LA MUJER EN EL MATRIMONIO – Efesios 5-21-24

La mayoría de los matrimonios comienzan íntimos y amorosos, pero por lo general, con el tiempo, se vuelven un poco fríos y desabridos. Miremos a las siete etapas del resfrío matrimonial:

El primer año de matrimonio: El esposo dice: “Mi tesoro, estoy preocupado por ti Tienes un fuerte resfrío. Te voy a llevar al hospital para que te hagan un chequeo completo.

Yo sé que la comida de hospital no es muy buena, pero ya he hecho arreglos con algunos restaurantes muy buenos, para que te lleven la comida. No te preocupes, mi amor, ya está todo arreglado.

El 2nd año: “Mira, cariñito, no me gusta la tos que tienes. He llamado al Dr. García, y me ha dicho que vendrá lo antes posible. Así que métete a la cama, como niña buena. Por favor... hazlo por mí.

El 3er año: “Mi amor, anda y recuéstate. No hay nada mejor que el descanso cuando no te sientes bien. Te traeré algo de comer. ¿Supongo que habrás hecho algo de comida, no? El 4to año: Querida, sé sensible. Después de darle de comer a los chicos y de lavar los platos, será mejor que te metas a la cama.

El 5to año: ¡Caramba! ¿Por qué no te tomas un par de aspirinas? El 6to año: ¿Por qué no haces gárgaras o algo, en vez de estar sentada ladrando como un perro? El 7to año: Por favor, ya deja de estornudar. ¿Qué quieres... darme una pulmonía?

Efesios 5:21-24 dice, Cultiven entre ustedes la mutua sumisión, en el temor de Dios. 22 Ustedes, las casadas, honren a sus propios esposos, como honran al Señor;

23 porque el esposo es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así como la iglesia honra a Cristo, así también las casadas deben honrar a sus esposos en todo.

La palabra casada aplica a toda esposa cristiana, sin importar cuál sea su condición social… su educación… su inteligencia… su madurez espiritual… sus dones… su edad… su experiencia… o cualquier otra cosa.

Tampoco está limitada a la inteligencia del esposo… ni a su carácter… ni a su actitud… ni a su condición espiritual… ni a cualquier otra cosa. Pablo le dice categóricamente a todas las esposas creyentes: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos.” ¡Punto!

Una de las peores tragedias de nuestra sociedad es la muerte progresiva de la familia, como tradicionalmente se le conoce. La infidelidad conyugal; la exaltación del pecado sexual; el aborto, la liberación femenina, la delincuencia, el divorcio, y la revolución sexual en general, está contribuyendo al fallecimiento de la familia.

Si hoy en día, el matrimonio no puede ser recto en la Iglesia, no podemos esperar que sea recto en el mundo. Eso también se veía en la época del apóstol Pablo. Y por eso le escribe esta carta a los Efesios. 23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, y El es Su Salvador.

24 Así que, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. ¿Era Pablo machista? Hay mucha gente que lee lo que Pablo dice acerca del papel que la esposa debe de desempeñar, y llega a la conclusión que Pablo, o era machista… o tenía una mentalidad totalmente patriarcal. ¡Pero eso no es verdad!

Primero que nada, la Biblia, que es la Palabra inspirada de Dios, no dice eso. La Biblia es el método que Dios usa para comunicarse con Su creación. En realidad, el Nuevo Testamento fue la Declaración de Independencia de las mujeres.

El matrimonio cristiano debía ser totalmente diferente a los matrimonios del mundo alrededor de ellos. Tenemos que tener mucho cuidado de que no ignoremos las partes de la Biblia que no nos gustan... o que nos confrontan, o que nos hacen sentirnos incómodas... tratando de justificar nuestras acciones.

Si decidimos que ésta es la única parte de las Escrituras que NO es verdad y que no es inspirada por Dios, habremos circundado el mandato de Dios. Cuando elegimos lo que queremos creer en la Biblia, “Esto me gusta... y esto No... Ay, yo no creo eso...” estaremos pavimentando el camino al desastre.

Confía, qué si Dios ha incluido esta información en la Biblia, es para que puedas tener paz y satisfacción en tu vida. Todo cristiano, que es obediente y lleno del Espíritu Santo, es un cristiano sumiso.

El esposo que demanda sumisión de su esposa, pero no reconoce su propia obligación de someterse a ella, está distorsionando los principios de Dios para el matrimonio, y no puede funcionar COMO EL BUEN ESPOSO… que Dios quiere que sea.

Aunque Dios ordena que los hombres sean cabeza sobre sus esposas, y los padres, cabeza sobre sus hijos, El también ordena SUMISION MUTUA y responsabilidad entre los miembros de la familia.

Cuando Dios le dice a la mujer que se someta a la autoridad de su esposo, no quiere decir que la mujer es menos que el hombre, porque no lo es. Ante Dios, no hay diferencia entre hombres y mujeres. Si tú todavía tienes un problema con este concepto, capaz lo que dice Pablo en 1 de Corintios 11:3, te pueda ayudar.

Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo.”

Si te estás preguntando: “¿Y esto qué es? Que la cabeza de la mujer es el hombre; pero también, ¿Qué la cabeza de Cristo es Dios?

“¿Qué significa que la cabeza de Cristo es Dios? La Biblia nos dice que hay una Santísima Trinidad compuesta del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. No tres dioses, sino un solo Dios, en tres Personas distintas… que son iguales. El Hijo es Dios, al igual que el Padre es Dios. Y el Espíritu Santo también es Dios, al igual que el Padre y el Hijo.

¡SON LA TRINIDAD! Al mismo tiempo que son iguales y eternos, la Biblia nos enseña que el Padre es la cabeza del Hijo. No en esencia ni en naturaleza, sino en función. Cuando Cristo estuvo en la tierra -- durante Su ministerio -- vimos que El estaba subordinado al Padre. El miraba al Padre; se sometía a los deseos del Padre.

Y a pesar de que era igual al Padre, El mismo toma el lugar de sumisión. Y a pesar de que el esposo y la esposa son iguales ante de Dios, para que la familia funcione en armonía, la mujer, sin perder su dignidad, debe de tomar el lugar de sumisión. Ser cabeza del hogar no significa que el esposo deba convertirse en un dictador.

Desgraciadamente, hay algunos esposos... sargentos frustrados, diría yo, corriendo por ahí con sus cachiporras bíblicas gritando. “¡Yo soy la cabeza de la casa!”

Esta clase de actitud hace que la esposa reaccione diciendo: “Tú podrás ser la cabeza de la casa, pero yo soy el cuello, y puedo hacerte voltear la cabeza cuando yo quiera.”

La rivalidad, la competencia, y una relación manipuladora será el resultado... cuando ambos…el esposo y la esposa… quieren ejercer su autoridad a la fuerza.

El versículo 22 nos dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.” ¡Ese es el motivo! ¡Cómo si nos estuviéramos sometiendo al Señor!

Así que el motivo de someternos, es porque lo estamos haciendo como si fuera al Señor. Señoras, sométanse a sus esposos como un acto de sumisión a Cristo.

Si no te estás sometiendo a tu esposo… no te estás sometiendo a Cristo. A Cristo no le puedes decir, “No, Señor, si dices que es tu Señor”. Todos tenemos que someternos a las autoridades, a nuestros jefes, a nuestros pastores... a los curas.

Hasta el presidente de una empresa se tiene que someter a la junta directiva, o el presidente de una nación se tiene que someter al congreso, y así sucesivamente. Así es como la vida funciona. ¡ES LA LEY DE DIOS! Los matrimonios se habrán hecho en el cielo…, pero hay que trabajarlos en la tierra.

Cuando Winston Churchill fue ministro de Gran Bretaña, su matrimonio era considerado uno de los mejores ejemplos en Inglaterra de verdadera lealtad y amor. Muchas veces, cuando Churchill tenía que dar un discurso en la Cámara de los Comunes, él no comenzaba hasta no recibir una seña de su esposa.

Más tarde en su vida, alguien entrevistó a Churchill, y le preguntó, “Si usted viviera de nuevo, ¿qué es lo que usted quisiera ser? Con un guiño, Churchill respondió, “Quisiera ser el próximo esposo de la Señora Churchill. ¡Qué bendición de matrimonio! ¡Qué gran elogio para una esposa!


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© Fotografía por Nancy Galligan

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