Lucas 2:8-14 dice, “En esa misma región había pastores, que pasaban la noche en el campo cuidando a sus rebaños. 9 Allí un ángel del Señor se les apareció, y el resplandor de la gloria del Señor los envolvió. Ellos se llenaron de temor.

10 Pero el ángel les dijo, “No teman, que les traigo una buena noticia, que será para todo el pueblo motivo de mucha alegría. 11 Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. 12 Esto les servirá de señal: Hallarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

13 En ese momento apareció, junto con el ángel, una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14 ‘¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra a todos los que gozan de Su favor!

15 Cuando los ángeles volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Vayamos a Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha dado a conocer. 16 Así que fueron de prisa, y hallaron a María y a José, y el niño estaba acostado en el pesebre.

17 Al ver al niño, contaron lo que se les había dicho acerca de Él. 18 Todos los que estaban escuchando quedaron asombrados de lo que decían los pastores. 20 Al volver los pastores, iban alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo había sucedido tal y como se les había dicho.”

Que interesante, ¿no? Que Dios no mandara las buenas nuevas del nacimiento del Mesías a los sacerdotes, o a los profetas, o a los reyes.

En vez de emitir un edicto oficial, desde los escalones del templo o del trono de un rey, el Señor mandó a Sus ángeles a un grupo de pastores anónimos, y les dio la responsabilidad de difundir las noticias de Jesucristo. Humanamente hablando, Dios escogió a los individuos, menos calificados, para que se convirtieran en los primeros evangelistas.

¡Cómo se debe de haber sorprendido María! … al ver llegar al establo a estos hombres hablando acerca de las multitudes de ángeles, y de una estrella maravillosa. ¡Todas ellas anunciando el nacimiento de su hijo! Los pastores fueron los primeros en arrodillarse ante el pesebre.

DEBE DE HABER SIDO SORPRENDENTE… dado quienes eran. Sin embargo, ahí estaban – ADORANDO AL SALVADOR RECIÉN NACIDO.

PAUSA

La vida está llena de “momentos” que marcan el corazón y la memoria. Algunos momentos son oscuros y dolorosos. Como cuando recibí la llamada de mi hermana diciéndome que mi MAMÁ se acababa de morir de un ataque al corazón. ¡Yo acababa de hablar con mi mami el día anterior!

Cuando me acuerdo de ese momento hace treinta años, emociones de pena y tristeza se apoderan de mí, y siento el mismo vacío que sentí en aquella vez.

Hay otros momentos, que son emocionantes, como cuando la directora del estudio bíblico, me dijo que yo tenía el don de la enseñanza, y que ella quería que yo fuera una de las maestras de su equipo. ¡GUAU! ¡Hasta ahora me emociono cuando recuerdo ese momento!

Y también hay uno de esos momentos EXCEPCIONALES. Para mí, uno de esos momentos fue cuando compartí, por primera vez, la salvación de Cristo con un grupo de 300 mujeres durante una conferencia de damas.

Cuando hice la invitación de salvación, las trescientas mujeres se pusieron de pie, para entregarse a Cristo. ¡NO LO PODÍA CREER! La emoción que sentí, en ese momento, fue indescriptible. ¡Fue un momento esplendoroso!

Pero comparado, CON LO QUE ESTOS PASTORES VIERON en esos momentos en las colinas de Judea, puede que no suene tan espectacular. Sin embargo, LO QUE YO SENTÍ EN ESE MOMENTO, no fue del todo diferente, a lo que me imagino, que estos pastores sintieron… algo asombroso, espectacular, magnífico, conmovedor, y abrumadoramente esplendoroso.

La vida de un pastor de esa época era una vida bastante solitaria. Una vida de mucho trabajo… de peligro y pobreza. Los pastores no eran considerados gran cosa en la sociedad en que vivían. Y a pesar de que eran prácticamente excluidos de todo, el Dr. Larry Richards, autor y educador, escribe…

Que los pastores estaban excepcionalmente equipados para ser favorecidos por este gran privilegio, “El Salvador, quien ahora había nacido y estaba acostado en el pesebre, ERA EL CORDERO DE DIOS. Y como el Cordero, Él estaba destinado a morir por los pecados del mundo. A morir por estos mismos pastores, COMO SU SALVADOR.

Como los pastores se sentaban en el campo, durante las noches frías y oscuras, para cuidar y proteger a sus corderitos, ellos podían entender el corazón de Dios Padre, al vislumbrar lo que significaba, PARA Él, dar a Su único Cordero por todos.

Del punto de vista humano, es increíble que el Hijo de Dios se pudiera identificar A SÍ MISMO, con pastores que eran los miembros más bajos “ de la sociedad y cultura de esa época”. Sin embargo, Jesús se describe a sí mismo como el Pastor, el protector y perseguidor de Su rebaño.

Imagínate a estos pastores – aislados de su gente, de su templo, y de su esperanza – descubriendo de la boca de los ángeles, que ellos no habían sido expulsados, ni olvidados por Dios.

Un hecho, QUE DIOS MISMO PROBÓ, haciendo que ellos fueran los primeros en escuchar el mensaje de esperanza en Lucas 2:11:“Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor.” Este mensaje de esperanza para los pastores fue un mensaje de esperanza para todo el mundo.

Este niño nacido en Belén se convertiría en el Buen Pastor que daría Su vida por las ovejas. En el Gran Pastor, que compraría a Sus ovejas, con Su sangre… la sangre del pacto eterno. En el Pastor y Guardián de nuestras almas. En el Príncipe de los pastores, que vendrá de nuevo por los Suyos, con la corona incorruptible de gloria.

Lo primero que estos pastores hicieron FUE ADORAR. Y segundo, contarle a todo el mundo lo que habían visto. Los pastores, NO SOLO FUERON los primeros en escuchar, sino ellos también fueron los primeros en contar el mensaje de Navidad.

Con sus corazones rebosantes de emoción, por lo que habían experimentado, ellos compartieron con otros… contándoles toda esa increíble historia – de los ángeles, y la gloria, y el bebé. ¡Esa es verdadera adoración! De arrodillarte ante Cristo, para luego ir a dónde otros, y proclamar Su gloria y salvación.

De humillarte silenciosamente en la presencia del Rey, para que tú también puedas hablarles a otros con valentía. Tu testimonio es simplemente la descripción del cambio que has experimentado en tu vida – DE ANTES A DESPUÉS de Cristo.

Si un grupo de pastores pudieron hacerlo, ¡TÚ TAMBIÉN PUEDES!


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© Fotografía por Nancy Galligan

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