UN TIEMPO PARA LLORAR – PARTE I – Salmo 116:15

Nunca me voy a olvidar de aquel fatídico día – 1ro de Octubre de 1956. Mis hermanas, Chari, Tota, y yo estábamos preparándonos para ir al colegio. Mi papá estaba en el hospital, y mi mamá estaba con él… noche y día. En eso se abrió la puerta de nuestro cuarto… ¡ERA MI MAMA!

 

A pesar de que yo solo tenía once años, supe que algo muy serio había pasado. Sin embargo, como una autómata dije, “Mami, que bueno que ya están de vuelta, y que mi papi está bien”. ¿Está bien, no es cierto? En el fondo, yo sabía que esto no era verdad. ¡Pero quería creer que era verdad!

 

Entonces mi mamá nos sentó a las tres en una de las camas, y dijo, “No, papi está ahora en el cielo. Dios se lo ha llevado. Pero algún día estaremos con él en el cielo para siempre. Mi mamá dijo muchas cosas para consolarnos, pero ahora no me acuerdo de ninguna.

 

La casa se llenó de gente. En ese entonces los velorios se realizaban en la casa. Mi mamá nos llevó a la sala a ver a mi papi en el ataúd. Mi papá yacía allí muerto… más guapo que nunca... lucía tan joven. Solo tenía 42 años.  A pesar de que mucha gente nos abrazó y besó, no me acuerdo ni quienes eran.

 

Fuera de la impresión tan fuerte de ver a mi papá muerto en un ataúd, otras dos cosas me impresionaron muchísimo. El jardín estaba lleno de coronas y cruces de flores. Las conté. Eran más de 125, y seguían llegando. El jardín estaba repleto de flores blancas.

 

El aroma de las flores se hizo tan asfixiante y agobiante, que hasta el día de hoy, cuando huelo una fuerte fragancia hecha de flores, hasta nauseas me da.

Me trae vívidos recuerdos de aquel triste día en que mi papá murió.  Y la otra cosa que recuerdo tan intensamente como si fuera hoy… es que cada vez que el dolor se hacía intolerable en mi, me iba al baño y lloraba desconsoladamente.

 

Aunque conversaba con Dios y le contaba lo triste que estaba, nunca se me ocurrió echarle la culpa a Dios, ni amargarme con El por haberse llevado a mi papi. Y eso que mi papa y yo habíamos sido siempre tan unidos… éramos uña y carne. Yo era la niña de sus ojos. ¡El era mi héroe!

 

Me dolía el corazón. La muerte es cruel. No es fácil perder a un papá o mamá. Perderlos es como SI DESAMARRARAN TU BARCO, y te encontraras navegando a la deriva “SOLA” en el mar. Una “ERA” de tu vida se ha cerrado, y nunca más se abrirá de nuevo.

 

El Salmo 116:15 dice, A los ojos del Señor es muy valiosa la muerte de quienes lo aman. Los cristianos sabemos que la muerte, aunque es el episodio final en esta vida, es el comienzo de un nuevo capítulo en la vida por venir. Porque cuando uno confía en Cristo, la muerte es el comienzo de una vida perfecta -- SIN MAS DOLOR -- en la presencia del Señor.

 

Aunque sentimos una gran pena por la partida de nuestro papá o mamá, SABEMOS QUE EN ESTOS MOMENTOS, ellos están llenos de gozo y paz en el cielo.  Si tu fe en Cristo, como Salvador, es genuina, algún día tú también entrarás a esa vida feliz.

 

Esa es la gran esperanza que cada cristiano o cristiana tiene… una esperanza que está basada, fundamentalmente, en la revelación de Dios. Eclesiastés 1:2 dice que las cosas de este mundo no duran, ¡Vanidad de vanidades! … ¡Todo es vanidad! Salomón dice que todo lo que hacemos en esta vida es vanidad.

 

Pero… ¿Qué es lo que esto significa? Significa que todo es temporal. Que nada satisface completamente. Hoy en día trabajas para lograr algo… ¡Y MAÑANA SE HA IDO! Todo es pasajero. Nada en este mundo vale la pena porque no lo podremos gozar por mucho tiempo. ¡PERO HAY ALGO QUE “SI” PODEMOS HACER!

Jesús nos recuerda en Mateo 6:20,  Acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde los ladrones no minan ni hurtan.

 

Y Pedro lo pone de esta manera en 1 Pedro 1:3-5, Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia y mediante la resurrección de Jesucristo nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva,

 

para que recibamos una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera. Esta herencia les está reservada en los cielos a ustedes, que por medio de la fe son protegidos por el poder de Dios, para que alcancen la salvación, lista ya para manifestarse cuando llegue el momento final.

 

Nosotros tenemos una esperanza viva y una herencia divina que está en el cielo. Nada malo le puede pasar a esta herencia. Nada malo le puede pasar al heredero. Dios está guardando tu herencia por medio de Su poder… por medio de la fe que Dios nos da y la sostiene. ¡Nuestra herencia está segura! ¡ESTA EN BUENAS MANOS! ¡EN LAS MANOS DE DIOS!

 

Los cambios en la vida son inevitables. En algunas situaciones, la pérdida de un papá también puede significar una pérdida económica, y una pérdida de dirección y estabilidad. A pesar que mi papá nos dejó en una situación económica relativamente buena, aun así, mi mamá comenzó a trabajar por las mañanas para complementar sus ingresos.

 

Después de todo, criar a cinco hijos no es barato. Además de nosotras tres mujeres, teníamos dos hermanos hombres. También puede que nuevas responsabilidades hayan recaído sobre tus hombros. A lo mejor estás teniendo que crecer más rápidamente de lo que esperabas.

 

Yo, a los catorce años comencé a trabajar como tutora de un niño del vecindario. Lo hice por varios años hasta que me gradué del colegio. A lo mejor las circunstancias te han hecho dejar la universidad y buscar empleo. O tal vez, tu nueva situación te ha obligado a hacer otros cambios en tu vida.

Tal vez hayas tenido que asumir la responsabilidad de cuidar a tu mamá, o de cuidar a tus hermanos menores. Por supuesto, que tus circunstancias serán únicas. Tu edad, tu estatus, y asuntos similares determinarán los cambios a los que te enfrentarás.

 

A pesar de las diferentes situaciones, la muerte de un papá o mamá puede dar lugar a nuevas obligaciones y relaciones dentro de tu familia. Como cristiana, querrás comportarte de forma bíblica. Esto puede que no sea fácil, pero por medio de la oración y aplicando principios bíblicos, Dios te ayudará a hacerlo.

 

No necesitas irte a la deriva sin ninguna guía o compás. Habiendo perdido a tu padre o a tu madre, comienzas a navegar por las aguas tumultuosas de la vida. ESTO PUEDE SER ATERRADOR… ¡PERO NO TIENE QUE SERLO!

 

Tú tienes al Señor y Su Palabra para que te guíen SIN PELIGRO al puerto celestial. El quiere que lo reconozcas como tu Padre Celestial, el cual te dice en Hebreos 13:5, No te desampararé, ni te abandonaré. Por esta razón, debes de estudiar y depender de Su Palabra para que te ayude.

 

Cuando tengas que tomar decisiones… ¡TÓMATE TU TIEMPO! Grandes decisiones involucrarán varias opciones como resultado de haber perdido a tu papá o mamá. Busca a alguien “DE FUERA” que te pueda asesorar bíblicamente. Alguien que realmente se preocupa por ti.

 

ADEMAS, NO SERIA MUY SABIO REORIENTAR RADICALMENTE TU VIDA SIN RECIBIR CONSEJERIA CRISTIANA.

 

Y ya para terminar… Apocalipsis 21:4 nos da este consuelo,  Dios enjugará las lágrimas de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor; porque las primeras cosas habrán dejado de existir.

 

A pesar de los obstáculos a los que los cristianos nos enfrentamos en esta vida, AQUELLOS QUE TIENEN A JESUS, “COMO SU SEÑOR Y SALVADOR”, PASARÁN LA ETERNIDAD EN COMUNIÓN CON DIOS. Finalmente, el pecado será destruido. La muerte morirá. Las lágrimas, la ira y las frustraciones se irán.

 

A pesar que hoy día estamos experimentando épocas de “LARGAS DESPEDIDAS”, nuestra confianza en la muerte y resurrección de Cristo nos promete “UNA ETERNIDAD DE BIENVENIDAS”. ¿Cómo afrontas tú el dolor y la pérdida de tus seres queridos? ¡Qué consuelo saber que algún día los verás de nuevo!

 

¡ASI QUE! NO DEJES DE VER LA SEGUNDA PARTE… “UN TIEMPO PARA LLORAR”… ¡LAS ESPERO!


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© Fotografía por Nancy Galligan

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