¡JESUS NO TE OLVIDA! – Gálatas 6:2

Gálatas 6:2 dice, Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo. ¿Cuál es la ley de Cristo? “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Las palabras “unos a otros” es una de las frases claves del vocabulario cristiano. “Ámense los unos a los otros” se encuentra, por lo menos, “doce veces” en el Nuevo Testamento, junto con “oren unos por otros”, “edifíquense unos a otros”, “mostremos deferencia a los demás”, bríndense mutuo hospedaje”, y otras exhortaciones parecidas.

Cuidar de otros no nos viene fácil. Al contrario. Todas hemos nacido con una naturaleza caída, que es egoísta, y estamos absortas en nuestras propias necesidades y deseos. ¿No me crees?

Simplemente ofrécete como voluntaria en la clase de los “niños pequeños” de la iglesia, donde la palabra “MIO” es todo lo que oyes. Y hasta nunca falta un chiquito tratándole de arranchar el juguete a otro niño.

Este egoísmo natural es la razón que Pablo exhorta a los creyentes de Galacia, a que siguieran intencionalmente “A SU NUEVA NATURALEZA”, que es motivada por el amor de Cristo. En realidad, los escritos de Pablo, muchas veces, enfatizan el ministerio de servirse unos a otros con amor.

Sobrellevar las cargas de otros “es la expresión desinteresada de una vida redimida”, y de nuestra nueva naturaleza. Jesús asumió todas nuestras cargas. Y más que nada, Él cargó el gran peso de nuestros pecados.

Cuando seguimos los pasos de Jesús, nos volvemos más como El, escogiendo sobrellevar las cargas de otros. Cuando nosotras, gustosamente asumimos las necesidades y cargas de otros, exhibimos la calidad y belleza del carácter de Jesús a un mundo adolorido.

Ken Tada practica esto día tras día, 365 días al año, porque su bella esposa, Joni Eareckson Tada, es cuadripléjica, y hasta ha sobrevivido el cáncer de mama. Aunque no es siempre fácil, Ken dice que ser “el compañero de por vida de Joni”, ha sido la mayor bendición de su vida.

Ken dice que el secreto “de una persona que cuida a otra” es de comprender cuan desesperadamente necesitamos a Jesucristo, poniendo toda nuestra confianza en El”. “Cuando estoy cuidando a Joni”, dice Ken, “estoy sirviendo a Cristo”.

Cuando me enfoco en Jesús, cuidar a Joni o a algún familiar, puede ser pesado, pero no tiene que ser pesado. Yo podré cansarme, pero la vida no tiene que ser monótona. ¡Todo lo que hacemos es para Él… ¡PARA JESUS!... y para Su gloria!”.

Cuidar a otros puede incluir ayudar con las comidas, con el transporte, o la higiene personal. Puede significar darle aliento a la persona que está sufriendo, ayudarla a resistir la tentación de darse por vencida. O puede significar “acompañar a alguien” que ha sufrido la pérdida de un ser querido.

El ministerio de la persona que cuida a otra, no es solo una obligación, sino es también un privilegio… con promesa de bendición. Gálatas 6:7-10 dice, Todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará. 8 El que siembra para sí mismo, de sí mismo cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.

9 No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no nos desanimamos. 10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Cuando Dios pone a alguien en tu vida, que tiene alguna necesidad, Él está al tanto de lo que les hace falta, y sabe que Él te ha dado los recursos para satisfacer esas necesidades. Dios no hace nada por accidente. Cuando una necesidad aparece alrededor tuyo, inmediatamente anda donde el Padre y dile, “Tú me pusiste aquí por una razón.

Tu sabías que esto iba a pasar. ¿Qué es lo que planeas hacer “a través mío” para ayudar a esta persona a acercarse más a ti”? Reconocer la necesidad en la vida de alguien puede ser una de las más grandes invitaciones que recibirás de Dios.

Es muy fácil sentirte frustrada por los problemas de otros. Estos pueden abrumarte a lo que ves venir una necesidad tras otra. En vez de mirar cada nuevo problema, como una pérdida de tu tiempo, energía o finanzas, pregúntale a Dios por qué te ha puesto en esta situación.

Deja que Dios te ayude a anticipar las necesidades obvias de otros… a las cosas que Él quiere que hagas en sus vidas. No te pierdas la actividad de Dios por no querer sobrellevar las cargas de otros. ¿Te está bendiciendo Dios materialmente?

Puede que sea que Él esté desarrollando un “almacén de suministros en tu vida” por medio del cual, Él pueda proveer por otros. ¿Te ha dado Dios una vida familiar fuerte y saludable? Puede que Él requiera un hogar como el tuyo, para ministrarle a familias lastimadas alrededor tuyo.

¿Te ha consolado Jesús en momentos de gran dolor? Puede que El haya estado edificando cosas en tu vida para que ahora seas la clase de persona que sobrelleve las cargas de otros. Jesús dijo en Mateo 25:40: Todo lo que hicieron “por uno de mis hermanos más pequeños”, por mí lo hicieron.”

Mi amiga Cristina estaba caminando tristemente hacia el super mercado, aunque no estaba muy interesada en comprar comida. La pobre no tenía hambre. El dolor de haber perdido a su esposo de 37 años, estaba demasiado fresco en su corazón. Y este super mercado le traía recuerdos y nostalgia de su vida juntos.

Su esposo, Carlos, había ido con ella, muchas veces, al supermercado, y “como quien no quiere la cosa”, se iba a la sección de flores para sorprender a Cristina. Carlos siempre regresaba con una sonrisa pícara, y tres rosas amarillas en sus manos. Él sabía que a Cristina le encantaban las rosas amarillas.

Con el corazón triste, Cristina solo quería comprar lo esencial, e irse a casa. Hasta hacer el mandado -- era ahora diferente -- desde que Carlos había fallecido. Comprar la comida para una sola persona, requería más planeamiento que comprar la comida para dos.

Finalmente, Cristina llegó a la sección de carne. Buscar un pequeño bistec para ella, le hizo recordar cuánto le gustaba a Carlos un buen bistec. De repente, una mujer se detuvo al lado suyo. Era rubia, delgada, y tenía puesto un lindo saco verde. Cristina vio como ella cogía un paquete grande de lomo, y lo ponía en su carreta.

Luego la vio titubear, y poner el paquete de carne de regreso a su lugar. La mujer volteó para irse, y nuevamente, quiso coger el paquete de carne. La mujer vio que Cristina la estaba observando, le sonrió, y dijo. “A mi esposo le encanta el lomo, pero honestamente, a estos precios, no sé.”

Conteniendo su emoción, Cristina le dijo, “Mi esposo murió hace diez días”. Mirando el paquete de carne, le dijo,” Cómprale los bistecs a tu esposo ¡Y valoren el tiempo que tengan juntos”! Emocionada, la mujer agarró el paquete, lo puso en su carreta, y se despidió.

Mientras Cristina se dirigía a la caja para pagar, ella notó que la rubia del saco verde venía hacia ella. En sus brazos llevaba algo. ¡Ella tenía la más bella sonrisa en los labios! Mientras se acercaba, Cristina notó “lo que la mujer traía”. Sus ojos se le llenaron de lágrimas.

“Estas son para ti”, le dijo, “poniendo tres bellísimas rosas amarillas en sus brazos”.

La mujer se inclinó, y la besó en la mejilla. Cristina quería decirle “lo que esas rosas amarillas significaban para ella”, pero no podía hablar de la emoción. Así que, ella vio a la mujer alejarse.

Cristina miró las bellísimas rosas amarillas, y se preguntó ¿Cómo supo ella? De repente la respuesta le vino a la mente. Ella no estaba sola. Dios estaba con ella. “Señor Jesús, tú nunca me olvidas, “susurró ella en medio de sus lágrimas”. Tú nunca me vas a dejar. Tú estarás siempre conmigo. ¡GRACIAS POR MIS ROSAS”!

JESUS NUNCA TE DEJARÁ A TI TAMPOCO. ¡SIGUE ADELANTE! SOBRELLEVA LAS CARGAS DE OTROS… ¡Y SERÁS BENDECIDA!


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© Fotografía por Nancy Galligan

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