TRES SOLITARIAS CRUCES – Lucas 23:33-43

Lucas 23:33-43 dice, Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, lo mismo que a los malhechores, uno a la derecha de Jesús y otro a Su izquierda.

Jesús no fue el único que murió en aquel día. Dos ladrones lo acompañaron en Su muerte. Aparentemente, los ladrones eran culpables de robo. También podrían haber sido parte de una actividad revolucionaria. La palabra usada para describirlos ¡ES LA MISMA PALABRA USADA PARA BARRABÁS! Puede que también significara insurrecto o revolucionario.

Cualquiera que hubiera sido el crimen, ELLOS FUERON ATRAPADOS, y sentenciados a morir con Jesús. Cuando Jesús estaba siendo crucificado, los ladrones también estaban siendo crucificados. Cuando Jesús fue levantado en la cruz, ellos también fueron levantados. ¡EL DOLOR ERA HORRIBLE! ¡ERA INAGUANTABLE!

ESTOS DOS LADRONES, llenos de angustia y aflicción, deben de haber gritado desesperadamente, maldiciendo a Dios, a los romanos, a los judíos, y hasta a sus padres que los parieron. Pero a los judíos no les interesaban estos ladrones. Ellos solo pensaban en Jesús, ¡Y NO DEJABAN DE INSULTARLO!

35 Mientras el pueblo observaba, los gobernantes se burlaban de Él y decían: Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo, si en verdad es el Cristo, el escogido de Dios. 36 También los soldados se burlaban de él; hasta se acercaron y le ofrecieron vinagre,

37 mientras decían: Si eres el Rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo! 39 Uno de los malhechores QUE ESTABA ALLÍ COLGADO, lo insultaba y le decía: Si tú eres el Cristo, ¡sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!

De repente algo maravilloso sucedió. Dios comenzó a obrar en el corazón de uno de los ladrones. ¡ASÍ QUÉ! ¡ESTE DEJÓ DE MALDECIR! Finalmente, comenzó a entender la verdad acerca de sí mismo, ¡Y ACERCA DE JESÚS! Aunque momentos antes, él también había estado maldiciendo

40 Entonces se volvió hacia su compañero, lo reprendió y le dijo: ¿Ni siquiera ahora, que sufres la misma condena, temes a Dios? 41 Lo que nosotros ahora padecemos es justo, porque estamos recibiendo lo que merecían nuestros hechos, pero éste no cometió ningún crimen. 42 Y a Jesús le dijo: Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

¿Qué es lo que Jesús le contestó? ¿Le dijo acaso? ¡ES DEMASIADO TARDE, AMIGO! DEBISTE HABERLO PENSANDO BIEN… antes de unirte a esa banda de revolucionarios. ¡NO¡ ¡Jesús no le dijo eso! Más bien, le dijo: 43DE CIERTO TE DIGO… QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO.

Hace años, mi ex marido tuvo un ataque de asma fuertísimo; y a lo que lo llevaban al hospital, SE MURIÓ. En segundos, llegaron al hospital, lo resucitaron, y le pusieron un respirador. Los médicos no dieron muchas esperanzas. Dijeron que podría estar descerebrado.

Si no reaccionaba en una semana, lo desconectarían del respirador. Mis tres hijos se fueron a Miami a acompañarlo. Yo también volé a Miami para estar con mis hijos durante esos momentos tan difíciles. Una vez en el hospital, ENTRÉ A SU CUARTO, abrí mi Biblia, y comencé a leerle este pasaje del ladrón arrepentido en Lucas 23.

Le dije: Fíjate que Jesús no le dijo al ladrón que orara 10 Padre Nuestros. Y tampoco le dijo que se bajara de la cruz, e hiciera buenas obras. ¡NO! ¡NO LE DIJO NADA DE ESO! Aceptar a Jesús es un acto de fe, ¡NO DE OBRAS! No hay nada que tú puedas hacer para ganarte la salvación.

Es un don gratuito que Jesús le da a todos aquellos que acuden a Él. Si tú estás buscando perdón en base a tus oraciones y tus ruegos, tus promesas y tus actos, ¡TE QUEDARÁS EN TUS PECADOS!

Dos días después, lo desconectaron. Yo no sé si él me escuchó, ¡O NO! Lo que sí sé es que Jesús es misericordioso, y me queda la esperanza DE QUE ÉL LE DIERA UNA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE ENTREGARSE A ÉL, ¡Y SER SALVO! De la misma forma, COMO JESÚS LE HABLÓ AL LADRÓN, Él nos habla a nosotros también.

ÉL NO SOLO NOS MUESTRA COMO PODEMOS SER SALVAS, sino también nos da la seguridad de salvación. La historia del ladrón arrepentido, COMO LA CUENTA LUCAS, es nuestra historia también -- SI ES QUE REALMENTE HEMOS CREÍDO EN EL SEÑOR JESUCRISTO, COMO NUESTRO SALVADOR.

Pero, SI ESTA NO ES TU HISTORIA, le pido a Dios QUE LO SEA ANTES DE TERMINAR ESTE ESTUDIO. El ladrón, QUE CREYÓ… hizo tres cosas: PRIMERO, él reconoció su propia necesidad. Me refiero a su necesidad espiritual. No simplemente a su necesidad física. Por el lado físico, él necesitaba muchas cosas. El necesitaba liberación, atención médica, y remedios.

Y FUERA DE ESTAS COSAS, él necesitaba compasión ya que estaba a punto de morir. Pero esto no fue lo que él reconoció y confesó tan abiertamente. Lo que reconoció fue que él era pecador, y necesitaba un Salvador.

En otros momentos de su vida, él seguro que hubiera tratado de justificar su necesidad. Pero aquí, ¡ÉL LA RECONOCIÓ! El confesó: 41 Lo que nosotros ahora padecemos ES JUSTO, porque estamos recibiendo lo que merecían nuestros hechos.

SEGUNDO, habiendo admitido que él era pecador, Y QUE NECESITABA UN SALVADOR, él reconoció que Jesús era ese Salvador. Tal vez, él no hubiera podido explicar la doctrina de justificación, pero él supo que Jesús era el Hijo inocente de Dios, ¡Y EL SALVADOR! Y refiriéndose A SU REINO, él reconoció que Jesús era Rey.

Y FINALMENTE, habiendo reconocido su necesidad de un Salvador, Y QUE JESÚS ERA ESE SALVADOR, él se entregó a Cristo personalmente. Le dijo: Acuérdate de mí cuando llegues a Tu reino. ¡Y EL SEÑOR LO RECORDÓ! ¡ÉL LO ACEPTÓ AHÍ MISMO! y le prometió que ese mismo día, APENAS CADA UNO MURIERA, estarían juntos en el paraíso.

Si tú fueras como ese ladrón -- si tú pudieras deshacerte de tu pecado PONIÉNDOLO SOBRE CRISTO -- EN VEZ DE SOBRE TI, tú podrías recibir la promesa de estar con Cristo, y con Dios Padre eternamente. ¡TÚ TIENES QUE HACER LO QUE ÉL HIZO! ¿CÓMO? PRIMERO, admitir tu pecado. SEGUNDO, reconocer a Jesús como tu Salvador.

TERCERO, entregarte a Él personalmente. NECESITAS DECIR: Señor, sé que no puedo llegar al cielo por mi propio récord, PORQUE SOY PECADOR, y mi récord me condena. Te necesito como mi Salvador. Te pido que me aceptes COMO A UNO POR EL CUAL MORISTE. ¡RECÍBEME, SEÑOR! ¡RECUÉRDAME EN EL DÍA DE TU JUICIO!

Si tú oras esta oración, puedes estar segura que Jesús te recibirá, de la misma forma como Él recibió al ladrón arrepentido. Del punto de vista humano, todo estaba en contra de él. Sin embargo, él apeló a Jesús, Y JESÚS, en lo que sería Su última entrevista en la tierra, LO ESCUCHÓ, LO RECIBIÓ, Y LE PROMETIÓ ENTRADA AL PARAÍSO.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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