EL REGRESO DE CRISTO – Tesalonicenses 4:13-18

Un papá llevó a su hijo a un gran museo de la cuidad, pensando que la visita podría entretener al muchacho. Pero por dos horas el chico no hizo otra cosa que suspirar y quejarse. Finalmente, en su desesperación, le dijo a su papá, “Papi, vamos a otra parte donde las cosas sean reales”.

Algunas personas sienten lo mismo cuando leen la Biblia. Piensan que están en un museo religioso, viendo artefactos antiguos que no tienen ningún significado para la vida en nuestro mundo científico. ¡Pero están muy equivocados!

Ningún libro publicado tiene mayor significado para nuestras vidas, y mayor relevancia para nuestros problemas… ¡QUE LA BIBLIA! Por años, William Phelps, conocido como el profesor más inspirador de la Universidad de Yale, dijo, “Yo creo, que el conocimiento de la Biblia, sin un curso universitario, es más valioso, que un curso universitario sin la Biblia.

1 de Tesalonicenses 4:13-18, nos dice, Hermanos, no queremos que ustedes se queden sin saber lo que pasará con los que ya han muerto, ni que se pongan tristes, como los que no tienen esperanza. 14 Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios levantará con Jesús a los que murieron en él.

Los tesalonicenses se preguntaban por qué habían muerto muchos de sus hermanos creyentes, ¿y qué pasaría con ellos cuando Cristo regresara? Pablo quería que los tesalonicenses comprendieran que la muerte no es el final de la historia. La resurrección es la gran esperanza de todo creyente.

Como Jesucristo volvió a la vida, todos los creyentes también volverán a la vida, aun los que ya han muerto. Por lo tanto, no nos tenemos que desesperar, cuando un ser querido muere, o cuando suceden acontecimientos trágicos en el mundo. Dios convertirá las tragedias en triunfos, la pobreza en riqueza, el dolor en gloria, y la derrota en victoria.

Todos los creyentes de toda la historia humana, se reunirán en la presencia de Dios, sanos y salvos. Así como Pablo consoló a los tesalonicenses con la promesa de la resurrección, nosotros también podemos consolarnos y tranquilizarnos, unos a otros, con gran esperanza.

15 Les decimos esto como una enseñanza del Señor: Nosotros, los que vivimos, los que habremos quedado hasta que el Señor venga, no nos adelantaremos a los que murieron. 16 Sino que el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero.

17 Luego nosotros, los que aún vivamos y hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir en el aire al Señor, y así estaremos con el Señor siempre.

Martín Lutero dijo, “Nuestro Señor ha escrito la promesa de la resurrección, no solo en los libros, sino en cada hoja que florece en la primavera”.

No es tan importante saber “exactamente” cuándo resucitarán los muertos, en relación con los otros eventos de la segunda venida de Cristo, comparado con la importancia de saber por qué escribió Pablo estas palabras: “para retar a los creyentes a consolarse y animarse mutuamente, cuando fallece un ser querido.

Este pasaje puede ser “de gran consuelo” cuando muere un creyente. El mismo amor que debería unir a los creyentes en esta vida, unirá a los creyentes, cuando Cristo regrese y reine por toda la eternidad.

Dios no tiene ninguna duda acerca del regreso de Jesús. Él ve nuestras especulaciones, nuestras ansiedades y miedos, nuestras esperanzas y deseos, y nuestra ignorancia, y Él se sonríe. Él sabe “que de solo pensar en el fin de la historia” es alarmante. El hasta sabe cuan traumatizadas estaremos en aquel día, a pesar que sabemos que todo terminará bien.

El Salmo 103:13-14 nos dice, El Señor se compadece de los que le honran con la misma compasión del padre por sus hijos, 14 pues él sabe de lo qué estamos hechos; ¡él bien sabe que estamos hechos de polvo!

Nosotras sabemos eso. Y así y todo, nos hacemos un manojo de nervios. No nos podemos imaginar a la gente levantándose de sus tumbas, con cuerpos nuevos y eternos. No sabemos cómo será encontrarnos con el Señor en el aire, como seremos transformadas, y si estaremos listas. ¡No sabemos cómo saldrá todo! ¡PERO DIOS SI LO SABE!

La buena noticia es que nosotras no tenemos que saberlo todo. ¡Es suficiente que Dios lo sepa! ¡Nosotras podemos confiar en Él! Y si nosotras nos damos cuenta que podemos confiar en Dios para llevar a cabo el gran evento del final del tiempo, con mayor razón, “nos debería entrar en la cabeza” que podemos confiar en Él con todos los detalles “de nuestro día también”.

A veces somos contradictorias, “confiando en Dios por nuestra salvación y resurrección”, pero orando “sin convicción” por un problema en particular, en un día en particular. Pero si Dios tiene nuestra eternidad en Sus manos, Él también tiene nuestros tiempos en Sus manos.

Su preocupación por nosotras no comienza al final del tiempo. ¡Comenzó antes de la fundación del mundo! Dios tiene cada momento de cada día en Sus manos -- hasta el día en que Él nos resucite.

18 Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras. Nosotros vivimos en un mundo de dolor. Aun en estos momentos, mucha gente está siendo herida profundamente. Otros se están preguntando si sus heridas desaparecerán algún día.

La vida es dura, especialmente para aquellos que no conocen su Fuente, y para aquellos que no saben cómo terminará todo. En cualquier parte que camines en público, es muy probable que pases a gente que está deprimida, amargada, desesperada, furiosa, confundida, y hasta teniendo tendencias suicidas.

Es muy probable que pases a alguien que ha sido abusada, a alguien que ha sido traicionada, o a alguien que ha sido olvidada. En este mundo, siempre caminarás entre personas que han sido heridas. Sin embargo, ¿te das cuenta que tú tienes el antídoto a la desesperación humana?

Es más efectivo que la terapia, más efectivo que las medicinas, y más efectivo que las técnicas de autoayuda. Es reconocer que el fin de la caída vendrá, y que la belleza y la paz comenzarán. Cuando te enfrentas a las angustias de este mundo, tú puedes ofrecer un propósito. Así que, ¡OFRÉCELO!

Cuando te enfrentas a la enfermedad, tú puedes ofrecer sanidad. Cuando te enfrentas a la muerte, tú puedes ofrecer vida. La siquiatría no puede ofrecer eso. La religión no puede hacer esto, las amistades tampoco pueden hacer eso. Solo el conocimiento del final puede hacer eso. ¡Y NOSOTRAS LO TENEMOS!

Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras. Hay más propósito en este versículo “que en el buen humor” o en la actitud de “no te preocupes, sé feliz”. La Palabra nos dice que nos animemos unos a otros – creyentes y no creyentes por igual –con la promesa de Su venida.

En un mundo que está desesperado por tener esperanza, nosotras tenemos la única promesa verdadera que existe. Aun cuando la muerte pretenda gobernar, ¡ESTAS PALABRAS NOS PUEDEN DAR VIDA!

Sé una persona que da vida. Jesús nos dio vida, y luego les dijo a Sus discípulos, en Mateo 10:8, Sanen enfermos, limpien leprosos, resuciten muertos y expulsen demonios. Den gratuitamente lo que gratuitamente recibieron.

Así que “den” a manos llenas lo que han recibido. Si se sienten consoladas por el hecho que Jesús vendrá de nuevo; si están emocionadas, que todas las cosas serán hechas nuevas; y si están anhelando vivir con Jesús para siempre; entonces aliéntense unos a otros con estas palabras.

No importa cuán ocupadas podamos estar, cuanto nos puedan presionar nuestros problemas, y hasta cuan abrumadoras puedan ser nuestras circunstancias, el día llegará cuando Cristo regrese. ¡Este futuro “tan cierto” nos da valentía y fuerzas para el día! Por eso… ¡Sigamos adelante! ¡JESÚS ESTÁ POR VENIR! ¿ESTÁS LISTA?


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© Fotografía por Nancy Galligan

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