LA ORACION TIENE PODER

Santiago 5:7-20

¿Has escuchado alguna vez a Max Lucado hablar del trono de Dios? ¡Me encanta! Dice: “Cristo se encuentra contigo en la parte de afuera del salón del trono. Te lleva de la mano, y camina contigo a la presencia de Dios. Y cuando entras, encuentras gracia, no condenación. Encuentras misericordia, no castigo.

¡Nunca hubieras podido conseguir audiencia con el Rey, por ti misma! Pero gracias a Jesucristo, ahora eres bienvenida a la presencia de Dios.

Si eres una mamá entiendes esto perfectamente. Si un chico, al que no conoces, te toca a la puerta y te pregunta si puede pasar la noche en tu casa, ¿Qué es lo que harías? ¿Qué le preguntarías?

Seguro que le preguntarías su nombre, adónde vive, querrías saber por qué anda vagabundeando por las calles, y hasta llamarías a sus padres. Por otro lado, si el chico entra a tu casa acompañado de tu hijo, ¡LA COSA CAMBIA! ese chico es bienvenido a tu casa.

Lo mismo es verdad con Dios. Al hacerte amiga de Su Hijo, tienes acceso al Padre.

Jesús nos promete, en Mateo 10:32, “A cualquiera que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre, que está en los cielos.”

EMPECEMOS EN ORACIÓN

Padre, gracias que podemos venir a tu trono de gracia. Gracias que Jesús es nuestro Amigo, y que nos lleva de la mano ante tu Presencia. Gracias que El pagó el precio que nosotras no podíamos pagar. Solo gracias a Su sacrificio, tenemos el privilegio de acercarnos al trono.

Padre, háblanos a través de tu Palabra. No solo queremos escuchar tu voz, sino obedecerla. Queremos que tu Palabra nos transforme a la imagen de nuestro Salvador. En el nombre de Jesús, Amén.

En la época de Santiago, los creyentes, “la mayoría de ellos pobres,” eran explotados por los ricos, y perseguidos por su fe. Esta presión externa hace que la iglesia se amargara por los problemas y frustraciones que estaba pasando.

Santiago los alienta a ser pacientes hasta que el Señor Jesucristo regrese. Pero la paciencia, que el describe, no es una paciencia pasiva. Es una paciencia que involucra acción. Es una paciencia que podemos aplicarla a nuestras vidas. Mirando la vida, a través de los ojos de Santiago, descubrimos que Dios tiene muchas formas de guiarnos y alentarnos.

El título de esta enseñanza es “La Oración tiene Poder,” y está dividida en tres secciones: (I) Ten Paciencia; (II) Ora a Dios; (III) Regresa al Buen Camino.

ASI QUE COMENCEMOS CON LA PRIMERA SECCIÓN…

I. Ten Paciencia (Santiago 5:7-12)

Todas hemos experimentado el dolor de ser maltratadas y malentendidas. El dolor viene en una variedad de formas – puede ser una situación intolerable en el trabajo, conflictos domésticos, padres autoritarios, niños rebeldes, una amiga desleal, o una vecina chismosa.

Y nuestra tendencia natural es la de querer vengarnos – de devolver mal por mal, ojo por ojo. O, de querer contenernos, dejando que el resentimiento y la amargura se fermenten en nuestro corazón. Dios no quiere, NI que nos contengamos, NI que explotemos en rabia. Él quiere que tengamos paciencia.

7 Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Fíjense en el labrador, cómo espera el preciado fruto de la tierra, y cómo aguarda con paciencia a que lleguen las lluvias tempranas y tardías. 8 También ustedes, tengan paciencia y manténganse firmes, que ya está cerca la venida del Señor.

Santiago comienza, y termina esta epístola, con el consejo de que tengamos paciencia. La creyente debe que ser paciente, aun en medio de la injusticia.

Nosotras necesitamos resistir, y confiar en Dios, a través de las pruebas. La paciencia no significa inactividad. Siempre hay mucho trabajo que hacer… servir a Dios, ayudarnos los unos a los otros, y proclamar las buenas nuevas del evangelio. ¡Y el gran momento final llegará!

La iglesia primitiva vivía con la expectativa constante del regreso de Jesucristo, ¡y nosotras debemos hacer lo mismo!

Como no sabemos cuándo regresará Cristo a traer justicia… y a eliminar la opresión, debemos de esperar con paciencia. La paciencia es esa habilidad de soportar el dolor y la adversidad, sin quejarnos. Es la habilidad de perseverar, sin desanimarnos.

Santiago, no solo comienza alentando a los creyentes perseguidos, a que fueran pacientes durante las pruebas, sino que también los alienta a que esperen pacientemente al regreso de nuestro Señor. ¡Tres veces Santiago nos recuerda de la venida del Señor! Y nos da, como ejemplo, al labrador. Si una persona es impaciente, más le vale que no sea labrador.

Ningún cultivo aparecerá de la noche a la mañana (a excepción quizá de la mala hierba), y ningún agricultor tiene control sobre el tiempo. Demasiada lluvia puede causar que la cosecha se pudra, y demasiado sol, que se queme. Una helada temprana puede destruir todo el cultivo.

Si viviéramos en el antiguo Israel, ahora mismo, estaríamos mirando al cielo. Estaríamos impacientes, suplicándole al Señor, aguardando ansiosas; sin poder hacer otra cosa que esperar. Miraríamos una y otra vez en dirección al mar, deseando que aunque fuera de lejos, aparecieran las nubes cargadas de lluvia…. de la lluvia temprana.

Tendríamos ya todo listo para, que al comenzar a llover, la tierra , seca por el caluroso verano del desierto, se ablandara lo suficientemente, para poder comenzar a arar la tierra. EMPEZAR, agradecidas e ilusionadas, a sembrar las semillas.

Santiago, nos pone como ejemplo, a aquellos agricultores, quienes no teniendo más remedio que haber aprendido a esperar con paciencia a la lluvia, aguardaban expectantes la promesa del Señor. Es esa misma paciencia la que debemos de tener nosotras para con todas las promesas del Señor.

En la época en que vivimos, estamos acostumbradas a todo lo automático y a lo rápido. Tenemos hornos microondas para cocinar la comida… ¡AL MINUTO! Gozamos de tiendas de autoservicio, para no perder tiempo, comprando lo que necesitamos.

Tenemos restaurantes de comida rápida -- que nos atienden a una velocidad increíble. Hasta nos ofrecen servicio de entrega a domicilio, ¡si no nos provoca ir!

El problema es, que a veces, estamos TAN MAL acostumbradas, que esperamos que Dios se comporte de la misma forma. Queremos que Dios nos conteste al instante, y nos satisfaga inmediatamente todas nuestras necesidades, como si El fuera servicio de entrega rápida a domicilio. ¡Queremos todo al momento!

A veces nuestras oraciones no son contestadas porque son egoístas y mundanas, y El Señor no quiere reforzar “un comportamiento” así. Pero a veces también, nuestro Padre celestial, se retrasa en contestar nuestras oraciones, ¡A PROPOSITO! Simple y llanamente-- para que aprendamos a tener paciencia.

Filipenses 4:6 dice, “No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”

PAUSA

Una vez, el guardián de la cárcel le preguntó a un preso, que se encontraba en el corredor de la muerte, que era lo que quería comer en su última cena. El hombre le contestó: “Uy, me gustaría comer un gran pedazo de sandía.”

El guardia le dijo, “¡Hombre! ¿Tienes que estar bromeando, no? Estamos en pleno invierno. Las sandías ni siquiera se han plantado. Y menos aún, cosechado.” El preso, bien abusadilla, le dijo, “No hay problema. No me importa esperar.”

9 Hermanos, no se quejen unos de otros, para que no sean condenados. ¡Vean que el juez ya está a la puerta!

¡No debemos de quejarnos! Los siervos del Señor deben de trabajar bien juntos, aun bajo circunstancias difíciles. Y no debemos dejar que el resentimiento y la amargura se infiltren en nuestro corazón.

Después de todo, Jesús, el juez, está a la puerta. Él sabe exactamente lo que estamos pensando. En cualquier momento, estaremos de pie ante el trono de Cristo, y habrá que rendirle cuentas.

Por eso Mateo 7:1-2 dice, “No juzguen, para que no sean juzgadas 2 Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgadas; y con la medida con que miden, serán medidas.”

10 Hermanos míos, tomen como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor.

11 Recuerden que nosotros consideramos dichosos a los que pacientemente sufren. Ustedes ya han sabido de la paciencia de Job, y saben también cómo lo trató el Señor al final, porque Él es toda compasión y misericordia.

Un profeta era una persona que hablaba por Dios, comunicando valientemente el mensaje del Señor… a la nación de Israel. Como Santiago le estaba escribiendo a las doce tribus de Israel, ellos entendían perfectamente a lo que se refería.

En el Sermón del Monte, Jesús le dice a Sus discípulos, en Mateo 5:12 “Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes. “

Los profetas bíblicos nos sirven de inspiración, especialmente, cuando estamos sufriendo: (1) Porque prueba, que podemos estar en la voluntad de Dios, y aun así, sufrir. (2) A veces sufrimos, precisamente, porque estamos en la voluntad de Dios; (3) Ellos nos recuerdan que Dios se preocupa por nosotras, aún en medio de nuestro sufrimiento.

Isaías 53:3 pronostica de Jesús: “Será despreciado y desechado por la humanidad entera. Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento. ¡Y nosotros no le daremos la cara! ¡Será menospreciado! ¡No lo apreciaremos!

Todas hemos escuchado el refrán “Él o ella tiene la paciencia de Job.” Job tuvo que aguantar pérdidas inimaginables, tanto personales, como financieras, y hasta físicas, y sin embargo, ni una sola vez, durante sus pruebas, lo abandonó Dios.

En medio de nuestro sufrimiento, es bueno recordar que la compasión y la misericordia de Dios, ¡NUNCA CAMBIAN! El sufrimiento de Job fue una cosa temporal, que eventualmente, le trajo grandes bendiciones, reflejando así, la compasión y la misericordia de Dios.

¿Crees tú que te puedes sentir segura “en el Señor” durante tus momentos de adversidad y angustia? La Biblia te dice, una y otra vez, que ¡SI! ¡Que si puedes! Dios te asegura que Su Presencia irá contigo siempre. En tus momentos de sufrimiento, de problemas, dificultades, dolor o tragedia: el Señor está contigo.

2 de Crónicas 15:2 dice “El Señor estará con ustedes, si ustedes están con El. Si lo buscan, lo hallarán.” Y 2 de Crónicas 20:17 dice “Quédense quietos, y contemplen como el Señor los va a salvar… No tengan miedo ni se desanimen.”

Y Jesús mismo les dice a Sus discípulos en Mateo 28:20, “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

Cuando vengan tiempos difíciles, ¡enfráscate en la Palabra de Dios! ¡Lee Sus promesas para ti! Lee acerca de Su poder, Su fortaleza, Su sabiduría, y Su amor. Lee como Él ha ayudado a los miles de hombres y mujeres, que confiaron en El, a través de los siglos. Lee acerca de la salvación de Dios, y de Su poder restaurador.

Cuanto más leas y estudies la Palabra de Dios, ¡MAS CRECERÁ TU FE! Cuánto más confíes en Dios, MAS CRECERÁ TU ENTENDIMIENTO… de que Dios es digno de confianza en todo momento, y en todas las cosas.

Cuanto más te armes de valor en la presencia del Señor, más segura te sentirás – aun en tus momentos de mayor preocupación, y durante tus circunstancias más difíciles. En cada momento de tu vida, ¡solo el Señor es tu seguridad!

12 Pero sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa. Cuando digan “sí”, que sea “sí”; y cuando digan “no”, que sea “no”. De lo contrario, caerán en condenación.

Las cristianas debemos de ser diferentes a aquella gente que no conoce a Jesús, como su Señor y Salvador. Algunas veces, esas diferencias son obvias. En cambio, en otras, son muy sutiles.

Una de las cosas que nos hace diferentes al mundo-- es simplemente -- que nuestro “si” debe de significar “Si, lo haré,” y nuestro “no,” debe de significar “No, no lo haré.” Que gran contraste con el mundo. El mundo acentúa y subraya sus promesas con juramentos, contratos, lenguaje rebuscado y letra chica.

Cuando hablamos con sencillez y sin rodeos, cuando ofrecemos honestamente un simple “sí” o un simple “no,” reflejamos al Dios, que amamos y servimos.

Después de todo, cuando Dios habla, lo que Él dice es la pura verdad, y lo que El promete, sucede. Hay una relación perfecta entre Su Palabra hablada, y Sus acciones.

Como hijas de Dios, como Sus embajadoras, nosotras también debemos de decir siempre la pura verdad. Debemos de cumplir todo lo que prometemos. Eso significa que debemos de ser cautelosas, cuando hacemos promesas. Cumplir nuestra palabra debiera de ser siempre MUY IMPORTANTE para nosotras.

Debemos de honrar a Dios con nuestras palabras. Por eso… ¡Cumple tus promesas! ¡Cumple tus plazos! ¡Honra tus compromisos! ¡Paga tus deudas!

ASI QUE, YA VIMOS QUE HAY QUE TENER PACIENCIA, AHORA VAYAMOS A NUESTRA SEGUNDA SECCIÓN….

II. Ora a Dios (Santiago 5:13-18)

13¿Hay alguien entre ustedes, que esté afligido? Que Ore a Dios. ¿Alguno de ustedes está de buen humor? Que cante alabanzas.

Cuando vas al médico, seguro que éste saca un martillito de jebe, y te da un golpecito en la rodilla. Y si tus reflejos están bien, tu pierna responde con un suave patadita. Esta acción reflexiva ocurre automáticamente, y es la misma, cada vez que este nervio es golpeado.

¿Pero cómo respondes tú cuando los problemas te golpean? ¿Cuál es tu acción reflexiva en ese momento? ¿Pánico? ¿Ira? ¿Depresión? ¿Confusión? Aquí Santiago nos recuerda que nuestra acción automática debiera ser la de volvernos a Dios en oración. ¿Por qué?

Porque la oración es el reconocimiento de nuestra impotencia. Tú nunca orarías si piensas que puedes resolver todo por ti misma, O SI ERES DEMASIADO ORGULLOSA, para pedirle ayuda a Dios. El orgullo NOS LLEVA a NO ORAR.

Pero la oración es también el reconocimiento del poder y amor de Dios. Cuando oramos, no estamos tratando de manipular a Dios. Al contrario, lo estamos mirando para que nos bendiga y nos ayude, de acuerdo a Su voluntad perfecta. ∐ Cuando vienen los problemas, que sea la oración tu respuesta automática.

Y que verdadera es la oración de Pedro Marshall, que dice: “Perdónanos, Señor, por pensar que la oración es una pérdida de tiempo, y ayúdanos a ver, que sin la oración, nuestro trabajo, es una pérdida de tiempo.”

PAUSA

Un día, un pastor de la ciudad, tocó a la puerta de la casa de Juanito, y durante su conversación, le preguntó, “¿Juanito, tú oras todas las noches?” “No,” respondió el chico, “hay algunas noches que no quiero nada.”

Algunas personas tienen este mismo concepto EGOISTA de la oración. La oración no es solo para pedir cosas, es también para confesar, alabar, agradecer, adorar… e interceder por otros.

El propósito de la oración no es para que Dios nos libre de las pruebas,sino para que Él esté con nosotras, en medio de las pruebas. Cuando estamos sufriendo, ¡ese es el momento de orar! Y cuando la aflicción termina, ¡ese es el momento de alabar!

Mucha gente le echa la culpa a Dios por no contestar sus oraciones exactamente como ellos quieren. Una vez, Ted Turner, el famoso empresario y fundador de CNN, l a primera cadena de televisión en cubrir noticias las 24 horas del día, recibió el premio del “Humanista del Año.”

En su discurso de agradecimiento, Turner compartió una historia muy emotiva, donde contaba que él se había sido criado en un hogar cristiano. Un día, su hermanita se había enfermado de gravedad, y conforme pasaban los días, se ponía peor.

Ted le oraba a Dios desesperadamente para que la curara… para que le salvara la vida. Sin embargo, su hermanita se murió. Así que, Ted decidió nunca más creer en Dios. El no creería en un Dios de amor, que había permitido que su hermana sufriera y se muriera.

Desde ese momento, Turner optó por vivir su vida, a su manera, dependiendo solamente de sí mismo, Y NO DE UN SER FANTASMA QUE NO EXISTE. Y el público lo aplaudió apoteósicamente.

El simple hecho de que Dios no conteste nuestras oraciones de sanación física, no significa que debemos renunciar a nuestra fe. Pablo dice que la gracia de Dios es suficiente para toda situación.

14 ¿Hay entre ustedes algún enfermo? Que se llame a los ancianos de la iglesia, para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.

A través de la historia de la iglesia, ha habido una ley de interpretación bíblica que dice: Si fue enseñada por Jesús, practicada en el Libro de Hechos, y si hay una enseñanza sobre eso en las epístolas, entonces la aceptamos como una práctica general de la iglesia,

En los evangelios, vemos la sanación de enfermos en el ministerio de Jesús. Además, la oración por los enfermos fue practicada en la iglesia, por los apóstoles. Y, aquí, Santiago la enseña en su epístola. Sin embargo, hoy en día, gran parte de la iglesia no practica la oración por los enfermos.

Y muchas veces, aquellos que no la practican, dicen que esta costumbre terminó con los apóstoles. Sin embargo, Ireneo, uno de los padres de la iglesia primitiva, escribió a finales del siglo dos, con relación a los enfermos, que estos fueron curados por la imposición de manos.

Y Tertulio, escritor del tercer siglo, dice que el emperador Romano, Alejando Severo, fue sanado por la imposición de manos de un cristiano.

Hay mucho de la sanación, que nosotros, no entendemos. No entendemos por qué Dios no cura a todo el mundo. Pero eso es asunto de Dios. Lo que nosotros debemos de hacer es de orar por los enfermos, y ungirlos con aceite en el nombre del Señor.

15 La oración de fe sanará al enfermo, y el Señor lo levantará de su lecho. Si acaso ha pecado, sus pecados le serán perdonados. 16 Confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es muy poderosa y efectiva. 17 Elías era un hombre con limitaciones semejantes a las nuestras.

Pero él oró con fervor para que no lloviera, y durante tres años y seis meses no llovió sobre la tierra. 18 Después volvió a orar, y el cielo dejó caer su lluvia, y la tierra dio sus frutos.

Santiago sabía que la fe, que obtiene sanidad, no es el fruto de la naturaleza humana. Por lo tanto, él dice que la oración tiene que ser fervorosa. Y nos da el ejemplo de Elías, un hombre como nosotros. Y él llega a la conclusión, que nuestra oración debe de ser como la de Elías. Así que, ¿cómo oraba Elías?

Después de varios años de sequía, Elías recibe la promesa de Dios, de que lluvia caería sobre la tierra. Fortalecido por la promesa de su Dios, Elías sube al Monte Carmelo a orar. Fue Dios el que decidió que lloviera, pero la lluvia solo vendría, cuando Elías la pidiera con fe y perseverancia… hasta que la primera nube apareciera en el cielo.

Es así como debemos de orar por los enfermos. Y Jesús mismo nos enseña a que oremos con fe. Esa fe que espera que Dios conteste. Por eso nos dice en Marcos 11:24, “Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá.”

Después de la oración de fe, que recibe lo que Dios ha prometido antes de que se manifieste, viene la oración de perseverancia, la cual no pierde de vista lo que ha pedido, hasta que Dios cumpla Su promesa.

Cuando la curación se demora, recordemos que puede haber obstáculos, sobre los cuales, solo la oración perseverante, puede triunfar. La fe, que deja de orar, no puede apropiarse de lo que Dios ya ha dado.

PAUSA

No hay duda alguna, “de que orando,” es que se aprende a orar, y cuanto más oramos, mejores son nuestras oraciones. La gente que solo ora de vez en cuando – NO ES MUY PROBABLE -- que tenga la clase de oración, de la cual Santiago habla aquí, “la oración poderosa y efectiva.”

El gran poder de la oración está a nuestro alcance. Sin embargo, tenemos que trabajar duro para obtenerlo. Es imposible imaginarnos que Abrahán podría haber intercedido tan exitosamente por Sodoma, si no hubiera pasado muchos años en comunión con Dios.

También podemos ver, que la bella y maravillosa oración, que nuestro Señor Jesucristo dice en Juan 17, “antes de Su pasión y muerte,” es el fruto de Sus muchas noches de devoción, y Sus muchas levantadas, antes del amanecer, para orar.

Si una persona cree, que puede volverse poderosa en la oración, sin comprometerse realmente a orar, está viviendo una ilusión. La oración de Elías, que paró la lluvia del cielo, y luego, abrió las compuertas del cielo, es uno de los tantos ejemplos de sus poderosas súplicas a Dios.

AY, SI SOLO LAS CRISTIANAS RECORDÁRAMOS, que la perseverancia en la oración, es necesaria, para que ésta sea efectiva y victoriosa. Los grandes intercesores, que son pocas veces mencionados, junto con los héroes y mártires de la fe, fueron sin embargo, los grandes benefactores de la iglesia.

16 Confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados. La confesión es el medio, que Dios nos da, para que podamos superar los obstáculos, que se interponen entre nuestra relación con Dios, y con otros.

La confesión es un mandato, dado a todo cristiano. Santiago nos aconseja, que cuando pecamos, es importante confesárselo, no solo a Dios, sino también a la hermana o hermano que hemos ofendido.

Si la confesión NO VIENE DEL ARREPENTIMIENTO, es simplemente una admisión, Y NO UNA VERDADERA CONFESIÓN. Es importante confesar nuestros pecados específicamente, sin esconderlos detrás de generalidades. Una cosa es orar, “Señor, perdóname por mi pecado.” Y otra es, la de identificar al pecado por lo que es.

Cuan significativo es que Santiago relacionara “la confesión” con la oración. Si te aferras al pecado sin confesar, TUS ORACIONES NO SERÁN CONTESTADAS.

PAUSA

Y es a través de la oración, que descubrimos el plan de Dios para nuestra vida. Por eso Marcos 1:35 dice, “Muy de mañana, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó y se fue a un lugar apartado para orar.”

Los discípulos de Jesús sabían perfectamente que podían encontrar a Jesús orando por la mañana temprano. Cuando lo necesitaban, ellos sabían que podían ir al lugar de oración. Cuando Judas traicionó a Jesús, él llevó a sus secuaces al lugar de oración de Jesús.

Cada vez que Jesús tenía que tomar una decisión importante, El oraba. Cuando fue tentado a hacer cosas a la manera del mundo, y no a la manera del Padre, ¡EL ORÓ! Cuando llegó el momento de escoger a Sus discípulos, El oró toda la noche.

Si el Hijo de Dios necesitaba una noche entera de oración, para poder determinar la mente del Padre, ¿cuánto más necesitamos nosotras estar en oración para poder determinar claramente la voluntad del Padre?

Puesto que Jesús estaba, muchas veces, rodeado por multitudes, Él sabía que tenía que encontrar un lugar tranquilo para escuchar la voz de Su Padre. ¡Había mucha gente que trataba de influenciar la dirección de Su vida!

Sus discípulos querían que fuera a donde estaban las multitudes. Las multitudes querían coronarlo como Rey. Satanás lo tentó a que claudicara ante él… si es que quería atraer a seguidores. Jesús sabía que Su misión no era la de atraer a una multitud, sino la de permanecer obediente a Su Padre.

Era la oración la que establecía el programa del ministerio de Jesús. La oración precedía a los milagros. Era la oración la que le daba aliento en los momentos críticos. Fue la oración la le permitió ir a la cruz; y fue la oración, la que lo mantuvo en la cruz, ¡a pesar del dolor tan intenso!

¡Así que! ¡Sigue el ejemplo de tu Salvador! Deja que tu tiempo a solas con Dios, en oración, sea el que determine el programa de tu vida.

¡AHORA BIEN! YA VIMOS QUE HAY QUE TENER PACIENCIA… Y HAY QUE ORARLE A DIOS, AHORA VAYAMOS A NUESTRA TERCERA Y ULTIMA SECCIÓN…

III. Regresa al Buen Camino (Santiago 5:19-20)

19 Hermanos, si alguno de ustedes se ha apartado de la verdad, y otro lo hace volver a ella, 20 sepan que el que haga volver al pecador de su mal camino, lo salvará de la muerte y cubrirá una gran cantidad de pecados.

¡Tu vida puede hacer una gran diferencia en la vida de otros! Uno de los mayores frenos del pecado ES LA VIDA DE OTRO CRISTIANO. Algunas cristianas dicen, que si una hermana peca, ¡que no es asunto suyo!

El mundo las tiene convencidas de que no deben de meterse en lo que no les importa. Pero con esa mentalidad, nunca podrán convertirse en intercesoras efectivas.

Hace varios años, yo tenía una empleada muy eficiente, a la cual quería mucho. Como no le iba bien en su matrimonio, decidió divorciarse de su esposo. Lo que yo no sabía es que ella estaba teniendo relaciones con un antiguo novio, el cual, era casado. Estaba como enloquecida por este hombre!

A raíz de esto, ella cambió muchísimo. Ahora andaba enchufada a su celular todo el tiempo. Siempre conversando. Siempre apurada por terminar rápido, e irse. ¡Realmente me comenzó a caer bien pesada!

Después de varios meses de esta situación, en vez de confrontarla por su pecado, y motivarla a que regresara al Señor, decidí hacer lo que fue más fácil para mí. ¡LA DESPEDÍ! Pensé, “¡Para que meterme en líos ajenos! ¡Seguro que ni me hará caso!”

PAUSA

Ya han pasado varios años de este incidente, pero cada vez que pienso en ella, me viene cargo de conciencia, porque no honré a Dios, al no confrontarla por su pecado.

Como cristianas, sabemos muy bien que el pecado trae muerte. El pecado mata relaciones, arruina matrimonios, ahoga la alegría, y destruye la paz. Así que cuando vemos que alguien deja la verdad, YA SEA POR EL ERROR O EL PECADO, ¿Qué debemos de hacer?

Cuando Jesús vio el pecado, le rompió el corazón. El lloró… sobre ciudades enteras porque los vio rechazando la verdad. ¿Por qué no lloré yo así, por mi empleada?

Es aquí, en Mateo 23:37, que Jesús lamentó… “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como junta la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! “

Jesús oró fervientemente por Sus discípulos, para que se mantuvieran firmes, cuando fueran tentados. Les advirtió en Mateo 26:20-25, “acerca del camino al fracaso espiritual.

20 Cuando llegó la noche, Jesús se sentó a la mesa con los doce, 21 y mientras comían dijo: De cierto les digo, que uno de ustedes me va a traicionar.”22 Ellos se pusieron muy tristes, y cada uno comenzó a preguntarle: ¿Soy yo, Señor? 23 Él les respondió: El que mete la mano conmigo en el plato, es él que me va a entregar.

24 A decir verdad, el Hijo del Hombre sigue su camino, como está escrito acerca de Él, ¡pero ay de aquel que lo traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido! 25 Entonces Judas, el que lo iba a traicionar, le preguntó: ¿Soy yo, Maestro? Y Jesús le respondió: “Tú lo has dicho.”

Y luego en Mateo 26:34, Jesús le advierte a Pedro: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.” Jesús estaba dispuesto a morir para salvar a la gente de sus pecados, porque Él sabía la devastación, que el pecado causa.

Jesús nunca se quedó de manos cruzadas, cuando alguien alrededor suyo, se iba por el mal camino. Siempre tomó un rol activo para hacerlos regresar a Dios.

¡Como quisiera haber hecho lo mismo! ¡Haber seguido el ejemplo de Jesús! Ahora mi antigua empleada ¡ya ni siquiera vive en Albuquerque! Perdí la oportunidad de llevarla por el buen camino.

El pensar…“¡Ay! No te metas en líos ajenos” te puede salvar de cierta incomodidad, como lo hizo conmigo, pero NO AYUDARÁ al hermano o a la hermana que necesita regresar al Señor. Si tú realmente comprendes la gravedad de las consecuencias para aquellos que continúan en pecado, te conmoverás, y llorarás como Jesús lloró. Y los llevarás por el buen camino.

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, gracias que nos enseñas a tener paciencia. Nos enseñas a no desquitarnos ni a vengarnos de otros, sino más bien, a perseverar, aun en medio del sufrimiento. Gracias que Tú te deleitas cuando te buscamos en oración. Ayúdanos a ser mujeres de oración. Intercesoras para Tu Reino.

Padre, cuando vemos a una hermana o hermano, que se ha alejado de Ti, ya sea por algún error o pecado, que nos duela el corazón, que nos conmueva, como conmovió a Jesús. Que no nos quedemos cruzadas de brazos, sino que la guiemos por el buen camino. En el nombre de Jesús, Amén.


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