¡MARAVILLOSO CREADOR! – Salmo 104:24-25

El Salmo 104:24-25 dice, Tus obras, ¡Señor, son innumerables! ¡Todas las hiciste con gran sabiduría! ¡La tierra está llena de tus criaturas! 25 ¡Vean el vasto mar! ¡Contemplen su grandeza! En él “SE MUEVEN” incontables seres vivos, lo mismo grandes que pequeños.

Aunque no soy la mejor fotógrafa del mundo, me encanta captar el esplendor de la obra de Dios – de Su creación -- con mi cámara de fotos. Puedo ver Su mano en el pétalo delicado de una flor, en cada bello amanecer, en cada atardecer impresionante, en la hermosura de Sus nubes, y en el cielo salpicado de estrellas.

Obviamente, no soy la primera hija de Dios, que lo alaba mientras admira Sus creaciones tan únicas y exquisitas. El salmista del Salmo 104 “canta” acerca de las muchas obras de arte en la naturaleza.

El universo demuestra la majestad, el esplendor, y el señorío de Dios. La impresionante diversidad de la creación revela la creatividad, la bondad y la sabiduría de nuestro gran Dios.

El Salmo 104 es uno de los más bellos salmos de adoración y alabanza en todo el libro de Salmos. ¿Por qué debemos adorar a Dios? Porque la gloria más grande del hombre o la mujer es de adorar a Dios. ¡Fuimos creadas para tener una relación con El!

En Juan 4:23-24 Jesús le dice a la mujer samaritana, Pero viene la hora, y ya llegó, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca que lo adoren tales adoradores. 24 Dios es Espíritu; y es necesario que los que lo adoran, lo adoren en espíritu y en verdad.»

Nosotras hemos sido diseñadas para adorar a Dios en espíritu y en verdad. Jesús buscó a esta mujer personalmente para ofrecerle salvación y vida abundante. De la misma forma, el Padre busca tener un encuentro con cada una de nosotras. Un encuentro verdadero y personal. La samaritana solo había escuchado acerca de Dios.

Jesús dijo que la verdadera adoración tiene que ser “cara a cara” con Dios. La adoración no es una religión o ritual. La adoración es un encuentro íntimo e indispensable con la Persona de Jesucristo. La verdadera adoración reconoce cuan grande es Dios. Él es Creador, Soberano, Santo, Todopoderoso, Amoroso, Misericordioso.

Cuando reconocemos quien es Dios, esto nos hace ver nuestro propio pecado. ¡La verdadera adoración cambia vidas! Crea en el corazón de la adoradora un odio hacia el pecado. La verdadera adoración resulta en arrepentimiento, en sumisión, en obediencia, y en un deseo de ser santas.

La verdadera adoración nos hace mostrarles misericordia a otros, y ofrecerles perdón. Esta incluye una aceptación de todo lo que Dios ha provisto por Su gracia. La persona QUE ADORA “siente una paz, y confianza” por lo que Dios está por hacer.

La verdadera adoración produce una vida transformada, la cual refleja al Dios que hemos adorado. Y yo me pregunto, ¿Por qué le gusta a Dios que lo adoren? No es porque Él sea un ególatra, sino porque “es” la percepción correcta de quien es Él. ¡Es una celebración de la relación que tenemos con El!

¡Es el retrato más claro del cielo, que podemos reflejar en la tierra! Piensa en esto. ¿Cuándo alguien te alienta con sus palabras, ¿no te suenan bien? ¿Te gusta que te halaguen cuando haces un buen trabajo? Tú, que fuiste hecha a la imagen de Dios, ¿te gusta cuando otros te aprecian?

Por eso tiene sentido que el Dios, que nos ha creado como Él, sienta la misma emoción de gozo, ¡CUANDO ES APRECIADO!

25 ¡Vean el vasto mar! ¡Contemplen su grandeza! En él “SE MUEVEN” incontables seres vivos, lo mismo grandes que pequeños.

PAUSA

¿Han escuchado de aquel hombre que cruzó el Atlántico en un velero de solo 2 ½ metros? En un momento dado, en la mitad de su viaje, una ballena “de 20 metros de largo” levantó la cabeza al lado del botecito.

El hombre contó asustado, “Uy, esa ballena me miró directamente a los ojos. Entonces la ballena se sumergió por debajo del bote y salió por el otro lado, y me miró de nuevo. Sé qué con un solo golpetazo de su cola, yo hubiera desaparecido del mapa”. ¡LA CREATIVIDAD DE NUESTRO DIOS ES GRANDIOSA!

¿Alguna vez te has sentido poca cosa, en comparación a la inmensidad del mar? Nunca en mi vida me he sentido más indefensa, como aquella vez en que me enfrenté a olas de quince metros de altura en un mar sumamente agitado y revuelto.

Hace años mi hermana, unas amigas, y yo decidimos hacer un picnic en una de las playas a las afueras de Lima. Después del almuerzo, nos fuimos a bañar al mar. Lo que no sabíamos, es que esta playa tenía una resaca tremenda. ¡Ay! El mar se veía tan mansito.

No bien nos metimos al agua, la resaca nos arrastró mar adentro, casi instantáneamente, y sin darnos cuenta. Yo me encontré rodeada de olas gigantescas que reventaban sobre mí, una tras otra, viniendo en todas direcciones. ¡Eran tan altas… que parecían edificios!

Para remate, no tenía piso. Yo me zambullía para evitar que los “olones” me reventaran por encima. Pero cuando sacaba la cabeza, había más olas reventando sobre mí. No sé cuánto tiempo estuve en esta lucha, pero al final, ya no pude más.

Estaba tan agotada, que no pude seguir luchando contra las olas. Así que me dejé llevar por el mar que me seguía golpeando. ¡SABIA QUE ME IBA A AHOGAR! ¡PENSE QUE ME HABIA LLEGADO LA HORA! “ORÉ… ¡DIOS MIO, SÁLVAME”! ¡En eso toqué arena con mis dedos del pie! ¡UY! ¡Eso me reanimó! ¡Me hizo volver a la vida!

Tal parece, que cuando dejé de luchar con las olas, “y gracias a la misericordia de Dios”, el mar me botó fuera. Una por una fuimos saliendo. Estábamos agotadas y asustadas. Llorábamos, sabiendo que nos podíamos haber ahogado en aquel día.

Ahora le tengo mucho respeto al mar. Cuando éramos chicas nosotras nos bañábamos en playas mansas y en playas bravas. Las olas nos podían revolcar, o tirarnos de aquí para allá. Y nosotras, como si nada, nos reíamos, e íbamos por más.

En cambio, ahora cada vez que veo el mar me sobrecojo por su grandeza y poder. Por su majestuosidad y volumen. ¡VEO LA MANO DE DIOS EN TODA SU MARAVILLA!

¡DIOS HA CREADO TANTA GRANDEZA! Gracias al mar, los continentes del mundo se pueden conectar. Gracias al mar, la gente puede ganarse la vida trabajando en lo que el mar ofrece. Grandes barcos cargan petróleo, alimentos, o mercadería, haciendo largos viajes a través de esta superficie tan extensa de agua.

Los barcos pescadores trabajan cerca de la costa, o a cientos de kilómetros mar adentro, recogen sus ricas provisiones: langosta, cangrejo, atún, salmón y lenguado. Debajo de esta gran superficie movida de agua, hay una mina de riquezas de toda clase. Algunas de ellas, todavía no han sido descubiertas. ¡Todo esto viene de la mano misericordiosa de Dios!

PAUSA

Aquellas de ustedes que hayan viajado en un crucero tienen una buena idea de cuan grandes y suntuosos son esos barcos. Son enormes ciudades flotantes. Algunos tienen capacidad hasta para 10,000 pasajeros.

En estos barcos hay de todo: teatros, canchas de deportes, cines, piscinas, salas de fiestas, casinos, y toda clase de entretenimientos para niños y adultos. ¡Y se come de maravilla!

Hace años, mi esposo y yo viajamos en uno de esos cruceros. ¡Estábamos fascinados! Sin embargo, esa noche, cuando nos fuimos a dormir, me di cuenta que ese barco, tan enorme y tan lujoso era solamente un “pequeño corcho” flotando en la inmensidad del océano. ¡Nos sentimos tan poca cosa… en medio de la imponencia del mar!

Cuando contemplamos la increíble belleza de la creación de Dios, y la inmensidad de sus mares nos quedamos boquiabiertas del poder de nuestro Dios. No nos queda de otra que postrarnos a Sus pies, ¡Y ALABARLO POR SU GRANDEZA Y PODER!


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© Fotografía por Nancy Galligan

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