Apocalipsis 22:17; 20 dice: El Espíritu y la novia dicen: ¡Ven!”; y el que escuche diga: ¡Ven! El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida. .. El que da testimonio de estas cosas dice: Sí, vengo pronto. Amén. ¡Ven, Señor Jesús!

La Biblia nos habla de la historia de amor más grande de todos los tiempos. De principio a fin, la Biblia es un romance divino. Comienza con una boda, y termina con la boda más maravillosa de todas… La boda del Hijo de Dios… Jesucristo y su Novia, la Iglesia….

Dios escogió el lenguaje figurado de una Novia para comunicarnos lo que Él quería… una Novia para sí mismo. Ž En el Antiguo Testamento, vemos a Israel, algunas veces retratada, como la novia o la esposa de Dios.

En el Nuevo Testamento vemos este retrato, más claro y definido, con la imagen de la iglesia, como la Novia para el Mesías, nuestro Señor Jesucristo.

Y para poder tener una imagen más clara de la “boda judía antigua,” y comprender la magnitud de nuestro compromiso con Cristo, necesitamos abandonar nuestra cultura del siglo 21, y nuestras actitudes latinas, y remontarnos al siglo1ero, cuando Jesús vivió.

PAUSA

Cuando un chico quería casarse, muchas veces él y su padre, o el representante del padre, o el amigo del novio, salían de su casa, e iban a la casa de la chica. Ellos sabían que tenían que pagar una dote, o un precio de rescate, por esta novia. Una vez en casa de ella, discutían el precio y hacían los arreglos necesarios para pagarlo.

Ese precio era, generalmente, bien alto… casi tan alto como el sueldo de todo un año, o el precio de una casa. Una vez que el precio de la novia quedaba establecido, el padre del novio servía una copa de vino y se la daba a su hijo, quien a su vez, se la ofrecía a su novia. Este era un momento crucial.

Estoy segura que el chico estaba orando para que ella aceptara, porque ella podía aceptarlo o rechazarlo. Seguro que el chico estaría pensando, “¿Me dedicará su vida? ¿Me amará como la amo yo a ella?”

Cuando él le ofrecía la copa a su novia, él realmente le estaba diciendo: “Con esta copa prometo dar mi vida por ti.” Estoy segura que el corazón del novio estaría palpitando aceleradamente, cuando feliz y emocionado, la ve extender su mano, y aceptar la copa.

Al aceptar el vino, ella le estaba demostrando que estaba dispuesta a entregarse a él, y a amarlo para el resto de su vida. El precio que se pagaba, REFLEJABA, no solo el valor de la novia, sino la riqueza del novio. Jesús selló su compromiso con Su Novia con Su propia sangre en la cruz. ¡Pagó con Su vida! ¡La Novia le salió carísima! ¡Así de valiosas somos para El!

En Lucas 22:20, después de la última cena con Sus discípulos, Jesús tomó la copa, y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.” El realmente estaba diciendo: “Te amo.” Estoy dispuesto a dar mi vida por ti.”

¿Por qué tenías que ser comprada con Su sangre? “Porque la paga del pecado es muerte.” El pecado es tan horrible ante Dios, que requiere derramamiento de sangre.

Mira la sangre salir de las venas de Jesucristo. Mira la corona de espinas clavada en Su cabeza.

Escucha… escucha a la multitud alrededor Suyo, burlándose y maldiciéndolo. Entiende que eso es lo que el pecado hace. De la única manera que podrás entender la consecuencia del pecado es mirando a la cruz. ¡Que Novio más increíble es Jesús!

Una de las cosas, que el novio y la novia conversaban al final del compromiso, era el regreso del novio a recogerla. El novio prometía regresar por su novia después de haber preparado un lugar para que ellos vivieran, que era casi siempre, en la tierra de la familia.

Con esta promesa, el novio dejaba a su novia y regresaba a su casa a preparar el lugar prometido. El comenzaría a construir su vivienda en la “casa de su padre.”

En la cultura de esa época, un hijo construía su casa junto a la casa de su padre. A pesar de que ERA técnicamente la casa de al lado, ese lugar, al cual el hijo traía a su novia, era conocido como la casa del padre. Cuando el hijo construía la casa, su padre supervisaba la construcción, y era él, el que decidía cuando la casa quedaba terminada.

Y era el padre el que le decía al hijo cuando era el momento de ir y traer a su novia. Como la novia no sabía el día exacto, ella tenía que estar lista,esperando y vigilando, el regreso de su amado. Escucha lo que Jesús dijo en Mateo 24:36, “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.”

Y en Juan 14:2 Jesús nos dice, “En la casa de mi Padre hay muchas viviendas, si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde Yo esté.”

PAUSA

Una de las bodas más románticas de las Escrituras es la boda de Rut y Boaz, un hombre rico e influyente, un príncipe de la Casa de Judá. De muchas maneras, Rut no era deseable. Rut era pobre; peor, era pagana; peor aún, era forastera; y lo peor de todo, es que era Moabita.

Ningún hebreo respetable, deseando mantener su raza pura, en vista de la venida de Cristo, querría manchar su genealogía con una esposa moabita, ni contaminar a sus hijos con sangre moabita.

¡Pero Boaz lo hizo! El miró a Rut, la amó, deseó su hermosura, y nos dice el por qué. Rut tenía Belleza Interior. Boaz le dijo a Rut en Rut 3:11, “Todo mi pueblo sabe que tú eres una mujer ejemplar.”

Lo que Rut era para Boaz, nosotros tenemos que ser para Cristo. Nosotras tenemos que ganarnos a nuestro Señor. Muchas veces pensamos que Cristo nos tiene que ganar a nosotras, y así lo ha hecho, efectivamente, pero Jesús dice en Juan 14:21, “¿Quién es el que me ama? El que hace suyos Mis mandamientos, y los obedece.”

Y como la novia de tiempos antiguos, nosotras también, podemos aceptar o rechazar a nuestro Novio, a Jesucristo. Podemos escoger nuestro propio destino eterno. Podemos escoger vida eterna… o muerte eterna. Podemos escoger el cielo o el infierno. ¿Escogerás a Jesús? ¿Caminarás como novia “blanca y radiante” hacia el altar?


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© Fotografía por Nancy Galligan

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