FE EN ACCIÓN

Santiago 1:1-8

La hipocresía es una de las grandes plagas de la fe cristiana. Decimos una cosa, pero hacemos otra. Ese fue el problema durante la época de Santiago, y sigue siendo el problema hoy en día. Santiago afronta este problema en su carta, desafiando a sus lectores, a que examinaran sus creencias, y sus acciones.

Santiago no solo nos muestra lo que debemos de hacer, COMO CRISTIANAS, sino que nos enseña también, con ilustraciones y detalles, como una vida transformada por Jesús debe de ser.

El libro de Santiago es considerado como los “Proverbios” del Nuevo Testamento. El consejo de Santiago es muy práctico. Es la clase de enseñanza que podemos leer, y luego ver, CLARAMENTE, como aplicarla. Pero a la vez, ¡es difícil! Porque todas sabemos, que el querer… y el hacer, son dos cosas muy distintas.

EMPECEMOS EN ORACION

Padre, muchas de nosotras hemos tenido una bella semana, en cambio otras, han tenido una semana dura… difícil. Pero a pesar de la clase de semana que hayamos tenido, todas estamos aquí para glorificarte, prestando atención, a Tu Palabra. Tu palabra es verdad… ¡cambia vidas!

¡Nos transforma! Queremos ser mujeres dignas de Ti. Queremos dejar de lado las cosas que no te gustan, y vivir la vida conforme a Tu corazón. ¡Conforme a Tu Palabra! Háblanos, Señor. Tus hijas te escuchan. En el nombre de Jesús, Amén.

Imagínate lo que sería tu vida, si no tuvieras ninguna preocupación. Si vives obsesionada con que ¿Y qué si esto pasara? O ¿el Por-Qué, DE ESTO O AQUELLO EN LA VIDA, ¿cómo vas a encontrar contentamiento en Cristo?

Puede que nunca sepamos, de este lado del cielo, por que ciertas cosas pasan, pero necesitamos poner nuestra fe en Dios, especialmente, cuando no podemos VER NI ENTENDER lo que Él está haciendo.

EL TITULO DE ESTE MENSAJE ES “FE EN ACCION,” Y ESTA DIVIDIDO EN TRES TEMAS: (I) FE DURANTE LAS PRUEBAS; (II) SABIDURIA PARA LAS PRUEBAS; (III) CONFIANZA EN LA ORACION.

ASI QUE COMENCEMOS CON…

I. FE DURANTE LAS PRUEBAS (Santiago 1:1-4)

1 Yo, Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saludo a las doce tribus que están en la dispersión.

El primer versículo de esta epístola nos presenta al autor humano, Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo. Santiago era el medio hermano de Jesús. Contrario al dogma de la iglesia Católica, María y José tuvieron otros hijos después de que Jesús nació.

Esta verdad ES INSINUADA en Mateo 1:25, cuando dice, “José no conoció a María hasta que ella dio a luz a su hijo primogénito. Y le puso por nombre Jesús.” José mantuvo a María virgen hasta el nacimiento de Jesús. Y esta verdad es muy explícita en la descripción, que Lucas 2:7 hace de Jesús, como el hijo primogénito de María.

Además, Mateo 12:46 dice que, “Mientras que Jesús hablaba con la gente, su madre y sus hermanos estaban afuera, y querían hablar con Él.” Los cuatro evangelios mencionan a los hermanos, y a veces, hasta a las hermanas de Jesús.

Y la gente de Nazaret preguntó en Marcos 6:3, “¿Acaso no es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿Acaso no están sus hermanas aquí, entre nosotros?”

Lo más increíble de todo, es que, a pesar de que Sus hermanos crecieron con Jesús, y observaron “diariamente” Su vida perfecta y sin tacha, ELLOS, al principio, no creyeron en El.

Su incredulidad es el triste testimonio de la verdad que Jesús declara en Marcos 6:4 , “No hay profeta SIN HONRA… excepto en su propia tierra, entre sus parientes, y en su familia.”

Pero después de la resurrección, JESUCRISTO SE LE APARECE A SANTIAGO. Y como resultado de esta aparición, Santiago cree en Jesucristo, y lo acepta como su Señor y Salvador, y se convierte en uno de los líderes de la iglesia.

PAUSA

Santiago escribe esta epístola a los creyentes que estaban siendo perseguidos por todo el imperio romano, y estaban pasando por tiempos bien difíciles.

2 Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando estén pasando por diversas pruebas.

Dios pone nuestra fe a prueba. Dios pone nuestra devoción a prueba. Dios nos lleva al límite de nuestras habilidades y recursos para que aprendamos a confiar en Él, en vez de confiar en nosotras mismas. Mis recursos son limitados; pero cuando miro a Dios, tengo recursos ilimitados. Mis fuerzas son limitadas; pero cuando confío en Dios, tengo fuerzas ilimitadas.

Pablo dice en 2 Corintios 12:10: “Por eso, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias, porque mi debilidad es mi fuerza.” Así que considérate dichosa cuando Dios te pone a prueba.

¡El gozo no es la falta de problemas, sino la presencia de Cristo en nuestra vida! ¿Qué es lo que necesitas cambiar en tu vida, para poder sentir gozo en medio de las pruebas?

El Libro de Santiago considera las pruebas, como oportunidades… no como obstáculos. El propósito de Dios, es de permitir desafíos en nuestras vidas, porque estos tienen el potencial de hacernos crecer… de darnos fuerzas.

Las pruebas determinan, si vamos a crecer, o si nos vamos a dar por vencidas. Si nos volveremos mujeres amargadas, o mejores mujeres.

UNA PRUEBA puede ser una de las herramientas más filudas en la caja de herramientas de nuestro Dios. El usa las pruebas, muchas veces, para perfeccionar y moldear nuestra fe. ¿Suena pesimista, no es cierto? Pero no debiera, porque Jesús nunca dijo que nos escaparíamos de las pruebas, ni de los problemas.

Al contrario, Él dijo en Juan 16:33, “En el mundo tendrán aflicción; PERO CONFIEN, YO he vencido al mundo.” El mundo está lleno de dolor, de sufrimiento, de dificultades. Y las cristianas no estamos inmunes.

¿Tienes un hijo pródigo? NO ESTAS SOLA. ¿Estas lidiando con una enfermedad? NO ESTAS SOLA. ¿Estás teniendo una crisis económica? ¡NO ESTAS SOLA! Las pruebas nos vienen a todas… a las cristianas, y a las no cristianas.

La vida es muy frágil. Un minuto… y todo nos está yendo de maravilla. No hay obstáculos en nuestro camino. Estamos llenas de esperanza y de confianza. Y al minuto siguiente, “suácata,” estamos lidiando con una prueba.

PAUSA

POR AÑOS, yo había tenido una pequeña verruga cerca de la nariz. Nunca le había prestado mucha atención. Pero de la noche a la mañana, comenzó a crecer. Así que, me hicieron una biopsia, y encontraron que era un tumorcito canceroso. ¡Que había que extirparlo!

Y a pesar de que el tumor era chiquitito… del tamaño del borrador de un lápiz, yo me moría de miedo. Pero a la vez, me aferraba a las palabras de mi Dios, en Josué 1:9, “No temas ni desmayes, Carmen. Yo estaré contigo por dondequiera que vayas.”

Debo de reconocer que la operación fue brutal. Pinchazos, raspados, puntadas.

Aunque no sentía realmente dolor… COMO PODIA SENTIR TODO LO QUE ME HACIAN EN LA CARA, la sensación ¡FUE DRAMATICA! Pero de solo saber que Jesús estaba a mi lado, SUPERVISÁNDOLO TODO, Su mano cogida de la mía, yo estaba tranquila.

Cada vez que pases por una prueba, recuerda que Jesús está contigo. Que te lleva de la mano. Que Él nunca te dejará ni te abandonará.

A veces, cuando pasamos por pruebas, tenemos la tendencia a pensar que Dios está molesto con nosotras. En algunos casos, SI, nuestras dificultades son el resultado de nuestro pecado.

Pero también, HAY OTRAS PRUEBAS, que vienen sin ninguna razón aparente. REALMENTE… Sin importar de donde vengan estas pruebas… ¿Por qué ES, que muchas veces, pensamos que Dios está molesto con nosotras?

Pero si eso fuera verdad, que las pruebas de la vida indican que Dios está descontento, ¿Cómo, pues, podemos explicar que el Padre mandara a Su Hijo Amado a ser crucificado, a ser burlado, arrastrado por tierra, Su costado atravesado por una lanza, y clavado a una cruz?

Las dificultades y pruebas de la vida pueden tomar muchas formas. Para algunas, puede ser una relación que se ha distanciado, o un problema económico, o una enfermedad, o una discapacidad repentina, o la muerte de un ser querido.

Para otras, las pruebas pueden tomar la forma de burla, o hasta, de persecución por su fe. Es natural no querer pasar por ninguna clase de pruebas. Todas quisiéramos tener una vida libre de problemas, y poder vivir con paz y serenidad todos los días de nuestra vida.

Pero la vida no es así, y todas sabemos que nuestra situación puede cambiar de la noche a la mañana. La verdadera pregunta es ¿cómo reaccionas? ¿Las pruebas te ponen furiosa, o te desesperan?

¡Pero Dios dice que saldrás adelante! ¿PIENSAS QUE NO? ¡Todas pensamos que no! Tenemos miedo que la depresión nunca se irá. O que la gritería nunca parará. O que el dolor nunca pasará. ¿Brillará el sol de nuevo? ¿Se hará tu carga más liviana? Nos sentimos oprimidas, atrapadas, encarceladas. Predestinadas al fracaso.

¿Saldremos alguna vez de todo esto? ¡Sí! La Biblia ES TODO ACERCA de la liberación. Del foso de los leones para Daniel, de la prisión para Pedro, del vientre del pez para Jonás, de la sombra de Goliat para David, de la tormenta para los discípulos, la enfermedad para los leprosos, la duda para Tomás, la tumba para Lázaro, y las cadenas para Pablo.

¡Dios nos saca de todas estas cosas! Del Mar Rojo a la tierra seca, a través del desierto, a través del valle más sombrío, a través del mar. Sacarnos de las pruebas son las palabras favoritas de Dios.

Isaías 43: 2-3 dice, “Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni las llamas arderán en ti. Yo soy el Señor, tu Dios. Yo soy tu salvador.”

¡PERO NO SERA SIN DOLOR! ¿Has llorado tu última lágrima, o has recibido tu último tratamiento de quimio terapia? ¡No necesariamente! ¿Se convertirá tu triste matrimonio en un matrimonio feliz en un dos por tres? No es muy probable.

¿Te garantiza Dios, que no tendrás más luchas? No en esta vida. Pero si te promete entretejer tu dolor para un propósito más alto. ¡Pero no sucederá de la noche a la mañana! José tenía diecisiete años cuando sus hermanos lo abandonaron. Tendría, por lo menos, treinta-y-siete años, cuando los volvió a ver.

¡HABIA PASADO VEINTE AÑOS! Y dos años más para que viera su padre. A veces Dios se toma Su tiempo: 120 años para preparar a Noé para el diluvio. Ochenta años para preparar a Moisés para que hiciera Su obra. Dios llamó al joven David para que fuera rey, pero lo dejó pastando ovejas por largo tiempo.

Llamó a Pablo para que fuera apóstol, pero lo llevó primero a Arabia, por lo menos, por tres años de total aislamiento. Jesús estuvo en la tierra por treinta años antes de comenzar Su ministerio. Y Dios se tomó ONCE AÑOS CONMIGO para prepararme para el ministerio de enseñar la Biblia exclusivamente a la mujer hispana. ¿Cuánto tiempo se demorará Dios contigo?

Puede que se tome Su tiempo. Su historia es de redimir, no en minutos, sino de por vida. Pero Dios usará tus pruebas para bien. Nosotras vemos un lío perfecto. Dios ve una oportunidad perfecta para entrenarnos, ponernos a prueba, y enseñarnos.

Porque cuando nos encontramos en situaciones difíciles, éstas nos fuerzan a mirar hacia arriba. Dios viene del cielo para dar la mano en el momento preciso, de la manera precisa, ¡y El hará lo mismo por ti!

3 Bien saben que, cuando su fe es puesta a prueba, produce paciencia. 4 Pero procuren que la paciencia complete su obra, para que sean perfectas y cabales, sin que les falte nada.

El Antiguo Testamento nos exhorta en el Salmo 27:14, “¡Espera en el Señor! ¡Infunde a tu corazón ánimo y aliento! ¡Sí, espera en el Señor!” Y el Salmo 37:9 dice: “Si esperas en el Señor, heredarás la tierra.”

Y en el Nuevo Testamento, Jesús cuenta la parábola del sembrador, cuando dice en Lucas 8:15, “Pero la semilla que cayó en buena tierra representa a los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan una buena cosecha porque permanecen firmes.”

¿Cómo podemos aprender a ser pacientes? ¡A TRAVES DE PRUEBAS Y TRIBULACIONES! Pero, ¿por qué? No porque sea agradable, sino porque es productivo. ¡Las pruebas y tribulaciones producen paciencia! ¡Perseverancia!

Dios está tratando de moldearnos más como Cristo. Y este proceso requiere sufrimiento, frustración… desconcierto.

El fruto del Espíritu no puede producirse, cuando está todo siempre soleado. En la vida, tiene que haber momentos de lluvia, y de nubes negras… “Las palabras que te hirieron, la carta que te causó pena, la crueldad de tu mejor amiga, tu necesidad económica. Todas ellas las conoce Dios.”

Puede que Dios, por algún motivo, quiera que esperemos por lo que queremos, o por lo que necesitamos:

1. Tal vez, lo que queremos ES lo que Dios también quiere para nosotras, pero no estamos listas para recibirlo todavía.

2. Puede que nuestra motivación, por tener algo, sea contraria al propósito de Dios para nosotras.

3. Dios puede estarnos llamando la atención acerca de algún pecado escondido en nuestras vidas.

4. Dios quiere ENSEÑARNOS DISCIPLINA, a través de la espera.

5. Conseguir lo que queremos puede tener un efecto negativo en otra persona.

6. Dios nos quiere enseñar a confiar en Sus caminos, y en Su tiempo, y aprender que éstos son los mejores para nosotras.

Hebreos 6:8-9 dice, “Aunque era Hijo [hablando de Jesús], aprendió a obedecer mediante el sufrimiento; y una vez que alcanzó la perfección, llegó a ser el autor de la salvación eterna para todos los que le obedecen.”

Si te vuelves amargada, a causa de tus problemas y dificultades, estarás cerrándole a Dios algunos de los lugares más profundos de tu alma, que solo se pueden alcanzar, por el sufrimiento. El Espíritu de Dios tiene cosas importantes que enseñarte, pero solo puedes aprenderlas, por medio de las pruebas.

No te resientas por el sufrimiento, que Dios está permitiendo en tu vida. No tomes decisiones, ni inviertas todo lo que tienes, para evitar dificultades. Aprende a obedecer, aun cuando te duela.

Hebreos 12:11 nos da esperanza, cuando dice: “Claro que ninguna disciplina nos pone alegres al momento de recibirla, sino más bien tristes; pero después de ser ejercitados en ella, nos produce un fruto apacible de justicia.”

Cuántas veces hemos escuchado a alguna cristiana decir, después de que ha pasado por una gran crisis, “No fue fácil, pero no cambiaría esta experiencia por nada de este mundo.”

Cuando yo le entregué mi vida a Cristo hace 16 años, ¡yo estaba muy emocionada! Pero en menos de un mes, mi mundo se comenzó a desmoronar. Perdí mi negocio… mi estabilidad económica… y todas las cosas que eran importantes para mí.

En ese tiempo, yo pensaba que mi carrera, mi educación, mi dinero, mi éxito, mi prestigio eran las cosas que me definían. Las que me daban valor. En medio de mis lágrimas y dolor, hubiera sido tan fácil alejarme de Jesús.

Sin embargo, yo quería estar con mi Salvador. No quería renunciar a esa pasión… a ese amor… ese gozo… y salvación eterna, que había encontrado en Cristo. ¡Entonces me di cuenta que mi valor estaba en El! ¡Nada se compara a Él! Me aferré a Su promesa de que Él nunca me dejaría ni me abandonaría. ¡Y El cumplió Su promesa!

Traté de conseguir trabajo, pero no había trabajo para mí… a pesar de que tenía una maestría en administración de empresas internacionales. Como no podía entender lo que estaba pasando en mi vida, clamé al Señor, “Por favor, Señor, ayúdame a entender. ¿No sé qué hacer? ¡Quiero hacer Tu voluntad! ¡Pero ando desesperada!

Un día, después de todo un año de luchas, escuché al Señor hablarme al corazón, de forma clarísima: “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” Y me lo repetía una y otra vez, Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

A lo que manejaba mi carro, prendí la radio, y una canción comenzó, “Estate quieta y reconoce que Él es Dios.” Se me salían las lágrimas. ¡Dios me estaba hablando!

Luego fui a la tienda a comprar una tarjeta para el día del padre, y esta tarjeta prácticamente me saltó encima, decía, Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

Ese domingo, cuando fui a la iglesia, el encargado de la alabanza comenzó a cantar un solo, “Estate quieta y reconoce que Él es Dios.” Y ese miércoles en la iglesia, el pastor comenzó el servicio, orando, “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” ¡Dios me lo repitió cinco veces… en cinco días!

“Señor,” le pregunté con lágrimas de emoción, “¿Me estás tratando de decir algo?” ¡Era obvio! En ese tiempo yo todavía era “relativamente” nueva en la fe, así que no entendía bien todo esto. Dios me estaba hablando a través del Salmo 46:10. Él me estaba diciendo que confiara en El. Que tuviera paciencia.

Que Él tenía un plan para mi vida, y que lo cumpliría a Su debido tiempo. Que tenía que dejar de hacer las cosas a mi manera, y hacerlas a Su manera. Mientras esperaba pacientemente a que Su voluntad se cumpliera en mi vida, Jesús me abrió la puerta para ir a la Escuela de Ministerio.

Cuando terminamos la parte académica de la escuela, nos fuimos en un viaje misionero a las reservaciones de los indios Sioux de Dakota del Sur. Y es ahí, en el campo misionero, que Jesús me habló al corazón, diciéndome que yo también tenía mi propia gente.

Yo le pregunté: “Señor, ¿quién es mi gente? ¿La mujer peruana? ¿La hispana? ¿La americana? ¿O la mujer en general? A través de una misionera, que conocí en ese viaje, El Señor me habló al oído, diciéndome, “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

El Señor me comenzó a preparar para enseñar la Biblia a las mujeres. Primero en mi iglesia, como maestra bíblica en inglés, luego en Latino América, dando conferencias bíblicas a las mujeres hispanas.

Y después de 11 años, cuando ya pensaba, que tal vez, no había escuchado bien al Señor, Dios me volvió a hablar, esta vez, a través de Josué 18:3, ¿Hasta cuándo vas a esperar para tomar posesión del territorio que te he dado? ¡UY! ¡No lo podía creer!

Dios abrió la puerta en el momento preciso, para que enseñara Su Palabra, a la mujer hispana, a través de la radio y el internet.

El mensaje que estás escuchando hoy , es la obra del Señor, y tú no estás escuchando por casualidad. Dios tenía algo muy importante que decirte hoy, a través de Su Palabra.

Y Él tiene un gran plan para tu vida también. ¡Espera en El! ¡Ten paciencia! ¡Persevera! Y como me dijo a mí, te dice a ti también, en el Salmo 46:10, “Estate quieta y reconoce que YO soy Dios.”

LA PACIENCIA es palabra de Dios. ¡Él nunca está apurado! La palabra de Dios para nosotras es “ESPERA.” “TEN PACIENCIA.” “ESTATE QUIETA.” Toma tiempo para que la tierra complete su gira alrededor del sol. Toma tiempo para que la marea suba.

Toma tiempo para que una niña crezca y se convierta en toda una mujer. Y toma tiempo, llevar a una persona a la madurez completa en Cristo.

ASI QUE YA VIMOS…LA FE DURANTE LAS PRUEBAS, AHORA VEAMOS…

II. SABIDURIA PARA LAS PRUEBAS (Santiago 1:5-6)

5 Si alguno de ustedes requiere sabiduría, pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios se la da a todos en abundancia y sin ningún reproche.

La Biblia tiene mucho que decir acerca del don divino de la sabiduría. Los primeros nueve capítulos del libro de Proverbios son una sola y continua exhortación a buscar el don de la sabiduría.

Proverbios 4:7 dice, “En primer lugar, adquiere sabiduría. SOBRE TODAS LAS COSAS, adquiere inteligencia. “ Y Efesios 5:15-17 también nos exhorta acerca de la sabiduría.

“Por tanto, ¡cuidado con su manera de vivir! No vivan ya como necias, sino como sabias. Aprovechen bien el tiempo, porque los días son malos. No sean, pues, insensatas; procuren entender cuál es la voluntad del Señor.” El tema fundamental del cristianismo es que Dios sabe LO QUE ES MEJOR, mejor aún, que nosotras mismas.

Cuando estamos gozando de la bendición de Dios, es muy fácil creer que Dios lo sabe todo. Pero cuando Dios permite la enfermedad, o el dolor en nuestras vidas, estamos tentadas a cuestionar Su sabiduría.

No toda la gente de Dios es sabia, y hasta las más sabias, pueden derrumbarse cuando les sobreviene una gran prueba. Una persona se puede memorizar toda la Enciclopedia Británica – y así y todo, actuar como una necia. Sabiduría es mucho más que la capacidad de retener o entender el conocimiento que hemos adquirido.

Una persona puede tener cualquier cantidad doctorados y diplomas, y estar totalmente ciega a las cosas espirituales. Santiago dice que la sabiduría se tiene que aplicar a las circunstancias, a las cuales nos estamos enfrentando. Debemos vivir como Jesús vivió –en sujeción a la voluntad del Padre.

Nuestro Señor Jesucristo fue a la cruz con toda su agonía, sufrimiento y dolor porque El confiaba en la sabiduría, y el propósito eterno de Dios. La cruz fue la voluntad de Dios. Fue parte del plan eterno. Y nuestro Señor Jesucristo aceptó ese hecho.

Cuando LAS NO CREYENTES toman decisiones importantes, ellas tienen que confiar en su propio conocimiento… en su propio entendimiento. Pero, tú, como cristiana, tienes acceso a la sabiduría de Dios. El Espíritu de Dios vive en ti para guiarte.

El Espíritu Santo te abrirá los ojos a la verdad de las escrituras, para que puedas entender las cosas, desde la perspectiva de Dios. Solo Dios ve el futuro, así que solo Él te puede dirigir a tomar BUENAS DECISIONES HOY.

A medida que permitas que Dios dirija tu vida, aquellos que te rodean, verán verdadera sabiduría. No la sabiduría del mundo, sino la de Dios. Otros estarán confundidos acerca de qué hacer en nuestro mundo tan complicado, pero Dios te guiará de forma segura a tomar buenas decisiones para ti, y tu familia.

¡Y también podrás ser una gran fuente de sabiduría para otros!

ASI QUE… FE DURANTE LAS PRUEBAS… SABIDURIA PARA LAS PRUEBAS, AHORA VAYAMOS A NUESTRO TERCER Y ULTIMO TEMA,

III. FE EN LA ORACION (Santiago 1:6-8)

6 Pero tiene que pedir con fe y sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro. 7 Quien sea así, no piense que recibirá del Señor cosa alguna, 8 pues quienes titubean son inconstantes en todo lo que hacen.

Tenemos que acercarnos a Dios en fe, ¡sin dudar! Debemos creer que Él nos ama y se preocupa por nosotras, y que nada es imposible para El. Si dudamos de Su bondad y Su poder, no tendremos ninguna estabilidad para los momentos difíciles.

Hebreos 11:6 dice “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario, que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que sabe recompensar a quienes lo buscan.” Tu relación con Dios es determinada, en gran parte, por tu fe. Cuando vienes a Él, debes de creer que El existe, y que Él es exactamente quien dice ser, conforme se ha revelado en las Escrituras.

También debes de creer que Él te responderá cuando lo busques de todo corazón. Sin esta clase de fe, no puedes agradar a Dios. ¡La fe no elimina los problemas! La fe te sostiene, en medio de tus problemas.

La fe tiene que ver con tu relación con Dios, no con tus circunstancias. Algunas pueden decir, “Realmente, NO SOY PERSONA de mucha fe. Más bien, ¡soy una persona muy práctica!”

Sin embargo, ¡no hay nada más práctico, ¡que poner tu confianza en el Señor! No hay nada más seguro y cierto QUE LO QUE TU, le encomiendas a Dios. No hay nada más consolador que saber que Jesús está contigo. Que no tienes que enfrentarte a nada sola. No necesitas ponerte ansiosa.

No tienes que decir… ¿Qué si pasa esto o aquello? ¿Qué hago entonces? Jesús te dice: “No tengas miedo. Yo estoy contigo.” Hermana, puede que estés sufriendo en estos momentos, pero no tienes que sentirte derrotada, ¡SI TE ATREVES A CREER EN JESUS!

PAUSA

El padre de un joven endemoniado, le pidió a Jesús ayuda en Marcos 9:22, diciendo “Si puedes hacer algo, ¡ten compasión de nosotros y ayúdanos! Jesús le dijo: ¿Cómo que ‘si puedes’? Para quien cree, todo es posible. Al instante, el padre del muchacho exclamó: ¡Creo! ¡Ayúdame en mi incredulidad!

Dios no le da discernimiento divino a la gente que vacila y es inestable. La fuente de la sabiduría es Dios, y se obtiene por medio de la oración. ¡Y está disponible para todas! Dios nos da sabiduría generosamente. Pero, ¡la condición crucial es de pedirla con fe, y sin dudar!

Por ejemplo, nota la diferencia entre Moisés y el pueblo de Israel en el Mar Rojo. Los israelitas estaban aterrados, mientras que Moisés, con el mar delante de él, y el ejército egipcio detrás suyo, dijo con toda confianza, en Éxodo 14:13 ”No tengan miedo. Manténganse firmes, y vean la salvación que el Señor llevará HOY A CABO en favor de ustedes.”

Cuando Moisés confió en Su Dios, DIOS ABRIO EL MAR DELANTE DE EL Dios le dio a Moisés la sabiduría para saber qué hacer en el Mar Rojo. Pero no le dio esa sabiduría hasta el momento en que la necesitó.

6 Pero tiene que pedir con fe y sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro. 7 Quien sea así, no piense que recibirá del Señor cosa alguna, 8 pues quienes titubean son inconstantes en todo lo que hacen.

Santiago compara a la creyente que duda a las olas del mar, arriba un momento, y abajo, en el otro. Totalmente impredecibles.

Nunca me voy a olvidar hace años, cuando tenía 16 años, que mi hermana, y unas amigas del barrio y yo, decidimos irnos a una playa lejana para poder bañarnos en bikini. ¡Algo que jamás habíamos hecho antes! ¡En esa época la gente era muy recatada!

Como mi mamá no nos hubiera dejado ir, solo le pedimos permiso para irnos a la playa. Mi enamorado nos llevó en su carro. Alguien nos había recomendado una playa en el kilómetro 75. Después de todo, no queríamos que nadie nos viera…

Nos equivocamos de playa, pero como ya estábamos ahí, decidimos quedarnos. Después de almuerzo, nos fuimos a bañar al mar. Mi hermana llevaba la colchoneta.

Mi enamorado prefirió quedarse a tomar la siesta, mientras que nosotras nos bañábamos. Lo que no sabíamos es que esta playa tenía una resaca tremenda. No bien nos metimos al agua, la resaca nos arrastró mar adentro, casi instantáneamente, y sin darnos cuenta.

Yo me encontré rodeada de olas gigantescas que reventaban sobre mí, una tras otra, viniendo de todas direcciones.

¡Eran tan altas… que parecían edificios! Para remate, no tenía piso. Yo me zambullía para evitar que los “olones” me reventaran por encima. Pero cuando sacaba la cabeza, había más olas reventando sobre mí.

No sé cuánto tiempo estuve en esta lucha, pero al final, ya no pude más. Decía en mi mente, “Señor, sé que me estás castigando por bañarme en bikini, y por no decirle nada a mi mamá. Perdóname, Señor.”

Al final, estaba tan agotada, que ya no pude seguir luchando contra las olas, así que me dejé llevar por el mar que me seguía golpeando. Sabía que me iba a ahogar. Me había llegado la hora. ¡En eso toqué arena con mis dedos del pie! ¡UY! ¡Eso me reanimó!

¡Me hizo volver a la vida! Tal parece, que cuando dejé de luchar con las olas, y por la gracia de Dios, el mar me botó fuera.

Para entonces, mi enamorado había notado que la colchoneta estaba en la orilla, y que todas nosotras estábamos separadas, lejísimos unas de las otras. Se metió al mar para salvarnos con la colchoneta. Una por una nos fue sacando. Todas llorábamos, aterradas de que nos habíamos podido ahogar en aquel día.

Santiago dice que esta es la experiencia de la persona que duda. Ella es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro. La fe dice, “¡SI!” La falta de fe dice, “¡NO!” Luego la duda viene y dice “¡SI!” un minuto, y luego “NO” al siguiente.

En nuestro caminar por fe, no nos podemos dar el lujo de dudar, o estar preocupadas, o tener miedo, ni quejarnos. Esos fueron los mismos síntomas que impidieron que toda una generación de Israelitas entrara a la Tierra Prometida. Todas estas actitudes dañan seriamente la obra de Dios en tu vida.

No porque Él no pueda hacer lo que quiere, sino porque Él ha elegido relacionarse con nosotras en base a nuestra fe. Actitudes y palabras negativas pueden destruir nuestra fe. Devalúan la misma moneda que debemos usar en el Reino de Dios. Donde sea que la voz de Dios y tu fe te están guiando, no tengas miedo ni te desalientes. ¡Sigue adelante!

¡Jesús está contigo! A través de tus aflicciones y dificultades, Su Presencia es tu consuelo y tu seguridad. ¡Él nunca te abandonará! Dios mismo te dice en Génesis 26:24 ”No tengas miedo, pues Yo estoy contigo… Yo te bendeciré.” ¡Y Su Palabra nunca falla!

¿Cómo reaccionas tú a la idea de que debes de considerarte dichosa cuando te enfrentas a las pruebas de la vida? ¿Cuál es tu necesidad más profunda para cultivar la paciencia en esta etapa de tu vida? ¿Cómo pueden las pruebas mostrarte que necesitas sabiduría divina?

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, es tan fácil resentir las dificultades de la vida, cuando estas interrumpen nuestros planes y deseos. Abre nuestros corazones a la alegría de someternos a Tu obra en nuestras vidas porque sabemos que Tus caminos son siempre los mejores.

Señor, gracias que durante las pruebas de la vida, Tú nos das la sabiduría que necesitamos para poder sobrellevarlas, si te lo pedimos. Señor, no queremos ser como las olas del mar, que el viento agita de aquí para allá. Queremos confiar en Ti, y no dudar. En el nombre de Jesús. Amén.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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