¿Hay escenas de tu pasado que quisieras borrar? ¿Tu culpa te ha hecho alejarte de Dios? ¿Anhelas ser perdonada?

Ser perdonada significa literalmente “ser absuelta.” El peso de la culpa ha sido levantado. Antes de confesar nuestro pecado, lo cargamos como un gran peso. Pero cuando se lo confesamos a Dios, Él nos lo quita de encima.

El Salmo 32:1 dice, “Dichoso aquél cuyo pecado es perdonado, y cuya maldad queda absuelta.” ¡Felicidad es ser perdonada! Es una emoción indescriptible. Es el alivio de un gran peso que ha sido levantado, DE una deuda que ha sido cancelada, DE una conciencia que ya está tranquila. La culpa se ha ido, la lucha ha terminado… ya se puede tener paz.

Dios es el único que puede tratar con el pecado. SOLO DIOS, el eterno y omnipotente, quien controla todos los factores del tiempo, materia y espacio, puede borrar el pecado, Y AÚN EL, solo puede hacerlo por medio de Jesucristo - en la Cruz del Calvario.

No hay mayor bendición que saber que nuestro pecado ha sido perdonado y cubierto por la sangre de Cristo, y que ya no cuenta en contra nuestra. No importa lo que hayas hecho. David había matado a un hombre para encubrir su adulterio. ¿A lo mejor tú has robado plata, has engañado a una amiga, o a tu socia, o has mentido acerca de casi todo?

¡No importa! Dios te perdonará y te restaurará. El perdón de Dios es para todos, y para todos nuestros pecados, y la bendición que sigue al perdón, es la mayor de las alegrías.

A pesar de que Jesús odia el pecado, El ama al pecador y quiere perdonarlo. Esta verdad fluye de la abundancia de Su gracia, de Su amor y Su compasión. ¡Su esencia nunca cambia!

El perdón siempre está disponible para aquellos que lo pidan. 1 de Juan 1:9 dice “Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”

Entonces, si es verdad que “El Perdón” está basado en que Dios nos ha perdonado en Cristo, ¿cómo es que las cristianas, muchas veces,no estamos dispuestas a perdonar -- como lo vemos en los conflictos y divisiones en las familias… entre amigos, y en las iglesias. ¿Cómo es que muchas cristianas guardan rencores por años?

Algunas de ustedes se pasan la vida contando la misma historia… repitiendo el mismo cuento… la misma ofensa… una y otra vez… ¿Para qué? Dios declara en Hebreos 10:30, “Mía es la venganza; Yo pagaré.” El derecho de juzgar es de Dios, no es nuestro. No perdonar es irreverente.

Perdonar no es decir que el que te ofendió está en lo correcto. ¡NO! Perdonar es manifestar que Jesús es fiel, y que El hará lo correcto. Perdonar no es necesariamente olvidar la ofensa – el dolor puede ser demasiado profundo para olvidarlo. Pero el perdón nos ayuda a evitar que la amargura eche raíces en nuestros corazones.

Nos ayuda a resistir la malicia, el chisme, la calumnia y la venganza. No podemos controlar las acciones de otros, pero cuando decidimos perdonar, tomamos control de nuestras propias reacciones.

R. C. Lenski, famoso comentarista del Nuevo Testamento, nos aconseja: “En el momento que alguien me ofende, lo debo de perdonar. Entonces mi alma queda libre. SI yo le guardo rencor, YO peco contra Dios, y contra él, y pongo en peligro mi perdón con Dios.

Ya sea si ese hombre o mujer se arrepiente… o si trata de reparar el daño… o si pide perdón, ¡O NO! ¡No importa! Yo lo he perdonado instantáneamente. Él tiene que comparecer ante Jesús por el daño que me ha hecho. Pero ese no es asunto mío, es asunto entre él y Dios.”

El perdón no es un peso que Jesús quiere poner sobre nosotros, COMO UN CASTIGO. Al contrario, es una protección para nuestra salud mental y nuestra estabilidad emocional.

¿Estás amargada por “culpa” de otra persona? Hazte un gran favor: perdónala – como Jesús te ha perdonado a ti.

¿Estás viviendo en el amor de Dios? ¿Cómo le demuestras tu amor a la gente en tu vida? La manera como tratas a otros, ¿refleja la manera como Dios te ha tratado a ti?... ¿qué mandó a Su Único Hijo a morir por ti?

No hay alegría más grande, que saber que nuestros pecados han sido perdonados. Y no hay pena más grande, que vivir albergando pecado. El pecado produce culpa, miedo y angustia, y hasta nos afecta físicamente. Y QUE ALIVIO, cuando nuestro pecado es confesadoes perdonado…. El peso de nuestra culpa es levantado, y finalmente, podemos sentir paz.

Pero las perdonadas no somos siempre las mejores perdonadoras… A lo mejor alguien te ha causado una gran pena. A lo mejor estás batallando con la cuestión del perdón. Capaz estás tratando de deshacerte de la amargura que está destruyendo tu vida. ¡A lo mejor es tiempo de perdonar!

Solo se necesita UNA PERSONA para perdonar. Se necesitan DOS para reunirse. Podemos perdonar a una persona, que nunca nos dice que está arrepentida. Pero no podemos reencontrarnos, hasta que esa persona no esté realmente arrepentida.

Podemos perdonar, aún SI NO CONFIAMOS que la persona que nos ha herido una vez… no nos herirá de nuevo. Pero reencuentro solo puede suceder, SI CONFIAMOS que la persona que nos ha herido una vez, NO nos herirá de nuevo. El perdón no tiene ataduras. Reencuentro tiene muchas ataduras.

Efesios 4:32 concluye, “Sean bondadosas y compasivas unas con otras, y perdónense mutuamente, así como Dios, las perdonó a ustedes en Cristo.”

¿Estás reflejando el trato que Dios te ha dado en Cristo, o tienes diferentes estándares para otra gente, que los que exiges de ti misma? ¿Eres dadivosa y edificadora, o egoísta y destructora? Si el sacrificio de Jesucristo en la cruz fue un aroma agradable para Dios, ¿ da tu vida ese mismo aroma agradable?


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© Fotografía por Nancy Galligan

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