Juan 21:4 dice “Cuando ya estaba amaneciendo, Jesús se presentó en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. 5 Y Él les dijo: ‘Hijitos, ¿tienen algo de comer?’ Le respondieron: ‘No.’ 6 Él les dijo: ‘Echen la red a la derecha de la barca, y hallarán.’ Ellos echaron la red, y eran tantos los pescados que ya no la podían sacar.

¿Por qué les dice Jesús que echaran la red al lado derecho del bote? ¿Por qué al lado derecho? Porque ese era el lado que Jesús les había dicho. El punto no es adonde se va a hacer la obra, ni cómo; sino si estamos haciendo la obra bajo la dirección de Cristo y en obediencia a Él, o si la estamos haciendo por nuestra propia iniciativa y sabiduría.

Los discípulos pudieran haber dicho, “Hemos estado pescando toda la noche. Somos expertos en la pesca. ¿Qué diferencia puede haber en un par de metros… a este u otro lado del bote? Pero cuando hacen lo que Jesús les dice, terminan en el lado correcto. La pesca resulta tan increíble QUE NO PODÍAN SACAR LA REDDE LO PESADA QUE ESTABA.

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¿Has notado que nuestro Señor usa, lo que la gente tiene, como la base de Sus milagros? Los discípulos habían estado pescando toda la noche, y no habían cogido nada. Sin embargo, Jesús les da pescado en abundancia.

Por ejemplo, en la boda de Caná, las tinajas de agua estaban vacías. Nuestro Señor les dice que las llenen de agua, y entonces, convierte el agua en vino. Dios le pregunta a Moisés lo que tenía en la mano. Y Moisés le dice “una vara”, y con esa vara, Dios hace Sus grandes milagros por Israel.

Cuantas personas quisieran estar en algún otro lugar, o en alguna otra circunstancia. Si Dios no te puede usar aquí mismo donde estás,” no creo que te pueda usar en ninguna otra parte.

Además, has notado que todo lo que Dios hace, ¿lo hace en abundancia? Las tinajas de Caná estaban llenas de vino… hasta el tope. Cuando Jesús alimenta a los cinco mil, no solo se sacian todos, sino que quedan doce canastas llenas de las sobras de los panes y peces. ¡Y este pasaje nos dice que las redes estaban repletas de peces!

Es por eso que Efesios 3:20 dice, “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir.”

7 Entonces el discípulo a quien Jesús amaba le dijo a Pedro: ¡’Es el Señor!’ Y cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se puso la ropa (porque se había despojado de ella) y se echó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban como a doscientos codos de la orilla.

¡Es el Señor! Juan tenía una percepción espiritual, que Pedro no tenía. Pedro no tendría el discernimiento de Juan, pero han notado que cada vez que se le presenta la oportunidad, ¡Pedro se acerca a su Señor!

Los otros hombres se quedan sentados en el bote, esperando llegar a la orilla. ¡NO PEDRO! ¡Él no quiere esperar! ¡Él quiere estar cerca de Su Señor! ¡ES EL SEÑOR! Me encanta la forma como Max Lucado describe la reacción de Pedro… la emoción de Pedro…

Dice que, “Pedro se tira al agua, cual pez, nada hacia la orilla, sale del mar “mojado y tiritando,” y se para delante del Amigo, al que había traicionado. Por una vez en su vida, Pedro estaba callado. ¿Qué podía decir? El momento era demasiado santo para hablar.

¿Qué podrías DECIR TU en un momento como ese? Están tú y Dios a solas. Tú y Dios saben perfectamente lo que has hecho. Y ninguno está orgulloso de eso. ¿Qué puedes hacer en ese momento? Considera hacer lo que Pedro hace.

Párate delante de Dios. En Su presencia. Párate en silencio y espera. A veces eso es todo lo que un alma puede hacer. Demasiado arrepentida para hablar, pero demasiado esperanzada para irse… Estamos simplemente de pie ante Dios.

¡Maravilladas! Jesús ha regresado. Te invita a que trates de nuevo – pero esta vez, JUNTO CON EL.

9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, un pescado encima de ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: ‘Traigan algunos de los pescados que acaban de pescar.’ 11 Simón Pedro salió del agua y sacó la red a tierra, llena de grandes pescados. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de ser tantos, la red no se rompió.

12 Jesús les dijo: ‘Vengan a comer.’ Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Tú, quién eres?’ pues sabían que era el Señor. 13 Entonces, Jesús tomó el pan y les dio de él, lo mismo que del pescado. 14 Esta era la tercera vez que Jesús se manifestaba a Sus discípulos.

Cansados, hambrientos y frustrados, estos discípulos se sentían descorazonados y necesitaban una buena dosis de ánimo. Jesús va donde ellos, les revela Su presencia y les dice: “¡Chicos, vengan a tomar desayuno!” ¡Qué tal invitación!

Jesús dice en Marcos 16:15, “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura,” ¡SI! Pero Jesús prefiere que tomes desayuno con El primero, ANTES DE IR.

¡Qué lindo poder tomar desayuno con Jesús todas las mañanas! Escuchar Su voz. Sentir Su presencia. Me imagino a los discípulos sentados alrededor de la fogata… saboreando del desayuno que Jesús les había preparado. El aroma del pescado cocinándose, y la alegría de recibir el pan fresco de las manos de su Salvador.

Todas necesitamos estar a solas con Jesús. Todas necesitamos recibir el pan fresco de Su Palabra. De acercarnos a Él en oración.

Sin esto, Jesús no puede brillar en nuestro corazón PARA TRANSFORMARNOS. Jesús quiere estar contigo todos los días, para influir en tu vida, para hablarte de Él, para enseñarte, para soplar Su Espíritu en ti, y para darte nueva vida, gozo y fuerza. Él quiere que permanezcas en El siempre. ¿Lo harás?


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© Fotografía por Nancy Galligan

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