La hipocresía es una de las grandes plagas de la fe cristiana. Decimos una cosa, pero hacemos otra. Ese fue el problema durante la época de Santiago, y sigue siendo el problema hoy en día. Santiago afronta este problema en su carta, desafiando a sus lectores, a que examinaran sus creencias, y sus acciones.

El libro de Santiago es considerado como los “Proverbios” del Nuevo Testamento. El consejo de Santiago es muy práctico. Es la clase de enseñanza que podemos leer, y luego ver, CLARAMENTE, como aplicarla. Pero a la vez, ¡es difícil! Porque todas sabemos , que el querer… y el hacer, son dos cosas muy distintas.

Santiago 1:2 dice, “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando estén pasando por diversas pruebas.”

Imagínate lo que sería tu vida, si no tuvieras ninguna preocupación. Si vives obsesionada con que ¿Y qué si esto pasara? O¿el Por-Qué, DE ESTO O AQUELLO EN LA VIDA, ¿cómo vas a encontrar contentamiento en Cristo?

Puede que nunca sepamos, de este lado del cielo, por que ciertas cosas pasan, pero necesitamos poner nuestra fe en Jesucristo, especialmente, cuando no podemos VER NI ENTENDER lo que Él está haciendo.

Jesús pone nuestra fe a prueba. Él pone nuestra devoción a prueba. Él nos lleva al límite de nuestras habilidades y recursos para que aprendamos a confiar en Él, en vez de confiar en nosotras mismas.

Mis recursos son limitados; pero cuando miro a Jesús, tengo recursos ilimitados. Mis fuerzas son limitadas; pero cuando confío en Jesús, tengo fuerzas ilimitadas.

Pablo dice en 2 Corintios 12:10: “Por eso, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias, porque mi debilidad es mi fuerza.” Así que considérate dichosa cuando Dios te pone a prueba.

¡El gozo no es la falta de problemas, sino la presencia de Cristo en nuestra vida! ¿Qué es lo que necesitas cambiar en tu vida, para poder sentir gozo en medio de las pruebas? El Libro de Santiago considera las pruebas, COMO OPORTUNIDADES… no como obstáculos.

El propósito de Dios, es de permitir desafíos en nuestras vidas, porque estos tienen el potencial de hacernos crecer… y de darnos fuerzas. Las pruebas determinan, si vamos a crecer, o si nos vamos a dar por vencidas. Si nos volveremos en mujeres amargadas, o en mejores mujeres.

UNA PRUEBA puede ser una de las herramientas más filudas en la caja de herramientas de nuestro Señor. El usa las pruebas, muchas veces, para perfeccionar y moldear nuestra fe. ¿Suena pesimista, no es cierto? Pero no debiera, porque Jesús nunca dijo que nos escaparíamos de las pruebas, ni de los problemas.

Al contrario, Él dijo en Juan 16:33, “En el mundo tendrán aflicción. PERO CONFIEN, YO he vencido al mundo.” El mundo está lleno de dolor, de sufrimiento, de dificultades. Y las cristianas no estamos inmunes. ¿Tienes un hijo pródigo? NO ESTÁS SOLA. ¿Estas lidiando con una enfermedad? NO ESTÁS SOLA.

¿Estás teniendo una crisis económica? ¡NO ESTÁS SOLA! Las pruebas nos vienen a todas… a las cristianas, y a las no cristianas. La vida es muy frágil. Un minuto… y todo nos está yendo de maravilla. No hay obstáculos en nuestro camino. Estamos llenas de esperanza y de confianza. Y al minuto siguiente, “suácata,” estamos lidiando con una prueba.

A veces, cuando pasamos por pruebas, tenemos la tendencia a pensar que Dios está molesto con nosotras. En algunos casos, ¡SI!, nuestras dificultades son el resultado de nuestro pecado.

Pero también, HAY OTRAS PRUEBAS, que vienen sin ninguna razón aparente. REALMENTE… Sin importar de donde vengan estas pruebas… ¿Por qué ES, que muchas veces, pensamos que Jesús está molesto con nosotras?

Pero si eso fuera verdad, que las pruebas de la vida indican que Dios está descontento,

entonces, ¿Cómo podemos explicar que el Padre mandara a Su Hijo Amado a ser crucificado, a ser burlado, arrastrado por tierra, Su costado atravesado por una lanza, y clavado a una cruz? Las dificultades y pruebas de la vida pueden tomar muchas formas.

Para algunas, puede ser una relación que se ha distanciado, o un problema económico, o una enfermedad, o una discapacidad repentina, o la muerte de un ser querido. Para otras, las pruebas pueden tomar la forma de burla, o hasta, de persecución por su fe. Es natural no querer pasar por ninguna clase de pruebas.

Todas quisiéramos tener una vida libre de problemas, y poder vivir en paz y serenidad todos los días de nuestra vida.Pero la vida no es así, y todas sabemos que nuestra situación puede cambiar de la noche a la mañana. La verdadera pregunta es ¿cómo reaccionas? ¿Las pruebas te ponen furiosa, o te desesperan?

¡Jesús dice que saldrás adelante! ¿PIENSAS QUE NO? ¡Todas pensamos que no! Tenemos miedo que la depresión nunca se irá. O que la gritería nunca parará. O que el dolor nunca pasará. ¿Se hará tu carga más liviana? Nos sentimos oprimidas, atrapadas, Predestinadas al fracaso. ¿Saldremos alguna vez de todo esto? ¡Sí! ¡La Biblia dice que Sí!

Isaías 43: 2-3 dice, “Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni las llamas arderán en ti. Yo soy el Señor, tu Dios. Yo soy tu Salvador.”

¡PERO NO SERÁ SIN DOLOR! ¿Has llorado tu última lágrima? ¡No necesariamente! ¿Se convertirá tu triste matrimonio en un matrimonio feliz en un dos por tres? ¡No es muy probable! ¿Te garantiza Dios, que no tendrás más luchas? ¡No en esta vida!

Pero Jesús te promete entretejer tu dolor para un propósito más alto. ¡Pero no sucederá de la noche a la mañana! Su historia es de redimir, no en minutos, sino de por vida. ¡PERO DIOS USARÁ TUS PRUEBAS PARA BIEN!

Nosotras vemos un lío perfecto. Jesús ve una oportunidad perfecta para entrenarnos, ponernos a prueba, y enseñarnos. Porque cuando nos encontramos en situaciones difíciles, éstas nos fuerzan a mirar hacia arriba. Jesús viene del cielo para dar la mano en el momento preciso, de la manera precisa, ¡ÉL HARÁ ESO POR TÍ!


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