La oración no fue diseñada para cambiar a Dios. Sino para cambiarnos a nosotras. La oración no es llamar a Dios para que bendiga nuestras actividades. ¡NO! La oración nos

lleva a la Presencia de Dios… nos muestra Su voluntad….y nos prepara para obedecerlo.

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Los discípulos habían visto, con sus propios ojos, la autoridad con que Jesús hablaba, la compasión que le demostraba a los afligidos… Su poder milagroso. Ellos habían observado que todo esto fluía de Su vida de oración. Así que, le piden a Jesús, ”Señor, enséñanos a orar.” Y Jesús les da el patrón más maravilloso de la oración. Les enseña el Padre Nuestro.

Jesús modeló la oración en todo momento. Él es nuestro ejemplo. Él estaba en comunión constante con Su Padre… El gozaba del compañerismo del Padre…Y los apóstoles querían esa misma intimidad… esa misma comunión con el Padre. Si las cristianas oráramos, como Jesús nos ha enseñado, cambiaría nuestra vida – y el curso de la historia.

PAUSA

En Lucas 18:1-8, Jesús les cuenta a Sus discípulos una parábola, en cuanto a la necesidad de orar siempre, y de no desanimarse. 2 Les dice: En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a nadie.

3 En esa misma ciudad había también una viuda, la cual acudía a ese juez y le pedía: “Hazme justicia contra mi adversario.” 4 Pasó algún tiempo, y el juez no quiso atenderla, pero después se puso a pensar: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a nadie,

5 esta viuda me molesta tanto que voy a hacerle justicia, no sea que siga viniendo y me agote la paciencia.’ 6 Dijo entonces el Señor: Presten atención a lo que dijo el juez injusto. 7. ¿Acaso DIOS no les hará justicia a sus elegidos, que día y noche claman a él? ¿Se tardará en responderles?

Dios ama a la viuda y al huérfano. Ellos tienen un lugar muy especial en el corazón de Dios. Hay muchas escrituras en el Antiguo y en el Nuevo Testamento que testifican de esto.

Sin embargo, en la época de Jesús, una viuda tenía que superar tres obstáculos. Primero, ella era mujer en una cultura donde la mujer era considerada una ciudadana de segunda clase. Segundo, en la sociedad Palestina, las mujeres no iban a la corte. Ella era viuda sin un esposo que diera la cara por ella -- o que abriera el camino para ella.

Y Tercero , siendo viuda, ella era pobre y no podía pagar la COIMA, aunque quisiera. Por eso no es de extrañarse que las viudas nunca recibieran la protección, que se suponía, la ley debía darles.

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Si leemos este pasaje por encimita no más parecería que esta parábola hace una comparación entre el juez y Dios, enseñando que el pueblo de Dios debiera, como la viuda, clamar a Dios día y noche antes de que sus oraciones sean contestadas. Pero lo que Jesús estaba haciendo aquí ERA UN CONTRASTE, NO UNA COMPARACIÓN.

Jesús dice, “¿Han visto como se porta este juez?” ¡El Padre no es como El! ¡El Padre es diferente! ¡El Padre las ama! Esto es muy importante para poder entender correctamente esta parábola. Jesús hace un contraste entre lo peor del hombre, y lo mejor de Dios.

El juez no sentía amor por nadie. Era malo, descortés, despiadado, e injusto. En cambio, ¡DIOS ES AMOR! Él es bueno, lleno de gracia. ¡Él es justo! Además, todo lo que Dios es, ¡ES INFINITO! Él es infinitamente amor, infinitamente gracia, infinitamente misericordia, e infinitamente justo.

En esta parábola, la viuda era una don nadie -- totalmente insignificante. Sin embargo, en esta vida, como cristianas, nosotras somos las elegidas, las escogidas, creadas a la imagen de Dios, y redimidas por el Hijo de Dios.

Dios, por ser quien es, y nosotras por ser quienes somos, no tenemos que tocarle la puerta a Dios frenéticamente, ni tenemos que clamarle desesperadamente para que nos conteste.

PAUSA

¡Veamos el contraste que hay, entre nosotras, y la pobre viuda de esta parábola! Primero que nada, nosotros comparecemos NO ANTE UN JUEZ INJUSTO, sino ante un PADRE AMOROSO.

Cuando Jesús les enseña a Sus discípulos a orar, “Padre nuestro, que estás en los cielos,” el concepto de Dios,como Padre, era totalmente ajeno a los judíos. Pablo nos dice que llamemos a Dios “Abba” que quiere decir, “Papi.” o “Papito.”

Segundo , comparecemos ante Dios, no como extrañas, sino como Sus hijas. Tercero, esta mujer era viuda.¡Nosotras somos novias! Apocalipsis 21:2 dice, “Vi también que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descendía del cielo, de Dios, ataviada como una novia que se adorna para su esposo.”

¡Qué tal diferencia! Una viuda se puede sentir sola, ¡PERO NO UNA NOVIA! Cuarto, la viuda VA SOLA a dónde el juez, pero nosotras tenemos un Abogado Defensor ante el Padre. Nuestro abogado es Jesús, que está de pie junto a nosotras. 1 de Juan 2:1 dice, “Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.”

Y por último, para obtener ayuda, la viuda va a la corte de justicia. En cambio, NOSOTRAS, vamos al trono de la gracia. Hebreos 4:16 dice, “Por tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda.”

Y Jesús nos hace una gran promesa en Mateo 7:7, cuando dice,“Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá.” El problema es que limitamos nuestras oraciones solo a las cosas tangibles. Pero el Padre sabe que es lo espiritual lo que realmente satisface.

Tú oras, “Padre, mis finanzas están bien bajas. ¡Necesito que comer!” Y a pesar de que Él es un Padre que provee nuestro pan de cada día, Él también sabe que el pan no nos podrá satisfacer completamente. Es por eso que mandó a Su Hijo para que fuera Pan de Vida para nosotras.

Tú oras, “Señor, guíame.” Jesús te dice, Yo soy el Camino.” Tú clamas, “necesito paz,” Jesús te contesta, “Encontrarás paz en Mí. Yo soy el Príncipe de Paz.” Lo que pensamos que necesitamos es raramente por lo que oramos.

¡Lo que necesitamos es realmente a Jesús! La oración no es para recibir lo bueno. Es para gozar del que es Bueno. La oración no es para recibir obsequios. Es para tener comunión con el Dador de todos los obsequios.

La oración no es para reclamar las promesas. ¡ES PARA ABRAZAR A LA PERSONA DE JESUCRISTO!

PAUSA

Y si sabemos que DIOS es un Padre que nos ama, que Jesús es nuestro Defensor, que está a nuestro lado, y que somos una novia invitada a ir al trono de la gracia, ¿POR QUÉ ES QUE NO ORAMOS MÁS?


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© Fotografía por Nancy Galligan

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