EL AMOR DE JESÚS – Efesios 3:17-18

En Efesios 3:17, Pablo dice, “Para que por la fe… Cristo habite en sus corazones… arraigados y cimentados en amor. “

Todas nosotras tenemos una visión muy romántica del amor. La Biblia no ignora el lado emocional del amor, pero generalmente, enfatiza el lado de la voluntad. El amor no es algo que añadimos a nuestras vidas cristianas. ¡NO! El amor es la raíz, y la base de la vida cristiana.

En este pasaje, Pablo nos presenta dos categorías totalmente diferentes, que ilustran la importancia de comenzar bien: El mundo del biólogo, y el mundo del constructor. Un bulbo crece… y un edificio crece. Pero ellos crecen de diferentes maneras. Pero tienen una cosa en común. Ambos tienen que comenzar bien.

Nosotras tenemos que estar arraigadas en el amor. La planta no crecerá, a menos que no esté arraigada en la tierra adecuada. Pablo vio al amor como la tierra en que todos los cristianos experimentan el mayor crecimiento. Primero de Corintios 13:1 dice que si nuestro servicio a Dios carece de amor, “es como metal resonante, o címbalo retumbante.”

Si nuestras vidas cristianas no están arraigadas en el amor, éstas se marchitarán y se desvanecerán. El amor,que es la tierra del alma, provee el nutriente necesario para sostener vidas cristianas -- fragantes y productivas. El amor eterno de Dios es lo que Jesús demostró en Su vida y en Su muerte.

Y SI NOSOTRAS ESTAMOS ARRAIGADAS EN ESE AMOR, Su amor se reproducirá en nosotras.

Y este pasaje también dice que tenemos que estar cimentadas EN EL AMOR. La palabra griega traducida “cimentada”, se relaciona con el cimiento de un edificio. Nuestro Señor Jesucristo usó la misma palabra en Su parábola de los dos constructores, el uno sabio, y el otro, tonto.

Hablando del hombre sabio, que construyó su casa en la roca, Jesús dijo en Mateo 7:25, “Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, pero esta no se vino abajo, porque estaba fundada sobre la roca.”

No importa cuán maravillosa sea la organización cristiana, que edifiquemos. No importa cuán eficiente,y exitosa sea. No importa cuán imponente sea la iglesia que construyamos. Si nuestros esfuerzos no están cimentados en el amor de Dios, no servirá de nada.

Años después, de que Pablo le escribiera esto a los Efesios, nuestro Señor Jesucristo tuvo que advertirle a esa misma iglesia en Apocalipsis 2:2-5, “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu paciencia. Sé que no soportas a los malvados, que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y que has descubierto que son unos mentirosos.

3 Por causa de Mi nombre has resistido, sufrido y trabajado arduamente, sin rendirte. 4 Pero tengo contra ti que has abandonado tu primer amor. 5 Así que ponte a pensar en que has fallado, y arrepiéntete, y vuelve a actuar como al principio.”

El amor tiene que ser la base de la vida de la iglesia. De lo contrario, ¡NO DURARÁ! La iglesia de Éfeso, en los tiempos de Juan, estaba insolvente. Sus muchas obras podrían ser comparadas a monedas falsas – monedas que nunca habían sido acuñadas en el amor.

A lo mejor Pablo sintió, que esto le pasaría a la iglesia de Éfeso, y por eso estaba recalcando la necesidad de cimentar la vida cristiana y la vida de la iglesia sobre el fundamento del amor.

18 Sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo. Imagínate los sentimientos de amor más intensos que hayas sentido en tu vida. Esa época en que sentiste que tu corazón estaba a punto de explotar por tu amor tan abrumador por alguien.

Ahora imagínate esos sentimientos multiplicados por dos. ¡Y MULTIPLICADOS POR DOS DE NUEVO! ¡Y DE NUEVO! Sería muy difícil para tu corazón lidiar con tanta intensidad, ¿no es cierto?

Sin embargo, esa intensidad es solo una fracción del amor de Dios para cada una de Sus hijas. Las dimensiones de Su amor son incomprensibles, pero aun así, este pasaje nos alienta a que tratemos de entenderlo.

La única forma que podremos conocer este amor, que sobrepasa todo entendimiento, ES ENFOCANDO NUESTROS OJOS EN LA CRUZ DEL CALVARIO. ∐¿Cuán ancho es el amor de Dios? Es más ancho que el mar, más ancho que el mundo, más ancho que el universo.

Cuando Dios demostró Su amor, convirtiéndose en hombre y viviendo en esta tierra, ese amor no fue angosto, ni parroquial, ni prescrito por un credo, ni por costumbre.

Jesús amó al hombre rico. Él amó a la mujer que fue sorprendida cometiendo adulterio. Él amó a Herodes,que mató a Juan el Bautista, y se burló de Jesús. Él amó al débil y egoísta Poncio Pilato, cuyo corazón estaba dividido entre la justicia y la ambición. Él amó a Nerón, a Hitler, y a Stalin.

¡Y MARAVILLA DE MARAVILLAS! ¡ÉL NOS AMA A NOSOTRAS! ¡Su amor es lo suficientemente ancho para abarcar a todas nosotras!

¿Y cuán largo es el amor de Dios? ¿Cuándo comenzó Dios a amarnos? ¿Cuándo comenzó el amor de Dios? ¡EL AMOR DE DIOS NUNCA COMENZÓ! ¡Siempre existió! ¡ES ETERNO! ¡Tan eterno como Dios es eterno!

¿Cuán profundo es el amor de Dios? Cristo vino de las imponentes fortalezas del cielo a los recovecos más oscuros de la tumba. Jesús vino de las glorias del cielo… A GALILEA, y estuvo contento de ser criado en un pueblo despreciado, como Nazaret, y de ser conocido como el hijo de un carpintero.

Jesús recorrió el largo y solitario camino de Galilea a Getsemaní, donde lloró ante el horror de nuestro pecado, y el tormento de la cruz, que se aproximaba. ¡EN GÓLGOTA FUE CLAVADO A UNA CRUZ! Jesús fue abandonado por Dios, y aplastado bajo el peso del pecado del mundo. El amor llevó a nuestro Salvador… de la gloria a la tumba.

¿Y cuán alto es el amor de Cristo? El ascendió a la gloria, y está sentado a la mano derecha del Padre. En esas alturas, Cristo reina en esplendor y brillantes. Es adorado y alabado por los santos alrededor del trono.

¿Nos olvidará Jesús, ahora que está en el trono del universo con galaxias girando alrededor de Sus pies… ¡NO! ¡Jesús no nos olvidará! Por eso Él nos ha prometido en Juan 14:3, “Si me voy y les preparo lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde Yo esté, también ustedes estén.”


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© Fotografía por Nancy Galligan

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