Su Presencia. ¿Cuánto tiempo has pasado con Jesús esta semana… este mes? ¿No nos encanta a nosotras ESTAR con aquellos que queremos?

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Así que ya vimos (I) Pescando para el Señor y (II) Comisionado por el Señor, ahora veamos la tercera y última ilustración de lo que Jesús quiere de Su iglesia…

III. Siguiendo al Señor (Juan 21:18-23)

18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

“Sígueme” significa seguir a Cristo continuamente. Es discipulado fiel y constante, aun cuando requiera morir la muerte de un mártir.

En este pasaje, Jesús le estaba diciendo a Pedro, básicamente, “Pedro, cuando eras joven, tú querías dar tu vida por Mí. Pero no lo hiciste. Te echaste atrás. ¿Pero adivina qué? Lo vas a poder hacer en tu vejez. Si, te llevarán a la muerte – pero al final de cuentas -- ¿no era eso a lo que aspirabas en tu juventud?”

Pedro glorificaría a Dios muriendo como mártir. Al que había negado a su Señor, se le daría la valentía y la gracia para sacrificar su vida por Cristo. Nosotras también podemos glorificar a Dios en vida tanto como en muerte.

20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?

22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?

¡Ese Pedro! El amaba a Jesús con todo su corazón. El había sido restaurado. Había sido comisionado, pero Pedro seguía siendo Pedro. El quería saber lo que le iba a pasar a Juan.

Jesús le tiene que explicar al impulsivo de Pedro que él no tenía que preocuparse acerca de los planes que Dios tenía para otros, sino solo por los suyos. ¡Y nosotras debemos de hacer lo mismo!

Pedro y Juan tenían diferentes temperamentos… diferentes personalidades. Juan era un pensador… un místico. Pedro, por el contrario, era un hombre activo, emprendedor… Realmente, cuando Jesús los llama, ¿que estaban haciendo estos dos hombres?

Pedro estaba echando su red al mar. “Sígueme,” le dice Jesús, “y Yo te haré pescador de hombres.”

Y efectivamente, Pedro se convertiría en un evangelista que traería a muchos al reino – tres mil personas serían salvados durante su primer sermón. JUAN, por otro lado, no estaba echando su red al mar; estaba remendando las redes.

Y Juan pasaría el resto de su vida remendando las vidas de otros, enseñándoles la verdad de la Palabra de Dios, y dándoles amor.

Estos dos individuos eran totalmente diferentes en el ministerio, en mentalidad, en temperamento y en personalidad. Pedro estaba preguntando acerca de Juan, cuando en realidad, el Señor los usaría igualmente.

Además, lo que Jesús le había dicho a Pedro había sido mal interpretado por la gente. Pensaban que Juan no iba a morir, sino que seguiría vivo en la tierra hasta la segunda venida de Cristo.

Juan tenía que corregir ese rumor. No habían entendido las palabras de Cristo. ¿Se imaginan? Si Juan se moría y Jesús no había regresado, ese rumor causaría caos entre los creyentes de la iglesia.

Cada una de nuestras vidas es una creación soberana de Dios. Nuestro valor, efectividad, y la gracia de Dios en nuestras vidas, no se definen, comparándonos con otros.

Cada una de nosotras ha de seguir a Cristo simplemente. No importa cual sea nuestra situación en esta vida, el llamado de Cristo a cada una de nosotras es “Sígueme.”

Orémosle al Señor


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© Fotografía por Nancy Galligan

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