Por Su Fruto los Conocerás - 2nda Parte

Gálatas 5:22

Había un hombre que era un tirano de lo peor, e insistía que su esposa se levantara temprano cada mañana para prepararle su desayuno. También exigía que la casa estuviera impecable en todo momento, y quería una contabilidad exacta de todo el dinero que gastaba en el mercado, en la ropa de los niños, y en cualquier otra cosa.

Un día, el hombre se murió. Después de un tiempo, ella se volvió a casar, pero esta vez, con un hombre, que era el polo opuesto – era amoroso, tierno, considerado, y generoso. Un día, mientras ordenaba uno de sus cajones, se encontró con una de las tantas listas que el difunto solía darle, con todas las cosas que ella debía hacer.

Para su sorpresa, se da cuenta, que ella hacía todas esas cosas por su nuevo esposo, sin que éste se lo pidiera. Ella las hacía voluntariamente porque lo amaba. El amor desea lo mejor para la otra persona. No hay sacrificio demasiado grande que el amor no esté dispuesto a hacer.

EMPECEMOS EN ORACION

Padre, gracias que tu Espíritu Santo vive en nosotras, porque solo a través de El, podemos producir fruto. Queremos ser mujeres virtuosas, y vivir conforme a tu corazón. Queremos que el fruto del Espíritu se manifieste en nuestras vidas. ¡Que amemos a otros como Tú nos amas!

Háblanos, Señor. Somos toda oídos. Te pedimos que tu Espíritu Santo ilumine tu Palabra para conocerte más, amarte más, y servirte de todo corazón. En el nombre de Jesús. Amén.

PAUSA

Gálatas 5:22, “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza. Contra tales cosas no hay ley.”

La semana pasada comenzamos nuestro estudio del fruto del Espíritu Santo. Vimos lo emocionante que es vivir en el Espíritu.

La forma como el Señor nos guía en todo momento… las oportunidades que se abren ante nosotras para hacer algo significativo… El entendimiento,que El nos da, cuando leemos las escrituras, hasta el gozo de mirar un atardecer y darnos cuenta que nosotras conocemos al Creador de toda esa belleza.

Vimos también que la Virtud Verdadera es el fruto de la vida del Espíritu Santo fluyendo a través de la creyente. Nadie puede cultivar virtud genuina aparte de la fe salvadora de Cristo.

Estas virtudes son el fruto de la obra del Espíritu – dentro y a través nuestro. Tú no puedes fabricar el fruto. El fruto crece por sí solo - en las circunstancias y ambiente correctos.

Y el primer fruto del Espíritu que estudiamos fue “¡EL AMOR!” Es ese amor que las aguas no pueden apagar… Es ese amor que es paciente y bondadoso. Es ese amor que nunca te soltará. Y ese amor es más fuerte que la muerte. ¿Parece imposible, no? ¡Imposible para nosotras! Pero gloriosamente posible para el Espíritu Santo.

Así que ahora retomamos este estudio, comenzando con el segundo fruto del Espíritu. ¡GOZO! Gozo no es simplemente otra palabra para felicidad. La felicidad humana depende de lo que está pasando en nuestras vidas en este momento. En cambio el gozo SONRIE, aún en medio de las circunstancias más adversas.

En Juan 15:11, Jesús les dice, “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea completo.”

Una y otra vez, en Sus últimas conversaciones con los discípulos, y a pesar de que la sombra de la cruz, negra y pesada, caía sobre Su corazón, Jesús les habla del gozo – del Suyo mismo y del de ellos.

La intención de Jesús es que cada cristiano tenga gozo. Entonces ¿por qué es que tantas de nosotras batallamos por tenerlo? ¿Qué circunstancias o pensamientos estamos permitiendo que nos roben del gozo que deberíamos tener?

Dejamos que las preocupaciones de la vida nos consuman, y nos roben nuestra alegría. Permitimos que nuestras relaciones rotas nos priven de ese contentamiento de espíritu que viene cuando tenemos verdadero gozo. Nos obsesionamos con aquellos que nos han hecho daño.

Estamos absortas con el pasado y preocupadas por el futuro, y nos perdemos “el gozo presente” que Jesús nos ofrece. Entonces ¿cuál es Su remedio?

Cuando Jesús les hablaba del gozo a Sus discípulos, les decía que permanecieran en Su amor – por medio de la obediencia. Y luego, que se amaran unos a otros, como El los había amado. Y esa no es una sugerencia. ¡Es una orden!

Y Jesús les define el amor, “cómo la disposición hacia otra persona, QUE HACE QUE UNO de la vida, por esa persona. Y Jesús les ordena a Sus discípulos que tengan esa misma disposición. El resultado será vidas gozosas.

Esta no es solo una fórmula en precepto – sino en práctica. Si no tenemos gozo en nuestras vidas, ¿No será que nos hemos olvidado de la riqueza del amor de Cristo? ¿O NO ESTAMOS AMANDO A OTROS, con el mismo gran amor, con que Jesús los ama?

A veces pensamos, que para tener gozo, nuestras circunstancias tienen que cambiar. O algo tiene que curar nuestras heridas pasadas. Así que nos enfocamos en las circunstancias, en las heridas, o en cualquier otra cosa, que nosotras pensamos, son la causa de nuestro descontento.

Mientras tanto, lo que Jesús nos está pidiendo es que miremos muy por encima de la superficie de nuestra falta de gozo, y nos concentremos en el amor.

Entonces, las circunstancias, las heridas, y todas las otras causas de descontento que tenemos, cambiarán, o se volverán irrelevantes. ¡El gozo los vencerá! Y nuestro gozo será completo.

Jesús también les dice en Juan 16:20, “De cierto, de cierto les digo, que ustedes llorarán y lamentarán, mientras que el mundo se alegrará; pero aunque ustedes estén tristes, su tristeza se convertirá en gozo.”

Y Jesús le oró al Padre en Juan 17:13, “Pero voy a Ti; y hablo de esto en el mundo, para que mi gozo se cumpla en ellos mismos.” Lo último que Jesús hace en el Aposento Alto, ante el dolor agonizante que lo esperaba en Getsemaní, ¡ES CANTAR! ¡ALABAR A DIOS!

El gozo es materia hecha en el cielo. El gozo tiene su fuente eterna en Dios. El salmista canta en el Salmo 16:11, “Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!”

En el cielo, estaremos en la presencia de Dios para siempre. En El abunda gozo exuberante. ¡El gozo fue inventado por El! ¡El cielo retumba con cantos! ¡El cielo irradia luz, vida y amor! Gozo es como el arco iris… sonriendo triunfante en la tormenta.

Gozo es como los rayos del sol besando la cumbre de una montaña a lo lejos, muy por encima de la tormenta abajo. Gozo es la alegría del cielo importada por el Espíritu de Dios, y puesto en el corazón dispuesto de la que cree. ¡Gozo es conocer a Jesús!

PAUSA

Nadie tenía mayor razón para llorar y lamentarse por sus circunstancias, que Pablo y Silas en la cárcel filipense. Ellos habían sido arrestados, desnudados, y azotados. Sus espaldas sangraban… y sus pies estaban apretujados en el cepo.

Su calabozo era oscuro y húmedo, y sus cadenas le irritaban las muñecas. Los otros presos eran criminales de lo peor, que no hacían otra cosa que maldecir y quejarse. Ellos mismos tenían hambre y sed, y probablemente hasta tendrían miedo.

Afuera, en la calle, a sus enemigos les hubiera encantado presentar, aún más cargos contra ellos. Bajo toda norma humana, ellos podrían sentirse preocupados, ansiosos, y hasta resentidos. En cambio, ¡ellos cantan alabanzas al Señor!

Ellos oran y cantan ¡hasta que los cimientos de la cárcel retumban! ¡Era un terremoto! Sus cadenas caen, las puertas se abren, y los otros prisioneros quedan clavados a sus camas muertos de pánico. ¿Qué interesante, no? Que la oración y los cantos de alabanza puedan abrir puertas – ¡pero lo hacen!

¿Necesitas que puertas se te abran? Prueba orar y cantar. ¡VAN JUNTOS! ¡Obran maravillas! ¡Eso es gozo! ¡Gozo inefable y glorioso! Como lo llama Pedro en 1 de Pedro 1:8.

Y en Mateo 5:11-12, Jesús dice, “Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal. 12 Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.”

¡Gozo! ¡Con razón el carcelero, su esposa, y toda su casa se entrega a Cristo esa noche! ¿Gozo en la cárcel? Lo que el carcelero ve en Pablo y Silas es más sobrenatural que el terremoto mismo. Lo que él ve, en Pablo y Silas, es el segundo fruto del Espíritu. ¡Gozo!

Una probadita de lo que era el gozo, y él quería más… más para sí mismo… más para su familia. ¡Gozo! Es lo que llevó a los mártires cantando a morir en la hoguera. Es el fruto del Espíritu. Un cristiano amargo ¡es una contradicción!

La única forma de mantener las CAMPANAS DE GOZO repicando en el alma es de permanecer en Cristo, de caminar en el Espíritu, y de ser llenadas por la plenitud de Dios. “Gozo es saber que eres amada incondicionalmente.”

Cuando yo le entregué mi vida a Cristo hace 16 años, ¡Yo estaba muy emocionada! Pero en menos de un mes, mi mundo se comenzó a tambalear. Perdí mi negocio… mi estabilidad económica… y todas las cosas que eran importantes para mí.

En ese tiempo, yo pensaba que mi carrera, mi educación, mi dinero, mi éxito, y prestigio eran las cosas que me definían. Las que me daban valor. En medio de mis lágrimas y dolor, hubiera sido fácil alejarme de Jesús.

Sin embargo, yo quería estar con mi Salvador. No quería renunciar a esa pasión… a ese amor… a ese gozo… y libertad, que había encontrado en Cristo. ¡Me di cuenta que mi valor estaba en El! ¡Nada se compara a El! Me aferré a Su promesa de que El nunca me dejaría ni me abandonaría. ¡Y El ha cumplido Su promesa!

¿Tienes el gozo del Señor? Nehemías 8:10 dice “El gozo del Señor es nuestra fuerza.” Un cristiano sin gozo lleva las cargas de la vida, que ningún otro ser humano, es capaz de llevar.

En cambio el cristiano gozoso ha llegado a comprender sus debilidades, y a aceptar el poder de Dios, depositando todas sus cargas en El. Así que ¡aprende a depositar tus cargas en Jesús. ¡Ten gozo, y se fuerte!

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Si el GOZO es el fruto que emociona a un corazón que encuentra deleite en Dios, la PAZ es la tranquilidad que encuentra descanso en Dios. PAZ es indudablemente, el fruto del Espíritu.

Hay paz en la cristiana, aun en medio de la tormenta – teniendo un espíritu calmado y despreocupado, pase lo que pase. Jesús exhibía esta paz. El nunca estaba apurado, ni molesto, ni agitado.

PAUSA

Desde los doce años de edad, Jesús sabía -- con respecto a Su humanidad – que iba a morir en la cruz por los pecados del mundo.

La sombra de la cruz estaba cada vez más cerca… conforme el tiempo pasaba. Conforme se acercaba el momento, Jesús hablaba más y más acerca de ello, pero nunca demostraba el más mínimo miedo.

Esto nunca inquietaba Su paz ni perturbaba Su aplomo. El vivía, por encima de la tormenta. ∐Pedro aprende el secreto de esa paz, el día que camina sobre las olas. La noche era oscura. Los vientos azotaban las olas. Estas parecían montañas marchantes. Y con cada ola que venía, la destrucción parecía inminente.

Entonces Jesús viene, caminando sobre las olas, como si fuera ésta la forma más natural de cruzar el lago. Y el Señor le da la orden a Pedro a que caminara sobre el agua. Pedro se atreve a tomar un par de pasos. Pero cuando una de las olas casi lo tumba, se distrae. Quita sus ojos de Jesús, e inmediatamente, se comienza a hundir.

Cuantas quitas tus ojos de Cristo, y te enfocas en tus problemas, te comienzas a hundir. Pedro clama al Señor asustado. Y El Señor estira Su brazo y lo salva. Ya de vuelta en el bote, con Jesús a su lado, una sensación de paz invade el corazón de Pedro. Paz era tener a Cristo en el bote, dejando que El se ocupara de la tormenta.

¿No somos nosotras como Pedro? A pesar de que comenzamos con buenas intenciones, algunas veces, nuestra fe es débil. Cuando tienes miedo a los problemas a tu alrededor, y dudas de la presencia de Jesús, o de Su habilidad de ayudarte, recuerda que El es el único, que realmente, puede ayudarte.

F.B. Meyer dice que, “Dios usa el elemento del miedo como el camino para aproximarse a nosotras. Las olas estaban poniendo en peligro al bote, pero Jesús camina sobre las olas.

En nuestra vida habrá gente y circunstancias que nos dan pavor, pero es a través de éstas, que las grandes bendiciones vendrán a nuestra vida, si miramos a Jesús, a través de ellas.

En Juan 14:27, Jesús dice, “La paz les dejo, mi paz les doy; Yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo.”

Vivimos en un mundo inquietante. No existe seguridad en este mundo. Los ladrones entran a robar, los accidentes suceden, las enfermedades atacan, el terror asalta, y la muerte les viene a todos – nadie está inmune a ella.

Ninguna institución humana puede garantizar nuestra seguridad. Las cerraduras en nuestras puertas, y las medicinas en nuestros gabinetes – pueden ayudarnos -- pero no nos prometen nada. Caminamos siempre en terreno incierto.

En la noche que Jesús fuera traicionado, El les recuerda a Sus discípulos de esta verdad. Que aun El, el Hijo de Dios, experimentaría peligros inexorables en este mundo caído. Sin embargo, El los dejaba con una promesa de Paz. Que el cimiento de su seguridad sería Jesús. Que no tenían que tener miedo, si descansaban seguros, en El.

Una de las paradojas del evangelio es que aquellos que carecen de seguridad en este mundo, pueden sentirse completamente seguros, porque la han encontrado en Aquel, que ha vencido al mundo. El Rey, Cristo Jesús, cuyo Reino nunca se estremece, les asegura que sus corazones no tenían por qué angustiarse.

¡Nosotras nos llenamos de falsas seguridades! Nos rodeamos de medidas de seguridad, especialmente para proteger nuestras vidas físicas. Pero el mundo está lleno de peligros, no solo físicos, sino también espirituales y emocionales. Entonces ¿quién nos puede proteger?

La verdadera seguridad solo se puede encontrar en Cristo – cualquier otra cosa -- no sirve para nada. Si sabemos que Jesús está con nosotras, no importa lo que nos está amenazando. El, y nadie más que El, nos ha prometido darnos paz. Y Sus promesas son ciertas. La Paz es el legado que el mismísimo Príncipe de Paz nos ha pasado en el Calvario.

Filipenses 4: 7 dice, “Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” Jesús podía dormir en medio de la tormenta. El podía permanecer tranquilo, aun cuando viera que un hombre poseído por el demonio, se le estaba acercando.

El podía conservar Su paz cuando Sus enemigos lo atormentaban, cuando lo acusaban falsamente, y se burlaban de El. La paz de Dios fortalecía Su corazón contra toda clase de maldades. Es imposible pensar que Dios pudiera sentirse agitado, preocupado, o perturbado.

El es Omniciente, es decir, que El sabe todas las cosas, incluyendo, como va a terminar todo. El es Omnipotente, es decir, que El es todo poderoso, capaz de crear billones de galaxias con una sola palabra. Nada puede impedir Su voluntad, o derrotar Su propósito.

El es Omnipresente, es decir, El está en todas partes… que lo ve todo. La paz de Dios no puede ser perturbada. Ningún hombre, o combinación de hombres… ningún demonio, o alianza de demonios… podía romper Su calma majestuosa.

Es la paz increíble de Aquel, que es toda sabiduría y todo poder, y mantiene todas las cosas bajo control. No le teme a ningún enemigo, No comete errores. Y es Aquel, que procede majestuosamente hacia las metas y objetivos, que El mismo ha trazado.

Esta es la paz que Jesús gozó como Hombre. En toda situación, El simplemente, se hacía asequible a Su Padre. Y a su vez, el Padre hacía que Su paz estuviera asequible a El. Jesús había venido al mundo para hacer la voluntad del Padre, y para ser obediente hasta la muerte, hasta muerte de cruz. (Filipenses 2:8).

A pesar de poseer, como Dios, todos los atributos de Dios, JESUS, como Hombre, hacía uso de los recursos ilimitados de Su Padre, para todo lo que necesitaba. Como resultado, un ambiente de perfecta paz lo rodeaba, paso a paso, en Su jornada en esta vida -- desde la cuna hasta la tumba.

PEDRO, después de Pentecostés, cuando ya había aprendido a vivir en el Espíritu, entra en esa paz. Antes de Pentecostés, se asustaba hasta con la simple sugerencia de una joven sirvienta, de que él era discípulo del Hombre de Galilea.

A pesar de que Pedro amaba a Jesús, lo niega tres veces para salvar su pellejo, blasfemando y maldiciendo. Sin embargo, después de Pentecostés, vemos a un Pedro diferente. Ahora lo vemos en persona arrestado por Herodes, y sentenciado a muerte. Su querido amigo y colega, Jacobo, había sido decapitado.

La fecha de la ejecución de Pedro ya había sido determinada – sería al día siguiente. Dieciseis soldados se tomaban turnos para asegurarse de que nadie lo rescatara. Moriría al día siguiente. ¿Y mientras tanto, ¿qué es lo que Pedro estaba haciendo? ¿Se estaría comiendo las uñas? ¿Estaría sudando frío el pobre… todo asustado?

¿Estaría caminando de arriba para abajo en su celda, al final de sus fuerzas, tratando de cobrar ánimo, decidiendo que moriría como hombre? ¿Como un verdadero cristiano? ¿Estaría orando para que su fe no le fallara? ¡NO! Pedro estaba dormido, profundamente dormido como un bebé, en perfecta paz.

La paz es el fruto del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu mismo nos ministra, nosotras descansamos en los brazos de Jesús, al igual que El mismo, descansara en los brazos de Su Padre.

En su biografía del famoso pintor, Vincent van Gogh, D.M. Fields escribe que cuando Vincent era un hombre joven, anhelaba marcar una diferencia en el mundo. ¿Se preguntaba cómo podía servir a Dios, y a otros? Así que decide dedicarse al ministerio.

Van Gogh se entrega completamente al estudio de la Biblia para atraer a muchos a Cristo. Desafortunadamente, a la gente no les gustaba sus sermones, y los otros predicadores, no lo apoyaban mucho tampoco. Así que, abandonando el ministerio, deja el púlpito para volcarse al atril de pintor.

Su salud mental y emocional comienza a decaer. Sentía que su arte no era apreciado, cayendo, poco a poco, en la desesperación. Finalmente, a los treinta-y-siete años de edad, se suicida, pegándose un tiro.

Para mí, Van Gogh es uno de los pintores más fascinantes. Muchas teorías han tratado de explicar su vida tormentosa. Pero, tal vez, la mejor explicación es la de Salomón, otro hombre que se alejó de Dios, pero descubrió, que sin Cristo, NO HAY PAZ ni propósito en la vida.

La paz es el legado especial de Jesús para Su pueblo. La Paz es esa calma de mente, que no se altera ante la adversidad, no se empaña por una conciencia llena de remordimientos, y no se perturba por el miedo.

PAUSA

Y ahora que hemos visto las virtudes del amor, el gozo y la paz del Señor, miremos a la PACIENCIA. Todas conocemos a alguien que tiene poca paciencia. Que explota a la menor provocación. Una persona de paciencia es el opuesto. Ella tiene dominio sobre sí misma… y tiene mucha paciencia.

Paciencia es poder contenerse ante la provocación. La persona que ha desarrollado el fruto de la paciencia no se apresura a desquitarse, ni a vengarse por el daño que le hayan hecho.

La paciencia es esa cualidad que no se rinde ante la circunstancias, ni cede ante la presión de una prueba. Paciencia es lo opuesto a la ira, y es usada cuando se habla de Dios. La paciencia está asociada con la misericordia.

Carlos Spurgeon, famoso predicador inglés, contaba la historia de una persona muy caritativa que le da a Rolando Hill, un evangelista, cien libras esterlinas para que se las diera a un misionero pobre.

Pensando que eso era mucho dinero para mandarlo todo de golpe, el Sr. Hill manda cinco libras esterlinas en una carta con estas simples palabras: “Hay más todavía.”

A los pocos días, el buen hombre recibe otra carta por correo – y cartas por correo en esa época, no eran muy comunes. Este segundo mensaje contenía otras cinco libras esterlinas, con la misma frase: “Y hay más todavía.”

Después de unos días, llegan la tercera y cuarta remesa con la misma promesa: “Y hay más todavía…” hasta que el asombrado misionero recibe la cantidad completa. El pobre hombre se había sentido tan bendecido por esas alentadoras palabras: “Y hay más todavía.”

Cada bendición, que viene de Dios, es enviada con el mismo mensaje: “Y hay más todavía.” Dios dice, “Te perdono tus pecados, pero hay más todavía.

Te justifico en la justicia de Cristo, pero hay más todavía. Te adopto a mi familia, pero hay más todavía. Te preparo para el cielo, pero hay más todavía. Te doy gracia sobre gracia, pero hay más todavía.

Te sostendré en la hora de tu muerte, y cuando estés pasando por el mundo de los espíritus, mi misericordia seguirá contigo, y cuando llegues al mundo del más allá, habrá más todavía.

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Cuando los hijos de Israel llegan al Monte Sinaí, Moisés sube montaña arriba para comparecer ante Dios… pero la gente se vuelve impaciente porque no regresaba.

Éxodo 32:1 dice, “Al ver el pueblo que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a ver a Aarón y dijeron: ‘Anda, haznos unos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés, que nos sacó de Egipto, no sabemos que pudo haberle sucedido.’”

Así que Aarón les hace un becerro de oro, y bajo la sombra del Monte Sinaí, la gente cae hasta lo más bajo en idolatría. Dios castiga su pecado. Y eso no era todo. Dios le dice a Moisés, que Él iba a abandonar al pueblo; pero que enviaría a Su Ángel a que les despejara el camino para que pudieran entrar a la Tierra Prometida.

¡Moisés se alarma! Por eso en Éxodo 33:15, Moisés ORA, “Señor, si Tú no vas a venir conmigo, no nos saques de aquí.” Moisés asume el papel de mediador y le suplica a Dios que no abandonara a Su pueblo.

Dios vuelve a llamar a Moisés a la cumbre del monte. Y le revela, más de Su carácter, en Éxodo 34:6-7, “¡EL SEÑOR! ¡EL SEÑOR! ¡Dios misericordioso y clemente! ¡Lento para la ira, y grande en misericordia y verdad! 7 ¡Es misericordioso por mil generaciones! ¡Perdona la maldad, la rebelión y el pecado….”

A pesar de que la gente había provocado a Dios, más allá de lo imaginable, Él les demuestra paciencia. Él no se precipita a desquitarse o vengarse. Sin embargo, era necesario que Dios les demostrara claramente cuan santo era El, y cuan insultante y vergonzosa había sido su idolatría.

A pesar de todo, la paciencia era siempre la característica principal de Dios cuando trataba con ellos.

Pablo usa la palabra “paciencia” para describir la forma como Dios todavía se contiene al no derramar Su ira sobre la humanidad, por sus terribles pecados. Sin embargo, la paciencia de Dios, no se debe de interpretar como debilidad, indulgencia, o indiferencia.

Otro gran ejemplo de la paciencia de Dios, lo vemos en el Antiguo Testamento, en la forma como Dios se contiene, durante 120 años, para no mandar el diluvio sobre la gente de la época de Noé. Durante todo ese tiempo, Noé le había predicado al mundo antiguo… Y NADA…

El arca se estaba construyendo para ser el medio de salvación para aquellos que prestaran atención al mensaje, y escaparan la ira de Dios. Pero todo fue en vano. Y hoy en día, el Espíritu Santo, sigue luchando con la humanidad.

Pedro habla de esa gente en 1 Pedro 3:20, “A los que en otro tiempo desobedecieron, en los días de Noé, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se preparaba el arca, en la que una cuantas personas, ocho en total, fueron salvadas por medio del agua.”

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Nadie ha demostrado más paciencia que Jesús. Fue paciente con Sus discípulos. Aun en Getsemaní, cuando El les había pedido específicamente, que se mantuvieran despiertos y oraran, se quedan dormidos. Dos veces los tiene que despertar.

La tormenta estaba al comenzar. Judas y el populacho se estaban acercando a ellos en la oscuridad de la noche. ¡Los discípulos necesitaban orar! Al final, Jesús los deja dormir. En Marcos 14:38 Jesús les había dicho, “Manténganse despiertos, y oren, para que no caigan en tentación. A decir verdad, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.”

Jesús fue paciente con la incredulidad de Su propia generación: “¡Ay, gente incrédula y perversa!” El espíritu de incredulidad le seguiría los pasos, desde las alturas del Monte Hermón, hasta las antecámaras de Pilatos. Ni una vez reacciona con ira.

El fue paciente con los Samaritanos, quienes, por su orgullo e intolerancia religiosa y racial, no le permiten pasar por su aldea. Fue paciente con Jacobo y Juan, cuando reaccionan violentamente en Lucas 9:54-55, “¿Señor, quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya?”

Jesús les contesta: “Ustedes no saben de qué espíritu son. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a quitarle la vida a nadie, sino a salvársela.” ∐ Ellos todavía no habían recibido al Espíritu Santo, y como resultado, no exhibían el fruto del Espíritu.

Jesús fue paciente con Jerusalén. Los hace responsables por no haber distinguido las señales de los tiempos… por no haber sabido la Palabra de Dios, pues ellos lo rechazaron como su Mesías. Así que Jesús profetiza la destrucción del templo. Sin embargo, esperó 40 años para hacerlo.

En el año 70, después de Cristo, el templo fue destruido exactamente como Jesús lo había predicho.

El fue paciente con Pedro, al perdonarle su negación. Fue paciente con Jacobo, Su medio hermano. Nunca sabremos lo que Nuestro Señor Jesucristo debe de haber sufrido a las manos de su hermano intolerante durante los largos años que vivieron juntos en Nazaret, y mientras trabajaban juntos en la carpintería de la familia.

Pero después de la resurrección, cuando la incredulidad terca de Jacobo debía haberse derretido, Jesús se toma la molestia de irlo a buscar, y de salvarlo. Primero de Corintios 15:7 dice, “Luego se apareció a Jacobo, después a todos los apóstoles.”

La paciencia es la rara virtud de carácter, que debiera ser parte de nuestro carácter también. Debemos de ser pacientes, aun cuando nos provoquen o nos insulten.

¿Cómo reaccionas hacia la mujer que no deja de fumar – cigarrillo tras cigarrillo – en la sección de no fumar en un restaurante? Y para remate, su mesa está al lado de la tuya. ¿O cómo reaccionas cuando alguien se cuela delante de ti, cuando tú has estado esperando en la cola por un montón de tiempo?

Y YA PARA TERMINAR…

Como les conté antes… Cuando le entregué mi vida a Jesucristo, todo lo que pudo salir mal, salió mal. Perdí mi negocio, mi estabilidad económica, mi crédito, y casi, hasta pierdo mi casa. Traté de conseguir trabajo, pero no había trabajo para mí… a pesar de que tenía una maestría en administración de empresas.

Como no podía entender lo que estaba pasando en mi vida, clamé al Señor, “Por favor, Señor, ayúdame a entender. ¿No sé qué hacer? ¡Quiero hacer Tu voluntad!

Un día, después de todo un año de luchas, escuché al Señor hablarme al corazón de forma clarísima, me dijo: “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” Y me lo repetía una y otra vez, Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

Al rato prendí la radio, y una canción comenzó, “Estate quieta y reconoce que Él es Dios.” Se me salían las lágrimas. ¡Dios me estaba hablando! Luego fui a la tienda a comprar una tarjeta para el día del padre, y una tarjeta prácticamente me saltó a la vista, que decía, Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.”

Ese domingo, cuando fui a la iglesia, el encargado de la alabanza comenzó a cantar un solo, “Estate quieta y reconoce que Él es Dios.” Ese miércoles en la iglesia, el pastor comenzó el culto orando, “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” ¡Dios me lo repitió cinco veces en cinco días!

“Señor,” le pregunté con lágrimas de emoción, “¿Me estás tratando de decir algo?” ¡Era obvio! En ese tiempo yo todavía era una novata en la fe, así que no entendía bien todo esto. Dios me estaba hablando a través del Salmo 46:10. El me estaba diciendo que confiara en El. Que tuviera paciencia.

Que Él tenía un plan para mi vida, y que lo cumpliría a Su debido tiempo. Que tenía que dejar de hacer las cosas a mi manera, y hacerlas a Su manera. Mientras esperaba pacientemente a que Su voluntad se cumpliera en mi vida, Jesús me abrió la puerta para ir a la Escuela de Ministerio.

Luego, en un viaje misionero corto que hice, Jesús me habló al corazón, diciéndome que yo tenía mi propia gente. Yo comencé a preguntar: “Señor, ¿quién es mi gente? ¿La mujer peruana? ¿La hispana? ¿La americana? ¿O la mujer en general?

A través de una misionera, que conocí en ese viaje, El Señor me dijo al oído, “Estate quieta y reconoce que Yo soy Dios.” El Señor me comenzó a preparar para enseñar la Biblia a mujeres. Primero en mi iglesia, como maestra bíblica en inglés, luego en Latino América dando conferencias para mujeres.

Y después de 11 años, cuando ya pensaba, que tal vez, había escuchado mal al Señor, Dios me hablo a través de las escrituras en Josué 18:3, ¿Hasta cuándo vas a esperar para tomar posesión del territorio que te he dado?

¡No lo podía creer! El abrió la puerta en el momento preciso, para que enseñara Su Palabra, a la mujer hispana, a través de la radio y el internet. El mensaje que estás escuchando hoy es la obra del Señor, y tú no estás escuchando por casualidad.

Dios tenía algo muy importante que decirte a través de Su Palabra.

Y El tiene un gran plan para tu vida también. Espera en El. Ten paciencia. Y como me dijo a mí, te dice a ti, en el Salmo 46:10, “Estate quieta y reconoce que YO soy Dios.”

OREMOSLE AL SEÑOR

Padre, como anhelamos que el fruto del Espíritu Santo, se de en nuestras vidas. Queremos más de Ti. Solo Tú satisfaces. Queremos amar como Tú amas. Queremos sentir el gozo que solo Tú puedes dar. Queremos tu paz que sobrepasa todo entendimiento.

Y sobre todo, queremos Tu paciencia, para poder ser mujeres más sumisas, más ecuánimes, y más tolerantes. No queremos que las preocupaciones de la vida nos consuman, y nos roben nuestra alegría. Tu gozo es nuestra fuerza. Padre, ayúdanos a contenernos cuando alguien nos provoque a la ira. A tener paciencia. ¡A ser como Jesús!

No queremos desquitarnos ni vengarnos… cuando nos hagan daño. Queremos irradiar Tu luz. Que el mundo pueda palpar, desde muy cerca, nuestra paz y gozo, y que lo quiera para sí mismo. Queremos ser imanes para atraer a otros a Cristo. Gracias por llenarnos de tu Espíritu. No podemos vivir la vida cristiana sin Su poder.

Gracias, Padre, por amarnos tanto, y usarnos para Tu Reino. En el nombre de Jesús. Amén.


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© Fotografía por Nancy Galligan

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