ADVERTENCIAS DE PEDRO

1 Pedro 4:12-19

Ella tenía solo 17 años. El hombre ante ella, apuntándole a la cara con su pistola, le preguntó, “¿Crees en Dios?” Ella hizo una pausa. Esta era una pregunta de vida o muerte. “Si,” dijo ella. “Yo creo en Dios.”

“¿Por qué” le preguntó su verdugo. Pero nunca le dio la oportunidad de responder. Segundos después, la adolescente yacía muerta en el suelo.

Esta escena podría haber sucedido en un coliseo romano. Podría haber sucedido durante la EDAD MEDIA. O podría haber sucedido en un sin número de países alrededor del mundo. Hoy en día, gente está siendo encarcelada, torturada, y matada porque no quieren negar el nombre de Jesús.

Sin embargo, esta historia no sucedió en tiempos antiguos, ni en Vietnam, ni Pakistán, ni Rumanía. Sucedió aquí mismo en los Estados Unidos en 1999 en un colegio en Colorado.

Aunque parezca mentira, han habido más mártires cristianos en nuestra era moderna, que en el siglo I. Según la Enciclopedia del Mundo Cristiano, en el año 2,000, ha habido casi 200,000 cristianos martirizados alrededor del mundo. De hecho, que solo en el siglo 20, han habido más cristianos martirizados, que en los 1,900 años anteriores juntos.

EMPECEMOS EN ORACIÓN

Padre, Tu Palabra es rica en sabiduría y poder. Tu Palabra es la Verdad, Nos enseña a confiar en Ti a pesar de la maldad que vemos en este mundo. Nos enseña que Tú estás en control de todo, y que nos amas y estás con nosotras en las buenas y en las malas.

Señor, danos un corazón de amor y compasión por la iglesia perseguida. Ayúdanos a ser fieles y a orar por ella. Y a mantenernos firmes para Cristo.

A no flaquear ante la persecución. Tu gracia es suficiente para cada prueba a la que nos enfrentamos. Ayúdanos a ser Tu luz en este mundo oscuro. En el nombre de Jesús, Amén.

Cuando la gente del siglo I, leyó la carta de Pedro por primeras vez, ellos estaban familiarizados con el sufrimiento y persecución por su lealtad a Jesucristo. Pero Pedro les advierte que algo nuevo iba a pasar: “una prueba de fuego” de persecución oficial estaba al comenzar. Pedro quería enseñarles cómo podían triunfar, y darle la gloria a Dios.

Definitivamente que nosotras también vamos a sufrir por nuestra fe. Pero Dios nos da Su gracia, ¡si se la pedimos! Sufrir en la voluntad de Dios lleva a la gloria de Dios.

EL TITULO DE ESTE MENSAJE ES “ADVERTENCIAS DE PEDRO,” Y este pasaje está dividido en dos puntos: (I) La Certeza del Sufrimiento, y (II) La Certeza del Juicio.

ASI QUE COMENCEMOS CON EL PUNTO NO. 1…

I. La Certeza del Sufrimiento (1 Pedro 4:12-16)

12 Amados hermanos, no se sorprendan de la prueba de fuego a que se ven sometidos, como si les estuviera sucediendo algo extraño 13 Al contrario, alégrense de ser partícipes de los sufrimientos de Cristo, para que también se alegren grandemente cuando la gloria de Cristo se revele.

14 ¡Bienaventurados ustedes, cuando sean insultados por causa del nombre de Cristo! ¡Sobre ustedes reposa el glorioso Espíritu de Dios!

Toda cristiana, que vive una vida piadosa, EXPERIMENTARA un cierto grado de persecución; ya sea, en el trabajo, en el colegio, en el barrio, y tal vez, hasta en la familia. Hay gente que se resiste a la verdad, y se opone al evangelio de Cristo.

Pero en este pasaje, Pedro les explica acerca de un tipo de persecución diferente – “una prueba de fuego” que estaba a punto de sobrecoger a toda la iglesia.

Hasta ese momento, Roma había tolerado al cristianismo, porque era considerado “una secta” del judaísmo, y a los judíos se les permitía adorar libremente. Esa actitud cambiaría y los fuegos de persecución serían prendidos, primero por Nerón, y después, por los emperadores que lo siguieron.

La persecución no ha sido ajena a la vida cristiana. A través de la historia, el pueblo de Dios ha sufrido a las manos de un mundo no cristiano. Los cristianos son diferentes a los no cristianos, y este tipo de vida diferente, produce un estilo de vida diferente.

Gran parte de lo que pasa en este mundo depende de las mentiras, el orgullo, el placer, y el deseo de tener más. Una cristiana piadosa edifica su vida en la verdad, en la humildad, la santidad, y el deseo de glorificar a Dios.

Este conflicto lo vemos a través de la Biblia. Caín era un hombre religioso, sin embargo, él odiaba a su hermano, y terminó matándolo. El mundo no persigue a la gente religiosa, pero si persigue a la gente justa.

1 Juan 3:12 nos explica la razón, por la cual Caín mató Abel. Dice así “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas.” Los fariseos y los líderes judíos eran gente religiosa, pero aun así, crucificaron a Cristo y persiguieron a la iglesia.

En Mateo 10:17 Jesús les advierte a Sus discípulos, “Cuídense de la gente, porque los entregarán a los tribunales, y los azotarán en las sinagogas.” Jesús les estaba diciendo que habría oposición y persecución del mundo.

También sabemos, por la historia de la iglesia, que durante la edad media, la inquisición de la iglesia mataba y torturaba a los cristianos. ¡Los llamaban herejes! ¿Pero cuál era su pecado? Leían la Palabra de Dios en su propia lengua, y obedecían lo que decía.

¿Cómo podía la iglesia haberse apartado tanto de la verdad de la Escritura? Porque no estaban leyendo la Palabra de Dios. Y por consiguiente, se volvieron en gente religiosa – cumpliendo con los formulismos y los rituales – pero sin tener ninguna conexión con Dios.

Pero Jesús les dio a Sus discípulos una promesa muy alentadora en Juan 16:33, “En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, Yo he vencido al mundo.” Fue a través de Su muerte en la cruz del Calvario, y Su resurrección, que Jesús venció al pecado y al mundo.

Es importante notar, que no todas las dificultades de la vida, son necesariamente, “pruebas de fuego.” Hay algunas dificultades que son simplemente parte de la vida humana, y casi todo el mundo las experimenta. Desafortunadamente, hay algunas dificultades, que NOSOTRAS MISMAS nos creamos, por nuestra desobediencia y pecado.

La persecución y las pruebas no vienen de la nada. ¡No son accidentes! Son parte del plan de Dios, y Él está en control de todo.

Les voy a contar una “historia verdadera” que sucedió en Asia alrededor de 1970. Un grupo de soldados comunistas descubrieron, que un estudio bíblico “ilegal,” se estaba llevando a cabo en una de las casas del pueblo.

De repente, mientras que el pastor leía la Biblia, un grupo de hombres, armados con pistolas, entraron a la casa, aterrorizando a los creyentes que se habían reunido para adorar a Dios. Los comunistas gritaron insultos y amenazaron con matar a los cristianos.

El oficial principal apuntó su pistola a la cabeza del pastor y demandó, “Dame tu Biblia.” De mala gana, el pastor le dio su Biblia, que era su posesión más preciada. Burlándose de él, el oficial tiró la Biblia al suelo… a los pies del pastor.

Miró a la pequeña congregación, y les dijo, “Los dejaremos ir, pero primero, tendrán que escupirle a este libro de mentiras. Mataremos al que se rehúse hacerlo.” A los creyentes no les quedaba de otra, sino de obedecer la orden del oficial.

El soldado, apuntando su pistola a uno de los hombres, le dijo, “¡Tú primero!” Lentamente el hombre se levantó y se arrodilló ante la Biblia. A regañadientes, la escupió, orando calladamente, “Padre, por favor, perdóname.” Se paró y se dirigió a la puerta. El soldado retrocedió y lo dejó salir.

“Ahora, tú,” dijo el oficial, llamando a una mujer para que se acercara. Con lágrimas en los ojos, ella, con las justas, podía hacer lo que el soldado demandaba. Escupió un poquito, pero fue suficiente. A ella también la dejaron irse.

En eso, silenciosamente, una chica caminó al frente. Agobiada por el amor a su Señor, se arrodilló, recogió la Biblia y limpió los escupitajos con su vestido. “Dios mío,” ella oró, “que es lo que le han hecho a Tu Palabra? Perdónalos.” Esa fue su última oración. El oficial apuntó a su cabeza, y apretó el gatillo.

Muchos de los que son perseguidos, hoy en día, se pueden escapar de la muerte, si niegan su fe. Pero la pregunta no es si nos están persiguiendo, sino si estamos dispuestas a dar nuestra vida por nuestra fe en Jesucristo.

13 Al contrario, alégrense de ser partícipes de los sufrimientos de Cristo, para que también se alegren grandemente cuando la gloria de Cristo se revele.

Pedro menciona “Alégrense” dos veces en este versículo. El mundo no puede entender, como las circunstancias difíciles, pueden producir alegría, porque el mundo nunca ha experimentado la gracia de Dios.

“Alégrense de ser partícipes de los sufrimientos de Cristo” Es un honor y un privilegio sufrir con Cristo, y de ser tratadas por el mundo de la misma forma como Jesús fue tratado. “Participar de sus padecimientos” es un regalo de Dios.

Por eso Hechos 5:41 dice, “Los apóstoles salieron del concilio felices de haber sido dignos de sufrir por causa del Nombre.”

En el Libro de Daniel, Nabucodonosor había hecho construir una imagen de oro de sí mismo, y había ordenado a los hombres a que se arrodillaran y la adoraran. El que se negara a hacerlo, sería aventado al horno de fuego.

Sadrac, Mesac y Abed-nego, como judíos fieles, se negaron a adorar al ídolo y fueron reportados al rey. Mientras estaban siendo interrogados, estos jóvenes le declararon al rey en Daniel 3:16-18, “No tenemos por qué responder a Su Majestad acerca de esto.

Su Majestad va a ver que nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos de ese ardiente horno de fuego, y también puede librarnos del poder de Su Majestad. Pero aun si no lo hiciera, sepa Su Majestad que no serviremos a sus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que ha mandado erigir.”

VIVIR O MORIR, ellos no iban a negar su fe. Cuando los tres chicos hebreos fueron lanzados al horno de fuego, ellos descubrieron que no estaban solos. Jesús estaba ahí mismo, con ellos.

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El Señor estuvo con Pablo en todas sus pruebas. Y Jesús promete estar con nosotras hasta el fin del mundo. De hecho, cuando los pecadores nos persiguen, realmente están persiguiendo a Jesús.

El versículo 13 también dice, “Cuando la gloria de Cristo se revele.”

La definición bíblica de “la gloria” se encuentra en la palabra hebrea “kabod” que significa “algo de importancia,” “de substancia.” La gloria es la importancia y la majestad resplandeciente, que acompaña a la presencia de Dios.

Originalmente, el hombre estuvo revestido por esta gloria – con la substancia de la realidad de Dios. Cuando Adán pecó, el “kabod” se fue, dejándolo vacío y expuesto. Sin embargo, según nuestro texto, llegará el día, cuando nuestro sufrimiento será transformado en gloria para toda la eternidad. Pedro declara, que es la presencia del sufrimiento, lo que trae gloria.

Quiero que noten esto porque es realmente fundamental – completamente contrario a lo que nuestra carne nos pide. Nosotras decimos: “Si no tuviera que sufrir, ni pasar por estas pruebas, la vida sería gloriosa.” ¡ESO NO ES VERDAD! Chequea el estilo de vida de los Ricos y Famosos, y verás si esta gente está experimentando gloria, substancia, o alegría.

El mundo insiste que la ausencia del sufrimiento trae gloria. Pero la Palabra de Dios dice que la presencia del sufrimiento es lo que trae gloria. En Juan 16:21, Jesús dice. “Cuando la mujer da a luz, siente dolor porque ha llegado su hora; pero después de que ha dado a luz al niño, ni se acuerda de la angustia, por la alegría de que haya nacido un hombre en el mundo.”

Cuando alguien te cuenta que está en encinta, acaso le dices, “¡No te creo! ¡Que tragedia! Te vas a poner toda gorda… te van a salir estrías. En el hospital, tendrás sudores y dolores. ¡Y el dolor será atroz!” Cuanto lo siento, amiguita, que estés embarazada.” ¡Por supuesto que no diríamos eso!

Nosotras vemos la fertilidad como un gran privilegio y una verdadera alegría porque sabemos que el mismo bebé, que nos trae dolor “por poco tiempo,” nos traerá alegría para toda la vida.

Y Pedro hace eco a las palabras de Jesús, al decir, que aquello que nos causa malestar – ya sea en un matrimonio, un trabajo, una enfermedad o en las finanzas – es precisamente aquello que trae gloria, y alegría inefable.

El aguijón en la carne, que le dio a Pablo tanta dificultad, también le dio poder y gloria. La cruz que le produjo a Jesús dolor y vergüenza, también le dio poder y gloria. El sufrimiento y la gloria son dos caras de la misma moneda.

La gente de madurez, entiende que en la vida hay algunos “goces que tenemos que aplazarlos, o postergarlos. Pagamos el precio, ahora, para poder gozar en el futuro. Por ejemplo. A un estudiante de piano, tal vez, no le guste practicar las notas, hora tras hora, pero espera con ansias, el día cuando podrá tocar bella música.

Al jugador de futbol no le gustará entrenar y practicar día tras día, pero espera con ansias ganar el partido… jugando sensacional ∐ Nosotras, como cristianas, tenemos algo mejor que eso todavía. Algún día, nuestro propio sufrimiento será transformado en gloria -- ¡Y también nos alegraremos grandemente!

14 ¡Bienaventurados ustedes, cuando sean insultados por causa del nombre de Cristo! ¡Sobre ustedes reposa el glorioso Espíritu de Dios!

El Espíritu Santo tiene un ministerio especial para aquellas que sufren por la gloria de Jesucristo. Cuando la gente apedreó a Esteban, él vio a Jesús en el cielo, y experimentó la gloria de Dios. En otras palabras, las cristianas que sufren, no tendrán que esperar al cielo para experimentar la gloria de JESUS.

A través del Espíritu Santo, ellas podrán tener la gloria ahora. Esto explica como los mártires pudieron cantar alabanzas a Dios, estando atados en medio de la hoguera. También explica, como los cristianos perseguidos (y hay muchos de ellos en el mundo hoy en día) pueden ir a la prisión y a la muerte sin quejarse ni resistir a sus captores.

Nuestro sufrimiento nos permite glorificar el nombre de Jesús. ¡Sufrimos por Su nombre! Tú le puedes decir a tus amigas, QUE NO SON SALVAS, que eres bautista, o presbiteriana, o metodista, o hasta agnóstica, y no habrá ninguna oposición; pero diles que eres cristiana – menciona el nombre de Jesús en tu conversación – ¡y verás lo que sucede!

La palabra “cristiano” solo aparece tres veces en todo el Nuevo Testamento – dos veces en el Libro de Hechos, y una vez, en este texto. Este nombre fue dado, originalmente, por los enemigos de la iglesia, como un término de reproche, pero con el tiempo, se volvió en un nombre de honor.

Les recordaba a los discípulos de Jesús, que ellos estaban dedicados, no a un credo, ni a una religión, ni a un sistema de reglas, sino a Jesucristo, el Hijo de Dios.

Ellos estaban entregados a una Persona Gloriosa, que no solo era el Mesías prometido a los judíos, sino el Creador del universo, el Dios encarnado, El que ahora estaba sentado en el trono de Dios en el cielo, como el Sumo Sacerdote de Su propia gente.

Policarpio fue el obispo de Esmirna a mediados del siglo II. Fue arrestado por su fe y amenazado de muerte si no se retractaba. El santo obispo contestó: Por 86 años lo he servido, y Él no me ha hecho ningún daño. ¿Cómo puedo blasfemar a mi Rey y Salvador?

“Mira, Policarpio,” le dijo el oficial romano, “Yo respeto tu edad. Simplemente “Jura y te pongo en libertad; maldice a Cristo." Policarpio se negó rotundamente. El martirio de Policarpio trajo honor y gloria al nombre de Jesucristo.

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Algunas muertes no parecen tener sentido – pero Dios ve las cosas de diferente manera que nosotros. Como dice Tertulio, un historiador cristiano, “La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia.” Algunos han sido torturados porque se negaron a traicionar a aquellos que trabajaban con ellos.

Algunos se mantuvieron firmes, sabiendo que si cedían – aunque sea un poquito – debilitarían la fe de muchos. Algunos se negaron a quedarse callados porque se dieron cuenta de la responsabilidad, que tenían, de decirles a los hombres impíos, a su alrededor, acerca del amor de Dios para que ellos también fueran salvados.

Algunos simplemente estaban dispuestos a dar su vida por Aquel que dio Su vida por ellos.

15 Que ninguno de ustedes sufra por ser homicida, ladrón o malhechor, ni por meterse en asuntos ajenos.

Este versículo hace una aclaración acerca del sufrimiento del cristiano. Los creyentes no se deben de alegrar por ciertos tipos de dolor y sufrimiento. No se deben de sentir bendecidos por sufrir a causa de hacer el mal.

Homicida, ladrón o malhechor se refiere a aquellos que rompen las leyes de la sociedad y sufren las consecuencias por sus acciones. Cuando esto sucede, la creyente no debe de decir, “Estoy sufriendo a causa de Cristo, o a causa de la justicia. ¡NO! ¡No lo estás! ESTAS SUFRIENDO PORQUE HAS ROTO LA LEY.

Y el versículo 15 termina con la frase: “Ni meterse en asuntos ajenos.” Habla de la gente que es entrometida, metiche, y chismosa. Esto se refiere a la cristiana que se mete en lo que no le importa. Que causa trastornos y alborotos.

Al interferir en la vida de otros, la entrometida y chismosa, perturba la paz y la armonía de la iglesia local y de la comunidad. Todas hemos experimentado a una persona metiche y chismosa. ¡Y no es agradable!

Meten sus narices en donde no deben, y cuando las chapan y son confrontadas, generalmente responden, “Se la agarran conmigo porque son cristiana,” o “Estoy sufriendo a causa del Señor.” ¡NO! ¡Es que eres metiche y chismosa!

Llámele lo que le llames, la Escritura nos dice que no estamos sufriendo en el nombre de Cristo. ¡Estamos sufriendo por ser metiches y alborotadoras! Y la palabra de Dios lo llama pecado. ¡Hmmm! Que interesante que Pedro pusiera a las metiches y chismosas en la misma categoría que los asesinos.

Miremos al corazón de la chismosa, para ver qué es lo que sale de ese corazón. Ella dice, “Yo soy chismosa. No tengo respeto por la justicia. Yo hago daño, sin matar. Rompo corazones y arruino vidas. Soy astuta y maliciosa, y me vuelvo más fuerte con el tiempo. Cuanto más repite la gente lo que yo digo, más me creen.

Yo florezco en todo nivel de la sociedad. Mis víctimas se sienten impotentes. No se pueden proteger contra mí porque no tengo rostro. Localizarme es imposible. Cuanto más trates, más escurridiza me vuelvo. No soy amiga de nadie. Una vez que malogro una reputación, nunca más vuelve a ser igual.

Y la chismosa continúa… Yo derribo gobiernos, y destruyo matrimonios. Arruino carreras, y causo muchas noches en blanco. Yo multiplico sospechas, y causo dolor. Hago que gente inocente llore por las noches. Mi nombre produce desagrado. ¡Me llaman chismosa!

Antes de repetir un chisme, pregúntate a ti misma, ¿Es verdad? ¿Es justo? ¿Es necesario? Si no lo es, ¡quédate callada! ¡No digas nada! ¡No seas chismosa! ¡No arruines la reputación de nadie!

16 Pero tampoco tenga NINGUNO vergüenza, si sufre por ser cristiano. Al contrario, glorifique a Dios por llevar ese nombre.

¿Me avergüenzo yo de Jesús, o lo glorifico? Este versículo debe de haberle recordado a Pedro de como negó a Cristo, no solo una vez, sino tres veces. Jesucristo no se avergüenza de nosotras –¡aunque debiera muchas veces!

El Padre no se avergüenza de ser llamado nuestro Dios. EN LA CRUZ, Cristo soportó la vergüenza por nosotras. Sin duda, nosotras podremos cargar reproche por El, sin sentirnos avergonzadas.

Hace poco estaba leyendo acerca de la iglesia perseguida -- de la guerra contra los cristianos en el medio oriente -- y del crecimiento en medio de la opresión.

El medio oriente – el lugar donde la fe cristiana nació – es una de las regiones más peligrosas del mundo, para los discípulos de Jesucristo. Pero en medio de esta persecución tan implacable, la gente se está entregando a Cristo en masa.

Las iglesias están teniendo un crecimiento explosivo, y la luz de Cristo está brillando resplandecientemente en la oscuridad. Estos cristianos perseguidos están orgullosos de su amor por Jesucristo, y pensaron bien en los riesgos, antes de convertirse. ¡Se entregaron completamente al Señor! ¡Ellos saben que no hay salvación sin Jesús!

Ellos podrían minimizar la persecución cristiana por todo el mundo, si solo pudieran convencer a cada cristiano a seguir el ejemplo del creyente típico del mundo occidental.

Solo tienen que compartimentar su vida: Ir a la iglesia los domingos, pero no hablar de Jesús de lunes a sábado. Nuestras hermanas y hermanos perseguidos tienen algo que nosotras necesitamos desesperadamente. Si lo tomamos y seguimos su ejemplo, nuestra vida no se va a volver más fácil.

Pero el mensaje, que debemos proclamar es este: “Considera el riesgo. Comprende la Cruz. Decide cual es el valor que ESTA TIENE para ti. Y luego ELIGE si quieres pertenecerle a Cristo, “¡O NO!” Jesús dice en Mateo 10:38, “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí.”

Un ejemplo perfecto de entrega total a Cristo, es Saeed Abedini, un pastor americano, que está en estos momentos, encarcelado en Irán, por su fe.

Saeed estaba visitando Irán para comenzar un orfanato, pero el régimen islámico lo detuvo, y lo condenó a ocho años de prisión. Lleva preso más de año y medio, a pesar de que mucha gente está apelando para que lo suelten.

Recientemente el pastor Saeed fue transferido a un hospital iraní para ser tratado de las heridas que ha sufrido durante su encarcelamiento. A pesar de las palizas diarias, que le provocaron incluso una hemorragia, el pastor confiesa la gran esperanza que siente al saber “que las iglesias se han unido en oración delante de Dios para solicitar su libertad”.

Saeed expresó, “No saben lo feliz que estaba en el Señor, y me regocijé sabiendo, que en mis cadenas el cuerpo de Cristo se encadenó para orar por mí.

“Cuan hermoso sería si la Iglesia estuviera unida para pelear por la salvación del mundo, de aquellos cuyas vidas están en peligro y quienes están atadas a las cadenas de Satanás; y luchar por la salvación del mundo, un mundo que está camino a la destrucción…

Con la misma pasión, y en la misma forma como ustedes están orando y luchando por mi libertad, dijo Saeed, debemos estar orando y luchando por la salvación del mundo. En medio del sufrimiento, el pastor Saeed tiene el corazón de Cristo.

¡ASI QUE! AHORA QUE YA ESTUDIAMOS LA CERTEZA DEL SUFRIMIENTO, VAYAMOS AL PUNTO NO. II

II. La Certeza del Juicio (1 Pedro 4:17-19)

17 Ya es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza primero por nosotros, ¿Cómo será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios? 18 Además: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde quedará el impío y el pecador?

El juicio, al que Pedro se refería, sería el inicio de la persecución contra la iglesia. Dios permitiría que comenzara, y también, que terminara. Tuvo un efecto saludable para purificar a la iglesia. Lo ideal es que la iglesia se purifique así misma de la vieja levadura, como dice 1 de Corintios 5:7.

Seguro que Pedro se acordaría, como él mismo había tomado medidas disciplinarias contra Ananías y Safira. Y como resultado, Hechos 5:11 dice, “Esto hizo que toda la iglesia, y todos los que supieron esto, se llenaran de mucho miedo. Y luego en el versículo 14, “Los hombres y mujeres que creían en el Señor iban aumentando en número.”

Para el momento en que Pedro escribiera sus dos epístolas, la apostasía ya se estaba sintiendo muy en casa, en una iglesia condescendiente. Si los creyentes no lidian con esta situación, entonces Dios los juzgará, y usará la persecución, como medio, de deshacerse de la paja y conservar el grano.

El hecho que Dios efectivamente juzga a Su propia gente, debiera ser la voz de alarma para los malos. Con toda seguridad que Dios no dudará en juzgarlos. Y algunas veces el juicio les da el alcance en esta vida.

También vemos que la apostasía se está estableciendo en los Estados Unidos, y en muchos lugares de américa latina. Ya no se puede orar en los colegios. Los estudiantes ya no pueden aprender acerca de la creación por diseño inteligente en su clase de ciencias. Solo se permite enseñar el concepto de la evolución.

Este país, que fue fundado por los valores cristianos, ha abierto las puertas al ateísmo. Ha sacado los Diez Mandamientos de la corte de justicia. ¿Se pueden imaginar? ¿Quitar la Ley, de la Corte de la Ley?

Muchas veces, la gente mala se puede salir con las suya. David ponderó este problema cuando Saúl lo estaba persiguiendo. Lo mismo hizo Asaf, otro gran salmista del coro de David. Sin embargo, los malos no se escaparán. Su juicio será postergado. ¡Pero el juicio se viene!

Y finalmente, Pedro está a punto de cerrar su larga exposición acerca del sufrimiento y el juicio. ¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? ¿Cómo debemos de reaccionar cuando estamos abrumadas por el sufrimiento? Pedro nos dice que nos entreguemos completamente a Jesús … y que no nos desanimemos.

19 Así que aquellos que sufren por cumplir la voluntad de Dios, encomienden su alma al fiel Creador, y hagan el bien.

Dios es demasiado amoroso para ser cruel, demasiado sabio para cometer errores, y demasiado poderoso para que Sus propósitos sean frustrados. Sin embargo, muchos de los aspectos del sufrimiento nos desconciertan. ¡No tienen sentido!

Eso es porque ahora solo vemos un lado de la historia Algún día sabremos todo, y nuestra alabanza será grande y eterna. ¡Debemos confiar en Dios!

Imagínate si el esposo de Rut no hubiera muerto. Ella no hubiera conocido a Booz, su redentor, ni tampoco se hubiera convertido en parte del linaje de Cristo. Imagínate que Job no hubiera sufrido tantas calamidades. No hubiéramos tenido el maravilloso libro, que lleva su nombre.

Imagínate que David no hubiera sufrido a las manos de Saúl. Grandes himnos y salmos no se hubieran escrito. Algunas de las grandes epístolas de Pablo fueron escritas desde la prisión. ¿Suponte que Jesús se hubiera negado a ir al Calvario?

Y el versículo 19 termina con “Encomienden su alma al fiel Creador, y hagan el bien.” Dios es todavía Dios. Él está todavía en el trono.

Él es todavía omnipotente, omnisciente, y omnipresente. Él es todavía el Creador. Y Él es todavía el Señor, el Dios del pacto, completamente confiable. ¿Por qué se refiere Pedro a Dios como “el Creador Fiel” en vez del “el Juez Fiel” o hasta el “Redentor Fiel?”

Porque Dios, el Creador, satisface las necesidades de Su pueblo. Es el Creador quien provee comida y ropa a los cristianos perseguidos, y quien los protege en momentos de peligro. Con un Padre como ese, ¿hay algo por qué preocuparse? Él es nuestro Creador fiel, ¡y Su fidelidad nunca fallará!

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Así que la pregunta todavía persiste… ¿Crees en Dios? Cada una de nosotras debe de seguir a Jesús por nosotras mismas. Tú probablemente nunca te enfrentes a la decisión de morir por tu fe. Sin embargo, cada día, te enfrentas a la decisión de vivir para Él.

¿Te estás enfrentando a la persecución hoy en día? ¿Te están persiguiendo a causa de la justicia, o por tu mal comportamiento? ¿Eres una entrometida, metiche y chismosa? Si lo eres, ¿qué cambios piensas hacer en tu vida de ahora en adelante?

¿Honras a Cristo con tu vida, o lo deshonras? Si fueras juzgada en un tribunal por ser cristiana, ¿habría suficiente evidencia para condenarte?

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, en este pasaje, Pedro nos advierte de “La Certeza del Sufrimiento” y de “La Certeza del Juicio.” ¡El sufrimiento se viene! ¡El Juicio se viene! Señor, danos las fuerzas para sufrir por nuestra fe, si es necesario. Y cuando suframos en Tu voluntad, no solo te glorificaremos, sino que nosotras mismas seremos bendecidas.

Te pido, Señor, que nos des un corazón de amor y compasión por aquellos que están siendo perseguidos por su fe en Cristo. Que no pensemos, que porque esta gente está muy lejos de nosotras, que no importa. Lo que a Ti te importa, debiera importarnos a nosotras.

Padre, necesitamos evaluar nuestra fe. ¿Cuán comprometidas estamos a la causa de Cristo? A Su señorío sobre nuestras vidas ¿Es El nuestro Dios del domingo solamente? ¿O lo adoramos también el resto de la semana? ¿Es El No. 1 en nuestras vidas?

Padre, queremos interceder por la salvación de un mundo perdido. Un mundo que está camino a la destrucción. Tú no quieres que nadie perezca. En el nombre de Jesús, Amén.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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